El Comercio
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Categoría: trabajo
RETIRARSE A TIEMPO

 

La escala de necesidades de Maslow señala en la parte superior de su pirámide la necesidad de reconocimiento o de éxito.

Cuando hablamos de esto estamos hablando también de necesidad de ejercicio del poder o del dominio. Bien, pues esta necesidad cuando es satisfactoriamente satisfecha se produce un gran cantidad de endorfinas del placer que lleva consigo el logro, el poder, el éxito.

Por ello es altamente adictiva  y por eso ya sea el éxito profesional, político, artístico o económico o  mediático el individuo experimenta una alta resistencia a retirarse a tiempo, dimitir o cambiar.

No encuentra justificación o momento para hacerlo ¿Por qué? Porque la adicción les impide ver y sentir las razones para dar el paso. Prefieren exponerse a dar un pobre espectáculo, a inspirar compasión o pena, con tal de no padecer en sus carnes los efectos del olvido,  la ignorancia o el ninguneo.

Y se aferran al cargo, al puesto, al trabajo, aunque su proyecto esté ya exahusto.

Se convencen a si mismos de que pueden seguir. No aciertan a distanciarse de si mismos para tener una visión en perspectiva que les ayude a pasar página, a dedicarse bien asi mismos o a cultivar otros huertos.

Viene bien consultar a personas sensatas, informadas y dotadas de sentido común, además de cariño hacia el protagonista para que les ayuden a ver lo que ellos no alcanzan a ver, porque su percepción se ha ido estrechando.

En el caso de los pequeños o medianos empresarios a los que les cuesta delegar no solo produce una pobre imagen exterior sino una pérdida de competitividad en su empresa e incluso graves perjuicios económicos porque no están en condiciones de leer y entender las tendencias del mercado o de la realidad empresarial de su tiempo. Además de no haber preparado a sus suplentes, lo que conduce a luchas de poder intestinas, que muchas veces acaban por arruinar la institución.

No han sido suficientemente sabios para tomar la decisión más apropiada.

Hay que retirarse cuando, como decía Cicerón, “uno ha escrito lo que tenía que escribir”.

 

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¿ESTUDIA HIJO ESTUDIA?

Que preocupa y mucho a los padres que sus hijos estudien y vayan bien en ellos es algo indiscutible. Cuantas riñas diarias salen de la boca de los padres para conseguir que sus hijos hagan los deberes y estudien un poquito cada dia y cuantas tensiones se crean en la familia si los hijos no van bien en los estudios, si se muestras vagos o inconstantes o si dejan todo para el final o se distraen con otras tareas que les resultan menos aburridas. Una de las pruebas complementarias de esto que manifiesto, amén de otros indicadores, es que el porcentaje de alumnos que asisten a clases particulares o academias es ingente. Siempre ha sido así pero ahora que los chicos tienen que estudiar obligatoriamente hasta los dieciseis años más aún. Pero la actitud de los padres choca con la mentalidad de muchos estudiantes, incluidos muchos que asisten a la universidad, de que para encontrar trabajo vale más estar bien relacionado y tener un enchufe que tener buenas notas. No es esta, por supuesto, la principal razón para que no estudien como debieran, pero esta está en la calle e influye sobre ellos. Y esto choca con la insistencia de los padres de que sus hijos sean perseverantes en el estudio para poder encontrar el dia de mañana un puesto de trabajo, puesto que se nota que cuentan otras cosas tanto o más que la preparación profesional. A este propósito me apetece , aunque él se refería al trabajo bien hecho,  a Antonio Muñoz Molina quien en su intervención en los Premios Príncipe de Asturias de este 2013 dijo entre otras frases: ” Es difícil hablar de la perseverancia y el gusto en el trabajo en un país, donde la rectitud y la tarea bien hecha tantas veces cuentan menos que la trampa o la conexión clientelar”. He oido muchas veces, como tú quizás, decir algunos chicos a los padres que no vale estudiar, que vale más tener un buen enchufe aunque no estés “muy estudiado”. Es un error, lo sé, pero no podemos extrañarnos de esa reacción viendo el espectáculo ofrecido socialmente donde en parte es verdad lo que los chicos dicen. No, no es este un país donde se valora sobre todo, en líneas generales, la buena preparación profesional, y ese imaginario disuade en parte a los estudiantes. Así y todo hay que seguir insistiendo para que los chicos se mentalicen de que el conocimiento y la preparación profesional son los mejores recursos para afrontar los futuros trabajos, sobre todo si salen del país, ahora que estamos en la época de la globalización en la que los enchufes no valen por ahí fuera.

