El Comercio
img
PARAÍSO MATORRAL
img
Pilar Arnaldo | 17-10-2017 | 16:55| 0

Con el título de “Paraíso matorral” una hostelera de Boal inició en el mes de agosto una campaña en las redes sociales para denunciar el estado de abandono en el que se encontraban las carreteras de la zona, sin desbrozar en la época del año en que más necesario es tenerlas en buen estado. Parece que la iniciativa dio sus frutos, pues pocos días después comenzaron las necesarias tareas de desbroce. A veces, las autoridades escuchan a los ciudadanos, aunque para ello sea necesaria una movilización de este tipo.
No ocurrió así en otros municipios. A Tineo no debieron de llegar los ecos de esta campaña o, si llegaron, los responsables municipales pensaron que no iba con ellos, pues las pistas de los pueblos siguen en un estado de abandono lamentable. Aquí, en el Cuarto la Riera, vivimos todos los veranos y otoños un auténtico tormento cada vez que tenemos que coger el coche. La maleza invade por completo las carreteras, ya de por sí estrechas, con lo que se vuelven realmente peligrosas. En la mayoría de los sitios no se cruzan dos coches sin rozar el matorral, con los consiguientes desperfectos que ello ocasiona. Además la visibilidad es nula y las señales ya están completamente tapadas. Pero no solo es un peligro para los coches, sino también para los peatones, que son principalmente gente mayor a quienes sus médicos aconsejan caminar para paliar sus múltiples achaques, quizá desconociendo que la aplicación de tan saludable práctica puede poner en peligro su integridad física.
Es incomprensible como el Ayuntamiento de Tineo, año tras año, deja en el más absoluto abandono una zona en la que se encuentra uno de los mayores atractivos turísticos del Concejo, la Fana Xinestaza. Medio metro o más de maleza a cada lado de la carretera es suficiente argumento para que los visitantes abandonen en el intento. Así se promociona el turismo por estas tierras.
Es absolutamente crucial mantener limpias las pistas de los pueblos. Los habitantes de las aldeas ya tienen bastante con luchar contra el matorral que poco a poco invade fincas, senderos, pastos… Si además la maleza cerca sus principales vías de comunicación, el efecto psicológico resulta demoledor. La sensación de acabamiento y derrota es total y absoluta. ¿Quieren acabar con lo poco que queda de los pueblos? Pues sigan en en esta línea, van por el camino correcto. Pero por favor, no nos engañen, no nos digan que luchan para evitar la desaparición del mundo rural. Ya hace tiempo que no nos lo creemos.

Ver Post >
PROHIBIDO AYUDAR
img
Pilar Arnaldo | 03-10-2017 | 07:46| 0

De la vecina Comunidad gallega nos llegan noticias, cuando menos, inquietantes para nuestro maltrecho mundo rural. Parece ser que el Ministerio de Empleo pretende controlar las ayudas en tareas agrícolas, incluso si se trata de la ancestral colaboración que, desde siempre, vecinos o familiares se prestan siguiendo un viejo principio de reciprocidad equilibrada que resulta fundamental para la supervivencia del campo.
Desde siempre, en nuestros pueblos se practicó la denominada andecha, comuña o simplemente “ir a ayudar”, que es la denominación más frecuente en nuestros días, al menos por esta zona del Occidente. La dureza de muchos trabajos, la abundancia de situaciones imprevistas, desgracias o emergencias y la ausencia total de coberturas sociales pudieron sortearse en las aldeas gracias a este principio inamovible de solidaridad entre vecinos, principio sagrado que incluso se cumplía entre familias enemistadas si la situación era de gran emergencia. Sin esta cooperación no hubiera sido posible acometer muchos de los trabajos campesinos. El esfoyón, la matanza, la mayada, son impensables sin la ayuda de los vecinos; Eso sin contar el componente festivo, de reunión y celebración, que no existiría si cada familia realizara en soledad su trabajo. Pero también se junta la gente del campo para sembrar o sacar las patatas, para recoger la hierba, o para cualquier otra tarea costosa, especialmente en la época actual en que las casas están faltas de brazos de trabajo y no queda otra que recurrir a la vecindad.
Una vez más nos encontramos ante leyes o normas que pueden tener sentido en otros ámbitos como las ganaderías intensivas o las grandes explotaciones agrícolas de otras zonas de España, pero que no lo tienen en las modestas comunidades campesinas del norte del país. Precisamente si los pequeños ganaderos pueden sobrevivir es, en muchas ocasiones, debido a estas ayudas que familiares, amigos o vecinos proporcionan, que siempre son sin prestación económica y siguiendo los tradicionales principios de amistad, benevolencia o buena vecindad. Incluso el Derecho Consuetudinario asturiano recoge este precepto.
Pretender legislarlo todo, controlar hasta los mas nimios detalles de la vida cotidiana de las personas da lugar a esperpentos como este. Dejen en paz a la gente del campo que ya traga con muchas más normas absurdas de las que puede soportar. ¡Anda que no habrá cosas que inspeccionar en este país sin cargar sobre los más débiles! Nuestro mundo rural ya se muere solo, no es necesario que dicten más leyes para acabar de rematarlo.

