El Comercio
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ERES EMOCIONALMENTE INTELIGENTE…
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Miguel Silveira | 13-12-2017 | 13:17| 0

 

Si aceptas a la persona de los otros y les tratas con respeto.

 

Si sabes entender al otro y ponerte en su lugar, si empatizas.

 

Si le tratas bien de forma que dejes sembrada en su retina una buena impresión.

 

Si ayudas o colaboras desinteresadamente cuando lo necesita aunque no sea constantemente para no acostumbrarle mal.

 

Si de vez en cuando le refuerzas sinceramente por algún acierto o buen comportamiento suyo.

 

Si escuchas al otro mientras te habla en lugar de estar a lo tuyo o haciendo otra cosa

 

Si no atacas a su persona sino que le haces una crítica constructiva sobre algún comportamiento específico que ha tenido.

 

Si tienes paciencia con el otro, en lugar de lanzarte impulsivamente a criticarle.

 

Si sabes utilizar bien las formas cuando algo te molesta de la persona del otro.

 

Si le tienes en cuenta y no le pones en evidencia en presencia de otros.

 

Si hablas bien de él merecidamente a terceras personas.

 

Si eres cortés y educado en el trato

 

Si sabes dar las gracias por los favores recibidos

 

Si sabes pedir perdón o disculpas cuando has molestado al otro aunque sin intención.

 

Si no abusas de la confianza del otro o de su bonhomía ni le engañas con intención de aprovecharte de él.

 

Si cumples tu palabra, tus contratos o acuerdos.

 

Y por tanto por la ley de acción reacción y por el principio de reciprocidad verás los buenos resultados llegar más pronto que tarde. También llegarán los contrarios si suspendes en inteligencia emocional.

La inteligencia emocional es más poderosa en su influencia que el resto de las inteligencias: matemática, verbal, artística, física, intrapersonal, etc. Es una medida de la calidad de tus relaciones personales.

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EL TABÚ DEL SUICIDIO
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Miguel Silveira | 04-12-2017 | 15:24| 0

No es un tema tabú propiamente dicho pero cuesta escribir y leer sobre el suicidio. Me creo en la obligación moral de divulgar algo este asunto, aunque el espacio no de para extenderse como lo pediría el caso, pero algo puede ayudar a la comprensión de esta conducta que es probablemente la más impactante para la familia y allegados de cuantas puede realizar una persona. El impulso suicida y las conductas suicidas constituyen la respuesta de una persona cuando sus mecanismos de afrontamiento de la vida han fallado y se encuentran en un estado de desesperación muy avanzado.

El intento de suicidio es a veces una forma de llamar la atención sobre su grave malestar psicológico y otras simplemente un intento fallido. Casi siempre va unido a un estado de depresión intensa y a la sensación de sufrimiento que un estado de desesperación y desesperanza implica y al que se ha llegado por diversas razones.

Si queremos detectar el grado de probabilidad de que un potencial suicida se encuentra de atentar contra si mismo, podemos recurrir a algunos signos que lo indican, así como algunos factores de riesgo que lo hacen más probable. A saber:

Si ha habido intentos anteriores, si ha comunicado su intención directa o indirectamente y si hay antecedentes familiares.

En cuanto a los factores se encuentran el estar separado, viudo o divorciado o vivir solo y sin apoyo social. Estar en paro indefinido o haber tenido un cambio brusco e importante en su estatus profesional. Haber tenido o tener un estado grave de depresión por distintas razones, sufrir esquizofrenia, alcoholismo, síndrome bipolar o trastorno límite de la personalidad. Tener alucinaciones auditivas que le empujen a quitarse la vida. Haber sufrido una pérdida reciente de un ser muy querido. Un estado de estrés crónico o asociado a cambios importantes recientes (emocionales, financieros, etc.).

Tener escasa habilidad para hacer frente a la vida y sus implicaciones. Un estado de aislamiento exagerado y prolongado. Un rasgo de impulsividad o rigidez mental.

Sufrir insomnio crónico o dolor crónico o una enfermedad progresiva.

Aunque alguno de estos factores podría ser suficiente, por si mismo en contados casos, para desencadenar la conducta suicida, para no crear alarma innecesaria, no conviene tomarlos individualmente y por separado sino agrupados, aunque no se de todo el conjunto de los citados.

