El Comercio
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OTRA VEZ LA TIJERA
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Pilar Arnaldo | 01-08-2017 | 09:06| 0

Como todos los años, a principios del verano, la Consejería de Educación del Principado de Asturias realiza las provisiones de plazas para el próximo curso. Los recortes, desde hace tiempo, viene sucediéndose invariablemente. El criterio económico parece ser el primordial a la hora de gestionar la enseñanza, por mucho que nos cuenten lo contrario. Pero estos recortes son especialmente sangrantes cuando afectan al mundo rural. Sí, a ese mundo rural que últimamente tanto preocupa a políticos e instituciones y que vemos casi a diario en la prensa como un objetivo importante a proteger. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica.
Este año esa tijera implacable llegó al colegio de Belmonte de Miranda –no solo, también a otros como el de Soto de Luiña – . Precisamente a Belmonte, que es uno de esos lugares que cumple todos los requisitos para necesitar una protección especial: municipio pequeño, de montaña, en el occidente de Asturias, con una población envejecida y dispersa… Pero eso no parece que se mire en la Consejería de Educación. Allí lo que cuentan son los números, por más que el máximo responsable de dicha institución sea un hombre de letras.
El colegio de Belmonte fue durante estos últimos cursos un centro que llevaba a cabo importantes innovaciones metodológicas, con una plantilla entusiasta y entregada que ahora ve premiados sus esfuerzos con un recorte tan bestial que no queda ni una solo plaza a tiempo completo –exceptuando la de la directora porque esa no se puede recortar- en dicho colegio.
Así que una vez más toca recordarles a nuestros gobernantes esas cuestiones ya tantas veces repetidas. Nada hay más importante para fijar población en un pueblo que la escuela. Todos los servicios son importantes, pero este es absolutamente imprescindible. Si los niños se tienen que desplazar lejos, los padres acabarán yéndose con ellos. Pero también hay que hablar de igualdad de oportunidades y para ello lo primero que hay que tener claro es que no se pueden aplicar los mismos criterios al mundo urbano que al rural. Porque los niños de los pueblos tiene que hacer un esfuerzo mucho mayor para formarse que los de las ciudades y para eso necesitan un tratamiento distinto.
Uno de los grandes errores que se cometieron con el mundo rural fue el de imponer las mismas leyes, normas y criterios que para el urbano cuando la realidad es completamente distinta. Así nuestros pueblos se están quedando abandonados irremediablemente. Pero no aprendemos.

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ACOSO A LAS FIESTAS DE PRAU
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Pilar Arnaldo | 11-07-2017 | 15:20| 0

Las “romerías de prau” son el acontecimiento festivo y cultural más importante de nuestros pueblos. Y, a menudo, especialmente en el caso de las pequeñas aldeas, el único. Son mucho más que una cita festiva. Constituyen el acto social por excelencia, reúnen a familias y amigos y devuelven , por unas horas, la alegría y el optimismo a nuestros olvidados núcleos rurales. Pues bien, estas entrañables fiestas que forman parte del paisaje imborrable de nuestra infancia están a punto de desaparecer. Y los motivos son varios. Como si de una conjunción planetaria se tratara, unos cuantos obstáculos se alinearon para acabar definitivamente con ellas.
A los absurdos requerimientos burocráticos de la Administración del Principado y ayuntamientos (algunos, no todos, los hay que todavía trabajan para solucionar los problemas de sus ciudadanos) se unen ahora otras dos trabas : el botellón y las exigencias de la SGAE.
De todos ellos, el que presenta unos obstáculos más insalvables es el burocrático. Hay una norma del Principado, pensada para grandes citas festivas, que exige complicadas gestiones como un plano hecho por aparejador, medidas de seguridad e higiene, plan de emergencias… Todo esto tiene su lógica para fiestas como San Mateo, San Roque o el Carmen de Cangas, por nombrar tres de las grandes. Pero es absurdo y ridículo pretender aplicarlo a la pequeña romería de un pueblo de cincuenta habitantes o menos. Bueno, pues eso es lo que hacen algunos Ayuntamientos, el de Tineo, entre ellos. Se limitan a exigir al vecino que va a solicitar permiso para la fiesta todas estos requisitos sin ofrecer de su parte ninguna ayuda para cumplirlos. Así, tan alegremente. Y no se sonrojan ni nada. Vamos, que la idea de que el Ayuntamiento está para resolver los problemas de los ciudadanos y no para crearlos parece que ni les entró en la cabeza.
A este entramado burocrático tenemos que sumar el botellón, que además de un problema de salud y un gran riesgo para nuestros jóvenes, contribuye a que las recaudaciones de los bares de las fiestas bajen en picado por lo que se hace muy difícil sostenerlas económicamente. Y para rematar, los requerimientos de la SGAE. Otro organismo que no distingue entre pequeño y grande, que pretende aplicar el canon igual en una gran sala de fiestas que a cuatro vecinos de una aldea perdida. Todos los que creamos sabemos lo importante que es proteger los derechos de autor, pero de ahí a ese afán recaudatorio sin límites que se planteó este organismo hay un buen trecho.
Así que, como reza el dicho popular: “entre todos la mataron y ella sola se murió”. El caso es que nuestras pequeñas romerías tienen los días contados. Y con ellas muere una parte importante de los pueblos, una seña de identidad y uno de los pocos elementos de cohesión social que nos quedaban. Mientras tanto, nos siguen diciendo que trabajan para que no desaparezca el mundo rural…