Ver Post >
OTRA VEZ LA TIJERA
img
Pilar Arnaldo | 01-08-2017 | 09:06| 0

Como todos los años, a principios del verano, la Consejería de Educación del Principado de Asturias realiza las provisiones de plazas para el próximo curso. Los recortes, desde hace tiempo, viene sucediéndose invariablemente. El criterio económico parece ser el primordial a la hora de gestionar la enseñanza, por mucho que nos cuenten lo contrario. Pero estos recortes son especialmente sangrantes cuando afectan al mundo rural. Sí, a ese mundo rural que últimamente tanto preocupa a políticos e instituciones y que vemos casi a diario en la prensa como un objetivo importante a proteger. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica.
Este año esa tijera implacable llegó al colegio de Belmonte de Miranda –no solo, también a otros como el de Soto de Luiña – . Precisamente a Belmonte, que es uno de esos lugares que cumple todos los requisitos para necesitar una protección especial: municipio pequeño, de montaña, en el occidente de Asturias, con una población envejecida y dispersa… Pero eso no parece que se mire en la Consejería de Educación. Allí lo que cuentan son los números, por más que el máximo responsable de dicha institución sea un hombre de letras.
El colegio de Belmonte fue durante estos últimos cursos un centro que llevaba a cabo importantes innovaciones metodológicas, con una plantilla entusiasta y entregada que ahora ve premiados sus esfuerzos con un recorte tan bestial que no queda ni una solo plaza a tiempo completo –exceptuando la de la directora porque esa no se puede recortar- en dicho colegio.
Así que una vez más toca recordarles a nuestros gobernantes esas cuestiones ya tantas veces repetidas. Nada hay más importante para fijar población en un pueblo que la escuela. Todos los servicios son importantes, pero este es absolutamente imprescindible. Si los niños se tienen que desplazar lejos, los padres acabarán yéndose con ellos. Pero también hay que hablar de igualdad de oportunidades y para ello lo primero que hay que tener claro es que no se pueden aplicar los mismos criterios al mundo urbano que al rural. Porque los niños de los pueblos tiene que hacer un esfuerzo mucho mayor para formarse que los de las ciudades y para eso necesitan un tratamiento distinto.
Uno de los grandes errores que se cometieron con el mundo rural fue el de imponer las mismas leyes, normas y criterios que para el urbano cuando la realidad es completamente distinta. Así nuestros pueblos se están quedando abandonados irremediablemente. Pero no aprendemos.