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¿ESTRÉS POSTVACACIONAL?

Llega el llamado y manido “estrés postvacacional”. Es curioso, pero sólo se habla de este tipo de estrés a finales de agosto, aunque no todo el mundo coja sus vacaciones ese mes. ¿Por qué se suele hablar de esto en estas fechas? Porque coincide que ese mes es casi muerto para muchas actividades comerciales y empresariales, políticas y administrativas. Muchas tareas se paran y comienzan de nuevo a activarse en septiembre a toda máquina. Es el estrés postvacacional o lo que es lo mismo la sensación de tensión que experimentamos casi todos, en especial los que vuelven de vacaciones, al incorporarnos al ajetreo la vida socioeconómicoempresarialescolar. Es un cambio el que experimentamos y cada vez que experimentamos un cambio en nuestra forma de vida y con ello unas nuevas demandas se requiere un proceso de readaptación mental, conductual y fisiológica y nuestro organismo lo acusa. Acusa la tensión o estrés que ello produce. Por lo que no es de extrañar que el organismo proteste a través de síntomas como la alteración del sueño, del humor volviéndonos unos dias algo más irritables, el cansancio, dolores de cabeza, cierto embotamiento, menor rendimiento e incluso malestar psicológico que nos dura unos dias. Es normal que esa adaptación al ajetreo nos altere. No hay que asustarse pues pasa en pocos dias, según la resistencia de cada uno y de cómo nos tomemos las cosas y el trabajo. Algunos le dan mucha importancia a estas reacciones, cuando son naturales y esperables. Tanto que algunos en lugar de llamarlo “estrés postvacacional” lo llaman “síndrome postvacacional” exageradamente, pues al hablar de síndrome estaríamos hablando de un trastorno y la cosa no da, de verdad, para tanto. Solo podría considerarse trastorno si ese estado persiste dos o tres meses. En ese caso no es una broma ya y debería tratarse. Lo pueden padecer con más probabilidad esas personas que ya antes de agosto estaban muy estresadas, sobrecargadas o deprimidas o las que tienen que trabajar en algo que odian o en ambientes nefastos. ¿Qué hacer para que tal estrés no nos envuelva? Para los que regresan de vacaciones llegar un dia antes para aterrizar con un poco más calma. Una vez dentro del ajetreo del trabajo y demás tareas lo que se debe hacer es un  aterrizaje mental un poco más suave que lo que las circunstancias nos demandan, sin darse atracones. Ir dosificando los primeros días el afrontamiento de los problemas. Tratar de descansar todos los días haciendo alguna actividad que nos agrade, como es ver a amigos, hacer algo de ejercicio, procurar darle un poco más tiempo al descanso y al sueño, hacer unos minutos de relajación los primeros días, evitar caer en la tentación de quejarse todo el tiempo de cómo está la vida y tomarse las cosas con cierto sentido del humor o al menos no hacer tragedia de donde no la hay. Los que no tienen trabajo pensar que lo tendrán si persisten y los que lo tienen sentirse satisfechos de tenerlo porque asegura su supervivencia. Pensar en lo bueno que a pesar de todo tenemos para frenar que la atención se vaya a lo negativo que nos rodeas o no invade. Hacer las cosas un poco más despacio, sin apresurarse y abarcar menos. Las cosas unas después de otras en lugar de tratar de estar al mismo tiempo en varios frentes. Todo lo cual es válido, por cierto, para empezar septiembre y ¡cualquier día del año!

