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Categoría: vida familiar
DE SUEGRAS Y NUERAS. OTRA VEZ

 

Como tengas la mala suerte de haber elegido un marido para el que su madre esperaba otra mujer, prepárate porque te expondrás a sufrir las consecuencias de la crítica, el rechazo, la descalificación o incluso el desprecio de tu suegra. Sobre todo si la suegra es dominante y le gusta intervenir más allá de su propio territorio. Hay madres cuyo sentido de la propiedad es tan acentuado que consideran que sus hijos les pertenecen y tienen que decidir por ellos aunque ya estén emancipados, casados y con hijos. Si el hijo (porque suele (digo suele) ser un hijo el manejado por la madre) no se atreve a frenar a su madre (o a los dos) de las incursiones en su vida de pareja, se expone a arruinarla. La constatación es que estas parejas acaban en desastre. Si la nuera se enfrenta y protesta o se rebela, se constituye en una clara y abierta enemiga y si se calla  se expone a quedar anulada, dominada, coartada en su libertad y manejada y si el hijo calla también frente al intervencionismo de su madre, esta encontrará via libre para seguir minando la relación hasta que muera. Todo porque a esa madre le desagrada la elección que el hijo hizo como pareja o  porque se cree con derecho a seguir manejando sus hilos. Mi experiencia es que suele ser el varón quien no se atreve  a plantar cara  a la madre y hacer que esta respete su elección, su territorio y sus acciones familiares. Esas suegras dominadoras son una amenaza de efectos siempre devastadores. Por tanto como es dificil que ellas se presten a cambiar por si mismas, en parte porque no tienen conciencia de los efectos adversos que tiene su actuación y en parte porque, aunque la tengan, no la quieren cambiar. Quien tendría que intervenir para frenar ese intervencionismo sería preferiblemente el hijo para reducir las tensiones entre suegros y nuera, pero si este no interviene, debe hacerlo la nuera para poner las cosas en su sitio. De no hacerlo, el matrimonio o la pareja acaban en divorcio y hasta entonces en guerra permanente y constante conflicto.  Los hijos tienen legítimo derecho a equivocarse y a su propia independencia frente a la dependencia que esas madres quieren propiciar, a veces, que todo hay que decirlo, porque están aburridas y eso les entretiene. Digamos en justicia que esas madres no tienen el total de la culpa. El hijo es responsable también de alimentar la dependencia de su madres. Hablo de parejas heterosexuales pero  pienso que en las homosexuales no será del todo diferente. Y ya me pongo el casco para protegerme de las pedradas que me lleguen, aunque estoy dispuesto a matizar si me interpelan.

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SI LO SÉ NO TENGO HIJOS

 

¡Cómo evoluciona la vida! Hace muchos años las parejas se casaban con vistas a tener hijos que prolongasen su sangre y su apellido. Los hijos se consideraban, además de como una satisfacción, como un éxito biológico y como una solución de futuro para los padres, que esperaban con gran seguridad que sus hijos les atenderían en su vejez y les darían compañía y apoyo en sus postreros años, a pesar de los dolores de cabeza que daba su crianza. No tener hijos se veía como una maldición y mala suerte.

Pero mucho han cambiado las cosas para que en la actualidad haya madres y padres (más de aquellas) que no tengan inconveniente en manifestar que si llegan a saber lo que es tener un hijo probablemente no lo hubieran tenido. Suena fuerte eso de arrepentirse de haber tenido hijos y lo es, pero detrás de estas manifestaciones hay razones poderosas en muchos de los casos.

Hoy hay que estar muy preparados para resistir las presiones que los hijos ejercen sobre los padres con tal de disfrutar de lo que a ellos les gusta, de disponer de libertad de movimientos ya desde adolescentes, de las amistades que ellos eligen y de volver a casa cuando a ellos les parece procedente. Hay que estar muy preparados para sus exigencias, para que, si le niegas a un adolescente permiso para salir un fin de semana más allá de una hora prudente, porque se haya portado muy mal, el chico o la chica les de por  marcharse o escaparse y no volver el fin de semana a casa huyendo del castigo y castigando a su vez a sus progenitores con el miedo a que algo les suceda.

Los hijos de hoy dia, en líneas generales, son mucho más impulsivos y exigentes con sus padres para disponer, por ejemplo,  de dispositivos  que les tengan entretenidos y conectados aunque sea a costa de su tiempo de estudio y de descanso.