Ver Post >
ACOSO A LAS FIESTAS DE PRAU
img
Pilar Arnaldo | 11-07-2017 | 15:20| 0

Las “romerías de prau” son el acontecimiento festivo y cultural más importante de nuestros pueblos. Y, a menudo, especialmente en el caso de las pequeñas aldeas, el único. Son mucho más que una cita festiva. Constituyen el acto social por excelencia, reúnen a familias y amigos y devuelven , por unas horas, la alegría y el optimismo a nuestros olvidados núcleos rurales. Pues bien, estas entrañables fiestas que forman parte del paisaje imborrable de nuestra infancia están a punto de desaparecer. Y los motivos son varios. Como si de una conjunción planetaria se tratara, unos cuantos obstáculos se alinearon para acabar definitivamente con ellas.
A los absurdos requerimientos burocráticos de la Administración del Principado y ayuntamientos (algunos, no todos, los hay que todavía trabajan para solucionar los problemas de sus ciudadanos) se unen ahora otras dos trabas : el botellón y las exigencias de la SGAE.
De todos ellos, el que presenta unos obstáculos más insalvables es el burocrático. Hay una norma del Principado, pensada para grandes citas festivas, que exige complicadas gestiones como un plano hecho por aparejador, medidas de seguridad e higiene, plan de emergencias… Todo esto tiene su lógica para fiestas como San Mateo, San Roque o el Carmen de Cangas, por nombrar tres de las grandes. Pero es absurdo y ridículo pretender aplicarlo a la pequeña romería de un pueblo de cincuenta habitantes o menos. Bueno, pues eso es lo que hacen algunos Ayuntamientos, el de Tineo, entre ellos. Se limitan a exigir al vecino que va a solicitar permiso para la fiesta todas estos requisitos sin ofrecer de su parte ninguna ayuda para cumplirlos. Así, tan alegremente. Y no se sonrojan ni nada. Vamos, que la idea de que el Ayuntamiento está para resolver los problemas de los ciudadanos y no para crearlos parece que ni les entró en la cabeza.
A este entramado burocrático tenemos que sumar el botellón, que además de un problema de salud y un gran riesgo para nuestros jóvenes, contribuye a que las recaudaciones de los bares de las fiestas bajen en picado por lo que se hace muy difícil sostenerlas económicamente. Y para rematar, los requerimientos de la SGAE. Otro organismo que no distingue entre pequeño y grande, que pretende aplicar el canon igual en una gran sala de fiestas que a cuatro vecinos de una aldea perdida. Todos los que creamos sabemos lo importante que es proteger los derechos de autor, pero de ahí a ese afán recaudatorio sin límites que se planteó este organismo hay un buen trecho.
Así que, como reza el dicho popular: “entre todos la mataron y ella sola se murió”. El caso es que nuestras pequeñas romerías tienen los días contados. Y con ellas muere una parte importante de los pueblos, una seña de identidad y uno de los pocos elementos de cohesión social que nos quedaban. Mientras tanto, nos siguen diciendo que trabajan para que no desaparezca el mundo rural…