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NUESTRO HOMBRE DEL TIEMPO
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Pilar Arnaldo | 05-07-2017 | 04:46| 0

Recientemente, coincidiendo con el final de la primavera, vivimos en Asturias días de un calor inusual a los que siguieron, ya en verano, otros con temperaturas y fenómenos meteorológicos más propios del otoño que de la estación en la que nos encontramos. Estos vaivenes y extremos nos hacen cuestionarnos unas cuantas cosas sobre el tan debatido cambio climático y lo que este nos puede deparar en un futuro no demasiado lejano. Pues bien, de este tema, en el concejo de Tineo, sabe más que nadie José Antonio López García, Tono, natural de Zardaín y vecino de Navelgas.
Tono lleva desde el año 1966 colaborando con la Agencia Estatal de Meteorología en la recogida de datos de temperatura y pluviometría. Con la regularidad y la persistencia de los buenos observadores, desde hace 50 años cada día, a las 10 de la mañana (8 hora solar), recoge en su estación de Zardaín -410 metros de altitud-, la precipitación, temperatura, meteoros y dirección del viento y los anota, con precisión meticulosa, en su cuaderno de campo para posteriormente enviarlos a la AEMET. También cada cierto tiempo recoge conclusiones y, desde hace un par de años, las da a conocer a sus amigos a través de su página de Facebook.
No sé si se puede decir que fue la casualidad lo que despertó en José Antonio esta afición. Casi seguro que la casualidad, unida a un interés latente que, como hombre de procedencia campesina, tenía por la observación del tiempo hicieron que se dedicara a este cometido. Fue durante una visita a la feria internacional del campo en Madrid en 1965. Allí, en un stand de la AEMET, se pedían colaboradores y a él le pareció una buena idea. Así que se ofreció voluntario y unos meses después ya tenía montada en su pueblo natal su sencilla (pero efectiva) estación meteorológica. Y desde entonces, con la perseverancia que lo caracteriza, ayudado durante un tiempo por su padre, Julián, cada uno de los 365 días de los últimos 50 años recogió esos datos que tan necesarios son para sacar conclusiones sobre el clima en esta nuestra casa común que es el planeta Tierra.
Y el amigo Tono nos confirma lo que muchos de nosotros sospechamos: que el clima está cambiando, que cada vez se dan con más frecuencia fenómenos extremos. Nadie mejor que él sabe de la importancia de cuidar nuestro planeta para no vernos abocados a un negro futuro. Mientras tanto, nuestro hombre del tiempo continua realizando su labor como él acostumbra a realiza sus tareas: con amor, constancia y sentido del deber. Gracias, Tono, por tus aportaciones. Gente así es lo que necesitan nuestros pueblos. Personas generosas con su tiempo y su esfuerzo, que sin hacer ruido, discretamente, son capaces de perseverar durante cincuenta años en una labor importante y necesaria para todos. ¡Que la suerte y la salud te acompañen para seguir realizando tu cometido muchos años más! ¡Y que los datos que nos sigas aportando en el futuro no sean del todo desesperanzadores!