Los chicos de hoy dia son capaces de amenazar de diferentes formas a sus progenitores, sobre todo si el progenitor es una madre separada que tiene que lidiar ella solita con las presiones de su hijo.

Los hijos de hoy dia no tienen inconveniente en defender lo que creen que son sus derechos, aunque no sean estos reconocidos como tales por los padres.

En fin, que los hijos actuales plantean nuevos problemas y presiones y eso resulta altamente estresante, porque esas presiones son constantes y no amainan.

Y por si fuera poco casi nadie espera ser atendido por sus hijos en la vejez, dadas las condiciones laborales y sociales y dada la globalización y por tanto la dispersión familiar de los miembros.

Así que ante esta desazón y ante ese gran desgaste hay madres y padres que llegan a manifestar que si lo hubiesen sabido no habrían tenido hijos. Es difícil soportar durante mucho tiempo, años en muchos casos, esa lucha, esa tensión tan erosiva.

Yo lo entiendo, porque además, al tenerlos, muchos progenitores pensaban y piensan que tener hijos es algo maravilloso todo el tiempo, una especie de bendición y de satisfacción familiar y descubren, ahora más que nunca, aquello de “hijos criados, trabajos doblados”, refrán que por cierto es harto antiguo.

Cómo cambia la vida! Me limito a constatar el fenómeno.

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CLAVES PARA CRIAR UN HIJO MALTRATADOR O DICTADOR

 

1.- Desde muy pequeño apresúrate a atenderle y complacerle porque  llora, aunque no esté enfermo, no tenga hambre o sed, sueño ni molestias físicas.

2.- Cada vez que te pida algo, sea o no lógico o necesario, o te lo exija de mala manera, tiende  a complacerle para que no se enfade.

3.- Deja de hacer todo lo que estás haciendo para prestarle atención, aunque no sea necesario ni conveniente en ese momento.

4.- Dale premios siempre antes de haberlos merecido, y cede ante sus perretas,  caprichos o escándalos.

5.- No le pongas normas ni límites o prohibiciones ni le des órdenes o, si se las das, permite que no te obedezca hasta que vea que  estás muy enfadado. Mejor aún, obedece a sus órdenes.

6.- En lugar de darle órdenes claras procura acompañar las órdenes de todo tipo de razones y explicaciones o pidiéndole las cosas siempre “por favor”.

7.- Desautoriza a tu pareja delante de tu hijo o ponte del lado suyo en contra de tu pareja de manera evidente.

8.- Procura demostrarle que  tienes MIEDO a sus reacciones escandalosas o violentas, cediendo ante ellas.

9.- Hazle la vida siempre muy fácil para que no se sienta frustrado y procura mantenerlo alejado de todo sufrimiento y contratiempo.

10.- Si ha transgredido un límite o prohibición que le pusiste no te des por aludido o no le apliques consecuencias, como privarle de algo que  no se merece, porque te da pena.

11.- Ríñelo muy frecuentemente por lo que hace mal y no le refuerces nunca lo que haga bien.

12.-  No te pares nunca a inculcarle la justicia, responsabilidad, comprensión y tolerancia en las relaciones personales ni le des ejemplo de esas buenas conductas.

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PADRES QUE TENEIS HIJOS…

 

