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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Viajeros y turistas.

El viajero. Normalmente, este tipo de visitante suele ser gente educada. Entienden el entorno y a los que lo habitan. Es decir, no vienen a imponer nada, sino a aprender otra forma de vida. Siempre piensan que quienes residen ahí -en el caso de Asturias, de forma milenaria- saben más que él. Esto es, que si hacen las cosas de una determinada manera será por algo. Nunca utilizan la famosa frase de “Es que donde yo vivo tenemos más, es mejor o más grande”. Simplemente, se dedican a disfrutar de esa experiencia sin comparaciones odiosas. En ningún caso, buscan la masificación. Es decir, un tipo de viaje amorfo y sin alma. A la postre, a un complejo hotelero donde le den todo hecho y que nunca se tenga que mezclar con la gente local. Huyen también del turismo de cruceros donde, a modo de rebaño, llevan a conocer una ciudad (o todo un paraíso natural) en apenas unas horas. En definitiva, estamos hablando de gente culta, sensible y que siempre intenta integrarse en la medida de sus posibilidades. Nunca molestan, nunca sobran.

El turista. Es lo contrario a lo anterior. No suele (ni quiere) entender dónde está, la historia o costumbres del lugar. Digamos que todo tiene que amoldarse a él y no al revés. Suele viajar en manada y mira por encima del hombro a los demás. En resumen, los considera inferiores puesto que proviene de una civilización superior donde son más ricos, altos o guapos. Vamos, que te está haciendo un favor al venir por aquí. Sus modales -además de altivos, como hemos dicho- suelen ser groseros. Deprecian profundamente a quienes les están prestando un servicio (ya sea un camarero o el personal de un hotel), porque siempre lo suyo es lo mejor (y lo recalcan). Hasta tal punto llega la cosa, que uno se llega preguntar: entonces, si en su casa atan los perros con longanizas, ¿por qué narices están aquí? Llevan mal lo de la diversidad, puesto que lo que a ellos les gusta es que su mundo siga siendo uniforme. O sea, mantener su gloriosa forma vida durante una quincena o el mes de vacaciones. Lo que pase el resto del año a quienes ahí residen se la trae al pairo. Concluyamos, pues, que son un tipo de visitante extractivo, depredador y profundamente peligroso para la vida autóctona del lugar. Molestan y sobran. Ahora, como estamos inmersos en una burbuja turística, díganme si tenemos más viajeros o turistas.

@balbuenajm

Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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