El Comercio
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Categoría: web2.0
NO HE LEÍDO PERO ACEPTO

Habitualmente, cuando en Secot me encuentro con  jóvenes emprendedores que recurren a nosotros, en búsqueda de asesoramiento para iniciar un proyecto empresarial, les informo  sobre la necesidad de redactar de modo claro, los avisos legales que están obligados a introducir en las páginas web que están elaborando para la puesta en marcha de su negocio. La respuesta siempre suele ser la misma: “y eso que más da si nadie los lee”.

Al principio te quedas sorprendido por esas afirmaciones, pero después reflexionas y te das cuenta de que ciertamente tienen razón.  Yo mismo reconozco que, aun cuando tengo formación jurídica y conozco las consecuencias legales que implica ese precipitado click que hago para aceptar algo, en muchas ocasiones, por prisa o  por ese qué más da,  he aceptado unos términos y condiciones que no he leído previamente.

Cualquier usuario que se mueva por la red, cualquier persona que esté utilizando las redes sociales como Facebook, Twiter o Google, cualquier usuario que utilice la banca electrónica, reserve hoteles, compre billetes de avión, cualquier usuario que haga compras por internet, o en definitiva, cualquier usuario que utilice la infinidad de servicios que se ofrecen en la red, indubitadamente se va a encontrar con una casilla en la que tiene que hacer click y con ello aceptar los términos y condiciones que se le imponen si quiere hacer uso de esos servicios. Instalamos aplicaciones en nuestros teléfonos móviles y en nuestros ordenadores, nos registramos en redes sociales, nos damos de alta en todo tipo de servicios y firmamos una y otra vez de modo indubitado, sabiendo que esas empresas y proveedores, lo que hacen es redactar avisos legales sin arriesgarse a dejar ningún resquicio legal y sobre todo cuidándose sus espaldas.

Probablemente, aceptamos de modo mecánico estas condiciones, por pereza, por falta de tiempo, por buena fe, por comodidad o incluso porque alguna vez intentamos leer un largo y farragoso texto, lleno de formulismos legales que, al no tener conocimientos jurídicos, en vez de resultar clarificador, te dejan aún más confundido. En esta situación tan confusa, como lo que nos interesa es utilizar el servicio que nos ofrecen, dejamos a un lado la lectura del texto y nos limitamos a aceptar de modo mecánico. Es decir, hemos dado un consentimiento “desinformado”.

Y ¿qué es lo que hemos aceptado? Aunque no hayamos leído nada, lisa y llanamente hemos aceptado un contrato, con la misma validez legal y con los mismos efectos jurídicos que si lo hubiéremos firmado en un documento escrito en presencia de las partes. Así que, a partir de ahí, poco podremos hacer si alguno de esos servicios abusa de nosotros, por ejemplo, cediendo o vendiendo nuestros datos personales a otras empresas. Y podremos hacer poco o nada, sencillamente porque de modo expreso hemos aceptado esas condiciones.

Antes de escribir este artículo, me he tomado tiempo para leer a fondo las condiciones de Facebook, Google, Twitter y WhatsApp. Estuve toda una tarde leyendo e interpretando términos y condiciones y la conclusión que he extraído es muy clara. He regalado todos mis datos personales y de mis amigos, he regalado mis derechos de propiedad intelectual sobre lo que escribo o sobre las fotos que publico, he consentido que me rastreen esté donde esté y que con técnicas de bigdata sepan todo lo que hago, donde estoy, con quien estoy, que gustos o aficiones tengo, cual es mi ideología, cual es mi tendencia sexual, e incluso pienso que también llegan a saber si tengo una aventura o una relación extramatrimonial.

He aceptado también que cuando les venga en gana, a su criterio y sin mi consentimiento, puedan cambiar estas condiciones de uso. Y si todo esto no me gusta y deseo presentar contra ellos una demanda judicial, he aceptado expresamente que me someto a los Tribunales americanos donde están ubicados estos gigantes tecnológicos. Incluso, en algún caso he aceptado que expresamente renuncio a llevar a los tribunales al prestador de esos servicios.

