El Pleno institucional de la Junta General del Principado, con motivo del Día de Asturias, estuvo lleno de buenas palabras y vacío de sustancia. Hubo una época en que gobierno y oposición se intercambiaban ataques en sus intervenciones, lo que fue muy criticado porque en un acto institucional no procede sacar las navajas. Hemos pasado al polo opuesto: expresiones de bellos deseos sin contenido. Antes eran tres grupos parlamentarios y los desajustes no eran muy visibles, pero ahora son seis los portavoces que hacen cantos a la primavera cuando faltan quince días para empezar el otoño. Incesantes llamadas al acuerdo y al consenso, cuando nuestro Parlamento fue el que más tardó en ponerse de acuerdo para elegir al presidente del Principado.
La intervención más sentimental fue la del PP, apelando a los registros más emotivos de la tierra chica: un pregón para la fiesta. Ciudadanos aludió a la necesidad de cambiar el sistema productivo. Que se lo digan a los 400.000 españoles que encontraron trabajo en los últimos meses gracias al turismo y la construcción, fundamentalmente. Los socialistas sacaron a relucir el modelo de financiación autonómica. IU apeló a la necesidad de un gobierno fuerte. Podemos señaló que treinta años de corrupción nos contemplan. Y Foro aludió a la larga decadencia asturiana. Eso sí, todos hicieron votos por el acuerdo y el consenso.
Las elecciones catalanas, en clave soberanista, y las avalanchas de refugiados estuvieron presentes en diversas intervenciones. Puestos a hablar de cosas que no suelen estar en el orden del día de la Cámara, bueno sería que se mojaran los portavoces. La defensa del orden constitucional impide aceptar que un resultado electoral autonómico pueda servir para iniciar un proceso de independencia. Una actitud unánime sobre ese punto dejaría a Mas colgado de la brocha. El problema es que no hay unidad entre las fuerzas democráticas y, más grave aún, es que todas quieran aprovechar el desafío soberanista para dejar mal a los adversarios y llegar con ventaja a las elecciones generales. En cuanto al drama de los refugiados, tema estrella del verano, es obligado apoyar las posturas humanitarias, empezando por la llamada del Papa. ¿Qué hizo Europa para acabar con la guerra de Siria? Eso de arremangarse e implicarse en los conflictos, sufriendo cuantiosas bajas, lo dejamos para el Tío Sam. Ahora toca padecer las consecuencias.