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OPOSICIONES

 

Aunque han disminuido con la crisis las convocatorias de oposiciones a todos los cuerpos del estado aún sigue habiendo algunas  y por tanto candidatos a superarlas. No voy a pretender  en unas pocas líneas ofrecer soluciones mágicas para que aquellos que se presentan las aprueben pero quiero contribuir a recordar detalles que a veces pasan desapercibidos y que contribuyen a buenos resultados. Incluso habrá casos en que de un adecuado desempeño, me refiero a las pruebas orales, se derive el éxito o el fracaso. El caso es que además de estudiar, obviamente, los temas y una vez pasadas las pruebas escritas el candidato se la juega en la exposición que realice. No consiste solo en ajustarse al contenido, aunque este es importante por supuesto. La representación que se haga puede inclinar la balanza a favor o en contra, incluso dominando el contenido. Vayamos por partes. Al hacer la exposición oral hay que tener en cuenta que cuanta más velocidad se imprima a las palabras, peor. Dará la sensación de nerviosismo además de no hacerse entender perfectamente. Quien habla muy deprisa se olvida de hacer pausas, necesarias sobre todo cuando se pasa de un apartado a otro muy distinto. Quien no hace pausas da la sensación de monotonía en su exposición con lo que el tribunal se aburrirá más fácilmente y prestará menos atención que si se hacen. No hace pausas quien no se toma el tiempo para respirar, para llenar de aire sus pulmones que le permitan tener fuelle al hablar. Si no se respira bien se agotará enseguida la exposición y dará sensación de agotamiento al final de un párrafo, lo que da mala sensación. Pero es que si no se respira adecuadamente quizás sufra también el volumen y el volumen ha de ser aceptable, ni muy alto ni muy bajo. El muy bajo porque no se le presta atención y el muy alto porque molesta. Quien habla muy bajo dificulta que se le entienda y por tanto pierde interés el receptor, o sea el tribunal calificador. Hay que vocalizar o pronunciar muy bien si se quiere llamar la atención del auditorio. Una mala vocalización redunda en pérdida de fuerza de persuasión o de aparente dominio del tema. El énfasis en aquellas palabras que son clave o importantes como algunos sustantivos y algunas acciones o verbos permite resaltarlas y atraer una vez más la atención sobre el emisor. En fin que la representación es muy importante. Hay personas que saben sus temas al dedillo pero no dan la sensación de ese dominio y pierden más que ganan, hasta el punto de que hay que suspende en un examen por no haber cuidado todas las formas que  una buena comunicación oral supone.  Hay expertos en hacer buen teatro y aunque no sepan casi nada se las arreglan para epatar a
su auditorio. Por tanto lo mejor es dominar el contenido y la expresión teatral
para salir airoso.