Es cierto que en España, legalmente, las empresas que operan en nuestro país tienen la obligación de informar a sus usuarios mediante avisos legales, sobre sus políticas de privacidad, usos de cookies, o condiciones generales de contratación. Pero ¡qué más da que tengan esta obligación legal!. Estas operadoras cumplen con la ley, pero el problema es que hacen un minucioso redactado con un solo objetivo: No asumir ninguna responsabilidad y de paso limitar o reducir las garantías de los usuarios.  Como saben que el usuario quiere utilizar sus servicios, lo hacen prisionero provocando que hagan ese click de aceptación, cuando en realidad saben que ese usuario está prestando un consentimiento desinformado, por muy exhaustivo que sea ese aviso legal. En resumen, ese famoso “he leído y acepto los términos y condiciones” es esa gran trampa en la que nos meten los diferentes operadores, ya que aceptamos pero desconociendo todos los detalles.

Como muestra de esa aceptación mediante un precipitado click de algo que no he leído, en Londres, una empresa de seguridad, con la colaboración de la Europol, hizo un experimento para poder probar que los ciudadanos no saben lo que aceptan. El resultado del experimento fue que muchas personas aceptaron entregar a sus hijos para toda la vida, al aceptar los términos de la conexión a una red wifi pública. Probablemente esto ocurre porque tenemos prisa, porque no queremos perder el tiempo. Además, realmente, leer todos los términos y condiciones de todo lo que usamos, implicaría muchas horas e incluso muchos días para leer todo. Y si a eso añadimos los lenguajes con cierta complejidad jurídica que no está al alcance de las personas que no hayan estudiado derecho, mal vamos.

El gran problema es que los operadores de estos servicios, nos ponen ante el dilema de “o lo tomas o lo dejas” y si quieres usar sus servicios, indubitadamente no tienes más remedio que aceptar. Y al aceptar esos servicios que teóricamente son gratis, en realidad lo que estás haciendo es pagarlos y el alto precio es la cesión de todos tus datos personales, de tu ubicación de tus gustos, en definitiva de toda tu vida. En conclusión, en internet nada es gratis.

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LA INTERNET PROFUNDA

Hace unos días, después de cenar, harto de tanta tertulia televisiva sobre el problema catalán, harto de tanto tertuliano que habla y opina de todo lo que se le ponga delante, decidí ir al PC para ver lo que se cocía por las redes sociales y para darle un poco a la tecla. De pronto, me encontré con el comentario de un colega que decía estar pensando seriamente en abrir un despacho en la Deep Web, ya que allí probablemente encontraría a muchos clientes que, seguro necesitarían los servicios de un abogado. Aun cuando me considero un estudioso y un usuario bastante avanzado de las nuevas tecnologías, no recordaba haber visto u oído algo sobre la Deep Web, así que, como soy un cotilla, me puse a investigar por la red. Tras varios días moviéndome por ese oculto subsuelo, he de decir que me quedé hondamente preocupado.

Está claro que, hoy en día, en el ciberespacio conviven miles de millones de internautas, ordenadores, empresas, organizaciones de todo tipo y como no, los propios Estados, sus gobiernos y sus policías  que, ante este gigantesco mundo digital que no tiene barreras, tratan de intervenir tanto para vigilar como para regular jurídicamente su funcionamiento, regulación que, por la ausencia de barreras geográficas y con un desarrollo tecnológico muy acelerado, es harto difícil de lograr.

Lo que he averiguado es que, en este gigantesco ciberespacio, los ciudadanos normales que nos movemos por la red, utilizando buscadores estándar como son Google, Explorer, Yahoo o Bing, sólo conseguimos acceder al 6 o 7% de todo lo que hay en la red. Es como si estuviéremos en la punta de un iceberg en la que solo vemos la parte que está encima del agua. Todo ese mundo sumergido al que nosotros no accedemos, es la Deep web o internet oculta. Es como una cebolla a la que tienes que ir quitándole capas para llegar al centro.

¿Cómo pude acceder entonces a ese mundo oculto que los usuarios no podemos ver? Tras buscar información, me encontré con una aplicación llamada Start Tor Browser, que es la puerta de entrada a ese mundo oculto que se esconde detrás de los dominios Onion (dominios anónimos accesibles sólo por medio de la red Tor). La descargué y en cinco minutos ya había entrado en un mundo para mi desconocido e inquietante.

Y ¿qué es lo que se esconde en ese mundo oculto? Es cierto que me encontré con interesantes informaciones de centros de investigación universitarios, grandes bibliotecas y una muy prolija información para las comunidades científicas y de investigación. Me encontré con muchos datos financieros y comerciales y también con muchas iniciativas legislativas de la comunidad internacional.

