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Juan Neira

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UN ACUERDO NECESARIO

Las conversaciones entre Indra y Santa Bárbara llevan camino de terminar en acuerdo para trabajar juntas en los proyectos de defensa que les demanda el Gobierno. Hay programas que van muy retrasados, como ya manifestó más de una vez la ministra Margarita Robles, como es el caso del 8×8 Dragón que se produce en Trubia. El sector de la industria de defensa tiene unas características especiales, al depender en gran medida de las demandas del Gobierno. El Ejecutivo estudia sus necesidades, configura los programas y las empresas acuden al concurso en espera de que les adjudiquen proyectos.

Al ganar más importancia el sector de la defensa por la invasión de Rusia en Ucrania y los objetivos de rearme que se marcó la OTAN, el Gobierno decidió apostar por crear un campeón nacional de la defensa y puso sus ojos en Indra, una empresa multinacional que tiene en la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) su principal accionista (28% de participación en el accionariado). Indra estableció un vínculo principal con la empresa Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), hasta el punto de que uno de los dos hermanos Escribano, Ángel, presidió Indra.

En ese contexto, el Ministerio de Defensa adjudicó a la UTE, formada por Indra y Escribano Mechanical, los nuevos contratos de artillería pesada y blindados, valorados en 7.200 millones de euros, concediéndole un crédito de 3.000 millones con un interés del 0%. Santa Bárbara, empresa centenaria española, propiedad de la multinacional norteamericana, General Dynamics, al verse marginada recurrió la adjudicación de los contratos a la UTE ante la Audiencia Nacional. La situación dio un vuelco al abandonar Ángel Escribano la presidencia de Indra. Los actuales máximos dirigentes de la multinacional abrieron negociaciones con Santa Bárbara para formar una empresa conjunta, donde el 51% de las acciones sea de Indra y el 49% de Santa Bárbara.

El acuerdo puede beneficiar a las dos. Dicho en términos simples, a Indra le sobran contratos, pero no tiene todavía infraestructuras para ejecutarlos, mientras que Santa Bárbara cuenta con instalaciones y maquinaria, pero la cartera de pedidos no está llena, precisamente. En el recuento de fortalezas y debilidades tiene un hueco el taller de Barros, que Indra lo necesita para crear una segunda planta de construcción de blindados en Asturias, mientras su propietario, Duro Felguera, no está dispuesto a venderlo barato. El clásico problema que en Asturias no es fácil de resolver.

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por JUAN NEIRA

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