Ver Post >
NUESTRO HOMBRE DEL TIEMPO
img
Pilar Arnaldo | 05-07-2017 | 04:46| 0

Recientemente, coincidiendo con el final de la primavera, vivimos en Asturias días de un calor inusual a los que siguieron, ya en verano, otros con temperaturas y fenómenos meteorológicos más propios del otoño que de la estación en la que nos encontramos. Estos vaivenes y extremos nos hacen cuestionarnos unas cuantas cosas sobre el tan debatido cambio climático y lo que este nos puede deparar en un futuro no demasiado lejano. Pues bien, de este tema, en el concejo de Tineo, sabe más que nadie José Antonio López García, Tono, natural de Zardaín y vecino de Navelgas.
Tono lleva desde el año 1966 colaborando con la Agencia Estatal de Meteorología en la recogida de datos de temperatura y pluviometría. Con la regularidad y la persistencia de los buenos observadores, desde hace 50 años cada día, a las 10 de la mañana (8 hora solar), recoge en su estación de Zardaín -410 metros de altitud-, la precipitación, temperatura, meteoros y dirección del viento y los anota, con precisión meticulosa, en su cuaderno de campo para posteriormente enviarlos a la AEMET. También cada cierto tiempo recoge conclusiones y, desde hace un par de años, las da a conocer a sus amigos a través de su página de Facebook.
No sé si se puede decir que fue la casualidad lo que despertó en José Antonio esta afición. Casi seguro que la casualidad, unida a un interés latente que, como hombre de procedencia campesina, tenía por la observación del tiempo hicieron que se dedicara a este cometido. Fue durante una visita a la feria internacional del campo en Madrid en 1965. Allí, en un stand de la AEMET, se pedían colaboradores y a él le pareció una buena idea. Así que se ofreció voluntario y unos meses después ya tenía montada en su pueblo natal su sencilla (pero efectiva) estación meteorológica. Y desde entonces, con la perseverancia que lo caracteriza, ayudado durante un tiempo por su padre, Julián, cada uno de los 365 días de los últimos 50 años recogió esos datos que tan necesarios son para sacar conclusiones sobre el clima en esta nuestra casa común que es el planeta Tierra.
Y el amigo Tono nos confirma lo que muchos de nosotros sospechamos: que el clima está cambiando, que cada vez se dan con más frecuencia fenómenos extremos. Nadie mejor que él sabe de la importancia de cuidar nuestro planeta para no vernos abocados a un negro futuro. Mientras tanto, nuestro hombre del tiempo continua realizando su labor como él acostumbra a realiza sus tareas: con amor, constancia y sentido del deber. Gracias, Tono, por tus aportaciones. Gente así es lo que necesitan nuestros pueblos. Personas generosas con su tiempo y su esfuerzo, que sin hacer ruido, discretamente, son capaces de perseverar durante cincuenta años en una labor importante y necesaria para todos. ¡Que la suerte y la salud te acompañen para seguir realizando tu cometido muchos años más! ¡Y que los datos que nos sigas aportando en el futuro no sean del todo desesperanzadores!

Ver Post >
TODOS A LA YERBA
img
Pilar Arnaldo | 21-06-2017 | 10:55| 0

La recogida de la hierba seca para alimento de las vacas durante el invierno era, con mucho, la tarea mas dura del campo asturiano. Para el ‘mes de la yerba’ (de mediados de junio a mediados de julio) se preparaba la gente de los pueblos a conciencia. Así que, por estas fechas, cuando asomaba el buen tiempo, se disponían todos los miembros de la casa campesina para afrontar con éxito el trabajo más fuerte del año. Previamente las mujeres habían reservado para la época las mejores viandas. El jamón -escaso de aquella- solía guardarse para este período. También se reservaban en abundancia todas las otras carnes de la matanza y se hacía acopio de huevos, manteca, nata y todo producto necesario para elaborar las nutritivas comidas que en muchas ocasiones se consumían en el prado, a la sombra de algún árbol. Por supuesto se adquiría vino en abundancia y otras bebidas para combatir la sed de una tarea especialmente penosa y realizada a pleno sol.
También había que preparar la herramienta, los sombreros -que desde primeros de junio se ofrecían en abundancia en los puestos de los principales mercados semanales y en los comercios mixtos de los pueblos- y cualquier otra cosa que se necesitase.
La tarea de la yerba tiene tres fases principales: segar, curar (secar) y guardar. La más dura era la siega, realizada casi en exclusiva por hombres. Previamente había que sacar el corte a la ‘gadaña’ –cabruñar- tarea que solía realizar uno de los varones más viejos de la casa. Se segaba muy temprano, desde el amanecer hasta que el sol empezaba a calentar y en las últimas horas de la tarde. Si el prado era grande se juntaba un grupo de segadores para poder dominar este trabajo. Después había que ‘esparcer’ o ‘esmarallar’ para que la hierba no quedase amontonada. En cuanto estaba seca por un lado se la daba la vuelta para que curara por el otro. A continuación, especialmente si el tiempo era inestable y amenazaba lluvia, se amontonaba en ‘borricos’ – hay que especificar que todo el léxico referido a esta tarea varía muchísimo en las distintas zonas de Asturias, incluso entre pueblos muy cercanos- . Estos montones había que volver a extenderlos al sol y, finalmente, cuando ya la hierba estaba en sazón se amontonaba en una ‘morena’ –especie de balagar- . Después quedaba el trabajo de cargarla en el carro – encarrar-, trasportarla y meterla en el pajar.
Era una tarea durísima en el que colaboraban todos los miembros de la familia. Los viejos a cabruñar y prepara herramientas, los hombres jóvenes a segar, palear hierba, cargar el carro, mujeres y niños a esmarallar, dar vuelta, los niños más pequeños llevaban agua y vino a los trabajadores o pisaban la hierba en el pajar… Pero como suele ocurrir con todo aquello que requiere esfuerzo, es lo que recordamos con más nostalgia. ¿No me digan que no les gustaría volver a oír cantar un carro en un atardecer de un día de verano o despertar por la mañana y escuchar a un paisano cabruñar con desvelo la gadaña, o ponerle el ramo al último carro de la temporada y atravesar orgullosos el pueblo con la satisfacción de la tarea culminada?

