El Comercio
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Categoría: Economía.
EL RIESGO DE LA BAJA NATALIDAD

Conforme a los datos que recientemente publicó el Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre el movimiento natural de población, en 2016 el número de nacimientos ha caído en España un alarmante 21,4%. El número de hijos por mujer está situado en 1,33, cifra esta que imposibilita la reposición de población, ya que como mínimo, para mantener el equilibrio, el número de hijos por pareja debería de ser de 2.  La situación, a mi juicio resulta muy preocupante, ya que las mujeres tienen menos hijos que nunca en España y en los dos últimos años ya mueren más personas de las que nacen. Si nos fijamos en los datos de Asturias, la situación es aún más grave y el pronóstico de futuro no es nada halagüeño.

El déficit de natalidad es un gran problema para Europa, pero lo es aún mayor para España y terriblemente grave para Asturias, ya que incide de modo muy directo en nuestra economía. Pese a esto, no parece que importe mucho a nuestros políticos, ya que, liados permanentemente en sus guerras palaciegas, no hacen absolutamente nada para aplicar medidas que permitan incentivar la natalidad.

Voy a poner dos claros ejemplos de cómo lo que no pudieron las guerras y las bombas, lo está consiguiendo ahora nuestro opulento estado del bienestar: Alemania que materialmente fue aniquilada y destruída por los bombardeos, viéndose obligada a defender sus últimas posiciones con niños armados, resurgió de sus cenizas y llegó a convertirse en la segunda potencia económica mundial. Lo mismo ocurrió en Japón que tras sufrir los dos únicos bombardeos nucleares de la historia, también resurgió de sus cenizas y pasó a ocupar el tercer puesto de las potencias económicas mundiales.

En este momento, estos dos países, al igual que España, están sufriendo una enorme crisis demográfica que terminará haciendo tambalear a su próspera economía actual. Es decir, lo que no pudieron las destructivas guerras, lo está consiguiendo ahora la próspera paz que está generando una caída brutal de la natalidad.

A estas alturas, ya es más que claro que la caída de población, está poniendo en riesgo el futuro de España, ya que, con una población más envejecida, el sistema de pensiones resulta inviable a todas luces y los costos sanitarios seguirán creciendo. Tendremos menos mano de obra productiva y la economía fracasará. Guste o no nos guste, lo cierto es que necesitaremos que nos llegue población de los países de mayor fertilidad, situados en su gran mayoría en la América latina y en Africa. Evidentemente, como ya estamos palpando, sus diferentes culturas desestabilizarán nuestras costumbres y tradiciones, ya que progresivamente se irán imponiendo las que traen de sus países de origen. Se producirá un importante mestizaje y seguro que se generarán conflictos.

Por tanto, si esto no nos gusta, no entiendo por qué nuestros gobernantes y los políticos en general, no ponen el foco en este grave problema, para evitar el desierto demográfico al que estamos abocados.  ¿Por qué no empiezan a alcanzar pactos para implantar medidas que faciliten el incremento de la natalidad? Por ejemplo, apoyando fiscalmente a las familias de más de dos hijos o facilitando a las mujeres la conciliación de su vida familiar y laboral.

Me parece muy bien que en España exista el matrimonio homosexual o que se apoye a los movimientos LGTB como el que se ha producido en Madrid la semana pasada. Lo que no me parece bien, es que no se haga absolutamente nada para que las parejas heterosexuales tengan más hijos, porque es aquí donde tenemos el grave problema. Esto, a mi juicio, sí es prioritario.

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LOS MERCADOS SON LOS CULPABLES

Sí, claro. Todo el mundo lo sabe. La culpa de los problemas económicos que sufrimos, es de esos mercados que son como aves de rapiña, que acorralan a los estados, que hacen que la prima de riesgo se dispare, que ponen en peligro el euro y que en definitiva ponen en el abismo a nuestra estabilidad económica y financiera.

Bien, de acuerdo, pero ¿quiénes son esos mercados culpables? Pues es muy fácil de definir. Es ese enmarañado de entidades financieras, banqueros, tiburones financieros,  que compran, venden, negocian acciones, obligaciones, bonos, fondos de inversión, fondos de pensiones, mesas de dinero, etc. .etc. Estos mercados de capitales son unos enormes monstruos que especulan con millones de euros al día y por eso son los verdaderos culpables de los problemas financieros de los estados y por derivación, de los problemas de nuestras economías domésticas. Bueno, vale. Voy a aceptar tu opinión, pero ¿estás seguro de que la culpa es de los mercados? Es que verás, yo estoy convencido de que en este problema hay muchos culpables.