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TODOS A LA YERBA
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Pilar Arnaldo | 21-06-2017 | 10:55| 0

La recogida de la hierba seca para alimento de las vacas durante el invierno era, con mucho, la tarea mas dura del campo asturiano. Para el ‘mes de la yerba’ (de mediados de junio a mediados de julio) se preparaba la gente de los pueblos a conciencia. Así que, por estas fechas, cuando asomaba el buen tiempo, se disponían todos los miembros de la casa campesina para afrontar con éxito el trabajo más fuerte del año. Previamente las mujeres habían reservado para la época las mejores viandas. El jamón -escaso de aquella- solía guardarse para este período. También se reservaban en abundancia todas las otras carnes de la matanza y se hacía acopio de huevos, manteca, nata y todo producto necesario para elaborar las nutritivas comidas que en muchas ocasiones se consumían en el prado, a la sombra de algún árbol. Por supuesto se adquiría vino en abundancia y otras bebidas para combatir la sed de una tarea especialmente penosa y realizada a pleno sol.
También había que preparar la herramienta, los sombreros -que desde primeros de junio se ofrecían en abundancia en los puestos de los principales mercados semanales y en los comercios mixtos de los pueblos- y cualquier otra cosa que se necesitase.
La tarea de la yerba tiene tres fases principales: segar, curar (secar) y guardar. La más dura era la siega, realizada casi en exclusiva por hombres. Previamente había que sacar el corte a la ‘gadaña’ –cabruñar- tarea que solía realizar uno de los varones más viejos de la casa. Se segaba muy temprano, desde el amanecer hasta que el sol empezaba a calentar y en las últimas horas de la tarde. Si el prado era grande se juntaba un grupo de segadores para poder dominar este trabajo. Después había que ‘esparcer’ o ‘esmarallar’ para que la hierba no quedase amontonada. En cuanto estaba seca por un lado se la daba la vuelta para que curara por el otro. A continuación, especialmente si el tiempo era inestable y amenazaba lluvia, se amontonaba en ‘borricos’ – hay que especificar que todo el léxico referido a esta tarea varía muchísimo en las distintas zonas de Asturias, incluso entre pueblos muy cercanos- . Estos montones había que volver a extenderlos al sol y, finalmente, cuando ya la hierba estaba en sazón se amontonaba en una ‘morena’ –especie de balagar- . Después quedaba el trabajo de cargarla en el carro – encarrar-, trasportarla y meterla en el pajar.
Era una tarea durísima en el que colaboraban todos los miembros de la familia. Los viejos a cabruñar y prepara herramientas, los hombres jóvenes a segar, palear hierba, cargar el carro, mujeres y niños a esmarallar, dar vuelta, los niños más pequeños llevaban agua y vino a los trabajadores o pisaban la hierba en el pajar… Pero como suele ocurrir con todo aquello que requiere esfuerzo, es lo que recordamos con más nostalgia. ¿No me digan que no les gustaría volver a oír cantar un carro en un atardecer de un día de verano o despertar por la mañana y escuchar a un paisano cabruñar con desvelo la gadaña, o ponerle el ramo al último carro de la temporada y atravesar orgullosos el pueblo con la satisfacción de la tarea culminada?