Ver Post >
ANIVERSARIO
img
Pilar Arnaldo | 12-06-2017 | 16:28| 0

Hace un año por estas fechas, un lunes 13 de junio, veía la luz por primera vez esta columna. Así que, como estamos de aniversario, hoy toca hacer balance y recopilatorio. Y agradecimientos, por supuesto.
Durante cuarenta y seis semanas traté de hacer llegar a los lectores de el diario EL COMERCIO mi visión de los problemas del mundo rural, del Suroccidente de Asturias y unos cuantos apuntes de cultura tradicional. Desde el primer artículo, “El profundo sur” -toda una declaración de intenciones-, fui, semana a semana, desgranado los distintos temas . Hubo columnas para exponer los problemas del campo: despoblamiento, abandono de los pueblos por parte de las instituciones, la autovía que nunca se termina, la brecha digital, falta de apoyo a la escuela rural… Otras dedicadas a personas o asociaciones que destacan por su buen hacer: a la arqueóloga Margarita Fernández Mier, a las mujeres del Cuarto la Riera o a la asociación El Banzao. Muchas trataron de fiestas o ferias de la zona: el Festival de la lana, la fiesta de Las Palancas, la feria de Nuestra Señora en el Puerto de Somiedo, San Bras, la reunión de los vecinos de La Bedul.
Algunas de las que me costa que más gustan a los lectores son las de cultura tradicional. Según la época del año fueron desfilando por estas páginas las distintas tareas del campo y su forma ancestral de realizarlas: las patatas, el maíz, las castañas, la matanza, las seronda, el esfoyón, la huerta. También el folclore del mundo rural: San Xuan, Antroxu, Ramos, Pascua, las mascaradas de invierno. Las hubo que se convirtieron en virales como la dedicada al pastor Nel Cañedo que llego a tener, en la versión digital del periódico, 2312 compartidos. Algunas de las que más éxito tuvieron fueron la titulada “Aldeanos”     –crítica a una representante política asturiana por utilizar esta expresión como insulto-, la dedicada a las mujeres rurales, a los ganaderos por su patrono o la de la explotación lechera que se planea abrir en Soria. La más polémica: la de los lobos. Y una de las que me consta que se recibió con mayor entusiasmo, la del verano en la braña.
El balance a día de hoy no puede ser más positivo y esto se lo debo, sin ninguna duda, a mis lectores. Quiero expresar mi gratitud a todas las personas que cada semana, a través de los “me gusta” o comentarios en Facebook, me manifestáis vuestra admiración por estos textos o los momentos de placer que os propician. Sois muchos y no puedo nombraros a todos aunque me gustaría señalar especialmente a Dionisio, el más constante, que no dejó pasar una sola vez sin poner una opinión o unas palabras de agradecimiento. Pero también a todos los que me comunican que me leen invariablemente desde la versión en papel del diario. Y, por supuesto, a aquellos lectores de los que no tengo noticia. Y una mención especial a la persona que me impulsó en esta tarea: a mi amigo el escritor Luis Arias Argüelles-Meres. Mil gracias a todos. Sois la razón para continuar. Queda mucho que contar.