Mira, yo mismo soy culpable porque soy empleado de una entidad financiera y además de una sustanciosa nomina, me están dando una jugosa retribución variable de modo que, cuantas más operaciones haga y más beneficios consiga, más dinerito y más comisiones entrarán en mi bolsillo. Además, mejor que me espabile, no pregunte si esas inversiones que vendo son buenas o malas y me dedique a ganar dinero, porque si yo gano poco, igual es que tengo poca productividad y entonces puede que piensen en mandarme a mi casita con la carta de despido.

También tengo un hijo culpable, ya que tras finalizar su master empezó a trabajar en la división de inversiones de una gran gestora de fondos de pensiones. Como el chico es muy espabilado aprendió pronto y en este momento es uno de los artífices de que el fondo que gestiona esté obteniendo hoy, con la que está cayendo, una rentabilidad próxima al 7%. Me dice que lo que él hace es analizar lo que está pasando en los mercados y visto esto, decide donde invierte o desinvierte con el único objetivo de conseguir la mayor rentabilidad posible. Sus jefes, al igual que me ha pasado a mí, le dicen que se espabile que no se pregunte si lo que hace es ético o no, y que no baje la guardia, porque si los resultados de sus inversiones empiezan a flojear, tendrán que prescindir de sus servicios.

Mi segundo hijo, que es un mostruito de la informática, también es culpable porque está trabajando en otra entidad financiera y le han encargado el desarrollo de una compleja aplicación informática que permite escrutar minuto a minuto lo que está pasando en los mercados financieros del mundo de modo que, de modo automático, en cuestión de segundos, informa al inversor que la maneja, sobre las decisiones inversoras que han de adoptarse en cada momento. Este complejo sistema informático, facilita tanto las cosas que comprar, vender, invertir o desinvertir acá o allá, es como un juego de niños. Y, claro, como la informática no tiene alma, las decisiones se toman sin valoración alguna de los problemas éticos que estas operaciones puedan generar en los estados y por ende en los ciudadanos.

Pero, además de lo que pasa en mi familia también tengo amigos que son culpables. Tengo un amigo empresario que tiene unas fuertes puntas de tesorería que, como es lógico, las invierte para sacar el mayor provecho posible. Va a su asesor de inversiones y este le aconseja en cada momento qué es lo mejor y ojo que si el consejo no es bueno igual decide cambiar de asesor. Cuanta más rentabilidad mejor. Otro amigo mío, es muy previsor y tiene un buen plan de pensiones para preparar su jubilación. Como en los últimos años los rendimientos del fondo no eran buenos, ha cambió de gestora en dos ocasiones. Ahora está en otra gestora que le está dando una rentabilidad estupenda a medio plazo. Parece que la gestora actual está comprando deuda pública española que está dando una rentabilidad del 5,50% a 10 años. También hay otro amigo que tiene unos ahorrillos y como los depósitos a plazo le daban poco interés, decidió invertir en un fondo de inversión, fondo que eligió porque estaba dando una rentabilidad estupenda (parece que este fondo realiza sus inversiones comprando deuda pública de diferentes estados europeos.).

Pero, aun hay más culpables, claro, y probablemente grandes culpables. Esos grandes culpables son esos avaros banqueros, dueños del dinero, que toman decisiones financieras pensando única y exclusivamente en sus intereses personales, importándoles un comino si sus decisiones de inversión perjudican a estados, instituciones o particulares.

Para el final me reservo quizá a los máximos culpables del problema. Me refiero a los políticos. Estos politócratas que por encima de los intereses de los ciudadanos, persiguen sus propios intereses personales y de partido. Como en dinero es de todos o de nadie, gestionan la administración pública como auténticos despilfarradores. Gastan lo que no tienen y generan enormes déficits públicos. Tras estos despropósitos, como necesitan más dinero para colmar sus aspiraciones, recurren a sus amigos banqueros que les prestan todo el dinero que necesitan. Pero claro, estos, antes que amigos son banqueros, con mucho dinero y con muchos intereses inconfesables. Como consecuencia, le dicen al político toma el dinero y ya me devolverás el favor. Y el favor se devuelve lógicamente no adoptando decisiones políticas o legales que les puedan perjudicar.

