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Ángel M. González

Viento de Nordeste

La desintegración social

 

La Encuesta de Condiciones de Vida que publica el Instituto Nacional de Estadística sitúa a Asturias entre las comunidades autónomas con menor tasa de pobreza del país, junto a Navarra, País Vasco y Madrid. Según el INE, el 9,9% de los asturianos están en el umbral de la pobreza, frente al 30% de Andalucia, Extremadura, Canarias y Castilla-La Mancha.

Estadísticamente estos resultados no son excesivamente alarmantes porque resulta que en la región sigue funcionando el colchón de las jubilaciones, de tal manera que el retirado se ha convertido en un elemento amortiguador clave en las familias con dificultades. Es decir, todos a vivir de la prejubilación del padre o de la pensión del abuelo, que no da para pagar la hipoteca pero sí, al menos, para vivir. Pan para hoy y hambre para mañana. Como estos ingresos superan los 15.000 euros al año, no engrosan la lista de quienes según el INE se encuentran en situación de extrema gravedad, aunque vivan seis o más de la paga. Por ello, la encuesta hay que cogerla con pinzas, de la misma forma que lo ha venido haciendo la Red contra la Pobreza y la Exclusión en Asturias, integrada por más de una veintena de organizaciones sociales que conviven diariamente con el dramatismo de la crisis.

Repasemos algunos datos de la cruda realidad que atraviesa Asturias: cerca de 100.000 parados registrados en las oficinas de empleo, 37.000 personas agotaron su prestación de desempleo, casi 30.000 no cobran más de 426 euros al mes y la mitad de los parados son jóvenes; 15.000 trabajadores están afectados por regulaciones de empleo, en más de 35.000 hogares de la región no entra ingreso alguno, las cocinas económicas alimentan a más de un millar de desfavorecidos, Cruz Roja y Cáritas dan de comer a cerca de 10.000 familias, 21.000 menores dependen de padres sin recursos y 1.500 están siendo atendidos directamente por aquellas dos organizaciones; 8.000 personas apenas subsisten con los poco más de 500 euros de salario social, otras 10.000 están a la espera de percibirlo, en un año se produjeron más de 2.000 desahucios y 200.000 asturianos viven en riesgo de exclusión con menos de 7.800 euros al año.

Por lo tanto, diga lo que diga el INE, el deterioro social en Asturias es palpable y, lo peor de todo, está experimentando en el último año una aceleración del sufrimiento, alcanzando capas de la sociedad hasta ahora impensables. La semana pasada, con motivo del Día Internacional de la Pobreza y la Exclusión, los representantes de la Red alertaban de un fenómeno cada vez más creciente en Asturias, la desintegración de la clase media, que es una de las peores consecuencias sociales de la recesión. Los pobres cada vez son más pobres, y el gran segmento que se ha ido formando en la sociedad en las tres últimas décadas, sostenedor del consumo y del estado del bienestar, cada vez es más pequeño y depauperado. La recesión está estratificando aún más la estructura social, generando enormes bolsas de desigualdad y poniendo en peligro la cohesión. En España, y también en Asturias.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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