Pero también es cierto que me encontré con un entramado de enlaces a los temas más inimaginables posibles: Comunidades pro-suicidio, pro-ateismo, pro drogas duras o blandas, pro de todo tipo de cosas. Puedes encontrarte con un entramado de servicios pseudofinancieros, donde puedes traficar con bitcoins, con tarjetas de crédito robadas o clonadas, con cuentas de PayPal robadas, con mesas de dinero, con cuentas anónimas con las que puedes comerciar, con lavados de dinero o con otras operaciones difícilmente imaginables. A través de FakelID puedes encontrar servicios para obtener todo tipo de documentos falsos, como títulos universitarios, pasaportes, carnets de conducir, etc.

También se esconde un pseudomercado comercial donde puedes comprar todo tipo de armas y su munición, puedes comprar drogas (puedes llegar a Silk Road  que es conocida como el Amazón de la droga) Se esconden  todo tipo de servicios sexuales, como por ejemplo Lolita City, que pueden incluir hasta lo más aberrante. Se esconde toda una telaraña de servicios de alojamiento (hosting) donde puedes subir todo tipo de archivos, sean legales o no, ya que no existe ninguna restricción.

Te puedes encontrar con toda clase de foros donde puedes intercambiar pornografía de todo tipo, documentaciones robadas, archivos censurados por las autoridades,  activismo político (la página hacktivismoy organiza “magnicidios financieros en masa”). Da la sensación de que todo lo que predomina en este mundo, es la ideología anárquica.

Te puedes encontrar con anuncios de hakers por encargo, que puedes contratar para echarte una manita y pinchar por ejemplo, el teléfono de Mariano Rajoy. Hay varios servicios y foros de Haking en los que mediante un simple clik, accedes a ellos. Me sorprendió Rent-A-Haker que anuncia tener veinte años de experiencia en ingeniería social, en hakeos ilegales y que ofrece ataques informáticos, troyanos altamente personalizados y operaciones de phising. Otros hakers ponen sus tarifas por hakear un servidor web, un perfil de Facebook, un ordenador personal, hacer una ciber extorsión o investigar a alguien. Hay también detective check para tener información de cualquier persona

Para los amantes de la lectura te puedes encontrar con todo tipo de publicaciones con contenidos pedófilos, pederastas, homófonos, xenófobos, y todos los fobos que ni tan siquiera te puedes imaginar. Títulos sobre temas de cómo enviar droga por correo,  cómo fabricar bombas, cómo cortar un cadáver,  cómo matar un hombre con tus manos, cómo incendiar una casa por encargo, cómo dar una paliza a alguien o cómo tener sexo con un perro. Me quedé impresionado con el Slayers Assassination and Life Running Service que ofrece servicios con prepago de asesinatos por encargo, con arma de fuego, cuchillo, veneno, tortura de muerte o vida, ataque por acido, cicatriz en la cara, ceguera, castración y muchas cosas más. Hay tablas de precios por ejemplo para matar a alguien pareciendo un accidente y que varía si el “matado” va a ser una persona del montón o un alto cargo. (En esa lista no se define si puedes contratar para dejar paralíticos, sólo matan). 

En resumen, te encuentras con una barra libre para todo tipo de desmanes en los que, muy probablemente predominan las estafas. El timo del nigeriano que está aquí, ya se pasó algo de moda, así que evoluciona y llega el “exit scam” que es cuando un vendedor que vendió ya ciertos productos y logra una reputación, cierra su negocio virtual, pero sigue recibiendo pedidos que cobra y que no suministra. Ojo que también puedes encontrarte un “honeypot” que es una web falsa montada por la policía para que piques y puedan pillarte.

Así que, si alguien se da un paseo por la Deep web que lo haga el plan turístico como yo, pero que no se quede en ella. En mi caso, bastante asustado tras  una semana en ese pequeño paseo virtual, eliminé rápidamente la aplicación Tor que me había bajado, pasé el antivirus que tengo instalado, por si acaso, y traté de olvidarme del asunto, ya que, tratando de saciar mi curiosidad, tuve que pagar el precio de dejar herida mi susceptibilidad. Me asusta pensar en qué clase de mundo vivimos y en los riesgos que corremos frente a estas desconocidas tecnologías.