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ANIVERSARIO
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Pilar Arnaldo | 12-06-2017 | 16:28| 0

Hace un año por estas fechas, un lunes 13 de junio, veía la luz por primera vez esta columna. Así que, como estamos de aniversario, hoy toca hacer balance y recopilatorio. Y agradecimientos, por supuesto.
Durante cuarenta y seis semanas traté de hacer llegar a los lectores de el diario EL COMERCIO mi visión de los problemas del mundo rural, del Suroccidente de Asturias y unos cuantos apuntes de cultura tradicional. Desde el primer artículo, “El profundo sur” -toda una declaración de intenciones-, fui, semana a semana, desgranado los distintos temas . Hubo columnas para exponer los problemas del campo: despoblamiento, abandono de los pueblos por parte de las instituciones, la autovía que nunca se termina, la brecha digital, falta de apoyo a la escuela rural… Otras dedicadas a personas o asociaciones que destacan por su buen hacer: a la arqueóloga Margarita Fernández Mier, a las mujeres del Cuarto la Riera o a la asociación El Banzao. Muchas trataron de fiestas o ferias de la zona: el Festival de la lana, la fiesta de Las Palancas, la feria de Nuestra Señora en el Puerto de Somiedo, San Bras, la reunión de los vecinos de La Bedul.
Algunas de las que me costa que más gustan a los lectores son las de cultura tradicional. Según la época del año fueron desfilando por estas páginas las distintas tareas del campo y su forma ancestral de realizarlas: las patatas, el maíz, las castañas, la matanza, las seronda, el esfoyón, la huerta. También el folclore del mundo rural: San Xuan, Antroxu, Ramos, Pascua, las mascaradas de invierno. Las hubo que se convirtieron en virales como la dedicada al pastor Nel Cañedo que llego a tener, en la versión digital del periódico, 2312 compartidos. Algunas de las que más éxito tuvieron fueron la titulada “Aldeanos”     –crítica a una representante política asturiana por utilizar esta expresión como insulto-, la dedicada a las mujeres rurales, a los ganaderos por su patrono o la de la explotación lechera que se planea abrir en Soria. La más polémica: la de los lobos. Y una de las que me consta que se recibió con mayor entusiasmo, la del verano en la braña.
El balance a día de hoy no puede ser más positivo y esto se lo debo, sin ninguna duda, a mis lectores. Quiero expresar mi gratitud a todas las personas que cada semana, a través de los “me gusta” o comentarios en Facebook, me manifestáis vuestra admiración por estos textos o los momentos de placer que os propician. Sois muchos y no puedo nombraros a todos aunque me gustaría señalar especialmente a Dionisio, el más constante, que no dejó pasar una sola vez sin poner una opinión o unas palabras de agradecimiento. Pero también a todos los que me comunican que me leen invariablemente desde la versión en papel del diario. Y, por supuesto, a aquellos lectores de los que no tengo noticia. Y una mención especial a la persona que me impulsó en esta tarea: a mi amigo el escritor Luis Arias Argüelles-Meres. Mil gracias a todos. Sois la razón para continuar. Queda mucho que contar.

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RAÍCES
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Pilar Arnaldo | 05-06-2017 | 07:23| 0

