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Manuel Rosety

Sportingmania

No devaluemos nuestros valores

El arbitraje de Mateu Lahoz el pasado sábado en El Molinón me pareció un rosario de insensateces, propio de un colegiado que no guarda un equilibrio con su forma de actuar. Viendo su estilo, se aprecia que la mirada lo delata. Es de los que está más pendiente de los banquillos o de otras cosas que del juego en sí. Malo para un árbitro.

El historial de Mateu es sangrante, al menos en los partidos que le tocó al Sporting. El año pasado en Soria hubo dos penaltis a Gerardo. Este, uno a Barral, no señalado y con tarjeta que quitó Competición. Pitó otro a Gerard que no existió. Pero, como ganó el Sporting, no pasó nada. No se me olvida su última persecución a Preciado. Sí, persecución, así de claro.

El sábado, cuando se produjo el segundo gol gijonés, amonestó a Bilic, por quitarse la camiseta, y a Sergio Sánchez, por salir al terreno de juego, embargado por la emoción del tanto del croata. No tuvo ninguna flexibilidad con una actitud espontánea, propia de una celebración que tuvo un efecto especial. El resto que saltó desde el banquillo los pasó por alto, lo mismo que los dichosos petardos que sólo valen para multas. En cambio, unos objetos que cayeron al campo sí fueron reflejados, lo mismo que la camiseta de apoyo a Juanele. No parecía algo grave, pero su falta de equilibrio lo lleva a no saber discernir las cosas. Estos ejemplares únicos en su especie son los que perjudican la imagen del arbitraje.

Lo que me da que pensar es el comportamiento que Mateu Lahoz tiene con Míchel. La entrada que el centrocampista lenense hizo a Ruz no fue de roja. Ni mucho menos. No es comparable a la de Miguel García en el partido de Cádiz. En Córdoba, el lenense fue objeto de una entrada brutal que no fue sancionada. A la siguiente, un plantillazo es expulsión. Qué casualidad que el sábado se repite la historia. Míchel comete una falta, que no señala el árbitro. A la siguiente, la roja. No hay más que ver en la fotografía a los jugadores del Granada 74 apoyando y hasta justificando la injusta expulsión. De los nuestros, ninguno. Hay que ser menos pardillos. Como en el gol granadino, que fue ilegal. Nadie protestó. A veces creo que somos unas madres.

Míchel es de los nuestros. Es un chaval joven, salido de Mareo, al menos desde juvenil. Pese a que hay equipos que se interesaron por él, siempre descartó escuchar cantos de sirena. Su ilusión es jugar en Primera con el Sporting. Sin embargo, parece que no se le reconoce su valía. Creo que es un futbolista que puede dar un gran rendimiento al Sporting. De hecho, tanto en la pasada campaña, como compañero de Andreu en el centro del campo, como esta, al lado de Matabuena, su rendimiento es notable. En este momento está anímicamente afectado por la injusticia que puede crearle una falsa aureola.

No entiendo la exigencia tan drástica de un sector de la afición con un jugador de la casa. ¿Dónde van a defenderlo? ¿Fuera de aquí? Seguro que no. Que Míchel cometió equivocaciones nadie lo duda. A los 21 años ya me dirán quien lo hace todo perfecto. Pero debe tenerse en cuenta que Míchel es un activo del club. No lo devaluemos. Por lo menos los que nos sentimos sportinguistas.

PD.: Cuidado con las advertencias de suspensión. Hay seis jugadores en esa situación. La jugada de Míchel debe ser recurrida. Hay que evitar una sanción que puede ser de dos o tres partidos, por ser considerado reincidente. Tal y como está el final liguero, todos son necesarios. Luego, Preciado deberá decidir y equivocarse lo menos posible. Esa es la misión de un entrenador.

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El universo rojiblanco tal y como lo vive su principal cronista


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