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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Por fin.

pgo-gijon-kdhg-624x385el-comercioMañana tiene que ser el día. Me refiero a la aprobación definitiva por el Pleno municipal del Plan General de Ordenación (PGO). Después de catorce años esperando porque la normalidad urbanística llegue a esta ciudad, nuestro Gijón del alma volverá a tener un plan. Algo muy deseado por el sector de la construcción para intentar recuperar el pulso. Estar en el limbo actual, con un urbanismo sustentado sobre un ordenamiento de 1999, es una anomalía para la urbe más grande de Asturias. El cúmulo de vicisitudes que nos ha llevado hasta aquí ha sido prolijo y difícil de entender.

El primer intento en 2005, el conocido como «plan Teixidor», era un planeamiento agresivo. Concebía el crecimiento de Gijón a base de urbanizables que consumían buena parte del suelo rural del concejo. Castiello, Granda o Cabueñes acababan colmatados de edificios. Era una invasión del ladrillo en toda regla. Lo cual, dicho sea de paso, sentaba fatal a las parroquias rurales que llegaron a manifestarse dos veces en su contra. Al final, fue tumbado de forma definitiva por el Tribunal Supremo en 2012 y de ahí surgió el conocido como «plan Sanjurjo», bautizado así por el edil de Urbanismo de la época. Se limitaba este PGO a corregir los errores del anterior y poca cosa más. La base seguía siendo la misma: el famoso «urbs in rure», o sea, que la ciudad ocupase el campo. Además, se hizo con prisas. Sin consensuar y teniendo como horizonte unas elecciones municipales. Fíjense que el actual ha llevado casi ocho años de idas y vueltas, mientras que el anterior se había confeccionado en un tiempo récord de menos de dos. Resultado, como no podía ser de otra manera, una anulación que fue ratificada por el Supremo en 2015.

1-u402351122wzb-624x385el-comercio-elcomercioSin embargo, el PGO que se aprobará mañana está basado en otros conceptos. No cabe duda de que la grave crisis del sector ha servido para que todo el mundo aprenda. Se tiende más a proyectos menos faraónicos y que compactan la ciudad, que a grandes despliegues de suelo. Este domingo podían leer en estas mismas páginas, buena parte de las promociones que están pendientes de su entrada en vigor. Como se puede observar, son de barrio. Desde La Arena a La Calzada o El Natahoyo. Dicho de otra forma: no existen aquellos planes parciales monstruosos como el de Castiello que preveía la construcción de 4.000 pisos de un plumazo. De hecho, hasta el objetivo final del nuevo PGO se ve modesto (sobre 15.000 viviendas para diez años) en comparación con los anteriores (21.000). En definitiva, que estamos a punto de ver la luz al final del túnel. Esta época tan negra del urbanismo toca a su fin gracias a que no hay experimentos y al consenso de los grupos municipales. Por cierto, algo tan difícil de ver en esta legislatura como el paso de un cometa. Disfruten del momento porque, junto con el plan de vías, no ha habido (ni habrá) más.

@balbuenajm

Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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