Suele ocurrir, en estos tiempos que corren, que la Asturias rural en la diáspora, los antiguos habitantes de las aldeas desperdigados por las distintas ciudades de la región o del país o por las capitales de municipios cercanos, se reencuentran en los funerales de sus convecinos. Que ya sabemos que en nuestro mundo campesino asistir a entierros de parientes, amigos o conocidos, incluso lejanos, es deber sagrado. Pues bien, los vecinos de La Bedul, en el Concejo de Miranda, hartos de coincidir solo en estos actos luctuosos, decidieron crear una forma más amable y reconfortante de encuentro y comenzaron, hace once años, a celebrar una comida anual que acoge a todos los nacidos -o a sus descendientes- en esta aldea de la montaña suroccidental asturiana.
La Bedul, uno de los pueblos más altos del Concejo, situado entre la Sierra de la Cabra y Pena Manteiga, fue en su origen braña de alzada para los habitantes de Las Luiñas, en el municipio de Cuideiru o para los de otros pueblos de Miranda. De la braña pixueta de Teixidiellu o de las mirandiegas de Carricéu y Santa Marina, alzaban en verano a La Bedul. Pero, a diferencia de los vaqueiros de la mayoría de las brañas del Occidente, que continuaron siéndolo hasta la actualidad, o por lo menos hasta que emigraron a los núcleos urbanos, los habitantes de esta aldea abandonaron la trashumancia, vendieron sus propiedades en las brañas de invierno y se establecieron definitivamente en el pueblo hacia el segundo cuarto del siglo pasado. Llegó a ser La Bedul un lugar muy poblado, con unas treinta casas habitadas. Sin embargo, siguiendo la estela de todo el rural asturiano, en los años sesenta y setenta comenzó el éxodo a las principales ciudades de la región, a Madrid y Barcelona , a países de Centroeuropa – especialmente a Suiza- o incluso a lugares situados en nuestras antípodas como Australia.
Pero si algo caracterizó siempre a los vecinos de La Bedul es su especial querencia por el lugar que los vio nacer. Ese orgullo, quizá de raices vaqueiras, por los orígenes. Un amor y aprecio por lo propio que los honra. Y como siempre fueron más amigos de fiesta y jolgorío que de penas y aflicciones, decidieron que ya estaba bien de encontrarse solo en actos tristes. La iniciativa de la reunión partio de Salustiano Rey, de casa Landocho. Con grandes dosis de entusiasmo organizó este evento que tuvo, desde el primer momento, una acogida muy favorable entre sus vecinos. Como era de esperar. Así que, ayer domingo, en su undécima edición, los vecinos de La Bedul se reunieron en torno a una buena comida. Desde el más viejo, Marcelo de La Pasadina, hasta el más joven, Pablo, de Casa Toxos, todos disfrutaron de una estupenda velada en la que contaron historias, recordaron viejos tiempos y bailaron al son de los acordes de su músico preferido, Alonso, que también tiene raíces en este precioso pueblo de montaña.
Enhorabuena por estas iniciativas, tan importantes para reforzar lazos en torno a nuestro mundo rural en declive. Dicen que los seres humanos somos raíces y alas. Ambas son importantes, pero son sin duda las primeras las que nos sostienen.

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BRECHA DIGITAL
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Pilar Arnaldo | 30-05-2017 | 12:07| 0

Las desigualdades, en lo que a servicios se refiere, entre el mundo urbano y el rural siguen siendo muy grandes o incluso se puede afirmar que en algunos aspectos aumentan. Una de estas desigualdades, quizá la mas sangrante por la importancia que tiene en el mundo actual, es la llamada brecha digital, es decir, la distancia en el acceso, uso y apropiación de las tecnologías de la información y la comunicación entre el campo y la ciudad. Según el Índice de Conectividad Global (GCI), que evalúa el progreso digital en cincuenta países, España ha mejorado mucho su situación en los últimos años con un rápido crecimiento de la banda ancha. Pero esta mejora no llega a muchas zonas del mundo rural asturiano, especialmente a las aldeas del Suroccidente, por lo que la distancia entre ambos mundos se hace cada día más grande.
Existen en el concejo de Tineo pueblos en los que la cobertura de móvil es tan escasa que es imposible hablar desde dentro de las casas. No es de recibo que en pleno siglo XXI sea necesario salir a la calle y andar un rato para poder realizar una llamada. El acceso a Internet también es complicado. La banda ancha no llega a estos núcleos de población y solo se puede acceder por el llamado Internet Radio, con un precio mucho más caro y un servicio bastante precario.
El acceso a las nuevas tecnologías es fundamental para mejorar la vida en nuestros pueblos. En primer lugar porque podría atraer población al mundo rural. Para la gente que trabaja desde casa a través de Internet, una posibilidad cada vez más extendida, la vida en el campo podría ser una estupenda opción si se dieran las condiciones necesarias para realizar dicho trabajo con seguridad. Es también muy importante para el turismo rural, tanto para los empresarios como para los clientes, así como para cualquier otra empresa que decida emprender desde estos lugares. Y un elemento fundamental de socialización para zonas con una población tan dispersa.
Pero, una vez más, como en tantas otras cosas que atañen a nuestro olvidado mundo rural, todo se queda en proyectos y buenas intenciones. O en mera palabrería. Seguimos siendo ciudadanos de segunda y cada vez con mayor motivo. ¿Tendrá esto algo que ver con que somos muy pocos a la hora de votar?

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SAN ISIDRO LABRADOR
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Pilar Arnaldo | 16-05-2017 | 16:57| 0

“San Isidro Labrador, quita el agua y pon el sol.”
Así reza el refrán. Este año, por estas tierras, se necesita más agua que sol, ya que la primavera, hasta ahora, vino muy seca. Pero hay mucho que pedirle al patrono de los agricultores.
La Asturias rural era tradicionalmente agricultora y ganadera. Ambas facetas se complementaban en una economía de subsistencia y autoabastecimiento que solo comercializaba unos pocos excedentes para hacer frente a gastos de bienes o servicios que la casa campesina no podía propiciar. Las mujeres de los pueblos acudían a los mercados a vender cualquier producto de la huerta, además de otros de origen animal -como la manteca y los huevos-. Poco a poco, este equilibrio entre agricultura y ganadería se fue perdiendo en favor del segundo. Dejó de cosecharse el cereal – trigo, escanda, centeno- y otros productos redujeron su presencia de forma significativa. Las tierras se convirtieron en prados para el pasto y solo quedó la huerta familiar para hortalizas y patatas. Esta fue la tendencia de los últimos treinta años: la especialización en un solo campo, en este caso la ganadería de vacuno, en detrimento de la riqueza y complejidad de la casa campesina tradicional.
En Asturias hay excelentes tierras de cultivo que podrían producir alimentos de calidad, para comercializar bajo el sello de “ecológico”, un tipo de producto que está siendo cada vez más demandado por el consumidor y que ofrece mayor rendimiento económico. Es una verdadera pena ver abandonadas zonas ricas y fértiles, como las vegas del Narcea, mientras consumimos alimentos de agricultura intensiva, traídos de lugares lejanos y de menor calidad.
Para que la agricultura vuelva a florecer en Asturias se necesitan, al menos, dos cosas. En primer lugar, un impulso decidido por parte de la Administración, con apoyo económico a las personas que decidan comenzar en esta actividad. Y, en segundo lugar, un cambio de mentalidad de la gente que, hoy por hoy, prefiere un trabajo mal remunerado y con unas condiciones laborales precarias, pero en un entorno urbano, a ser dueños de su tiempo y su actividad apostando por los territorios rurales. Si no cambiamos el “chip” estamos abocados a la pérdida de nuestra autonomía alimentaria, con todos los peligros que ello acarrea.
¡San Isidro, patrono de la agricultura, no permitas que esta muera en nuestra Asturias! Ya hemos dejado morir demasiadas cosas. Puede que algún día tengamos que arrepentirnos de tanta desidia.

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LA ALEGRÍA DE LA HUERTA
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Pilar Arnaldo | 02-05-2017 | 14:00| 0

Dice un antiguo proverbio chino: “Si quieres ser feliz durante una hora, embriágate. Si quieres ser feliz durante un día, vete a pescar. Si quieres ser feliz durante una semana, haz un viaje. Si quieres ser feliz durante un año, cásate. Si quieres ser feliz durante toda tu vida, cultiva un huerto.”
Con la llegada del mes de mayo, en estos pueblos de montaña del Suroccidente, la gente se afana en las tareas de la huerta. Una vez que se oye cantar por primera vez el cuco, es el momento de sembrar el maíz. Y entre él, las fabas, la legumbre protagonista de dos de nuestros platos emblemáticos: la fabada y el pote. Se pueden sembrar a la vez que el maíz, pero siempre es preferible hacerlo un poco más tarde, cuando este se “acacha”, labor que consiste en deshacer los terrones y alisar la tierra. También es el momento de plantar la mayor parte de las verduras y hortalizas de las que luego disfrutaremos durante el verano y otoño. O durante todo el año si las envasamos o congelamos, frescas o elaboradas.
Tiene razón este viejo proverbio. Pocas cosas habrá en la vida que produzcan tanta satisfacción como cultivar una huerta. Es la emoción de la vida misma. Sembrar, regar, ver nacer, cuidar, seguir el crecimiento y, finalmente, recolectar lo que con tanto esmero laboramos es una de las mayores dichas del ser humano. La huerta nos proporciona innumerables recompensas. En primer lugar, placer estético. Una huerta bien cuidada puede competir en belleza con cualquier jardín, sin olvidar que en estas pequeñas parcelas suelen convivir plantas para alimentación con las puramente ornamentales. Es frecuente encontrar en ellas, a los lados, rosales u otras plantas de jardín. Nos proporciona pasatiempo agradable y deporte, trabajando la tierra no es necesario el gimnasio. Es bueno para nuestra economía puesto que ahorramos en la cesta de la compra. Y la más importante, la seguridad de consumir productos de calidad, de sabores excelentes y con la certeza de que estamos alimentándonos de forma sana.
Todo esto nos ofrece la vida en el campo. Y mucho más. Así que hagamos caso a los pensadores chinos y volvamos a nuestros pueblos. Aunque solo sea un par de días a la semana, no abandonemos esa tierra que nos sustentó. Nos va en ello la felicidad, que no es poca cosa.

