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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Cosas obvias.

estacion-buses-gijon-kxsh-u80717537848s0g-624x385el-comercioLa primera impresión de un lugar viene a través de una estación. Ya sea de ferrocarril, terminal de aeropuerto, portuaria o autobús. Muchas veces nos encontramos con que la recepción es mala y el sitio encantador. También lo contrario, o sea, que esa fatal acogida da buena fe del desastre que nos espera. No hay una regla fija. Eso sí, todos los lugares que quieren cuidar al viajero se preocupan por que esté a gusto y cómodo. Para eso, se han gastado mucho dinero en infraestructuras faraónicas que en ocasiones acaban infrautilizadas. Fue lo que pasó con muchas de las estaciones del AVE repartidas por la geografía. Las hay de tal calibre y magnitud que poco menos que parecen monumentos. La de Guadalajara-Yebes, por ejemplo, costó 11 millones de euros, para transportar alrededor de 79.000 viajeros al año (poco más de 200 al día). Uno puede pensar cuando llega allí que esto es jauja y en realidad así fue. Al menos, en esa España de la burbuja y el desenfreno que ya saben como acabó.

estacion-bus-gijon-k30e-u80985495223dmf-624x385el-comercioSin embargo, pónganse en el caso de nuestro Gijón del alma. El pasado miércoles quien vino a esta ciudad en autobús se encontró con lo siguiente. Una estación vieja, obsoleta y que no puede si quiera proteger al usuario de una simple lluvia. Hasta ahí, nada nuevo. Quien más quien menos, al tener que ir a recibir a un amigo o familiar, siempre escucha el mismo comentario: ¿es esta la estación de autobuses que tenéis? ¡Qué cutre! Digamos que es algo que tenemos los gijoneses casi como un estigma. Es más, se nos cae la baba cuando vamos por ahí y nos encontramos con lo debería ser la nuestra: una terminal moderna y acorde con el siglo que vivimos. Tampoco hace falta ir muy lejos, la gran mayoría de las ciudades asturianas tienen estaciones más que apañadas. Pues bien, como digo el pasado miércoles fue la apoteosis. Tuvieron que ir los bomberos a sanear la fachada del edificio. Cayeron cascotes y, para que la cosa no fuese a más, estuvieron repasando las partes en riesgo de desprendimiento. No es la primera vez. Esto ya sucedió en otras ocasiones y con mayor sensación de peligro. En julio de 2002 resultaron heridas once personas porque se derrumbó el techo, y en diciembre de 2017 hubo también desprendimientos. Hay que recordar que el inmueble es de 1939 y, aunque se hicieron reformas, la fachada sigue intacta por su grado de protección urbanística. Viendo como pasa el tiempo y nadie la jubila.

Todo esto, que son cosas bastante obvias, parece que no se tiene en cuenta en Madrid. Hace poco supimos de un nuevo retraso en el plan de vías, precisamente a cuenta del estudio de la estación intermodal. Supuestamente, la obra que debería acabar con este dislate que dura ya 17 años. No sé si en el Ministerio de Fomento están al tanto de que cualquier día vamos a tener una desgracia en toda regla. Ojalá no, pero…

@balbuenajm

Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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