En una época donde está prohibido decir la verdad en política, Núñez Feijóo, líder de la oposición, cometió el error de meter el dedo en la llaga, al decir que «el absentismo laboral es un cáncer que no podemos pagar». A esa afirmación, añadió otra más conflictiva, al hablar del «fraude en parte de las bajas laborales». La primera protesta fue por utilizar la palabra «cáncer».
En el mundo políticamente correcto se pueden sentir molestas las personas que sufren esa enfermedad porque las sensibilidades se han hipertrofiado. Rápidamente, el PP se ha puesto a matizar las palabras de su jefe, diciendo que no aludía a las personas enfermas. En un debate, si el contrario está dispuesto a echar mano de la hipocresía, los matices no sirven para nada.
Feijóo dijo que el absentismo no lo podemos pagar. Las ausencias (de media, 1,5 millones de personas faltan diariamente al trabajo) y las bajas médicas han elevado los costes agregados a 128.600 millones de euros anuales que pagan entre la Seguridad Social y las empresas. La segunda mayor partida de gasto de la Seguridad Social, que alcanza el 70% del coste de las pensiones. Es evidente que no podemos financiar indefinidamente un comportamiento que nos resulta tan gravoso.
Lo que ha levantado más polémica de las manifestaciones de Núñez Feijóo es cuando dijo que había fraude en parte de las bajas médicas. La baja la concede el médico, en un momento en el que la Atención Primaria está saturada. Además, hay causas de baja fáciles de constatar: fiebre elevada, lesiones corporales, etc., pero en otras el médico tiene que guiarse por las sensaciones del paciente, como, por ejemplo, en bajas por depresión, ansiedad, etcétera. Los empresarios piden que en las bajas tengan un mayor papel las mutuas, como ocurre en Alemania.
En cualquier caso, en este asunto -la incapacidad temporal- está gran parte del problema. Se ha duplicado en los últimos nueve años. No hay ningún motivo para creer que hay mucha más gente enferma que antes. Hay realidades curiosas: el lunes se producen más de una cuarta parte de las bajas de la semana. Aunque, a mi entender, el dato más llamativo es el aportado en un estudio de la Airef: entre 25 y 35 años de edad se concentra el 41,1% de las bajas, mientras que, entre 55 y 65 años, el 29,7%. Los más jóvenes faltan más al trabajo que los viejos. Tras escuchar a Feijóo, la Federación Socialista Asturiana (FSA) anticipó que si gobierna la derecha nos espera «una reforma laboral salvaje». ¿Dan por buena la realidad del millón y medio de ausentes?