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ACOSO SEXUAL

Cuando se juntan en un hombre la insatisfacción sexual con poder económico y social resulta un cocktail potencialmente explosivo. Bastará con encontrar en el trabajo una mujer
vulnerable y sumisa para que el acoso sexual comience a  fraguar y esa mujer acabe sometida y consintiendo por el miedo a perder el trabajo. El acoso, según el diccionario,
es una persecución sin dar tregua ni reposo a un animal o una persona. Es el segundo tramo de un camino que comienza con miradas furtivas, pasando por lascivas, bromas, palmaditas, piropos sobre el cuerpo o el vestido, e
insinuaciones, para pasar después, tanteado el terreno, a acciones más intensas que van desde invitaciones, petición de pequeños favores, proposiciones incómodas, toqueteos, pequeños asaltos sexuales, siguiendo por chantajes o
amenazas si la víctima no cede a la presión y en la fase final atosigamientos, venganzas, extorsiones, asaltos sexuales, acabando en despido si no cede, en represión o en destierro dentro de la compañía. El acosador, parapetado en la cuasi impunidad que le da su posición, no suele ser capaz de una conquista en igualdad de condiciones y fuera del trabajo y por eso se refugia en su poder para doblegar a su víctima, que suele ser una mujer quizás también frustrada, necesitada de aprobación, atada por el trabajo, no educada para la detección de un proceso de acoso y por eso de una forma inconsciente suele entrar en el juego y, cuando se da cuenta del peligro, está tan atrapada que le resulta tarde dar los pasos atrás y revertir la situación. Para librarse de esa trampa es conveniente no dar facilidades desde el comienzo, no reir nunca las gracias sobre esos aspectos, mantener una cierta distancia y no mostrarse sumisa y complaciente en estos temas sobre todo en la fase de tanteo para que el acosador sepa donde se mete. Debe evitar seguir el juego de las bromas, los piropos y las insinuaciones porque cuando menos lo espere estará ya metida en la boca del lobo y sin poder dar marcha atrás sin daños. El trabajo es el trabajo y no mezclar las cosas es más que conveniente. Lo que cuento no es algo que suceda raramente. Es una tentación constante en las empresas. Por tanto conviene estar atentas a no ser que entre en sus cálculos el juego, pero
sabiendo que, incluso en casos como ese,  es un juego que se presta a un desenlace ingrato.

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SER RESOLUTIVOS

Acabo de ver un programa de televisión  que muestra la situación actual del mercado de trabajo y cómo para  muchos trabajos   se presentan centenares o miles de personas  y en la mayor parte de las demandas a lo que hacen caso, sobre todo, no es al título exhibido, siendo este, a veces, un obstáculo para conseguir el trabajo. Apena ver tanto esfuerzo empleado durante tantos años de educación para que luego no valoren el diploma en muchos casos. Apena ver tantos y tantos miles de alumnos y de personas que ponen la mayor parte de su interés en aprobar para obtenerlo y ver al tiempo cómo el sistema educativo está tan lejos de entrenar paralelamente a los alumnos  en la obtención de otras habilidades necesarias para lograr trabajo y mantenerlo . Se emplean recursos ingentes tanto humanos como técnicos en enseñar los contenidos del título a obtener y muy escasos en entrenar a nuestros ciudadanos a ser resolutivos y saber adaptarse a cualquier tipo de tarea, cuando el caso lo requiere, es decir en adaptarse a cualquier cambio . La educación tanto familiar como escolar debería insistir en hacer de los hijos y alumnos personas capaces de afrontar por si mismos cualquier problema o situación que se presente y de reaccionar adaptativa y creativamente ante las diferentes situaciones nuevas por las que atraviese. Sin embargo se observa en muchos  padres la tendencia, tan bien intencionada como errónea, de darle todo tipo de facilidades en cuanto abren su boca para pedir satisfacciones o en cuanto esos hijos tienen que enfrentarse a situaciones propias de cada etapa, como hacer su matrícula o un viaje, hacer solicitudes de prestaciones varias o de elegir diferentes opciones en su camino vital, siendo esto unos pocos ejemplos. Cuando llegas a un puesto de trabajo no te suelen pedir especialmente qué diploma obtuviste sino que debes demostrar que eres capaz de hacer una tarea sin arrugarte sino resolutivamente  para mostrarte competente. Sólo puedes convencer al empleador de que vales si estás previamente entrenado en resolver problemas, en ser versátil, adaptativo y creativo, en convencerle de que eres capaz. Tampoco se ve a las autoridades educativas empeñadas en adaptar la formación profesional  a las habilidades que demanda el mercado de trabajo. Esas habilidades son las que determinan qué titulaciones deben establecerse. No sé, la verdad,  a qué se espera.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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