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OCURRE EN FACEBOOK

A modo de aviso a navegantes, y dado que veo que la moda sigue, e incluso se intensifica, vuelvo a reproducir aquí el artículo que he escrito hace ya casi un año.

Los que me conocen, saben que soy un usuario bastante activo en las redes sociales y más concretamente de Facebook, Twiter o Instagram. Utilizo las redes sociales por divertimento, es cierto. Pero las utilizo aún más, por una cierta deformación profesional o por un interés investigador que me lleva a analizar sus problemas de privacidad, de suplantaciones de personalidad, sus problemas para los niños y jóvenes, sus problemas de seguridad informática que no cuidamos y hacen que nos llenemos de todo tipo de virus informáticos. Incluso me sirven también, aun cuando no soy sociólogo, para analizar conductas y comportamientos humanos en la red.

En estos últimos tiempos, refiriéndome concretamente a Facebook, he visto que prolifera de modo muy intenso una nueva moda que consiste en compartir con tus amigos un enlace a un sitio donde, bajo la apariencia de que se trata de algo divertido, te dicen por ejemplo ¿Quieres saber lo que tu rostro revela sobre ti? ¿Cuál es tu poder especial? ¿Quién es tu mejor amigo? ¿Quién está colado por ti? ¿qué dice sobre ti tu cumpleaños?.etc.etc.. Haz click aquí. Al hacer click ves que se mueve un relojito diciendo “analizando tu perfil” y segundos después aparece el mensaje: “este es el resultado”.

Veo el resultado con lo que se dice sobre mí y quedo superencantado porque dice que soy el tío más listo, el más inteligente, el más guapo, el mejor amigo, el mas de todos los mases del mundo y hasta mas más que Arthur Mas. Como mi ego está al máximo,  saco pecho e inmediatamente lo empiezo a compartir con todos mis amigos de Facebook, para que ellos también vean que yo soy un fenómeno de la naturaleza. Mis amigos reciben el enlace, inmediatamente hacen clik y ala, les pasa lo mismo que a mí. Jooo qué subidón, esto tienen que conocerlo todos mis amigos, así que voy a compartirlo rápidamente porque esto es muy importante para mi ego.

¿Resulta muy divertido, no?. Pues amigos míos, esto no tiene nada de divertido ya que si no fuéremos de gatillo tan rápido haciendo click para compartir, si hubiéremos reflexionado un poco y analizado la página a la que el enlace me dirigía, nos habríamos encontrado con grandes y desagradables sorpresas.

Rastreando un poco, he encontrado que estos enlaces que compartimos, nos dirigen a páginas distintas. Una es http://es.nametests.com/ que tiene su sede en Colonia (Alemania). Otra es Captainquizz http://www.captainquizz.com,  con sede en Dublin. La tercera que encontré  y que no pude averiguar dónde está localizada, es  Bitechargehttp://bitecharge.com. Y la cuarta http://es.heroquizz.com.

He leído y analizado jurídicamente sus políticas, sus avisos legales y lo que aceptábamos expresamente al hacer click y me he quedado estupefacto. En una he hecho esta Concesión de derechos: “El usuario otorga al empresario de forma gratuita la propiedad de todo el material fotográfico y datos de FB facilitados, permitiendo la transferencia o venta de los mismos, como parte del contenido del servicio, pudiendo transferir todos estos derechos a terceros así como editar o transferir todo el material e información facilitada”

En otra al compartir he aceptado esto: “Bitecharge es un servicio que ofrece cosas divertidas y enlaces a su red social. Al utilizar el servicio consiente expresamente que registremos la información de su dispositivo que pone a nuestra disposición de forma predeterminada. Esta información puede incluir protocolo de internet del dispositivo (dirección IP), tipo de navegador, la página web visitada antes de venir a nuestro sitio web, la información que usted busca en otros sitios web, las preferencias de localización, así como la fecha y la hora asociados a las transacciones que realiza.

En la tercera lo aceptado es de este tenor: “Recibimos información como su nombre, foto de perfil, sexo, cumpleaños, protocolo de internet (IP), lista de amigos de Facebook, imágenes, correo electrónico, ubicación, mensajes de FB y cualquier otro dato que contenga su red social en el momento de su inicio de sesión. Sin el consentimiento del usuario podemos ceder a terceros en cualquier momento cualquier de sus datos.”

