adrugó la primera gran noticia del año. El ataque a Venezuela del contingente militar de Estados Unidos, desplegado en el Caribe, aumenta la tensión en el mundo y dentro de cada país. Para los más de ocho millones de venezolanos que marcharon de su patria en busca de libertad y alimentos, llegó el día largamente esperado. La detención de Maduro les llena de satisfacción porque abre las puertas a la esperanza del regreso. España y Asturias recibimos a muchos venezolanos estos años. Con los datos de 2022, el 43,7% de los venezolanos viven en Gijón y el 30% en Oviedo. En Madrid, espontáneamente, salieron los exiliados a manifestarse por calles y plazas.
Ante la intervención militar Pedro Sánchez dio una respuesta muy medida, casi un calco de la escrita por Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo: moderación y respeto a las normas del Derecho Internacional y los principios de la Carta de Naciones Unidas. Nada que ver con aquellas críticas a Israel cuando bombardeaba en Gaza. La Comisión Europea también optó por la moderación. Dar carta blanca a Trump en Venezuela supondría, por mor de la simetría, reconocer a Rusia el derecho a invadir Ucrania.
Feijóo fue muy explícito en su rechazo al «dictador» Maduro, celebrando que Estados Unidos haya «sacado a quien se mantuvo en el poder sin ganar las elecciones». No dejó hueco para que Abascal hiciera un discurso muy diferente.
Alianzas
Sumar, IU, ERC, Junts, Bildu, BNG y Podemos condenan la actuación de Estados Unidos. El ataque ordenado por Trump rehace las alianzas que posibilitaron la investidura de Pedro Sánchez. La única excepción es el PNV que, sin criticar a Trump, pide que se devuelva el poder a los que ganaron las elecciones. El PNV tiene una estructura propia en Venezuela, desde los tiempos del primer exilio, años cuarenta del pasado siglo. En 2024 lograron que el Congreso de los Diputados reconociera como presidente a Edmundo González, en contra de toda la izquierda.
La audaz operación militar en Caracas va a encontrar eco en el Congreso de los Diputados y en la Junta General del Principado. Es un motivo más para alimentar el debate ideológico entre izquierda y derecha en las cámaras representativas.
La posterior alocución de Trump alabando la captura de Maduro, advirtiendo que a Venezuela llegaron para quedarse (al menos un tiempo: la famosa transición), anunciando mil millonarias inversiones en infraestructuras petroleras, proclamando triunfante el retorno de la Doctrina Monroe: «el dominio de Estados Unidos en el hemisferio occidental jamás volverá a ser cuestionado» (tras escuchar esta frase imagino que los asesores de Barbón habrán recurrido a Wikipedia), supone un cambio cualitativo en la política internacional.
Asturias
En el debate político hay un antes y un después de la intervención de Trump. A lo largo de 2025 estuvo presente en los problemas asturianos por la elevación de aranceles (del 25% al 50% en las exportaciones de acero) y también por sus exigencias a los socios de la OTAN de aumentar el gasto militar hasta el 5% del PIB. La petición muy costosa y mal planteada (no todos los países necesitan invertir lo mismo para alcanzar los estándares de defensa adecuados) ha beneficiado a Asturias que, si las tensiones entre empresas no lo frustran, se puede convertir en la comunidad autónoma de las armas, por excelencia. Ya saben, de la villa cañonera (Trubia) a la región blindada (Asturias).
Hasta ahora, Trump había mostrado un deseo concupiscente por las riquezas ajenas (Canadá, Ucrania, La Región Ártica). Ayer dio un paso al frente y anunció que se apodera de territorios por un tiempo ilimitado. La conquista militar, desnuda de cualquier ropaje democrático («María Corina Machado no tiene el apoyo y el respeto del pueblo»), va a dar paso a un enfrentamiento político interminable, que se va a reproducir en todos los parlamentos europeos, porque Trump ha logrado desde el primer día de su segundo mandato que todas sus declaraciones y acciones sean vividas en la otra orilla del Atlántico como algo que ocurre en Europa.
Resituarse
La línea roja cruzada por Trump al asumir el control de Venezuela por la fuerza de las armas obliga a los partidos a resituarse. Estamos en vísperas electorales, el 8 de febrero se vota en Aragón, el 15 de marzo en Castilla y León, los comicios andaluces serán en junio. Toda España está en clave electoral. Trump estará presente en las urnas, como lo ha estado a lo largo de los pasados meses en la discusión política estatal, autonómica y municipal. En Asturias se habla más de Trump que de todos los presidentes europeos juntos. Si se pregunta por Trump todo el mundo expresa una opinión, aunque sea con un insulto o una sonrisa de satisfacción. Nadie se encoge de hombros, nadie recurre al manido, «no sabe, no contesta».
Intento vislumbrar la influencia electoral provocada por la operación militar en Caracas. Vox es el partido más beneficiado por su simbiosis con Trump. También la izquierda resulta favorecida porque tendrá mas argumentos que nunca para movilizar a su electorado. En el balance de 2025, realizado por Adrián Barbón, percibí un discurso más duro con la derecha, que en ocasiones semejantes. Sospecho que nuestro presidente criticará con frecuencia a Trump para no perder un voto. Lo entiendo: cómo no explotar esa imagen de Maduro encadenado en el barco, jugando a la gallina ciega con los chicos de la Delta Force.