Ver Post >
RAÍCES
img
Pilar Arnaldo | 05-06-2017 | 07:23| 0

Suele ocurrir, en estos tiempos que corren, que la Asturias rural en la diáspora, los antiguos habitantes de las aldeas desperdigados por las distintas ciudades de la región o del país o por las capitales de municipios cercanos, se reencuentran en los funerales de sus convecinos. Que ya sabemos que en nuestro mundo campesino asistir a entierros de parientes, amigos o conocidos, incluso lejanos, es deber sagrado. Pues bien, los vecinos de La Bedul, en el Concejo de Miranda, hartos de coincidir solo en estos actos luctuosos, decidieron crear una forma más amable y reconfortante de encuentro y comenzaron, hace once años, a celebrar una comida anual que acoge a todos los nacidos -o a sus descendientes- en esta aldea de la montaña suroccidental asturiana.
La Bedul, uno de los pueblos más altos del Concejo, situado entre la Sierra de la Cabra y Pena Manteiga, fue en su origen braña de alzada para los habitantes de Las Luiñas, en el municipio de Cuideiru o para los de otros pueblos de Miranda. De la braña pixueta de Teixidiellu o de las mirandiegas de Carricéu y Santa Marina, alzaban en verano a La Bedul. Pero, a diferencia de los vaqueiros de la mayoría de las brañas del Occidente, que continuaron siéndolo hasta la actualidad, o por lo menos hasta que emigraron a los núcleos urbanos, los habitantes de esta aldea abandonaron la trashumancia, vendieron sus propiedades en las brañas de invierno y se establecieron definitivamente en el pueblo hacia el segundo cuarto del siglo pasado. Llegó a ser La Bedul un lugar muy poblado, con unas treinta casas habitadas. Sin embargo, siguiendo la estela de todo el rural asturiano, en los años sesenta y setenta comenzó el éxodo a las principales ciudades de la región, a Madrid y Barcelona , a países de Centroeuropa – especialmente a Suiza- o incluso a lugares situados en nuestras antípodas como Australia.
Pero si algo caracterizó siempre a los vecinos de La Bedul es su especial querencia por el lugar que los vio nacer. Ese orgullo, quizá de raices vaqueiras, por los orígenes. Un amor y aprecio por lo propio que los honra. Y como siempre fueron más amigos de fiesta y jolgorío que de penas y aflicciones, decidieron que ya estaba bien de encontrarse solo en actos tristes. La iniciativa de la reunión partio de Salustiano Rey, de casa Landocho. Con grandes dosis de entusiasmo organizó este evento que tuvo, desde el primer momento, una acogida muy favorable entre sus vecinos. Como era de esperar. Así que, ayer domingo, en su undécima edición, los vecinos de La Bedul se reunieron en torno a una buena comida. Desde el más viejo, Marcelo de La Pasadina, hasta el más joven, Pablo, de Casa Toxos, todos disfrutaron de una estupenda velada en la que contaron historias, recordaron viejos tiempos y bailaron al son de los acordes de su músico preferido, Alonso, que también tiene raíces en este precioso pueblo de montaña.
Enhorabuena por estas iniciativas, tan importantes para reforzar lazos en torno a nuestro mundo rural en declive. Dicen que los seres humanos somos raíces y alas. Ambas son importantes, pero son sin duda las primeras las que nos sostienen.

