El Comercio
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Categoría: razonar
MARAVILLOSA SIMPLICIDAD

¿A que ha conocido algún profesor que se preciaba de hablar y explicar de tan complicada manera que sus alumnos no le entendiesen para transmitir la sensación de que su materia era importante.? ¿A que está de acuerdo conmigo en que las administraciones complican enormemente los trámites de cualquier gestión y tejen en sus relaciones con los ciudadanos complicadas tareas burocráticas que más que estimularnos nos disuaden de hacer nuestras gestiones? ¿A que conoce gente que se complica enormemente la vida en sus relaciones personales, tendiendo a interpretar lo que frecuentemente no tiene muchas complicaciones ni dobleces y luego pagan las consecuencias? ¿A que quizás usted al tener algún dolor o molestia ha tendido a complicarse la existencia yendo más allá de lo que los síntomas mismos representan y se ha imaginado estar peor de lo que estaba? ¿A que alguna vez se ha encontrado con personas que al hablar les gusta dar rodeos yendo en contra del principio de que entre dos puntos lo que existe es una línea recta en lugar de la curva y ondulada? ¿A que ha tendido a ver algunas cosas más difíciles de lo que eran o de lo que a posteriori se evidenció que eran? Si, señores, la tendencia a complicar las cosas está más extendida de lo que a simple vista nos parece. Buscar cinco patas al gato es una tendencia acentuada. Nos complicamos siempre mucho la existencia viendo fantasmas donde no existen. Y por ello sufrimos y hacemos o nos hacen sufrir innecesariamente. Por eso me apetece dejar aquí dos perlas de preciado valor que sin duda nos harán la vida más fácil, algo que necesitamos como respirar el aire puro. Una es el “principio de de mínima acción” que dice que “cualquier objeto que se mueva entre dos puntos debe seguir el camino más fácil”.  Y la otra atribuída a Albert Einstein dice: “El universo ama la simplicidad y la belleza”. El, que profundizó como el que más en la aparente complicación del universo y de sus leyes, se pronunció siempre a favor de la simplicidad. No voy a adornar más estas dos perlas porque caería paradójicamente en aquello que ataco, la complicación innecesaria.

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PREVER PARA NO LLORAR

 

Fue en Inglaterra donde oí por primera vez este refrán que me quedó grabado: “No merece la pena llorar sobre la leche derramada”. Fantástico refrán que refleja cómo la falta de previsión lleva a algunas personas a llorar y lamentarse cuando algo no tiene ya remedio y lo habría tenido de haber puesto el cuidado necesario antes de decidir precipitadamente. Cuando algo no tiene ya remedio puede uno pedir perdón, sentir el peso de la culpa o flagelarse, pensando qué tonto ha sido o qué precipitado o inconsciente. Son naturales esos sentimientos pues la desazón del fallo cometido necesita psicológicamente una reacción emocional acorde con la desesperación de lo inevitable ya. Por eso, aunque el ser humano no es dado a prevenir y adelantarse porque cuesta trabajo, esfuerzo o sacrificio o porque pensamos que quizás no vaya a ocurrir nada, la mejor estrategia es la de adelantarse en temas delicados y analizar las posibles consecuencias que tienen nuestros actos, para no tener que exponernos al dolor de la culpa o la impotencia. Como quiera que la naturaleza es neutra y no perdona sino que aplica las consecuencias independientemente del sexo, de la edad o la condición del  agente es bueno acostumbrarse a mirar el corto o el medio y largo plazo e imaginar qué pasará si transgredimos las normas que tiene bien dispuestas. Sería largo y prolijo, a fuer de innecesario, citar aquí la lista de acciones que encierran riesgos indeseables para todos nosotros. Más que de hacer la lista cada cual, de lo que más se trata es de acostumbrarse a pensar y preguntarse, de cuando en cuando, qué nos puede ocurrir o a qué nos exponemos al actuar de ciertas formas y maneras. Es decir acostumbrar a nuestros hijos y a nosotros mismos a prevenir males futuros en lugar de tener que afrontar quizás imposibles remedios a posteriori. Es práctica corriente liarse la manta a la cabeza y no querer pensar ni imaginar los males que pueden derivarse, pero luego no deberíamos prorrumpir en lamentos o en sollozos a los ojos de todos para inspirar lástima o volcar sobre otros angustias de las que solo nosotros somos los responsables. Entre las decisiones que más tienen que ver con la previsión y que más daño nos hacen están las referentes a la salud, el dinero y el amor, los tres temas siempre candentes y motivos de miles de canciones y de creaciones literarias. Prever, prevenir, adelantarse, esa es la cuestión para evitar caer, romper el recipiente y derramar la leche. Esto no es nuevo, como la Coca Cola, pero conviene recordarlo.