Estos portales tan divertidos, tras la aceptación expresa que hemos hecho de sus reglas del juego, regularmente reciben la identificación personal y la información que hay sobre mí en la red social, así como la dirección IP de nuestro ordenador, el tipo de navegador que utilizamos, el idioma que usamos y otras cosas más que rastrean con los cookies que hemos aceptado. Reciben datos cada vez que nos conectamos, por ejemplo cuando entramos, qué materiales compartimos, a qué amigos los dirigimos. Aceptamos que almacenen los datos para que ellos proporcionen productos y servicios a otras empresas. Aceptamos también expresamente que guarden esta información en copias de seguridad y registros, por largos periodos de tiempo, para hacer análisis, estadísticas, estudios y similares. Y ¿qué hacen con toda esta información?. Pues muy sencillo, la ceden,  la venden o trafican con ella dándosela a sus socios comerciales, editores, clientes comerciales y otras empresas que colocan anuncios en sus páginas.

Y lo que es más grave aún: Estas páginas están llenas de banners que por ejemplo te dicen “pierde peso rápidamente”. Mira este video morboso” “mira lo que le pasa a esta chica”. “cómo puedes hacerte millonario en España”, etc. Y ¿qué hay detrás de esos banners?. Amigo lector, te incitan de modo morboso a que hagas  clik y entres en enlaces a páginas que van a introducir en tu pc, virus, troyanos y todo tipo de malware

Así que, amigo mío, por muy divertido que parezca, no sigas el juego a esas empresas sin escrúpulos, que nos están utilizando como conejillos de indias, y que bajo el pretexto de que vamos a disfrutar de cosas divertidas, nos colocan un señuelo para que entremos en sus portales y una vez dentro, van a robarnos tanto nuestra información como la de nuestros amigos y, una vez que ya tienen en su poder esta información, van a traficar con ella y venderla a otras empresas para facilitarles sus agresivas acciones de marketing. Por favor, seamos más cautos, más precavidos y tengamos prudencia antes de hacer ese clik tan rápido. Pensémoslo dos veces antes de hacerlo, y en último extremo, si lo hacemos, busquemos la política de esas empresas colocada habitualmente en sus avisos legales, leámoslas y enterémonos de lo que estamos aceptando cuando haces click y entres en enlaces a páginas que van a introducir en tu pc, virus, troyanos y todo tipo de malware.

 

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DEL PLUMIN Y EL TINTERO A LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

Siempre he sido una persona preocupada por evolucionar adaptándome a las nuevas tecnologías. Hasta no hace mucho tiempo, lo he venido consiguiendo con una cierta facilidad, pero ahora empiezo a encontrarme con esa sensación extraña de que algo se me está yendo de las manos. La velocidad es ya tan grande que sigo en la carrera, pero voy con la lengua fuera y me embarga esa rara sensación de que no voy a poder seguir. Debe de ser algo parecido a lo que le ocurre a ese corredor de maratón que a mitad de carrera se siente desfallecido, le duele todo y siente que se cae, aun cuando a lo mejor al final terminará ganando.

Voy a tratar de explicar los avatares que ha tenido y tiene mi maratón particular: Mi primera herramienta tecnológica para empezar a comunicar fue un cuaderno “Bruño”, el plumín intercambiable y el tintero que utilizábamos en la escuela para escribir bonito. Pero claro, había un serio problema, y es que como soy totalmente zurdo y esas avanzadas tecnologías estaban pensadas para diestros, escribía fatal, lo emborronaba todo, me manchaba los puños de tinta y a veces se me caía el tintero encima. Horror… además castigado y condenado a raspar con un trozo de cristal la mesa del escritorio para eliminar la tinta.

Pero, hete aquí que de pronto a Bic se le ocurre inventar un gran instrumento, el bolígrafo. Y caramba, esa minoría que éramos los zurdos ya podíamos empezar a escribir bien, bonito y con soltura. Claro que, eso de ser zurdo no estaba bien visto, y en mi caso, después de un montón de collejas, empecé a escribir con la derecha. (hoy probablemente me llevarían a un psicólogo para corregir mi trauma de zurdo).