Al abordar al potencial suicida conviene hacerlo de una forma calmada, serena y cuidadosa estableciendo una actitud que conduzca a obtener la información necesaria y a asegurarse de transmitirle nuestro deseo de hablar con él para entender lo que está sucediendo en su vida y que le ha llevado al intento de suicidio. Si uno no sabe hacerlo se le puede ofrecer ayuda profesional con muchas delicadeza y tacto.

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LOS OTROS NO EXISTEN
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Miguel Silveira | 24-11-2017 | 11:09| 0

 

Era sábado por la noche y decidí entrar a “picar” algo con mi mujer en un local de vinos de Gijón. Al entrar tres señoras nos dejaban una mesa y se marchaban. Nos sorprendió que al lado había tres niños de seis a diez años ocupando una mesa y jugando con su tablet, solos y sin consumir nada. Pasaban los minutos y allí seguían los tres. Los padres al parecer, “desaparecidos”. Estaban en la calle sentados en animada charla sin preocuparse de si sus hijos dejaban de ganar al dueño del local e impedían sentarse a consumir a otros clientes. Pasados quince minutos los tres padres entraron a invitar a sus hijos a marcharse ante lo que estos protestaron porque les faltaba algún tiempo para terminar la partida. Creen ustedes que les obligaron a levantarse? Por supuesto que no. Cedieron unos minutos. Esperaron a que sus hijos terminasen para levantarlos de la mesa. Me pregunto: ¿qué educación es esa que esos padres han dado a esos tres hijos? ¿Cómo puede ser que no pensasen en las demás personas que había dentro del local y debían consumir de pie pudiendo estar sentados cuatro de ellos porque cuatro eran las sillas? ¿Donde está la actitud de empatía y comprensión, de ponerse en el lugar de los demás y de no molestarles? ¿Cómo unos padres se pueden olvidar de esos niños y centrarse en si mismos y su animada charla sin percatarse de la molestia que sus hijos estaban produciendo, siendo los niños, por supuesto inconscientes de ese fallo? ¿Qué refleja por extensión esa actitud? Que el nihilismo respecto a los demás va creciendo y ganando adeptos. El otro  no existe. Miento. El otro sólo existe si puedo aprovecharme de él, si me da beneficios o ventajas. Si no,  ignoro su existencia. No existe para mí. Por eso la actitud de empatía y comprensión va en franco retroceso en esta sociedad, aunque no en todo el mundo afortunadamente. Basta reflexionar un poco para observar esa deriva. Así vamos muy mal. Lo peor no es que esos tres niños estuviesen ocupando una mesa improductiva a una hora punta para los que regentan el negocio y viven de eso. Lo peor es que sus padres, que son los responsables de educar a sus hijos en ese y otros valores no se hayan dado cuenta del hecho o si se lo han dado se hayan desentendido. No hay que pensar sobre todo en el otro, en los demás, no, pero hacer como que no existen si no nos son de utilidad es una actitud inadecuada para humanizar nuestros comportamientos sociales. Esta laguna del nihilismo debería estar seca. Digo yo.

 

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PEQUEÑAS METAS
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Miguel Silveira | 13-11-2017 | 16:46| 0

 

La ansiedad de llegar a la meta, de conseguir el objetivo, sobre todo, cuando atravesamos por adversidades o contratiempos, cuando la desazón nos invade y nos hace sentirnos urgidos por dentro es la tentación que habitualmente más sentimos. Quisiéramos vernos ya liberados, descansados del agobio y la presión que sentimos. Es una reacción esperable y razonable porque a nadie le gusta nadar en el desasosiego.

Sin embargo una sabia reacción y estrategia consiste en dar pequeños pasos, en ponerse muy pequeñas metas intermedias, cuya suma, cuando te echas de ver, te ha llevado a la meta final.

Las pequeñas metas permiten concentrarse en lo inmediato, para evitar que el objetivo final se nos antoje lejano o muy lejano y la desesperación nos atormente. Centrarse en metas pequeñas y cumplirlas sin pensar en otra cosa.

Y así, la suma se hará una realidad casi sin darse cuenta con el tiempo.

Vale para cualquier proceso, para cualquier destino a conseguir pero sobre todo vale para superar la adversidad y evitar que la ansiedad bloquee nuestro avance.

Se requiere una gran disciplina mental para este ejercicio porque las ansias por llegar a buen puerto final nos atenazan.

Pequeñas metas, una a una, inmediatas, conseguirlas y ver cómo esos logros nos sirven de aliciente. Ver cómo avanzamos y esperar que el destino se convierte en realidad cuando menos lo esperamos.

Es cuestión de determinación y de paciencia.

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¡NO ERA PARA TANTO!
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Miguel Silveira | 04-11-2017 | 17:06| 0

 

 

Cuando nos enfrentamos a un problema serio  tendemos a pensar lo duro que nos resultará resolverlo, a magnificar su importancia hasta el punto de que, en algunos casos, la preocupación se apodera de nosotros, sobre todo, en temas de salud, del porvenir de nuestros hijos o del nuestro propio. En determinadas circunstancias tendemos a pensar no solo que nos será difícil superarlo, si no imposible. La imposibilidad y la dificultad se magnifican pudiendo frenarnos por completo, bloquearnos y dejarnos con el alma encogida. Sucede también cuando nos enfrentamos a experiencias que no hayamos tenido y cuya vivencia se nos antoja insuperable o casi. Anticipamos los resultados negativos y  nos vemos incapaces de superarlos. De esa forma la ansiedad o la angustia dominan nuestra acción empujándonos a evitarlo en lo posible.

Que se lo pregunten  a los hipocondríacos, tendentes a imaginarse ante cualquier dolor que el peor mal les acecha, si es que no les ha invadido ya. Pero no sólo en temas de salud. La negatividad tiende a apoderarse de los débiles, inseguros y poco confiados en si mismos y en sus capacidades. El miedo, en fin, hace acto de presencia y tienden o tendemos a cruzar los puentes antes de que lleguemos a ellos. Seneca, nuestro sabio español, lo tiene claro. Sus palabras describen mejor que yo podría hacerlo el mecanismo psicológico que se activa en cuanto nos enfrentamos a lo desconocido o dificultoso que se avecina. “El camino no es tan abrupto como algunos se imaginan. Solo la primera parte tiene rocas y peñascos y aspecto de ser impracticable, tal como mucho parajes, vistos de lejos, suelen parecer abruptos y macizos, puesto que la lejanía engaña a la vista. Luego, a medida que se van acercando, aquellos mismos lugares que la confusión visual había amontonado, poco a poco se separan. Entonces, lo que por la lejanía les parecía un despeñadero, se torna ligera pendiente.” Maravillosa descripción y símil. Con las preocupaciones ocurre parecido y no está mal recordar que de cada 100 temas que nos preocupan 96 no ocurren o si alguna vez ocurren no lo hacen como lo habíamos imaginado.

 

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BALONES FUERA!!!!!
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Miguel Silveira | 25-10-2017 | 16:18| 0

Con gran facilidad tendemos todos a imputar a los demás o a las circunstancias la responsabilidad de lo que sale mal. Tendemos por inercia a echar la culpa de lo que nos sucede a los elementos externos. A echar balones fuera. Está de moda. Raramente por tanto tendemos a asumir que es responsabilidad nuestra la mayor parte de las veces lo que nos sucede, que nosotros hemos sido agentes activos únicos del resultado o que hemos contribuido directa o indirectamente a el.

Es lo que se conoce como atribución externa negativa: lo malo siempre viene de fuera y nosotros no hemos participado en ello, hay que sacudirse ese polvo de encima. Craso error pues, siendo cierto que hay culpables externos, también lo es que nosotros somos responsables de mucho de lo negativo que nos pasa por falta de cuidado, de tacto, de reflexión serena, por la impulsividad de nuestros actos y por lo cómodo que resulta acusar a los demás y criticarles de lo mal que vamos y va el mundo. No se cotiza al alza el asumir nuestras responsabilidades. Asi nos encontramos con que eso nos empuja a no poner suficiente cuidado y empeño en lo que hacemos ni a tener muy en cuenta la trascendencia o influencia de nuestros actos de la sociedad en que estamos inmersos, en el mundo en una palabra. Total para qué, solemos asumir inconscientemente.

Si tendemos a quitarnos de encima el peso de las consecuencias indeseables de lo que nos ocurre y eso lo hacemos todos al final ¿quién se va a responsabilizar de mejorar las cosas? El riesgo es que haya muy pocos o nadie, lo que sería tremendo.

La prueba de la tendencia a echar balones fuera se observa en la práctica asidua de criticar abiertamente lo que malo que acontece. La autocrítica brilla casi por su ausencia.

Por eso un signo de madurez intelectual y ética está en reconocer lo que hemos hecho mal, pedir disculpas si procede (o no) e intentar corregirlo. Arrimar todos el hombro, tratar de hacer bien las cosas a que nos vemos obligados  y dejar de echar solo la culpa a los políticos, a los padres, a los hijos, a los profesores, al sistema, aunque la tengan, sería muy deseable.