Si estos politócratas tuvieran un poco de decencia, lo que harían, es gestionar bien la administración pública no gastando lo que no tienen y además de todo esto, promulgando la legislación necesaria para regular adecuadamente los mercados financieros, vigilarlos, controlarlos y corregir las desviaciones que se pudieren producir.

En este momento estamos metidos en una espiral en la que los políticos y los inversores son los culpables directos, pero sin olvidar que nosotros, los ciudadanos, también tenemos un alto tanto de culpa, bien sea como inversores de nuestros ahorros, o incluso como hipotecados hasta las cejas porque, pesando que esto es “jauja” también nos dedicamos a gastar lo que no teníamos o no podíamos pagar.

En fin, no hay mal que por bien no venga y tenemos que confiar que, metidos en este negro agujero, todos aprenderemos la lección y este sea el paso para salir a flote, que la economía se reactive y que el estado del bienestar no se desmorone. Quiero confiar en esto.

 

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OLIGOPOLIZACIÓN BANCARIA

En España teníamos un centenar de bancos y cajas de ahorro operando en el mercado. Primero se produjo la desaparición de la banca pública  y después, tras la fuerte crisis económica del 2008, fueron desapareciendo  las Cajas de Ahorros, y sólo quedaron 14 bancos. Se empezaron a acentuar los problemas de financiación para los particulares y las pequeñas empresa, al reducirse el volumen de créditos, además de endurecerse las condiciones de concesión.  Paralelamente, los comportamientos comerciales de la banca, con los problemas de las preferentes, de las cláusulas suelo, de los productos comerciales de alto riesgo que vendieron las sucursales bancarias, terminaron provocando en el ciudadano, una gran desconfianza hacia las instituciones financieras.

El estrechamiento de los márgenes comerciales, los mayores requisitos de solvencia exigidos por el BCE, la competencia de las plataformas de internet y los riesgos derivados de la exposición al riesgo que alguno de los bancos tenía en la américa latina, empujaron a nuevas fusiones así como a la reducción drástica del número de sucursales bancarias.

Tanto analistas nacionales como internacionales venían anunciando nuevos procesos de fusiones bancarias, algo que, al día de hoy, ya es un hecho cierto. El número de bancos que operan en el mercado, se ha reducido a menos de diez, dándose la circunstancia además, que sólo los tres grandes bancos Santander, BBVA y Caixabank, superan con creces el 50% de cuota de mercado.  Esta fuerte concentración, sobrepasa unos umbrales que en otros países podrían considerarse muy preocupantes. De hecho, los cinco grandes bancos españoles, en la actualidad, alcanzan una cuota de mercado del 58%, concentración que supera con creces el 39% que tienen los ingleses o el 32% de los cinco grandes bancos alemanes.

Es evidente que a los grandes bancos, más que el mercado español en sí, les interesa un mercado global y esto, sin duda, nos lleva al grave riesgo de los “bancos sistémicos” debido a su gran tamaño y a sus fuertes conexiones con el sistema financiero mundial. Y por lo que estamos viendo en estos días, el riesgo sistémico sigue creciendo, tras la archiconocida venta del Banco Popular por un euro y que terminó engullido por el Banco de Santander. Estamos pues ante una clara oligopolización del mercado, que genera un gran peligro de poner el negocio bancario en manos de unas pocas grandes entidades financieras. El mismo BBVA reconoce en un informe que “la consolidación de entidades grandes lleva a un menor grado de competencia entre estas entidades de mayor tamaño”. Lo cierto es que este riesgo sistémico, concentrado en unos pocos bancos, puede representar un problema potencial de muy difícil pronóstico. Y esto es así porque, como cualquiera se puede imaginar, cuando menor sea el número de competidores existentes en el mercado, más fácil tendrán para llegar a una colusión de intereses que, a quien va a perjudicar, es a los clientes que resultarán perjudicados por bajas retribuciones del capital, comisiones bancarias de todo tipo y por reducción de sucursales bancarias.