Sigue la evolución… como mis padres me ven muy empecinado en aporrear una vieja Underwood (creo que se escribe así) que había en casa, deciden mandarme a una academia de mecanografía y con mi Léxicon 80 llego a alcanzar ni más ni menos que 220 pulsaciones por minuto -todo un record si consideramos que en un concurso de mecanografía, la mejor mecanógrafa llegó a alcanzar 301 pulsaciones-

Ay amigo, pero llego a la Uni y allí había que tomar muchos apuntes a mano que después había que mecanografiar y si era el caso reproducirlos a multicopista (un gran invento de aquella época para la reproducción en serie y también para editar panfletos antisistema, ji.ji). Y claro, como yo ya era un alumno tecnológicamente avanzado, de Lexicon 80 nada, que pesaba mucho. Mis padres me compran una Olivetti Studio 44 portátil y con maletín (era lo mismo que tener ahora un pc portátil) y ala a escribir apuntes y a hacer cartas de presentación para tratar de encontrar empleo. Y a propósito de cartas de presentación, resulta que ahora ya no sirven “pa na”. O te llevas un buen currículum o no hay empleo.

Bueno, empieza la vida profesional y sigue la evolución tecnológica. Aparecen las máquinas de escribir IBM que ya permiten corregir en un pequeño visor, antes de escribir (todo un invento) y andamos ya por los años 80. Ja, pero llegan los Spectrum, los Sinclair y los Commodore que sí que eran un gran invento – 164 k pero hacían maravillas – Y no digamos nada cuando de pronto aparece en el mercado Amstrad y además con pantalla de color…. Todo un invento, una auténtica revolución…. Pues nada a comprarse uno y a empezar con el mundo de la informática.

Nuevas clases en academia especializada y ahora a aprender programación en “basic” absolutamente necesaria para manejar ese invento infernal que era el Amstrad. Y ala a darle al “goto” al “return” y al “enter” para hacer miniprogramillas que apenas serían para nada.

Pero, sigue la evolución tecnológica y en las empresas ya se empiezan a montar sistemas informáticos más avanzados. Equipos Nisdorrf ,IBM etc., conexiones con red de teleproceso (aún faltaban muchos años para llegar a la banda ancha). Y de pronto empiezan a aparecer los PC que eran la auténtica revolución…… Yo en aquél momento era capaz, cuando mi secretaria protestaba porque el pc petaba, de irme a la tienda, comprar una ampliación de memoria, abrirle las tripas e instalársela. Todo un avanzado.

Llega la ofimática y, aunque mi Secretaria hace muchas cosas, como yo no quería ni quiero quedarme atrás, entro de lleno en ella y manejo sin ninguna dificultad el Word, Excel y el Power (algo peor Acces). Sigue evolucionando el mundo empresarial y las secretarias ya empiezan a ser un lujo… Mientras mis colegas tienen auténticos problemas para adaptarse a la nueva situación, yo soy capaz de autogestionarme.

Pero claro, en este punto es donde empiezo a preocuparme….CDS. DWD, Pen Drives, no sé cuántos gigas, móviles de última generación, navegadores, cañones, etc.etc. Auténticos ladrillos de manuales de instrucciones que con auténticos problemas voy digiriendo.

Y, de pronto, metido de lleno en la Web 2.0 plagada de palabrejos que me cuesta enormemente digerir ya que no soy técnico en la materia. Poco a poco voy entrando, pero ya con una sensación de que algo no va bien que ya no llego…. Y lo más preocupante… acabo de entrar en este mundo y ya empiezo a oír hablar de la 2,5 y de la 3.0 de Facebook, de Twitter, de la internet oculta, de la nube . Que pasa, que ¿aun vamos a ir más rápido?.

Uffs… alto por favorrr…. que esto no puede serrr… Si sigo así tratando de invertir tanto tiempo en mantenerme actualizado. ¿cuándo tendré tiempo para poder trabajar?. Y lo que más me preocupa y es lo que me hace entrar en la reflexión sobre si todo esto merece la pena: Tengo un sofisticado móvil con un montón de aplicaciones que sólo uso para llamar y contestar y ni tan siquiera pongo mensajes, entre otras cosas porque ya veo mal de cerca (cosas de la edad) ¿para qué quiero entonces tanta sofisticación?.

Tengo una televisión de última generación con un mando impresionante y cientos de utilidades. Coñooo que yo sólo veo el telediario y poco más….Tengo un Tablet que me han regalado mis hijos y no lo uso porque no veo la pantalla. Tengo. tengo. tengo…. ¿y para qué todo esto? Si al final como me siento verdaderamente cómodo es con cuatro cosas realmente útiles.