La situación actual del mundo lo necesita. A ver quien empieza a ponerle el cascabel al gato….

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INDICADORES DEL DEFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD
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Miguel Silveira | 17-10-2017 | 11:27| 0

 

Dada la prevalencia y aumento de los niños con déficit de atención e hiperactividad en nuestro hábitat actual y como habrá sin duda lectores que estén interesados en descubrir si alguno de sus hijos va caminando por esa senda, voy a dar unas pistas o señales, que pueden ayudar a los lectores, sin que esto signifique que se pueda considerar como un test completo para diagnosticar ese estado. Sirve  como orientación bastante aproximada, pero hay que completar la información con el profesional adecuado.

 

1.- No presta atención a los detalles

2.- En sus tareas escolares comete errores por descuido

3.- No para de removerse en su asiento o jugar con los dedos y manos

4.- Muestra dificultad en mantener la atención en sus tareas y actividades

5.- No se sienta como se le manda

6.- Falla en acabar sus tareas

7.- No sigue bien las instrucciones

8.- Muestra comportamientos inadecuados a las situaciones (se sube a los sillones o cosas o coge cosas cuando no es apropiado hacerlo)

9.- Habla constantemente

10.- Muestra dificultad en jugar tranquilo

11.- Tiene importantes dificultades para organizar sus tareas o sus actividades

12.- Está constantemente en movimiento

13.- Evita las tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido

14.- Pierde constantemente cosas que necesita para sus actividades

15.- Se distrae fácilmente

16.- No es capaz de esperar su turno

17.- No espera a su turno para hablar e interrumpe constantemente

18.- Se le olvidan las cosas en sus tareas habituales

19.- Interrumpe mucho a los demás

20.- Parece que está constantemente en movimiento

21.- Responde antes de que se termine la pregunta.

 

Insisto en que ha de ser el profesional quien certifique que ese niño/a padece ese estado, aunque estos comportamientos ayuden a entender que se está en el camino. Y para estar en el camino con probabilidad es necesario que se cumpla la MAYORIA de los síntomas.

 

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EL PODER DE LA ACTITUD POSITIVA
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Miguel Silveira | 08-10-2017 | 17:12| 0

Mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre el poder del pensamiento o actitud positiva y negativa. Quien esté acostumbrado a leer sobre esto quizás no descubra nada nuevo al volver a leer sobre ello pero sirve de recordatorio, toda ve<, que abrumados por los contratiempos que nos visitan, tendemos fácilmente a ver el lado negativo y olvidarnos de la fuerza y conveniencia de mantener una actitud positiva. El que alimenta una actitud positiva tiende a esperar resultados positivos incluso en situaciones problemáticas, mientras que quien cultiva una actitud negativa tiende no solo a esperar resultados negativos sino que los busca en cierto modo o los atrae, es lo que se conoce como profecía autocumplida.

Para los que tienden a tener una actitud negativa voy a dar unas pistas que nunca vienen mal.

 

1.- Hay que cambiar los pensamientos negativos por los positivos y esto se hace , primero, teniendo conciencia, de que se tienen, por lo que hacer una lista de ellos ayuda. Una vez identificados conviene identificar cuales son los opuestos y hacer un importante esfuerzo por sustituirlos. Hay también que monitorizar los esfuerzos y el progreso y se nota este si ves que catastrofizas o te preocupas menos que antes.

 

2.- Ser activo y llevar a cabo actividades placenteras sabiendo que este ejercicio conlleva más bienestar y por tanto disminuye la depresión y la ansiedad.

 

3.- Vivir el momento o el dia a dia que es tanto como decir no dejarse llevar de la anticipación o futuros males que incluso no se producirán en un altísimo porcentaje.

 

4.- Recordarse uno a si mismo que la depresión no dura siempre, que termina, que tiene su tiempo limitado, que es temporal en una palabra. Que nunca llovió que no parase, como dice el refrán. Esto es verdad si uno no se abandona al desaliento sino que trata de responsabilizarse de llevar a cabo conductas de autocuidado y de promover el bienestar físico y emocional.

 

5.- Echar a la papelera el sentimiento de culpa que el lo que más energía emocional consume e impide que la persona avance.

 

6.- Hay que aceptar que podemos aprender siempre, incluso de los errores y por tanto no flagelarse si los cometemos.