Ver Post >
BRECHA DIGITAL
img
Pilar Arnaldo | 30-05-2017 | 12:07| 0

Las desigualdades, en lo que a servicios se refiere, entre el mundo urbano y el rural siguen siendo muy grandes o incluso se puede afirmar que en algunos aspectos aumentan. Una de estas desigualdades, quizá la mas sangrante por la importancia que tiene en el mundo actual, es la llamada brecha digital, es decir, la distancia en el acceso, uso y apropiación de las tecnologías de la información y la comunicación entre el campo y la ciudad. Según el Índice de Conectividad Global (GCI), que evalúa el progreso digital en cincuenta países, España ha mejorado mucho su situación en los últimos años con un rápido crecimiento de la banda ancha. Pero esta mejora no llega a muchas zonas del mundo rural asturiano, especialmente a las aldeas del Suroccidente, por lo que la distancia entre ambos mundos se hace cada día más grande.
Existen en el concejo de Tineo pueblos en los que la cobertura de móvil es tan escasa que es imposible hablar desde dentro de las casas. No es de recibo que en pleno siglo XXI sea necesario salir a la calle y andar un rato para poder realizar una llamada. El acceso a Internet también es complicado. La banda ancha no llega a estos núcleos de población y solo se puede acceder por el llamado Internet Radio, con un precio mucho más caro y un servicio bastante precario.
El acceso a las nuevas tecnologías es fundamental para mejorar la vida en nuestros pueblos. En primer lugar porque podría atraer población al mundo rural. Para la gente que trabaja desde casa a través de Internet, una posibilidad cada vez más extendida, la vida en el campo podría ser una estupenda opción si se dieran las condiciones necesarias para realizar dicho trabajo con seguridad. Es también muy importante para el turismo rural, tanto para los empresarios como para los clientes, así como para cualquier otra empresa que decida emprender desde estos lugares. Y un elemento fundamental de socialización para zonas con una población tan dispersa.
Pero, una vez más, como en tantas otras cosas que atañen a nuestro olvidado mundo rural, todo se queda en proyectos y buenas intenciones. O en mera palabrería. Seguimos siendo ciudadanos de segunda y cada vez con mayor motivo. ¿Tendrá esto algo que ver con que somos muy pocos a la hora de votar?

Ver Post >
SAN ISIDRO LABRADOR
img
Pilar Arnaldo | 16-05-2017 | 16:57| 0

“San Isidro Labrador, quita el agua y pon el sol.”
Así reza el refrán. Este año, por estas tierras, se necesita más agua que sol, ya que la primavera, hasta ahora, vino muy seca. Pero hay mucho que pedirle al patrono de los agricultores.
La Asturias rural era tradicionalmente agricultora y ganadera. Ambas facetas se complementaban en una economía de subsistencia y autoabastecimiento que solo comercializaba unos pocos excedentes para hacer frente a gastos de bienes o servicios que la casa campesina no podía propiciar. Las mujeres de los pueblos acudían a los mercados a vender cualquier producto de la huerta, además de otros de origen animal -como la manteca y los huevos-. Poco a poco, este equilibrio entre agricultura y ganadería se fue perdiendo en favor del segundo. Dejó de cosecharse el cereal – trigo, escanda, centeno- y otros productos redujeron su presencia de forma significativa. Las tierras se convirtieron en prados para el pasto y solo quedó la huerta familiar para hortalizas y patatas. Esta fue la tendencia de los últimos treinta años: la especialización en un solo campo, en este caso la ganadería de vacuno, en detrimento de la riqueza y complejidad de la casa campesina tradicional.
En Asturias hay excelentes tierras de cultivo que podrían producir alimentos de calidad, para comercializar bajo el sello de “ecológico”, un tipo de producto que está siendo cada vez más demandado por el consumidor y que ofrece mayor rendimiento económico. Es una verdadera pena ver abandonadas zonas ricas y fértiles, como las vegas del Narcea, mientras consumimos alimentos de agricultura intensiva, traídos de lugares lejanos y de menor calidad.
Para que la agricultura vuelva a florecer en Asturias se necesitan, al menos, dos cosas. En primer lugar, un impulso decidido por parte de la Administración, con apoyo económico a las personas que decidan comenzar en esta actividad. Y, en segundo lugar, un cambio de mentalidad de la gente que, hoy por hoy, prefiere un trabajo mal remunerado y con unas condiciones laborales precarias, pero en un entorno urbano, a ser dueños de su tiempo y su actividad apostando por los territorios rurales. Si no cambiamos el “chip” estamos abocados a la pérdida de nuestra autonomía alimentaria, con todos los peligros que ello acarrea.
¡San Isidro, patrono de la agricultura, no permitas que esta muera en nuestra Asturias! Ya hemos dejado morir demasiadas cosas. Puede que algún día tengamos que arrepentirnos de tanta desidia.

Ver Post >
Sobre el autor Pilar Arnaldo
Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional