El Comercio
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Autor: damasoe_531
La obesidad afecta a cuatro de cada diez españoles mayores de 60 años
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Dámaso Escribano | 27-12-2017 | 9:39| 0

El 35,5% de los hombres y el 40,8% de las mujeres mayores 60 años tienen obesidad en España, según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), con una tendencia en aumento, especialmente por los cambios en los hábitos de vida, lo que eleva los riesgos de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Por encima de los 80 años estas cifras descienden a 19,4% y 29,2% en hombres y mujeres respectivamente. El mantenimiento de la actividad física junto a una adecuada dieta, son los mejores aliados para prevenir la obesidad o abordar la pérdida de peso.

“Cada vez existen más a nuestro alcance alimentos de alta carga calórica que se consumen con frecuencia, sobrepasando las necesidades de energía y nutrientes del organismo”, ha señalado el jefe de Gestión Asistencial de Sanitas Mayores, David Curto.

 obesidadUno de los hábitos saludables para prevenir el sobrepeso es el mantenimiento una actividad física de intensidad moderada, unos veinte minutos diarios. Por ejemplo, pasear a un ritmo elevado, sin llegar a tener fatiga es una buena práctica.

Junto a ello, este experto recomienda consumir una dieta rica en verduras y cereales integrales, sin olvidar incluir fruta, aceite de oliva, legumbres, frutos secos crudos, pescado, carne de ave y lácteos desnatados y evitando los azúcares refinados y la grasa saturada.

En las personas mayores el objetivo de pérdida de peso debe abordarse con cautela y sin demasiada agresividad, valorando los beneficios, pero también los riesgos de sarcopenia o pérdida de masa muscular.

Los pilares en el tratamiento de la obesidad se fundamentarán en una dieta con restricción de calorías a unas 500 menos de las que correspondería por edad y sexo, consumiendo los productos comunes en la dieta mediterránea, sobre todo verduras, frutas y cereales no refinados; actividad física, cuya opción más recomendada en personas mayores es el entrenamiento de resistencia progresiva, basado en ejercitar los músculos con algún tipo de resistencia que se incrementa progresivamente a medida que mejora la fuerza; y la terapia conductual, con la modificación de hábitos orientado a reforzar el efecto de la dieta y el ejercicio sobre la reducción ponderal

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Cáncer y calidad de vida
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Dámaso Escribano | 27-12-2017 | 9:32| 0

Un nuevo estudio proporciona información sobre los factores que afectan a la calidad de vida relacionada con la salud en adultos mayores con cáncer. Los hallazgos, publicados en Cancer, respaldan la importancia de abordar los síntomas persistentes, controlar las comorbilidades, promover la actividad física en el tiempo libre y abordar los desafíos financieros.

De los 15 millones de personas que vivían con cáncer en Estados Unidos en 2016, el 62% tenía 65 años o más. Esta proporción está creciendo con el tiempo y pronto las tres cuartas partes de los supervivientes de cáncer estarán en este grupo de edad. Comprender los factores más importantes que contribuyen a mejorar o mantener una buena calidad de vida más allá del periodo de tratamiento inicial puede ayudar a identificar a los sobrevivientes que son más vulnerables y corren el riesgo de tener problemas de salud.

 cancer-mayoresPara investigar el problema, Maria Pisu, profesora asociada en la División de Medicina Preventiva; Gabrielle Rocque, profesora asistente en Hematología y Oncología, y colegas de la Universidad de Alabama, Estados Unidos, entrevistaron a 1.457 adultos de 65 años o más. La mayoría de los encuestados no estaban recibiendo tratamiento para el cáncer activamente en el momento de la entrevista y estaban en el año o más posterior a su diagnóstico. La encuesta exploró factores en las áreas físicas, psicológicas, sociales y espirituales que podrían afectar a la calidad de vida.

Los científicos encontraron que los componentes físicos y mentales de la calidad de vida probablemente se vieron afectados por factores en diferentes áreas. Los contribuyentes más importantes vinculados con una peor calidad de vida física incluyeron síntomas más severos de dolor, fatiga y sueño alterado en la semana anterior a la encuesta, así como otras afecciones médicas que los pacientes tenían además del cáncer.

También fueron importantes los factores del dominio social relacionados con las necesidades de apoyo, como la necesidad de ayuda cuando se fatiga. Ser físicamente activo parece ser un importante contribuyente a una mejor calidad de vida física. Los impulsores más importantes relacionados con una peor calidad de vida mental volvieron a ser la gravedad de los síntomas, como la fatiga y el sueño alterado. Otros posibles contribuyentes incluyen la necesidad de apoyo emocional y tener dificultades financieras.

“Los estudios de calidad de vida tienden a centrarse en un cáncer en el momento, en el periodo durante el tratamiento y en medicamentos o tratamientos específicos contra el cáncer. Sin embargo, como las personas viven más tiempo después de un diagnóstico de cáncer, es importante comprender la contribución de otros factores a la calidad de vida independientemente del tipo de cáncer o tratamiento –afirma Pisu–. El tipo de cáncer y el tratamiento recibido no se encontraban entre los factores más importantes que afectan a la calidad de vida en nuestro grupo de supervivientes”.

Pisu señala que la contribución de las dificultades financieras al componente mental de la calidad de vida fue algo inesperado. “Por lo general, se ha descubierto que las dificultades financieras y económicas son menos preocupantes para los adultos mayores”, subraya.

Los resultados del estudio tienen implicaciones para la atención de los sobrevivientes de cáncer de más edad. “El enfoque para la atención de esta población debe ser uno de promoción integral de la salud que incluya la gestión adecuada de los síntomas y las condiciones comórbidas y la promoción de estilos de vida saludables -dice Pisu-. Además, su cuidado debe reconocer la importancia de los contextos sociales de los sobrevivientes mayores y las necesidades de apoyo que puedan tener, incluidos los relacionados con los desafíos financieros”.

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Fractura de cadera en mujeres. Prevención
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Dámaso Escribano | 27-12-2017 | 9:24| 0

El cribado de la osteoporosis podría prevenir más de una cuarta parte de las fracturas de cadera en mujeres mayores, según una nueva investigación liderada por la Universidad de East Anglia (UEA), en Reino Unido.

Este trabajo, publicado en The Lancet, revela que un cuestionario simple, combinado con mediciones de la densidad mineral ósea para algunas, ayudaría a identificar a aquellos en riesgo fractura-caderade fractura de cadera.

La investigación, en la que participaron más de 12.000 mujeres mayores, descubrió que el cribado a través de las prácticas de atención primaria permitía a las pacientes ser objetivo de tratamiento. En las mujeres que aceptaron participar, esto condujo a una reducción del 28% en las fracturas de cadera en cinco años.

 El investigador principal, Lee Shepstone, de la Escuela de Medicina Norwich de la UEA, destaca que, “aproximadamente, una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres mayores de 50 años sufrirá una fractura por fragilidad durante lo que les queda de vida útil. En Reino Unido, alrededor de 536.000 personas sufren fracturas por fragilidad cada año, incluyendo 79.000 fracturas de cadera”.

“Una fractura de cadera puede ser devastadora con una pérdida de independencia y menos de un tercio de los pacientes que se recupera completamente. La mortalidad después de la fractura de un año es aproximadamente del 20%. Queríamos saber si las pruebas de detección, como las pruebas de cribado de cáncer de mama, podrían ayudar a identificar a las personas en riesgo de sufrir una fractura”, añade.

El gran estudio multicéntrico de detección comunitaria en Reino Unido fue una colaboración principalmente entre la UEA y la Universidad de Sheffield, e involucró a investigadores de las universidades de Southampton, Bristol, Birmingham, Manchester y York, y más de 100 consultas de atención primaria.

El equipo utilizó una herramienta desarrollada de la Universidad de Sheffield llamada FRAX, que predice la probabilidad de una fractura de cadera o una fractura osteoporótica mayor (una fractura de cadera, columna vertebral, brazo o pierna) para identificar a mujeres mayores con alto riesgo.

Se reclutó a un total de 12.483 mujeres de entre 70 y 85 años de 100 consultorios médicos en siete regiones del país. La mitad de las mujeres se sometió a un cribado para comparar el cribado con la atención habitual.

Entre las examinadas, se recomendó posteriormente el tratamiento para una de cada siete mujeres consideradas en alto riesgo de fractura de cadera. Las mujeres y sus médicos actuaron de acuerdo con esta recomendación, de modo que más de las tres cuartas partes de las mujeres en alto riesgo tomaban medicamentos para la osteoporosis dentro de los seis meses posteriores al examen.

Aunque las pruebas de detección no redujeron la incidencia de todas las fracturas osteoporóticas, la reducción de fracturas de cadera fue evidente. En el grupo de cribado, hubo 54 mujeres menos que sufrieron una o más fracturas de cadera en comparación con el grupo de atención rutinaria. El estudio sugiere que una fractura de cadera podría prevenirse por cada 111 mujeres examinadas y el análisis inicial plantea que es probable que el enfoque sea coste-efectivo.

“Este es el primer ensayo que demuestra que un enfoque comunitario de detección basado en la herramienta de riesgo de fracturas FRAX es factible y efectivo. Dado que se espera que el número de fracturas de cadera debilitantes y costosas aumente con el envejecimiento de la población, los resultados de este estudio potencialmente tienen implicaciones importantes para la salud pública”, subraya Shepstone.

“La evaluación de bajo coste con FRAX entre la población de mayor edad podría resultar en una intervención efectiva y específica para reducir la carga humana y socioeconómica de las fracturas de cadera de la misma forma que en el estudio en todas las mujeres de Reino Unido con edades entre 70-85 años. Estimamos que la estrategia podría prevenir hasta 8.000 fracturas de cadera por año en Reino Unido. Incluso, se podrían obtener mayores ganancias si pudiéramos llegar a las mujeres similares a aquellas que no participaron en el estudio”, concluyen los autores.

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Suplementos vitamínicos
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Dámaso Escribano | 27-12-2017 | 9:21| 0

Los hallazgos de un nuevo estudio sugieren que los suplementos vitamínicos que contienen vitamina D, ácido fólico y vitamina B pueden ser útiles en algunos pacientes mayores. La investigación, publicada en Nutrients, identificó deficiencias significativas de micronutrientes en adultos mayores.

Los investigadores calcularon la prevalencia de deficiencias subclínicas de vitamina D, folato, vitamina B12 y hierro en 1.079 adultos, de entre 65 y 93 años, del estudio KORA-Age en Augsburgo, Alemania. La prevalencia de deficiencias subclínicas de vitamina D y vitamina B12 fue alta, con un 52,0% y un 27,3% de individuos con bajas concentraciones de 25OHD (<50 nmol / l) y bajas concentraciones de vitamina B12 (<221 pmol / l), respectivamente. Además, el 11% tenía hierro bajo (hombres <11 μmol / L, mujeres <9,0 μmol / L) y el 8,7% tenía niveles bajos de folato (<13,6 nmol / L).

Los predvitaminasictores comunes asociados con la deficiencia subclínica de micronutrientes incluyen la vejez, la inactividad física mayores deben tener cuidado con el mantenimiento de una dieta saludable y nutritiva”., la fragilidad y el uso no / irregular de los suplementos. El no uso o el empleo irregular de suplementos que contienen hierro no se asoció significativamente con una deficiencia de hierro subclínica.

“Nuestro estudio también muestra que la ingesta regular de suplementos que contienen vitaminas mejora los  niveles de las respectivas vitaminas”, dijo el autor, la Dra. Barbara Thorand. “Sin embargo, los suplementos que contienen vitaminas no son un remedio universal, por lo que particularmente las personas

 

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El diagnóstico de Trump
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Dámaso Escribano | 18-12-2017 | 5:27| 0

La Asociación Americana de Psiquiatría y la Asociación Americana de Psicología sostienen que no es ético que sus miembros diagnostiquen las posibles alteraciones psiquiátricas de figuras públicas desde la lejanía de los medios de comunicación y sin conocer directamente al supuesto paciente. Se basan en la “regla Goldwater”, que les prohíbe comentar diagnósticos de personajes públicos sin haberlos examinado (y, si lo han hecho, necesitan su permiso). Sin embargo, miembros de dichas sociedades han analizado el estatus mental del hombre más poderoso del mundo, Donald Trump.

No hace falta trasladarse al Nuevo Mundo para encontrar tele-diagnósticos. En medios españoles también se ha comentado sobre la salud mental de Carles Puigdemont, Nicolás Maduro, Boris Yeltsin o de Francisco Franco. Y se discuten a diario las supuestas alteraciones de artistas y famosos de todo tipo ¿Son aceptables los diagnósticos públicos de famosos? ¿se trata de cuestiones de interés general, o sencillamente de morbo?

 trumpEsta polémica se despertó el 13 de febrero de 2017, cuando 33 profesionales de salud mental escribieron una carta a The New York Times señalando que “había demasiado en juego” para permanecer en silencio más tiempo acerca de la salud mental de Donald Trump. En la carta señalaban que el presidente de los Estados Unidos no tolera puntos de vista diferentes a los suyos y tiene una profunda incapacidad para empatizar, afirmando que “los individuos con estos rasgos distorsionan la realidad para adaptarla a su estado psicológico”. Finalizan la carta con una contundente frase: “Creemos que la grave inestabilidad emocional […] del Sr. Trump lo incapacita para servir de manera segura como presidente”. Muchos especialistas en salud mental han apoyado las tesis de esta carta y, por ejemplo, en el libro El peligroso caso de Donald Trump un total de 27 expertos evalúan al político en la misma línea.

El extravagante mandatario norteamericano se ha ganado una larga lista de diagnósticos del DSM-V: trastorno de personalidad narcisista, psicópata, ciclotímico, etcétera. Recientemente Scott O. Lilienfeld se preguntaba en su conocido blog del British Medical Journal si estaba justificado romper la regla Goldwater en el caso Trump: ¿cuándo, si es que alguna vez se diera el caso, deberían los psiquiatras y otros profesionales de salud mental comentar el estado psiquiátrico de figuras públicas, incluidos los políticos? ¿Y cuándo, si se hubiera producido ya el diagnóstico, sus comentarios sobre las dichas figuras públicas están fundamentados en una información rigurosa?

La regla Goldwater apareció en 1964, cuando el candidato republicano Barry Goldwater se enfrentó al demócrata Lyndon Johnson. Ralph Ginzburg, editor de la revista Fact, envió una encuesta a 12.356 psiquiatras preguntando por la salud mental de Goldwater. De los 2.417 que respondieron, 1.189 lo consideraron no apto para servir como presidente, adjudicándole calificativos (diagnósticos) como emocionalmente inestable, inmaduro o paranoico. Se llegó al extremo de señalar que padecía esquizofrenia o de compararlo con Hitler y Stalin. Aunque ganó la demanda que interpuso por difamación, Goldwater perdió las elecciones y actualmente solo es recordado por la regla ética que acuñó.

El Código de Ética y Deontología Médica de España no referencia de forma clara este tema, pero lo trata indirectamente en diversas partes de su articulado, por lo que hacer tele-diagnósticos sin el consentimiento del (supuesto) paciente, también atenta contra nuestras normas profesionales. Por ejemplo, en el Artículo 26.3 se especifica que “El ejercicio clínico de la medicina mediante consultas exclusivamente por carta, teléfono, radio, prensa o internet, es contrario a las normas deontológicas. La actuación correcta implica ineludiblemente el contacto personal y directo entre el médico y el paciente”.

La regla Goldwater surgió hace 50 años, cuando los medios aportaban mucha menos información sobre las celebridades. Sin embargo, actualmente disponemos de cantidad de canales audiovisuales con entrevistas y artículos, a lo que se une el hecho de que los propios famosos muestran su personalidad en redes sociales como Facebook o Twitter, algo que Trump realiza a diario. Esto podría poner en duda la supuesta falta de información para establecer tele-diagnósticos; pero un buen psiquiatra siempre debe entrevistar a sus pacientes antes de emitir un juicio, como un cardiólogo ausculta a los suyos para que sus diagnósticos tengan un mínimo de rigor.

La siguiente cuestión es el respeto a la privacidad. Los datos de salud, incluidos los diagnósticos, son privados. Una figura pública puede revelarlos si lo desea, pero debemos respetar que no sea así, sobre todo los médicos. De lo contrario nos convertiremos en periodistas del corazón más que en profesionales de la salud. Y es evidente la enorme influencia que puede tener la opinión de los especialistas sobre las audiencias de los medios de comunicación. Que se lo digan, si no, a Barry Goldwater…

El tercer aspecto que nos podría hacer dudar de si podemos romper esta regla ética es la responsabilidad pública, no hacia el sujeto en cuestión, sino hacia los ciudadanos. Esto es lo que justificó la publicación de la carta en The New York Times (“había demasiado en juego”) y lo que llevó a que muchos psiquiatras se mojasen contra Barry Goldwater, porque si realmente pensaban que se trataba de un nuevo Hitler o Stalin, debían hacerlo saber al país. Este argumento puede tener mucho peso, pero para denunciar que alguien es una amenaza pública no es necesario recurrir al DSM-V. Es suficiente con analizar sus acciones y argumentos, algo que puede hacer perfectamente un comentarista político sin tener que recurrir a la psiquiatría. En los tele-diagnósticos muchas veces hay más morbo que interés general.

Aunque parece que podemos dar por buena la regla Goldwater, existe un caso en el que aceptamos su violación con toda naturalidad, y es cuando se trata de un sujeto atroz. No hay inconveniente en que se analice la salud mental de genocidas, asesinos y criminales despiadados. Es posible que no se les considere sujetos dignos del mismo respeto que los demás, porque sus actos les han hecho merecedores de otro tratamiento. Por ello se les restringen derechos básicos, empezando por la libertad; pero también la intimidad y en ocasiones hasta la vida. Esto justifica que aceptemos que especialistas y divulgadores hablen de la psicología de Saddam Hussein (caracterizado por el gobierno de los Estados Unidos como “el loco de Oriente Medio”); de la mente de los 19 terroristas de Al-Qaeda responsables del atentado en Madrid el 11 de septiembre de 2001 y de la de su carismático líder Osama bin Laden; de la psicopatía de José Bretón o de la esquizofrenia de la Dra. de Mingo. En estos trágicos casos el ser humano se enfrenta a sus propios límites.

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