A estos problemas de falta de competencia y de colusión, habrá que añadir los derivados de la brecha digital, asociada a la dificultad que muchos clientes tendremos para adaptarnos a los instrumentos tecnológicos que ofrecen los servicios bancarios. Máxime cuando con toda probabilidad, el big data y las aplicaciones móviles, terminarán fabricando una banca de proximidad virtual, que va a atender tanto a ese jubilado que no conoce las nuevas tecnologías y que necesita acudir a una oficina bancaria, como a ese cliente más evolucionado que va a realizar todas sus operaciones tanto por internet como por teléfono.

A mí me preocupa muchísimo la alta concentración bancaria que tenemos, que está creando bancos sistémicos y me preocupa no sólo por los efectos negativos que tiene por la falta de competencia, sino porque como algunos políticos dijeron, esos bancos son demasiado grandes para caer.  Yo les diría a esos políticos, que el gigante americano Lehman Brothers cayó estrepitosamente, al igual que en nuestro país cayó Bankia, que hubo de ser rescatada, costando un pastón a todos los ciudadanos españoles. Para complicar más las cosas, en estos últimos días se está hablando de Liberbank y de Unicaja que, tras la caída del Popular, están provocando la preocupación tanto de los inversores como de los clientes ya que, tras sus caídas reiteradas en bolsa están generando dudas sobre la salud de algunos de nuestros bancos.

En el 2008 se escuchaba “es demasiado grande para caer”. Y hoy, esos cinco grandes bancos, que eran demasiado grandes para fracasar, son aún más grandes. Como consecuencia, al concentrarse todo el negocio en unas pocas entidades, todo será más fácil, tanto para la colusión bancaria, como para que tanto el gobierno español como el Banco Central Europeo, tomen medidas fáciles de aplicar a unas pocas entidades. Creo que no es ciencia ficción si digo que, si se produjere otro colapso financiero, a la autoridad bancaria le resultaría facilísimo dirigir una orden a esos cinco grandes bancos para que, por ejemplo bloquearan todos o parte de los depósitos bancarios. Con muchas entidades operando, esto no sería tan fácil, ya que los clientes podrían moverse de una a otra, pero con unos pocos megabancos, unas pocas llamadas telefónicas serían suficientes para bloquear el sistema por completo. Creo que no es una historia de miedo sobre cosas que pueden suceder en el futuro. Esto ya ha sucedido en algún corralito financiero. Miedo me da la manifiesta oligopolización bancaria que se está creando.

 

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ESTIBADORES -1- POLITICOS -0-

Los estibadores portuarios, conforme a los convenios pactados con el sindicato mayoritario (Coordinadora de Trabajadores del Mar), se organizan a través de las Sagep (Sociedades Anónimas de Gestión de Estibadores Portuarios), que tienen como misión, la selección, formación y gestión de los trabajadores portuarios que realizan las labores de estiba. Tienen el monopolio de la contratación y ninguna empresa puede contratar otros trabajadores fuera de esa organización. En este momento, tienen fijados turnos de trabajo de seis horas y una retribución garantizada muy por encima del salario medio. Concretamente, conforme a las cuentas anuales publicadas por las Sagep, con la suma de salario, pluses de jornada, sistema de primas, remates, plus de penosidad, toxicidad y peligrosidad, el salario bruto medio anual de un estibador, es de 68.200€ (5.600€ mensuales). Según la auditora PwC, la estiba representa el 51% de los costes de manipulación de mercancías en puerto.

Este sindicato tan opaco, cerrado y monopolístico, donde los puestos de trabajo pasan de padres a hijos, ha conseguido unos privilegios que, hasta hoy, ningún gobierno ha podido o querido controlar. Ha tenido que ser el Tribunal de Justicia de la UE el que en sentencia de fecha 11 de diciembre de 2014, diga que España está vulnerando el artº 49 del Tratado, al “obligar” con carácter general a las empresas estibadoras que operan en los puertos, a inscribirse en una Sagep y al no permitirles recurrir al mercado libre para contratar su propio personal, ya sea de forma permanente o temporal. Esta sentencia, considera ilegal la situación monopolística existente, ya que se mueve en unas condiciones de privilegio, totalmente inaceptables en la UE y condena a España a pagar 134.000€ al día, entre tanto no se ponga fin a este monopolio.

