La ministra de Transportes, en su visita a Gijón, vino con el bolígrafo en la mano, la valija vacía y un único discurso: «En los próximos meses habrá buenas noticias». Raquel Sánchez, por lo tanto, queda emplazada a concretar lo que no ha hecho en su aparición por este septentrional lugar donde el ministerio al que representa ahora la socialista catalana lleva protagonizando en los últimos treinta años la mayor historia política para escépticos de este país. Según la ministra, en los próximos días, semanas y meses habrá noticias para el vial de Jove, para el peaje del Huerna, para la variante de Pajares, para el soterramiento de las vías de Langreo e incluso para la autopista del mar, aunque en este caso una vez pasada la guerra de Ucrania. En fin, interpreto que la titular de infraestructuras quiso decirnos que ya nos dirá cómo están las cosas cuando las cosas estén como venimos pidiendo que estén. Mientras tanto, a esperar, que es lo que llevamos décadas haciendo desde que nos dijeron, unos tras otros, que iban a hacer lo que hasta entonces no se había hecho. A esperar y seguir espatuxando.
Según la ministra, el protocolo firmado sobre el plan de vías «dota de seguridad y certezas» a la actuación. La única certeza, de momento, es el sello de un documento que tiene relevancia por dos aspectos, uno político y otro de gestión. El manifiesto de voluntades certifica el proyecto inicial del PSOE sobre el emplazamiento de la estación intermodal rescatado con empeño por la alcaldesa. Ana González, con la rúbrica, tiene el testimonio para exigir al resto de signatarios que vayan convirtiendo en realidad las intenciones expresadas en los cinco folios. El protocolo es el pasaporte con el que la primera edil saldrá del mandato en lo que respecta al capítulo ferroviario. No habrá tiempo para más que no sea continuar la tramitación de un cambio que mantuvo estancado el proceso otros tres años.
En cuanto a la gestión, el acuerdo en cuestión pone en orden las tareas de cada institución y rescata el papel de Gijón al Norte, un ente creado para trabajar en la transformación ferroviaria y urbanística de los terrenos de las antiguas estaciones en situación durmiente. Gijón al Norte tendrá que coordinar las actuaciones, encargar la licitación de la redacción de los proyectos a Adif y contratar el estudio económico para la financiación de toda la operación. Lo que carece de sentido es que siguiera el propio Ayuntamiento dedicando personal y tiempo a llamar a unos y otros, trazando rayas y calculando costes para luego dar la cara como si con ello se avanzara. Si hay que dotar de más recursos a la gestora para que cumpla su función con la eficiencia técnica que se esperaba cuando fue constituida, hágase. De esa manera se pueden exigir resultados.
Hablando de buenas noticias, sin que tenga que ver con las promesas ministeriales, sobresale el desembarco de Quirónsalud en Asturias con la construcción de un hospital en Nuevo Gijón. Resultaba extraño que el mayor grupo privado de la sanidad española, fundado por Víctor Madera, el médico de Oviedo que hizo una espectacular carrera en el campo del emprendimiento, mantuviera ajena la región de la impresionante expansión de la marca hospitalaria. Tarde o temprano iba a ocurrir. Por mucho que protejamos la sanidad pública, la privada hay que verla como una opción y un complemento, con coberturas a las que no llega la ‘tarjeta verde’ y servicios alternativos que contribuyen a desahogar los que se prestan por la seguridad social. La pandemia ha acelerado el crecimiento de los seguros privados en la comunidad autónoma. Dos de cada diez asturianos tienen contratada una póliza de asistencia sanitaria con una aseguradora privada. El negocio está en alza en gran parte derivada de la saturación del sistema público. Sin embargo, se puede concebir una sanidad pública mejor si además existe un buen cinturón de atención privada que le acompañe en garantizar el bienestar general de la ciudadanía. A aquellos que se proclaman desde las instituciones como adalides de la sanidad pública por encima de cualquier otra consideración, hay que decirles que la única salvaguarda posible es dotarla de más medios y mejorar su administración para hacerla más eficiente y eficaz. No resulta creíble enarbolar la bandera de lo público en el Ayuntamiento o en el Principado mientras se permiten unas listas de espera en los hospitales insoportables y una degradación de la atención en los centros de salud por falta de recursos profesionales y materiales y una escasa dotación presupuestaria. Así no se defiende.