El Comercio
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PADRES ANGUSTIADOS
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Miguel Silveira | 12-03-2015 | 18:25

Comprendo el sentimiento que cualquier padre o madre experimenta si su hijo con el paso del tiempo no resulta conforme a lo esperado como progenitores. Es habitual tender a culpabilizarse porque quizás podrían haberse hecho las cosas de otra forma,  lo cual supone que consideramos que lo que el hijo sea es producto en gran parte de la labor educativa de sus padres.

Puntualicemos. La personalidad de cualquiera incluso al final de los siete y ocho años, que es cuando la influencia de los padres es mayor por el tiempo que pasan con sus hijos, no es obra sobre todo de esos padres. No, amigos. Es resultado de la confluencia de distintos factores entre los cuales en efecto se encuentra la educación familiar y el modelo exhibido por los progenitores. Es obra de los genes aportados por ellos, pero ellos no deciden qué genes aportan y cuales no, cuales buenos o cuales malos. No deciden ellos cual ha de ser la carga genética del hijo. Es obra también de las múltiples influencias exteriores, de sus relaciones con los demás y sus iguales y de sus experiencias acumuladas a lo largo del tiempo. El individuo es quien poco a poco va edificando su estilo personal en función de aquellas experiencias o encuentros dia a dia con el contexto en que se encuentra y es obra de la cultura en que se encuentre inmerso. El individuo está lo que se dice en medio de diferentes fuerzas que empujan en distintas direcciones y los padres, aunque se esmeren, y hacen bien en hacerlo, no podrán controlar todas las variables, qué más quisieran ellos. No valen de modo extraordinario los consejos, aunque hay que darlos, para que sus hijos entiendan cómo deben guiarse. Algunos consejos se recuerdan al paso de los años, igual que se recuerda el ejemplo dado por sus progenitores y todos sabemos lo importante que son esos modelos de los cuales se aprende. Pero los padres no tienen el ochenta por ciento de responsabilidad. Si así fuese sería totalmente esperable y lógico que de unos padres modélicos surgieran hijos modélicos y no es así. O que de unos padres desastrosos surgieran hijos calamitosos y no es asi. Es más. Ocurre algunas veces que de padres desastrosos surgen herederos de los que los padres deberían copiar.

En fin, amigos, que está bien hacer lo que podamos, pero siempre sabiendo que el resultado es, si no igual, un poco parecido a una quiniela. Lo mejor es no angustiarse en lo posible y sobre todo no culpabilizarse, si uno ha hecho los deberes lo mejor que ha podido. Aceptar lo que viene parece una fórmula práctica para no deprimirse, aunque a uno le gustaría acertar los

Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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