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SIN SERVICIOS BANCARIOS
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Pilar Arnaldo | 24-04-2017 | 13:36| 0

Tenemos mucha suerte los habitantes de estas zonas rurales y, especialmente, los del Concejo de Tineo, pues vamos a ser los más ahorradores del mundo. Y este hecho positivo y provechoso para nuestro futuro se lo debemos a las entidades bancarias con representación en la zona. Digo esto porque, últimamente, una tarea tan habitual y sencilla como sacar dinero de una cuenta corriente se puede convertir en algo tan lento y complicado que, ante las dificultades, habrá quien abandone si no es absolutamente imprescindible y quede esa cantidad que se iba a llevar en el banco engrosando felizmente sus ahorros. Y así es como se ahorra, por las buenas o por las malas. Si ni siquiera puedes sacar el dinero del banco, mal lo vas a gastar.
Tengan en cuenta que estoy hablando de personas mayores que no usan tarjeta de crédito ni ninguna otra forma de pago que no sea en efectivo.La política de los bancos de los últimos años de cerrar sucursales y recortar personal fue llevada al extremo en estas zonas rurales, de manera que, en la actualidad, realizar cualquier trámite en las oficinas de algunos bancos en Tineo se puede convertir en una pesadilla y más si no se dispone de grandes cantidades de tiempo. Algunas entidades, como Liberbank -que es el caso mas sangrante por ser la que más representación tenía en el mundo rural y la que mas recortó- cerraron el 70% de sus sucursales, es decir, de cuatro dejaron una y esa con un déficit de personal considerable.
Así es que, cuando los sufridos habitantes de estos pueblos acuden al banco, tienen que hacer colas kilométricas y armarse de paciencia para tirarse allí media mañana. Si protestan, la disculpa es que hay muchas operaciones que se pueden hacer en el cajero o con la banca online. Y yo pregunto: ¿creen ustedes que las personas mayores de los pueblos de por aquí, que son la mayoría de los habitantes, van a realizar sus operaciones en un cajero o a través de internet? ¿Desconocen que se trata de un entorno rural con una población envejecida que no sabe funcionar con este tipo de aparatos y además les causan verdadero pánico, y más en algo relacionado con el dinero que tantos esfuerzos les costó adquirir a lo largo de su vida? Eso sin contar que, muy a menudo, los cajeros tampoco funcionan.
Me dijeron hace poco en una entidad bancaria de Tineo – distinta de la anteriormente citada- que, igual que teníamos que esperar la cita para el médico o la lista de espera para una operación, había que esperar en el banco y, si era necesario, llamar antes y pedir día. Bueno, la comparación se las trae.
Habría mucho que decir de esto, pero lo primero es que parece que se les olvida que ellos son entidades privadas que hacen negocio con nuestro dinero y que nosotros somos clientes y nos deben una atención adecuada. Pero de qué nos vamos a extrañar si esto no es más que otro de los muchos casos de flagrante abandono y desprecio del mundo rural. Y los que nos representan tan tranquilos y callados.
¡Cómo si todo funcionase de maravilla!

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Sobre el autor Pilar Arnaldo
Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional