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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

El «solarón».

A todos nos gustaría poder conservar el parque «low cost» que ahora tenemos en el «solarón». Ya saben, esa zona de esparcimiento que surgió tras adecentar los terrenos del plan de vías. Recuerden que anteriormente dicho espacio era infame. Vamos, un ecosistema natural para ratas y maleza que crecía por doquier. Su transformación produjo que muchas personas pudieran disfrutar (y no padecer) tan céntrica zona. Eso sí, lo que allí se hizo no podemos considerarlo ni siquiera como un parque al uso, ya que no fue más que una actuación mínima con objeto de evitar aquellos problemas de salubridad. De hecho, sólo hay unos cuantos bancos y dos calles que conectan el barrio de Laviada con Poniente. Digo más, la zona verde es tan sencilla que no tiene ningún equipamiento. Sólo una pradera donde muchos gijoneses llevan a sus perros para que jueguen. Sin embargo, con el paso del tiempo lo fuimos considerando como una parte más de Gijón. Hasta hemos escuchado como se asemejaba con el «Central Park» de Nueva York y lo que es provisional -como la estación de Sanz Crespo- para algunos debe convertirse en definitivo.

Es el caso de la plataforma ciudadana «Un pulmón para el solarón», nacida con el objetivo de conservar dicho espacio para solaz de los gijoneses. Siempre activos, han recogido 3.000 firmas, plantado abedules y ahora nos presentan un plano del siglo XIX donde dice que ahí había una muralla carlista. Sostienen, pues, que su urbanización infringiría la Ley de Patrimonio, puesto que debería haber un «estudio previo que determine si siguen existiendo restos de la misma». Acusan al Ayuntamiento de conocerlo y acelerar el proyecto de urbanización para «satisfacer las demandas de las grandes constructoras». Supongo que ese mismo «siniestro lobby» que dejó desierto el concurso para su venta en 2016. Por aquel entonces, ninguna empresa mostró interés en la compra y, en la actualidad, tampoco hay ofertas en firme encima de la mesa. El caramelo urbanístico que decía el arquitecto Jerónimo Junquera, autor del primer proyecto, nadie se lo ha querido comer.

Miren ustedes, desde el año 2002 -fecha en la que comenzó nuestro eterno plan de vías- estas parcelas siempre estuvieron destinadas a la edificación residencial. Nunca ha habido un cambio de criterio. El actual plan contempla (y siempre contempló, recalco) la construcción de viviendas, como forma de minorar su alto coste: sobre 1.000 millones de euros en total. Decir que se va a producir un movimiento especulativo es falso. La aprobación del proyecto inicial de urbanización es un paso para lograr un objetivo mayor que tener un parque: el que esta ciudad, de una puñetera vez, tenga una estación de tren y autobuses acorde con el siglo que vivimos. Repito, a todos nos gustaría poder conservar el parque «low cost», pero yo, personalmente, prefiero más una estación intermodal.

@balbuenajm

Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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