Varias veces he escrito sobre el comportamiento de muchos hijos y la erosión y dolor que eso supone para sus padres, pero ahora me toca meterme con los padres, porque no siempre los padres tienen toda la razón ni hacen las cosas bien por muy buena intención que pongan en ello y menos aún si no la ponen. Directamente al grano. Los padres pueden tener los problemas que tengan pero es su obligación moral, no la de disimularlos porque muchas veces no se puede y otras los hijos deben ser conocedores de su existencia, pero si la de no descargar nunca en los hijos sus depresiones, su mal humor derivado de la frustración de no llevarse bien con su pareja, no usarlos como aliados en contra del otro progenitor, no desahogar con ellos sus frustraciones matrimoniales ni delegar en ellos para que resuelvan los problemas que solo a los padres les incumbe. No estoy diciendo que haya que consentirles todo y aislarles del sufrimiento a toda costa porque no es educativo ni lógico. Lo que digo es que las frustraciones de cada uno o las cargas que cada uno de los padres soporta, quizás producidas por otras terceras personas o por su propia culpa, no deben descargarse sobre los hijos. No hay derecho. No deberían ser los hijos testigos mudos ni mucho menos partícipes de las tensiones graves que tienen sus padres porque no se quieran o se odien incluso. Pueden ser ellos desgraciados, pero eso no autoriza a hacer desgraciados a los hijos hasta el punto de contaminarlos de su malestar, de su acritud y de sus depresiones. Y si no, mejor no haberse embarcado en la aventura de tenerlos. Los padres tienen muchas responsabilidades y una de ellas es no hacerles desgraciados, pudiendo evitarlo. Repito, no se trata de ponerles alfombras para que al pisar no se hagan daño, pero tampoco de ponerles pedruscos en su camino para que sepan lo que es bueno. Humanos somos todos y en cuanto tales imperfectos, pero tratándose de los hijos, no debe descargarse sobre ellos la ira por los propios errores de los padres ni esponjarlos con la decepción que ellos puedan sentir personalmente. No tienen los hijos la culpa y por tanto no pueden deteriorar las ganas de vivir y menos la salud mental de sus vástagos. No tienen ningún derecho y sí la obligación de comportarse de forma que sus hijos se animen a luchar por ellos mismos y disfrutar en lo posible. No sé si me he explicado.

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COMO EDUCAR UN HIJO EN LA AUTONOMÍA

 

Deje de tomar por él las decisiones que puede tomar él.

No le de las cosas masticadas, hechas.

No piense por él ni le averigüe lo que él cree o espera.

No le dé demasiadas facilidades.

Anímelo a que tome la iniciativa.

Anímelo a que busque soluciones por si mismo.

Dele la ayuda suficiente para que se desenvuelva sólo. No la ayuda completa.

No le insista demasiado. Diga las cosas una sola vez o dos.

Los “sermones” no son eficaces para incitarle a actuar.

Póngale en situaciones para que cree, invente o encuentre soluciones.

Ayúdele sólo cuando él ya no pueda, después de intentarlo por si mismo.

No se adelante a todos los peligros ni le allane totalmente el camino para evitarle sufrimientos.

Refuércele y celebre sus avances en la autonomía e independencia.

Haga que la familia aplique estas directrices para reforzarlas.

La autonomía no se consigue de un momento para otro. Es un proceso largo.

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NUNCA ROMPER LA COMUNICACIÓN

Allá se fue la madre a otra provincia en busca de su hija que hacía tiempo ya se había enfadado con la madre y no daba señales de vida. Pero al llamar al portal e identificarse  la respuesta fue “vete de aquí, no te quiero ver más”. Y así, destrozada, se volvió en autobús a su ciudad. Han pasado los años, la madre se ha hecho vieja y sigue sin poder soportar el dolor de la ruptura, que no entiende. La muerte de un hijo es el mayor dolor que puede existir para unos padres, porque es una separación definitiva, pero apostaría que el segundo dolor más intenso es ver que un hijo rompe totalmente la comunicación con sus progenitores. Es, al fin una clase de muerte. Puede haber lógicamente diferencias entre padres e hijos por el afán de aquellos de que sus retoños crezcan como esperan. Y puede ser y ocurre que estos no se ajustan ni quieren ajustarse a esas expectativas, por lo que a menudo surgen grandes conflictos. Puede ser que los hijos se comporten de manera egoísta e impositiva sobre sus padres, quizás muy indefensos, y eso de lugar a serios enfrentamientos. Pero debería haber una línea roja, no traspasable nunca,  para evitar innecesarios y terribles desgarros familiares. El límite estaría en no romper jamás definitivamente la comunicación entre padres e hijos  Habría que mantener un hilo, aunque fuese delgado, que permitiese algún tipo de contacto, al menos,  en actos muy significativos de la vida familiar  como bodas, aniversarios, accidentes, enfermedades o entierros. Pero eso requiere guardarse el ego  y no dejar que el orgullo y el rencor mate la comunicación. Errores los cometemos todos, pero la ruptura definitiva es una gran desproporción y asegura un desgarro permanente. Conozco varios casos y en todos se derivó un terrible dolor. Y a veces es por interpretaciones subjetivas no contrastadas antes de dar el paso de dejarse de hablar. Por eso la comunicación y aclaración de comportamientos y actuaciones debe imponerse siempre. Y hablando, casi siempre se entienden las personas y más necesario y casi imprescindible si esa comunicación es entre padres e hijos.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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