En resumen, como conclusión ¿merece la pena que siga metido en el carro de la evolución tecnológica? ¿podré seguir cabalgando en la ola o por mi edad me caeré en cualquier momento? ¿esto se va a ralentizar? ¿nos estaremos convirtiendo en personajes alienados?. A veces caigo en el desánimo y pienso que la mejor comunicación no es esta en las redes sociales ni nada que se le parezca, si no la que tengo con el amiguete en el bar delante de un buen vino y con una distendida charla.

Toda una contradicción.

 

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CLICK

¿Alguna vez se ha parado usted a  pensar en el enorme potencial que tienen las yemas de sus dedos cuando hacen “click en el ratón de su ordenador?. ¿Es consciente de la gran cantidad de cosas que hace y consigue a golpe de click? ¿Es consciente de los errores que puede cometer por ese click precipitado o poco meditado?.

Hoy en día, millones de ciudadanos accedemos a la red y leemos o enviamos correos electrónicos, leemos periódicos digitales, hacemos reservas de hoteles, sacamos billetes de tren, autobús o avión, compramos cosas por internet, pagamos nuestros impuestos, nos comunicamos con otras personas, etc. etc.También, mediante un click damos nuestra opinión, respondemos a encuestas e incluso votamos electrónicamente en las asambleas generales de ciertas empresas. En un tiempo ya no muy lejano también aprobaremos o reprobaremos la actuación de nuestros políticos y votaremos a golpe de click.

En definitiva, a velocidad de click realizamos una gran cantidad de cosas y operamos con transacciones, muchas de ellas con contenido básicamente comercial. O lo que es lo mismo, el click es el acto supremo que gobierna las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Estamos hablando de la web 2.0 o 3.0 e incluso de la economía 2.0.

Creo que no se le escapa a nadie que el uso de las nuevas tecnologías ha producido cambios importantes tanto en los métodos de trabajo, como en el modo de divertirnos, en la forma en que nos relacionamos con otras personas,  con la Administración, en cómo hacemos nuevas transacciones comerciales y financieras o en definitiva cómo nuestras vidas van cambiando en este apasionante mundo virtual y a la vez global.

Todo esto no se le escapa a los departamentos de marketing de las empresas que buscan fórmulas para comunicarse con este nuevo consumidor que se mueve a la velocidad de click, que tiene acceso a todo tipo de información, que contrasta productos y precios, que da sus opiniones en la red sobre estos productos y precios y que por lo tanto el mismo, además de consumidor final, se ha transformado en uno de los elementos del marketing tradicional, en cuanto que interviene con sus opiniones en el diseño, en el precio, en la promoción (publicidad) e incluso en la distribución.

Es evidente por tanto que las empresas, conscientes de esta realidad, están tratando de manejar las tecnologías de la información para solucionar sus problemas de competitividad. No se trata de innovar, ni de tener unos potentes ordenadores o unos programas sofisticados, si no de saber cómo sacar partido a estas herramientas para llegar más directamente a sus clientes potenciales e influir en ellos para que con el “poder de sus dedos” hagan “click” en su producto o servicio.

En resumen, se trata de que las empresas consigan la mayor rentabilidad posible, teniendo la mejor información de su cliente potencial, acercándose a internet y consiguiendo orientar a ese candidato hacia el “click” sobre su producto. He aquí el poder del click.

 

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EL GRAN HERMANO DE LOS DATOS

Tras leer un libro que cayó en mis manos titulado “big data: la revolución de los datos masivos”, me quedé bastante inquieto y por ello me animo a compartir aquí algunas reflexiones sobre algo que puede resultar verdaderamente preocupante.

Según parece, por la información que se facilita en esta publicación, hay una cosecha de datos que se ha quintuplicado en los tres últimos años. Ninguna esfera de la sociedad queda intacta. La información digital que existe a día de hoy ocuparía, a ojo de buen cubero, 250 trillones de DVD. Un simple cigoto al que todavía le queda mucho de gestación. Para hacernos una idea, en los últimos 2 años hemos generado más datos que todos los datos que se habían generado antes en toda la historia de la humanidad. Estamos hablando de exabytes, que son miles de millones de gigabytes, una cantidad difícil de visualizar. En 2012, se hablaba ya de 2,8 zettabytes. En 2020, estos podrían llegar a 40.000 exabytes (40 billones de gygabytes). Política, administración pública, comercio, turismo, sanidad, educación, banca y seguros, deportes… Todo lo susceptible de medirse por datos «cambiará en esta nueva era».