Antes de esta sentencia, aun conociendo esa situación tan abusiva, que ponía en jaque a la economía española con sus reivindicaciones, ni el gobierno del PSOE primero, ni el del PP después, hicieron absolutamente nada. Y probablemente no lo hicieron, por miedo a generar un conflicto que les restara votos en las urnas. Después de la sentencia de Diciembre del 2014, el gobierno del PP, en su estilo habitual de pasividad, en espera de que las cosas se resuelvan solas, tampoco hizo nada. Acuciado por las presiones de la UE, el Gobierno, sin negociar nada con nadie, prepara un Real Decreto que somete en este mes de marzo, a la aprobación del Congreso y que le es rechazado. El Gobierno sólo contaba con el apoyo del PNV, a cambio de que en el País Vasco, el PP apoyara el presupuesto de aquella Comunidad. CS, para castigar al Gobierno por no cumplir los pactos de investidura que habían suscrito, da una larga cambiada y se abstiene. El PSOE, como tiene que demostrar que hace oposición dura, lo rechaza. Y, Podemos, como ya es su estilo habitual, consistente en rechazar sistemáticamente todo lo que proponga el Gobierno, también lo rechaza.

¿Qué ha quedado demostrado en este debate parlamentario que rechazó el Real Decreto regulatorio de la estiba? Ha quedado demostrado que a los políticos les importa un comino que los españoles tengamos que pagar la cuantiosa multa impuesta, o que haya sido Bruselas quien tuvo que venir a enmendarnos la plana. Les importa un comino que la economía portuaria se vea seriamente perjudicada por un sindicato monopolístico. Les importa un comino que muchas empresas de transporte marítimo, dejen los puertos españoles para irse a otros donde los tratan mejor. Sólo les importan sus juegos de partitocracia, que no de democracia. Por encima de todo, les importa defender sus intereses de partido y ante esto, qué más da que se meta la mano en el bolsillo de los españoles para pagar multas,  o que más les da defender intereses estratégicos y evitar que nuestra economía se resienta porque los embarques vayan a otros puertos fuera de España.  Les trae sin cuidado por una razón muy clara: Anteponen sus intereses egoístas a todo lo demás. La economía y los ciudadanos les traemos sin cuidado.

Acaso no se han enterado estos ruines partitócratas, carentes de ética y de altura de miras, que tras una brutal huelga que tuvo lugar en el puerto de Algeciras (el más importante de España), el Gobierno de Marruecos realizó una gran inversión y construyó Tangermed, un nuevo puerto construido por holandeses al lado de Ceuta y que este nuevo puerto está recibiendo tráfico, que antes llegaba a Algeciras y que lo hacía ser el mayor centro de distribución de tráfico marítimo de contenedores. Antes, a Algeciras llegaban todos los barcos procedentes del Atlántico y del Pacífico y desde allí, en barcos de menor tamaño se distribuía la mercancía hacia el Mediterráneo, el Cantábrico, puerto de Senegal y otros africanos.  Ahora, Tangermed se sigue ampliando y se está llevando gran parte de este tráfico.

Este despropósito de los inútiles políticos que padecemos, no solo va a costarnos la multa que se nos ha impuesto por la UE. Nos va a costar grandes pérdidas en la economía de los puertos españoles.  Pero no importa, esto sólo es una menudencia comparado con la defensa a ultranza, de los intereses partitocráticos.   ¡¡vergonzoso!!.

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LA INDUSTRIA DEL FUTBOL

Hace ya años que el fútbol como deporte, ha dado paso a una lucrativa industria, entendiendo como tal, ese gran negocio que ha sustituido los clubes de fútbol, por sociedades anónimas deportivas. Hoy en día, ciertamente, el fútbol sigue siendo un gran espectáculo, pero más que eso, es un gran negocio que genera enormes beneficios.

De modo concreto, en España el juego del balompié mueve más dinero que todos los demás deportes federados que existen. Pero es que, además, es el que también genera unas deudas desproporcionadas. Resulta difícilmente entendible que un jugador de 2ª B esté cobrando mucho más dinero que campeones del mundo de otros deportes, y en sentido contrario, el club que lo ha fichado esté manteniendo importantes deudas con la Agencia Tributaria o con la Seguridad Social.

Hoy en día, fútbol y dinero van cogidos de la mano. Se van olvidando los orígenes del deporte para convertirse en unos suculentos negocios que generan enormes beneficios, gracias al espectáculo que dan, a todas las campañas de márketing  y de mercadotecnia que llevan aparejado. Fichajes multimillonarios, sueldos enormes, cláusulas que bordean el delito fiscal, grandes ingresos por publicidad, derechos de imagen, patrocinios de todo tipo. En resumen, una gran industria del deporte. Más que el deporte en sí y la valoración de si un jugador lo ha hecho bien o mal en un partido, ahora, lo importante y lo que más se valora, es la imagen, la vida social, o las tonterías que pueda decir ante las cámaras, una estrella del balompié.