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CÓMO ENTRENAR EL SENTIDO COMÚN

Todo el mundo habla del sentido común con gran frecuencia e invoca su carácter práctico. Y cierto que lo es para cualquier situación de nuestra vida. Tú mismo lo habrás citado varias veces o habrás oído citarlo, pero no estoy tan seguro de que todo el mundo sepa a ciencia cierta qué es y cómo se entrena esta sencilla habilidad. Creo que casi todo el mundo lo posee pero muchas veces está tan  oxidado, o moribundo que es como si no se poseyese. Si se tiene pero no se activa, no se usa con frecuencia  ni se entrena es como si se careciese de él a todos los efectos. El sentido común tiene mucho que ver con la lógica de las cosas, de los comportamientos, de los acontecimientos. Se entrena o activa cada  vez que uno mismo se para a   preguntarse si lo que va a hacer parece procedente, razonable o lógico o más bien está contraindicado, es injusto, saludable o incluso es absurdo.  Es decir, se entrena cada vez que uno reflexiona sobre las consecuencias que pueden derivarse de los actos propios y ajenos.  Si   en lugar de lanzarte de manera impulsiva a realizar acciones que pueden implicar cierto riesgo o peligro para ti, tu salud, tu trabajo, tus relaciones o tu estado, o para otros,  te parases a preguntarte ¿esto que voy a hacer qué implica, qué efectos pueden derivarse de su realización? esto que me propongo ¿parece razonable o irracional? , esto que intento que otro haga o hacer yo mismo ¿es procedente o improcedente, es perjudicial para alguien o inocuo, es positivo, es constructivo?, si te lo preguntases probablemente el resultado sería algo diferente, sería más ajustado a la razón. Si de vez en cuando, aunque no sea a diario nos parásemos siquiera unos segundos a plantearnos si es lógico y razonable lo que hacemos, estaríamos entrenando el sentido común que no es sino esa habilidad para discriminar y detectar la justificación y fundamento de todos  nuestros actos.  Pero  nos lanzamos como impulsados por una fuerza caprichosa o por pura intuición, no siempre acertada y luego, sí, a posteriori  vemos las consecuencias pero eso no es entrenar debidamente la razón, ni la lógica de nuestro pensamiento de antemano.  Si muchos padres se preguntasen si lo que hacen con sus hijos es razonable, si muchas parejas se preguntasen si lo que hacen pone o no en peligro la pareja, si muchos antes de hablar y desahogarse se parasen un momento a preguntarse si es conforme a la lógica y a la razón, conforme a la naturaleza lo que llevan a cabo, estarían entrenando ese músculo del sentido común. Sentido “común” significa que lo poseemos todos y es verdad pero ¡hay que utilizarlo!