 

En fin, son estas algunas formas y pistas para abandonar el transitado camino de la actitud negativa y aprender a cambiar el registro. La mente es la facultad más potente que tenemos y por ello hay que ponerla a trabajar.

Como cuando esto publico es domingo, a algunos les vendrá bien porque los domingos, sobre todo por la tarde, suele ser momento propicio para dejarse llevar de los pensamientos negativos. Para algunos.

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NADAR Y GUARDAR LA ROPA
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Miguel Silveira | 28-09-2017 | 16:29| 0

Parece una situación excepcional o no frecuente al menos la que voy a describir pero abunda mucho en estos tiempos.

Me refiero a esas personas que tienen una relación estable e incluso idílica a los ojos ajenos pero están descentradas porque han descubierto que esa relación no les satisface por distintas razones. De pronto o con el tiempo se dan cuenta de que su relación de pareja no les resulta satisfactoria, no disfrutan con ella, no le dedican tiempo y no están lo que se dice desando estar juntos y compartir lo que una pareja comparte normalmente. Desde ese momento ya están pero no están. Están oficialmente pero su mente deambula, sueña o se entretiene con otras relaciones posibles y en cuestión de poco tiempo se ven compartiendo su cuerpos, vivencias y experiencias con otra nueva, eso si, clandestinamente, pero simultanean sus actos con la pareja oficial. Tratan de nadar y guardar la ropa hasta que se descubre su entramado y se ven descubiertos.

Y hay de todo. Hay quien al ser descubierto y surgir el enfrentamiento se ve expulsado o repelido y se va pero no se siente capaz de seguir con el/la amante y queda en terreno de nadie, derrotado/a.

Hay quien se atreve a plantear el divorcio y separarse, eligiendo al extraño a la pareja.

Hay los que son capaces de renunciar a su devaneo por miedo a perder la estabilidad de la que disfrutaban pero sin ser felices después de la elección porque les pudo más el miedo a lo malo conocido…

Hay de todo, pero la peor situación la viven los que no son capaces de optar con todas las consecuencias olvidándose de una de las opciones totalmente y entregándose con ardor a la elegida. Esos que tratan de estar no estando, que se engañan a si mismos de esa forma, que tratan de simultanear, se verán abocados, condenados se puede decir, a vivir disfuncionalmente, desgarrados, desubicados, descentrados y eso pasa factura porque la soledad es quien les espera más temprano que tarde.

En consecuencia, no tienen solución y esa es verdaderamente su tragedia. Es una de las paradojas de los seres humanos.

Y aunque lo mejor que harían es o nadar o dedicarse a guardar la ropa, no lo hacen y lo pagan muy caro causándose a si mismos y a los demás enorme sufrimiento, siendo los demás su pareja oficial y otras varias personas.

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PEQUEÑAS METAS
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Miguel Silveira | 16-09-2017 | 15:40| 0

 

La ansiedad de llegar a la meta, de conseguir el objetivo, sobre todo, cuando atravesamos por adversidades o contratiempos, cuando la desazón nos invade y nos hace sentirnos interiormente urgidos es la tentación que habitualmente más sentimos. Quisiéramos vernos ya! liberados, descansados del agobio y la presión que sentimos. Es una reacción esperable y razonable porque a nadie le gusta nadar en el dolor y la angustia.

Sin embargo una sabia reacción y estrategia consiste en dar pequeños pasos, en ponerse muy pequeñas metas intermedias, cuya suma, cuando te echas de ver te ha llevado al final.

Las pequeñas metas permiten concentrarse en lo inmediato, para evitar que el objetivo final se nos antoje lejano o muy lejano y la desesperación nos atormente. Centrarse en metas pequeñas y cumplirlas sin pensar en otra cosa.

Y así, la suma llevará hasta el destino deseado sin tanto agobio.

Vale para cualquier proceso, para cualquier destino a conseguir, pero sobre todo vale para superar la adversidad y evitar que la ansiedad bloquee nuestro avance.

Se requiere una gran disciplina mental para este ejercicio porque las ansias por llegar a buen puerto final nos atenazan.

Pequeñas metas, una a una, inmediatas, conseguirlas y ver cómo esos logros nos sirven de aliciente. Ver cómo avanzamos y esperar que el destino se convierte en realidad cuando menos lo esperamos.

Es cuestión de determinación y de paciencia, que en estos tiempos de aceleración y prisa se echa más en falta.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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