Y con este desmadre, cómo es posible que muchos equipos de primera división, tengan grandes deudas porque no pagan las cuotas de la Seguridad Social o porque no paguen sus impuestos, y estén solicitando moratorias continuadas a la Agencia Tributaria. Si yo estuviere equivocado con mis apreciaciones, me pregunto ¿por qué jeques árabes, magnates mejicanos o chinos, financieros rusos, etc. quieren entrar en este boyante negocio? Evidentemente no es para perder su dinero ya que, muy al contrario, lo que pretenden es inyectar dinero en equipos de fútbol para mejorar sus capacidades deportivas y de márketing y con ello generar todavía más beneficios.  Hace ya años que el fútbol dejó de ser un espectáculo deportivo para convertirse en una gigantesca industria que mueve desorbitadas cifras de dinero.

Pero, el problema no está sólo en España. La UEFA no hace más que estrujar las posibilidades del fútbol para generar más dinero. Y en la misma línea la FIFA, en vez de velar por la pureza de la competición, presa de una gran voracidad, lo que hace de modo reiterado, es engordar el gran negocio que rodea a este deporte, ingresando ingentes cantidades de dinero por taquilla, por derechos televisivos y por negocios publicitarios de todo tipo. Hoy en día, los clubes de las cinco principales ligas europeas, ingresan 631 millones de euros anuales, sólo por mercadotecnia y licencias (con esta desorbitada cifra muchos países podrían combatir el hambre y la miseria de sus ciudadanos).

Está más que claro, que hoy en día, la competición deportiva no es más que una pura competición mercantil, controlada por la monopolística FIFA que sólo persigue intereses económicos. Sólo basta ver que entre 2012 y 2015, el volumen de negocio de esta organización, superó los 6.000 millones de dólares. Más concretamente, sólo por derechos audiovisuales, en el último mundial ingresó casi 2.500 millones de dólares.

Y si a esto añadimos todas las sospechas de corrupción que existen sobre este organismo, con grandes escándalos que provocaron dimisiones y la entrada en prisión de parte de su cúpula dirigente,  o el descubrimiento de sobornos a directivos para decidir la sede de algunos de los campeonatos mundiales, qué más se podría decir. En el fútbol se mueve muchísimo dinero, existen ingentes cifras de dinero negro, se bordean los delitos fiscales, y además se generan grandes deudas tanto con la Seguridad Social como con la Agencia Tributaria..

Por qué en vez de esto, esas masas de dinero no se destinan, por ejemplo, a promocionar y fomentar el deporte entre los escolares y universitarios. Por qué la Liga de fútbol profesional (LFP) no limita los presupuestos de los clubes, evitando esos indecentes fichajes y esos indecentes derechos de imagen y de todo tipo. Con la situación económica que tenemos en nuestro país, por qué estos despilfarros no se destinan a mejorar nuestro sistema educativo, nuestra sanidad o nuestros servicios públicos. No es de recibo que un grupo de individuos en pantalón corto, con ingresos multimillonarios, corran detrás de un balón, mientras que ocho millones de personas están en el paro y otros tantos millones de personas viven bajo el umbral de la pobreza. Me parece indecente. Futbol, sí, por supuesto, pero apartado o alejado de inversores que especulan, explotadores, blanqueadores de dinero y mafias futbolísticas, que muchas veces se esconden con la complicidad de muchos políticos, asociaciones de todo tipo y algunos medios de comunicación.

El fútbol ya no es deporte. Antes las estrellas se movían dentro de los terrenos de juego y deleitaban con sus habilidades balompédicas. Ahora salen del campo, actúan como estrellas publicitarias, venden su imagen y siguen generando dinero fuera del ámbito deportivo.  El fútbol es poder y además un suculento negocio. A mí personalmente, esta negocio me parece realmente indecente.