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PEREZA MENTAL

Parece paradójico que cuanto más progresa la humanidad más disminuye la tendencia a pensar creativamente y sin embargo no es tan contradictorio. A medida que la tecnología audiovisual ha ido avanzando se ha producido un aumento de la pasividad y pereza mental y tendemos a limitarnos  a convertirnos en meros elementos receptivos de información, de noticias, de imágenes, de sucesos sin ponernos cuestionar las cosas, a reflexionar, a establecer relaciones, es decir, sin que la actividad de pensamiento creativo, productivo, vaya en aumento. Esa  pasividad mental nos empobrece y pone en riesgo de sufrir mayores dosis de deterioro con el paso de la edad  por no utilizar intensamente el potencial de nuestro cerebro. Aumenta el cultivo del cuerpo y de su puesta en forma y se abren más gimnasios y se extiende la tendencia a tener un cuerpo en buena forma. Esto resulta esperanzador y estimulante pero no corre paralelo al afán por nuestra puesta en forma mental a base de ejercitar nuestro cerebro discurriendo, analizando, sacando conclusiones, relacionando datos y descubriendo por tanto aspectos de la realidad que tienden a estar en la penumbra y que solo pensando se descubren. El ejercicio del pensar nos fortalece frente al riesgo de deterioro mental que conllevan los años. Es necesario sacudir nuestra pereza mental y pasar a la acción crítica en lugar de convertirnos en receptores pasivos de lo que ocurre en nuestro entorno. El que piensa descubre, crea, saca conclusiones, progresa, se hace más independiente, menos sujeto a ser manipulado, más constructivo, más capaz de transformar su realidad y más crítico. No hay que tener miedo a pensar por si descubrimos aspectos indeseables de nuestra realidad. Los beneficios son mayores que el sufrimiento que lleva esa conciencia. Mas pronto que tarde se pondrá de moda el ejercicio mental y no dejarlo solo al alcance de los filósofos, científicos y sabios. Hay que ejercitar la mente cada día estimulando el pensamiento creativo y crítico, haciéndose preguntas sobre el por qué de lo que vemos y encontrando respuestas. No podemos dejar que sean unos pocos los que piensen por nosotros. Protege tu mente contra la decadencia y contra la manipulación intencionada y no dejes que otros piensen por ti. Rebélate. Pensar creativa y críticamente supone establecer  siempre nuevas conexiones neuronales. Contra pereza mental…¡diligencia!

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COMUNICAR BIEN

A la vista de cómo se explican nuestros niños y jóvenes cuando hablan con sus colegas y con los demás, cuando envían mensajes por el móvil o cuando escriben correos o en sus chats, es evidente que no se están entrenando para ser buenos comunicadores, siendo tan importante y esencial saber comunicarse en estos tiempos. Viendo cómo escriben cuando hacen sus exámenes y ejercicios, cuando quieren expresar lo que han leído o estudiado o lo que saben, está claro que no se les entrena satisfactoriamente en expresarse por escrito con precisión, estilo y elegancia (¡y sin faltas!).

Si no practican obligatoriamente esas habilidades mientras se están formando ¿qué se puede esperar? ¿Qué por arte de magia cuando ya sean mayores y tengan que acompañar una carta a su curriculum sean capaces de redactarla correctamente, con propiedad y con estilo? ¿Qué de la noche a la mañana sean capaces de elaborar un informe que tengan que hacer en el trabajo para pasarlo al jefe o a otro departamento sin haberlo ensayado? ¿Qué por el mismo milagro, cuando tengan que pasar una entrevista de trabajo se expresen verbalmente con claridad y persuasión?

La comunicación oral y escrita es un arte que se aprende a base de leer (y los nuestros ¡casi no leen!) y a base de escribir cientos de redacciones, a base de aplicarlo en sus mensajes, en sus expresiones orales y en sus conversaciones. Si cuando sean mayores en la sociedad les van a juzgar, evaluar, contratar, comprar, atender, solicitar y encargar diferentes tareas en gran parte debido a su capacidad para comunicarse con competencia ¿por qué no se trabajan hasta la saciedad estas habilidades en el sistema educativo cuando son estudiantes, que es cuando tienen tiempo suficiente para aprenderlas bien? Ese entrenamiento es una excelente forma de educación y de preparación para la vida, para obtener sus logros y objetivos, para no fracasar, dicho sea claramente o en román paladino.

No se entiende muy bien a qué se espera para firmar un pacto que dé relevancia inmediatamente a estas habilidades que afectan y sirven a absolutamente ¡todos los ciudadanos! sean pobres o sean ricos, sean del color, cultura o tendencia que fueren. Difícil de entender cuando estas aptitudes deben ser comunes a derecha e izquierda, al centro, arriba o abajo. No se entiende muy bien a qué estamos esperando siendo un tema esencial y de enorme importancia. No lo acierto a entender. O quizás sí.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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