La entrega del galardón de Paisano de Honor del Día de Asturias en Valencia de Don Juan 2010 va a permitir conocer la opinión de Álvarez-Cascos sobre la candente actualidad del PP asturiano. La táctica del silencio utilizada por el ex ministro para responder al ataque del ‘grupo de los cuatro’ (líderes municipales del PP de Oviedo, Gijón, Avilés y Mieres), apoyados por Ovidio Sánchez, tiene que dar paso a la toma de posición, con enunciación de principios y hoja de ruta hacia el futuro. La expectación es máxima.
La intervención de Álvarez-Cascos viene precedida de dos hechos importantes. El candidato a la Presidencia del Principado del PP se va a decidir en una reunión entre Mariano Rajoy y el ex ministro, que tendrá lugar a lo largo del presente mes. La noticia dada por LA VOZ DE AVILÉS esta semana permite anticipar que el candidato va a ser Álvarez-Cascos. El presidente del PP le va a pedir al ex ministro que retorne a la política encabezando la lista que va a presentar el PP en Asturias. El viaje de vuelta, tan similar al realizado por Fraga Iribarne cuando retornó a Galicia.
El otro hecho importante es la fractura interna del PP, cristalizada en el radical ataque del ‘grupo de los cuatro’ a Álvarez-Cascos, avalado por la dirección regional. Desde la crisis del Gobierno de Sergio Marqués no se había producido un enfrentamiento tan grave entre dirigentes asturianos del PP.
Ambos hechos, la candidatura de Cascos y la fractura del PP, se relacionan dialécticamente, dejando al equipo de Ovidio Sánchez y a los líderes municipales (Gabino de Lorenzo, Pilar Fernández Pardo, Joaquín Aréstegui y Carlos Galcerán) en fuera de juego. Ovidio Sánchez se encuentra entre dos fuegos: la reprobación de Mariano Rajoy, que no lo incluye en las deliberaciones para elegir al candidato asturiano, y la crítica airada de los militantes y votantes de su partido, que nunca se identificaron con su forma de hacer política y ahora ven con indignación las marrullerías que utiliza para impedir la candidatura de Álvarez-Cascos. La última maniobra inútil consistió en llamar a los alcaldes del PP para pedirles que no acudan al acto de Valencia de Don Juan.
El apoyo de Rajoy y el bregar de las bases dan la victoria a Álvarez-Cascos en el primer minuto del partido, cuando sus rivales creían que la lucha iba a ser larga. La desinformación del ‘grupo de los cuatro’ sobre lo que pensaba Rajoy es impropia de los dirigentes de un partido, pero cuando se tiene de ‘correo’ a Ovidio Sánchez suceden estas cosas.
Complicaciones
Dando por descontada la candidatura de Cascos, el panorama está lejos de clarificarse en el PP regional. Cuando el ex ministro entre en una larga precampaña, con su característico método de visitar cualquier esquina de la región habitada por dos o tres personas, los diputados del PP en la Junta General del Principado estarán viviendo sus últimos meses con empleo y sueldo de la Cámara. Es de imaginar que dos tercios del grupo parlamentario, afín a Ovidio Sánchez, no volverán a repetir como candidatos. Cualquier denuncia de Álvarez-Cascos en la calle no será amplificada en la Junta General del Principado. Una situación insólita, porque el PP y el PSOE son por encima de cualquier otra consideración partidos institucionales, acostumbrados a dar la batalla política desde las cámaras representativas.
La dirección regional de Ovidio Sánchez, si no es revocada, hará cualquier cosa menos formar tándem con el candidato. El enfrentamiento ha llegado tan lejos que la cooperación es imposible. Al aparato del partido se le pueden ocurrir tantas travesuras que lo más beneficioso para el candidato es que no haga nada.
La campaña autonómica se solapará con las campañas municipales. Si nada cambia, De Lorenzo y Fernández Pardo son potenciales candidatos a las alcaldías de Oviedo y Gijón, mientras que en Avilés le tocará la papeleta a quien designe Joaquín Aréstegui (¿por qué en Avilés los que mandan renuncian a ser alcaldes?). Normalmente, los principales candidatos municipales forman tique con el candidato autonómico. Considero innecesario explicar las razones por las que es imposible reunir en un mismo escenario a Cascos y a De Lorenzo o a Cascos y a Fernández Pardo.
Álvarez-Cascos es el virtual candidato y cuenta con el apoyo de las bases del partido, pero resulta extraordinariamente gravoso embarcarse en una campaña en las condiciones citadas. Mariano Rajoy tiene que ser consciente de este panorama y tomar decisiones, que no son nada fáciles cuando faltan diez meses para la cita con las urnas. Un tiempo en el que se solaparán dos tareas: hacer la revolución en el PP y ganar al PSOE. ¿Está mentalizado Rajoy para tomar drásticas medidas internas cuando soportó todo el vodevil del PP valenciano sin mover un dedo?
Para completar el cuadro realista digamos dos apuntes sobre el rival: Javier Fernández. La falta de popularidad del candidato socialista se termina con la entrada de Cascos en campaña. La notoriedad de un candidato realza la del contrario. Veámoslo con una extrapolación. Si cualquier diputado español se convierte en el antagonista electoral de Obama, al cabo de un mes se volverá más famoso que Zapatero. Javier Fernández va a llegar a las urnas siendo tan notorio para el electorado como lo era Álvarez Areces. Y dos: sobre la popularidad del candidato socialista no recaerán las hipotecas del gobernante. Ni sobrecostes ni peajes. Estas consideraciones deben tenerlas claras Álvarez-Cascos y su entorno, una vez repuestos de un día especial: el que marca su regreso al ruedo de la política asturiana