 

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EL ALTO PRECIO DE LAS AUTONOMÍAS

En España tenemos una mastodóntica administración autonómica, que constituye el agujero negro de la deuda pública española, que está manteniendo una escalada imparable y que ya ha superado el 100% del PIB. En sólo los tres últimos años, se han incrementado en 4.000 millones los sueldos del personal. Pese a que en los últimos tiempos, como consecuencia de la bajada de los tipos de interés, el pago de los intereses de la deuda se ha reducido, los gastos estructurales de las diecisiete autonomías, sigue creciendo sin parar.

Es curioso que habiendo como hay materia para aligerar esos mastodónticos entes, que se han ido reproduciendo para alimentar a las castas políticas, más concretamente, a 450.000 políticos y a una enorme red clientelar unida a ellos, nadie está dispuesto a meter la tijera en esos gastos tan desproporcionados.

Para qué queremos 17 entes autonómicos que generan 17 legislaciones diferentes, que generan desigualdad entre los ciudadanos, que rompen la unidad de mercado, que dificultan la creación de empleo y que ponen palos en la rueda de la recuperación económica. Las autonomías nos cuestan 86.000 millones de euros al año, que salen de nuestros bolsillos y que en vez de destinarlos a educación, sanidad, justicia o carreteras, por ejemplo, se destinan a crear ineficiencia y a alimentar redes clientelares. Para qué queremos tanto empleo autonómico, si según dicen los expertos, en razón al número de habitantes sobrarían más de un millón. En su momento, el Estado traspasó a las autonomías 821.000 funcionarios, pero las Comunidades los incrementaron en 920.000 más, para hacer lo mismo que hacía la administración central. Estamos por tanto ante un problema estructural.

Hay una estimación de que 520.000 son enchufados de las castas políticas y que otros 400.000 son el resultado de multiplicar 17 estructuras de gestión idénticas a las que ya tiene la administración central. Hay 2.671 empresas públicas creadas por las Comunidades. Hay 17 Parlamentos que acogen a 1.200 diputados. Se gastan más de 1.200 millones en TV autonómicas. Hay 17 Tribunales de Defensa de la Competencia, que se han gastado 60 millones de euros para tramitar solo 60 expedientes. Hay 17 Consejos Consultivos que se gastan la friolera de 80 millones de euros para evacuar consultas que perfectamente podría resolver cualquier funcionario cualificado como los hay.  Hay réplicas en varias Comunidades de la Agencia Española de Protección de Datos. Hay repartidas por todo el mundo 114 embajadas autonómicas que se comen 150 millones de euros al año.  Hay Universidades a granel y de escasa calidad. Hay  Observatorios de toda índole y difícil control como los de violencia de  género, empleo, convivencia ciudadana, educación… Poco importa que, en muchos casos, ya funcionen organismos estatales que se ocupan de estas materias. De lo que se trata es de emplear a los amigos.

Mientras que en países como Alemania, los landers están devolviendo competencias al estado para economizar y hacer más eficiente la gestión, en España, contra toda lógica, mantenemos una estructura autonómica gigantesca y nadie hace nada por recortarla.

Si en la gran parte de los países de la UE, es el Estado quien concentra más del 80% del gasto público total, por qué aquí nos empeñanos en tener este mastodonte autonómico ineficiente, que genera desigualdades que se solapa con los Ayuntamientos y Diputaciones, que acoge a estructuras paralelas a las del Estado, que nos cuestan la friolera cifra de 28.000 millones (cerca del 3% del PIB).

De una vez por todas hay que acabar con la ineficiencia del Estado de las Autonomías, y como primera medida habría que volver a centralizar Sanidad, Educación, Justicia e incluso Obras Públicas.  De otra parte, habrían de evitarse solapamientos y ceder a los Ayuntamientos algunas de esas competencias que ahora están solapadas.

Todo esto parece de perogrullo, pero, teniendo en cuenta esa historia de amor que ahora están viviendo PPPSOE y negociando abiertamente con Cataluña y País Vasco, a ver qué partido es el que se atreve a poner encima de la mesa ese adelgazamiento de la administración autonómica, esa reducción drástica de chiringuitos albergadores de enchufados varios, esa reducción de entes que son puerta giratoria para el pago de favores a políticos jubilados. Me temo que, como decía uno de esos políticos corruptos jefe del clan Pujoliano, ahora eso no toca…..

¡¡qué pena me da esa casta política de tan baja altura que tenemos!!.

 

 

 

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Sobre el autor Guillermo Díaz Bermejo
El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.