El consejero de Fomento, Alejandro Calvo, ha dado a conocer los primeros resultados de la aplicación del Plan Territorial de Contingencias por Contaminación Marina Accidental. Tras días de intenso trabajo, de cientos de personas, se han recogido en las playas asturianas un total de 3,5 kilos de pélets. Según el consejero la cantidad «es muy modesta», pero considera que lo relevante no es la cifra, ya que la invasión de microplásticos no es un problema «cuantitativo, sino cualitativo, y suficientemente serio como para banalizar con la cantidad». Si el problema no es cuantitativo, me gustaría saber qué dirían Alejandro Calvo, Delia Losa, Hugo Alfonso Morán y compañía si, puestas las bolitas en una báscula, la suma arrojara 3,5 toneladas. ¿Y si fueran 35 toneladas el peso total? También me gustaría conocer cuánto pesan los residuos de plástico que un día cualquiera recogen los servicios de limpieza municipales en las playas asturianas, aunque sólo sea para comparar. Al menos, a estas alturas de la «crisis medioambiental», como la calificó el Principado, lo que ya podemos decir es que, afortunadamente, la urgencia en declarar el máximo nivel de alerta -nivel dos- por parte de la comunidad autónoma no se corresponde con los frutos del rastreo por los arenales. Puestos a desplegar estrategias preventivas, no entiendo cómo cuando hay riadas y temporales de invierno, con cientos o miles de kilos de residuos depositados en las playas, no se activa un protocolo que conlleve la movilización de profesionales y voluntarios para recoger todo tipo de basuras, que en algunos casos pueden ser dañinas para los humanos.
En la Delegación del Gobierno se reunió el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Alfonso Morán, con Alejandro Calvo, Delia Losa y Cecilia Pérez. Morán dijo que se pasó «del modelo de improvisación (‘Prestige’) al modelo de protocolos perfectamente alineados (pélets)». Los protocolos se alinean muy bien frente a 3,5 kilos de residuos, pero ante 90.000 toneladas de chapapote (todavía quedan 10.000 toneladas almacenadas en As Somoza), seguro que el balance sería más problemático.
Seamos sinceros: todo el despliegue preventivo, realizado por el Principado y el Gobierno, hubiera sido más comedido sin las elecciones gallegas del 18 de febrero. El objetivo de refrescar la memoria del chapapote -aunque los vertidos y los responsables sean otros- puede aportar réditos en las urnas. Quedan 40 días y hay margen para dar la vuelta a las encuestas.