Sin lugar a duda, esta retención y conservación masiva de datos, supone una golosina o un tesoro que tentará a particulares, empresas, funcionarios e incluso gobiernos, a usarlos inadecuadamente. Por mucho que el Gobierno intente protegernos o que incluso nosotros tratemos de cubrirnos, tenemos que ser conscientes de que la privacidad en internet no existe al 100% y que la explosión de la red y de los datos que recolecta, crea grandes lagunas e inseguridades en nuestra intimidad. Es indudable que toda la legislación aplicable a la protección de datos (Directivas Comunitarias, Ley de Conservación de Datos, Ley Orgánica de Protección de Datos, Reglamento de medidas de seguridad, etc) tiene el claro objetivo de preservar los derechos de los ciudadanos en lo que se refiere a sus datos personales y a su intimidad/seguridad.  Pero aun así, con todo y con esto, por mucha y por buena legislación que tengamos, los peligros están ahí, al acecho, almacenados en ese gran hermano de los datos.

Si nos paramos a pensar fríamente en lo que puede ocurrir con estos almacenamientos masivos, la situación puede ser verdaderamente preocupante. La Agencia Tributaria mueve enormes ficheros de contribuyentes (piénsese lo que no hace mucho tiempo, ha ocurrido en Inglaterra con archivos fiscales que misteriosamente se han perdido). Estos días también nos enteramos de que Hacienda va a utilizar programas espías para recabar datos de los ciudadanos, en las redes sociales. Los bancos almacenan datos y cuentas de sus clientes y además por exigencia legal comunican al fisco las operaciones que superan cierta cantidad. Las operadoras de telecomunicaciones tienen ingentes cantidades de datos de sus clientes que, además, por precepto legal, han de conservar durante un año. Los Notarios comunican las escrituras que autorizan. Los Abogados interactúan vía cibernética con los Tribunales. Las empresas que realizan comercio electrónico mantienen ficheros de clientes. etc.etc.

Además, para complicar más las cosas, la Unión Europea ha tomado decisiones relativas a la guarda de datos de los pasajeros de las líneas aéreas, datos que han de custodiar durante trece años, aun cuando la mayor parte de los delitos que se pretendan perseguir con esos datos, probablemente hayan prescrito. Y además de recogerlos y guardarlos, habrá de entregarlos a las Autoridades que en muchos casos no son nacionales.

En este momento ya resulta público y notorio que hay filtraciones de datos de todo tipo y que incluso muchas empresas de márketing, de modo poco ético, hacen compra-venta de datos de ciudadanos con fines publicitarios o comerciales. Aun así, estas filtraciones son pecata minuta si las comparamos por ejemplo con lo que hemos visto que ha hecho Edward Snowden, un exempleado de la CIA, que puso en jaque a la Administración Obama al desvelar que el tío Sam había urdido una campaña de espionaje digital, resucitando el fantasma de la Policía Mental que Orwell describió en «1884.

A la habitual desconfianza que internet produce a muchos ciudadanos, se añade ahora la certeza de que todos nuestros pasos en la red, están siendo recolectados y esto puede hacer que mucha gente sea remisa a usar tarjetas de crédito para hacer compras en la red o a dejar datos en páginas web, por mucho que se nos diga que nuestros datos van a ser tratados de modo confidencial, porque, dígalo quien lo diga, nadie puede asegurar que esa confidencialidad se va a preservar, desde el momento en que cualquier hacker puede acceder a ella.

Nos estamos enfrentando a un gran hermano de los datos y si bien es cierto que se ha avanzado muchísimo en la seguridad de la red, esta no puede ser 100% segura ya que los ataques de Hackers, Crackers & Phreakers son más frecuentes de lo que quisiéramos. Y, siendo esto así: ¿No se estará creando un monstruoso gran hermano que se esté transformando en un ente incontrolable e ingobernable? Y mi pregunta es ¿Cuáles son los límites de este monstruo? ¿Quién pone los límites? ¿Toda esta información será útil realmente y protegerá a los ciudadanos? ¿Prevendrá delitos o propiciará otros delitos? A mí esto me inquieta bastante y creo que se impone una profunda reflexión.

 

 

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Sobre el autor Guillermo Díaz Bermejo
El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.