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Juan Neira

LARGO DE CAFE

CRUZAR EL RUBICÓN

Las comunidades autónomas viven de las cesiones de impuestos estatales. Con ellas financian la mayor parte de sus actuaciones, empezando por los servicios públicos que gestionan (sanidad, educación, servicios sociales). En los últimos ejercicios ha crecido la recaudación fiscal por el aumento de la población y la negativa de los socialistas a deflactar el IRPF (no deflactar es sinónimo de elevar el Impuesto sobre la Renta).

El Ministerio de Hacienda comunicó al Principado que recibirá 4.500 millones del Estado para los gastos de 2027. Un ocho por ciento más de recursos que este año. El consejero de Hacienda, Guillermo Peláez, habrá dicho «mi gozo en un pozo» al conocer que el mismo ministerio aumentó un 4% la regla de gasto. Nos elevan los recursos en un 8%, pero solo nos dejan gastar el 4%.

En una entrevista, Peláez dijo que «nos están abocando al superávit». Podría expresarlo de otra manera: nos empujan a amortizar deuda. Pese a las recientes reducciones, todavía debemos 3.893 millones.

Peláez lleva tres años pidiendo al Gobierno que reforme la regla de gasto. Quiere adaptarla a la nueva normativa europea, para gastar más. Asegura que lo pide para financiar los servicios públicos y la inversión. La inversión productiva es la pariente pobre del presupuesto asturiano, así que dejémoslo en gastar más en servicios públicos y en otras actuaciones (sin detallar).

La crítica al freno que pone el Gobierno al gasto autonómico sería correcta si no fuese porque el Principado lleva dos años gastando más de lo permitido y parece que va por la senda de incurrir por tercera vez en exceso de gasto. En 2024, el desfase fue de 333 millones. En 2025, el exceso alcanzó los 81 millones. El Principado se verá abocado a presentar un nuevo Plan Económico- Financiero. De no corregir la tendencia el Ministerio de Hacienda podría intervenir las cuentas del Principado, pero no llegará la sangre al río.

Las comunidades autónomas conocieron periodos de fuerte endeudamiento. No creo que lo más prudente sea darles la oportunidad de gastar todos los recursos que llegan del Estado. Hace un año el Gobierno les condonó 83.252 millones de deuda (Asturias, 1.508 millones), siguiendo la costumbre de ejercer de líder del pelotón autonómico.

La regla de gasto, mientras no se modifique, hay que acatarla. Se creó, precisamente, para evitar que se dispare el gasto en épocas de crecimiento económico, poniendo un límite a la expansión: la tasa de aumento del PIB a medio plazo. Peláez dice que todos los gobiernos regionales se saltan la regla de gasto, razón de más para mantenerla, acompañándola de sanciones para los incumplidores.

Hablando de finanzas, el Principado, como el resto de comunidades autónomas, acudirá el 29 de julio a la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera. A falta de sorpresa mayúscula, ese día Adrián Barbón cruzará el Rubicón al votar no al nuevo modelo de financiación. Está previsto que sólo la Generalitat apoyará al Gobierno ratificando un modelo que pactaron Pedro Sánchez y Oriol Junqueras. Las otras catorce regiones lo rechazarán.

Para Pedro Sánchez tiene importancia que el Principado, traicionando a los asturianos, apoye el ‘modelo catalán’, porque así la escena no sería tan obscena, con el ministro de Hacienda respaldado únicamente por Cataluña, dando así por aprobado el nuevo modelo para que lo ratifique el Congreso de los Diputados.

Si Barbón se plegara, Sánchez todavía ensayaría, una vez más, el viejo recurso de presentar un frente de progreso (Gobierno-Generalitat-Principado) contra la fachoesfera de las once comunidades del PP. Sin Barbón, ese frente queda reducido a un tándem cohesionado por el dinero: todos los fondos (climático, pymes) para el Carrer del Foc, 57, sede de la Consejería de Economía y Hacienda de la Generalitat.

Las relaciones entre Moncloa y el Principado hace tiempo que son muy frías. Como siempre, Barbón y el entorno aparentan lo contrario: relaciones fluidas. Todo el mundo sabe que no es así. El jefe exige lo imposible: fidelidad perruna. Qué lejos quedan los tiempos del presidente asturiano de gira por los departamentos, besando mejillas de ministras, que lo recibían con amplias sonrisas.

Nada enseña tanto como el ajedrez para aprender a ponerse en el sitio del otro. Dadas las circunstancias, vale su peso en oro el ‘no’ de Barbón. Por eso el otro día, para compensar, Guillermo Peláez culpaba de todos los males del modelo de financiación al PP, que no puso una coma. El papelón del consejero tenía sentido.

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por JUAN NEIRA

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