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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Caín y Abel.

En 2012 el PP asturiano estaba abierto en canal. Mariano Rajoy, por aquel entonces presidente nacional, disponía de todas las opciones para relanzarlo. El partido se encontraba roto a causa de la crisis provocada por la irrupción de Foro Asturias. La formación de Francisco Álvarez-Cascos se había llevado consigo militantes, ilusión y sobre todo votos. Con este panorama, Rajoy podía haber buscado una solución audaz. Poner a alguien fresco al frente para recuperar el terreno perdido. Sin embargo, como solía ser costumbre en él, eligió lo malo conocido. Llamó a Mercedes Fernández para que restituyese el orden, pese a que su currículum en ganar elecciones era nulo. Y lo hizo, ¡vaya si lo hizo!, se dedicó a manejar la situación con mano de hierro. Recuerden si no la gestora que implantó en Gijón, el bochornoso congreso anulado por los tribunales, etcétera. El caso es que esta nueva etapa no salió del todo bien. Vinieron dos comicios posteriores y, pese a que Foro se fue hundiendo, el PP nunca recuperó sus votos. Se mantuvo en poco más de una decena de diputados como techo.

Llegamos, pues, a abril de este año donde Fernández esperaba ser de nuevo candidata. No fue el caso. El dedo de Génova señaló a Teresa Mallada produciéndole una frustración más que evidente. A partir de ahí, la discordia absoluta. Las malas relaciones con la candidata estaban a la orden del día. Desde luego, situación insoportable que no podía continuar. El paso atrás de «Cherines» pudo haberse producido antes, pero se negó. Pensó que era capaz de echarle un pulso a la dirección nacional, cuando la realidad es otra bien distinta. El PP asturiano apenas tiene autonomía. Se ve completamente manejado desde Madrid que impone listas y criterios. Lo poco que le quedaba, como el nombramiento de los candidatos locales, también se decidió a 500 kilómetros. Ejemplo, Gijón. Por tanto, lo mejor para Mercedes Fernández era dar un paso atrás de cara al 10-N, aceptando un «puestín» como indemnización por los servicios prestados. Bicefalia finita y, en teoría, a remar todos en la misma dirección.

Digo que en teoría porque la historia del PP asturiano es la de Caín y Abel: una eterna lucha fratricida que parece no acabar nunca. Es llegar al poder -o tener posibilidades de hacerlo- y empieza a centrifugar desconcertando a su electorado. Sucedió con Sergio Marqués, Cascos y de nuevo en este lamentable episodio. El reinado de los socialistas en nuestro paraíso natural es total y cuando los populares se postulan como alternativa, el principal enemigo está en ellos mismos. No hace falta que sus rivales políticos se esfuercen, son especialistas consumados en tirarse los trastos entre sí. Vienen unas nuevas elecciones generales y pretenden afrontarlas desde la unidad. En cualquier caso, todo un logro viendo lo que ha estado pasando hasta ahora.

@balbuenajm

Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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