Somos una ciudad que está instalada en la queja permanente. Ojo, pero con razón. De manera reiterada, nos lamentamos por la falta de infraestructuras básicas. O sea, estación intermodal, plan de vías, alternativa de Aboño, metrotrén… Ahora bien, no crea el lector que le voy a volver a dar la turra con eso. Mi intención, bien al contrario, es demostrarles que hay que cambiar el chip. Es decir, que lo que hacemos no ha tenido (ni tiene) ninguna repercusión en Madrid. Hablo de cosas como las cartas que dirigió nuestra alcaldesa, Carmen Moriyón, al ministerio de Transportes. Primero, al ministro, Óscar Puente; y luego al secretario de Estado, José Antonio Santano. Todas ellas, por supuesto, sin respuesta. O como los vecinos de La Calzada que se concentraron bajo la lluvia este mismo miércoles, para pedir que dejen de pasar más de mil camiones al día por la avenida Príncipe de Asturias. De momento, pese a su insistencia, completamente ignorados. Sin embargo, vamos hacia tiempos electorales donde cada voto cuenta. Debemos, pues, hacer ver a quién corresponda que este abandono tendrá severas consecuencias en las urnas. Dicho de otra forma: lo que no consigamos a partir de ahora, difícilmente lo obtendremos después de mayo de 2027. Eso, claro, si no hay un engaño como el perpetrado en el 2023 con el vial de Jove. Lo que no cabe es estar como el poeta bíblico Jeremías en el libro de las Lamentaciones: en el lloro continuo y luego seguir votando lo mismo. Más que nada, porque, entonces, tenemos lo que nos merecemos.
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@balbuenajm