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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

En el Día de Asturias

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Lo tengo escrito repetidas veces: opino que la fiesta cívica de Asturias no tendría que coincidir con una celebración religiosa. Son – deberían ser– liturgias muy distintas. Pero la realidad muestra que, a pesar de que el partido hegemónico en nuestra tierra se reclama socialista, no hay voluntad política de separar el culto religioso de la festividad cívica. Y, así las cosas, toca hablar, con la solemnidad que es propia del caso, de nosotros mismos cada 8 de septiembre.

Toca hacerlo, yendo un poco más allá de la actualidad más desbordante, aunque tampoco debemos permitir perderla de vista del todo, poniendo el horizonte en un pasado legendario, ni tampoco en un futuro inalcanzable para nuestras entendederas.

Pues a ello vamos: toca hablar de Asturias, en el mismo día en el que una comarca del occidente asturiano recibe un importante reconocimiento, si pensamos en la repercusión mediática, de la Fundación Princesa de Asturias. Hablamos de la Comarca de Los Oscos.

Y, aprovechando que la premiada comarca está en el occidente de Asturias, sin incurrir en dramatismos, hora va siendo ya de que, si no soluciones, sí veamos al menos intentos serios por parte de las instituciones y partidos de luchar contra el aislamiento y la despoblación, aislamiento y despoblación que constituyen acaso la mayor amenaza para una Asturias que no puede abandonar la mayor parte de su territorio.

Y, aprovechando que la premiada comarca está en el occidente de Asturias, una vez más, me permito recordar que estamos hablando de unos territorios que, en distintos momentos de su historia, a pesar de la miseria y del aislamiento, aportaron a la historia personajes de una importancia extraordinaria que forman parte de la mejor Asturias.

Estamos hablando de unos territorios que, además, cuentan con un paisaje que hechiza, belleza que no está reñida, por otro lado, con la potencialidad de sus terrenos. Y no cabe festejar con alborozo, ni cívica ni religiosamente, mientras la despoblación es algo más que una amenaza a largo plazo.

En el Día de Asturias, de una Asturias que lleva en vena un síndrome de insularidad que nos define, de una Asturias que tiene pendiente la madre de todas las reconversiones, que es la reconversión de la mal llamada clase política, de una Asturias que necesita, más que nunca, creer en sí misma.

Más allá de las gaitas y de los discursos hueros e insulsos, más allá de los topicazos, toca marcarse dos retos: primero, el de la supervivencia ante un despoblamiento que sigue incrementándose. Segundo, reivindicarse ante el conjunto del país como una tierra realmente existente. Y, dentro de nuestra geografía, no incurrir en el error, en el bucle infinito, de que el centro de esta tierra haga con sus alas lo mismo que hace España con nosotros: o sea, no dar acuse de recibo de nuestra existencia, como asturianos en general y como asturianos de las comarcas occidentales en particular.

Por favor, no olviden que el mayor pirómano de todo lo nuestro es el despoblamiento. Por favor, al menos tengan la decencia de convencernos de que están decididos a combatir un declive demográfico que, a su vez, simboliza todos los declives, todas las decadencias que en Asturias vienen siendo desde hace décadas.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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