El Comercio
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VER LA ADVERSIDAD EN PERSPECTIVA
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Miguel Silveira | 21-05-2015 | 10:42| 0

Los contratiempos y adversidades  tienen la potencialidad de atrapar nuestra atención con tal fuerza que desplazan de la misma todo lo demás y se adueñan de nuestro estado emocional dejándonos inquietos, tristes, angustiados, en ocasiones abatidos, airados o cargados de odio. Actúan como un foco en la noche tan próximo a nosotros que apenas si vemos algo más a nuestro alrededor o lo vemos con gran dificultad. Al mismo tiempo que reducen nuestro campo de visión obstaculizan nuestra capacidad para tomar decisiones acertadas, sobre todo si ese atrapamiento es intenso y duradero.

Si no estamos sobre aviso resultará difícil  distanciarse del momento, el evento o la situación. Y sin embargo esa debería ser la reacción más apropiada: ganar algo de altura para ver el suceso en perspectiva, para tener la posibilidad de situar el evento dentro de un contexto más amplio que el del tiempo en que nos vemos enfrentados al problema. Si no nos distanciamos, corremos el riesgo de pensar que el suceso es más dramático de lo que es en si mismo. Conviene preguntarnos ¿qué significado e importancia tiene este suceso en nuestra trayectoria vital, en nuestros objetivos planteados en la vida, dentro de nuestro proyecto, relación, empresa o trabajo?

Podemos preguntarnos hasta qué punto es lógico preocuparnos hasta el extremo que lo hacemos. Y pensar que estamos a caballo entre el presente y el futuro, que no será siempre así ni quizás dure más tiempo del temido.  Ofuscarse y no querer oir o plantearnos otros aspectos del problema nos puede erosionar más de lo esperado. Al elegir un contexto más amplio y situar el acontecimiento en él, al ponerlo en relación con  él, se relativiza su importancia, cobra otra dimensión que en un primer momento no captamos. Como quiera que los sentimientos que provocan en nosotros tienen la particularidad de que tiñen no solo nuestro estado de ánimo sino nuestros comportamientos o acciones distanciarse, colocarlo en perspectiva enfría los sentimientos y nos lleva a tener más control de lo que hacemos.  A veces conviene airearlos con otras personas y puede contribuir a ver desde otro ángulo la realidad que nos aflige.

Conviene estar atentos porque una vez cargados de emoción, por inercia seguiremos sufriendo más tiempo del debido hasta que el transcurrir del tiempo nos sitúe en otra perspectiva. Adelantarse es una buena medida que ahorrará sufrimiento. Digo “ahorrará” porque eliminarlo resultará imposible.

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UNA CLAVE PARA CAMBIAR
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Miguel Silveira | 13-05-2015 | 21:07| 0

Cuando de cambiar algo de nosotros se trata lo primero que es necesario es saber qué hacemos mal y por tanto es necesario modificarlo. Si la ignorancia es nuestro aliado poco se puede hacer salvo ir dando palos de ciego. Se impone por lo tanto saber y aclararse. Pero con saberlo no es tampoco suficiente pues es como saber tocar el piano y no tocar una melodía. Es necesario ponerse a practicar las nuevas conductas deseadas. Pero tampoco es suficiente, para ser claros, pues podemos cansarnos enseguida y que todo quede en una buena intención sin mayor trascendencia. Es necesario finalmente ponerse a mantener el cambio el tiempo necesario hasta que nos conste que el hábito está aceptablemente constituído. Es aquí donde falla el noventa y cinco por ciento de las personas porque para las labores de mantenimiento, como en cualquier empresa, se requiere un esfuerzo continuado, algo que en estos tiempos ha ido perdiendo vigencia y no es una moneda de curso legal, que digamos.

De todas formas hay un aspecto que no falla en ese primer estadio, que es el de saber qué hacer o no hacer. Cuando estamos llevando a cabo comportamientos negativos, dañinos o nocivos para nuestra salud o para nuestras relaciones lo que no falla nunca es recurrir a los contrarios. Porque hacer lo contrario de lo negativo es siempre lo acertado. Si eres un glotón trata de quedar con hambre, si eres acelerado vete algo más despacio, si piensas siempre mal piensa algo bien de vez en cuando, si no perdonas nunca, perdona los defectos ajenos, si dejas para mañana las cosas procura hacerlas hoy, eres agresivo sé cortés, amable o afable y así sucesivamente. De esta forma no fallarás jamás.

Ah y también es una guía disminuir las conductas indeseables así como aumentar las que son escasas en nuestro repertorio.

Solo hace falta finalmente otro requisito. Querer llevar a cabo tales cambios. Si no se desea cambiar todo lo demás sobra, las cosas como son.

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ENTRE DOS FUERZAS OPUESTAS
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Miguel Silveira | 04-05-2015 | 10:21| 0

Dos fuerzas de distinto signo tratan de llevarnos en su dirección  y, dependiendo de la fuerza de una y otra, el resultado será muy diferente. Me refiero a la que tiene su base en el  sistema hipotalámico-hipofisario que nos empuja en el sentido de ceder a las tentaciones, que todos conocemos, es decir a encontrar la satisfacción y la recompensa inmediata, a dejarnos llevar de la apetencia o inapetencia en nuestros comportamientos, a sucumbir a los impulsos de conseguir lo que nos pide el cuerpo. Esta fuerza es más bien primitiva, propia del viejo cerebro de reptil que todos llevamos dentro. La segunda, asentada en el lóbulo prefrontal, es la que se encarga de evaluar los pros y contras al satisfacer nuestros deseos y apetencias, es la que se encarga de valorar las consecuencias de nuestros actos y gestionar debidamente los impulsos. Es una fuerza en la que la previsión de los planes y los efectos que se derivan de aplicarlos y la anticipación de resultados cuenta, después de considerar racionalmente lo que debemos o no hacer en función de nuestros objetivos, principios y valores. Dependiendo del dominio de una y otra las consecuencias a corto, medio y largo plazo pueden ser muy positivas o al contrario. Si la que predomina es la primera, es decir, la de no poder esperar y tener que conseguir la satisfacción inmediatamente, tendremos el resultado de compradores compulsivas, comedores, bebedores y fumadores compulsivos, ludópatas y todo tipo de adictos, en cualquier área de la vida. Estos sufren grandes dificultades para esperar las recompensas y se vuelven caprichosos. Son los que predominantemente sucumben a las conocidas tentaciones. Ese predominio suele ser fuente de desgracia y desastre personal. Si la que predomina es la segunda tendremos personas capaces de controlar sus impulsos, de hacer lo que conviene a sus objetivos elegidos, de no hacer aquello que aparte del objetivo y objetivos elegidos y los que son emocionalmente inteligentes, en el sentido de que, aunque experimenten  emociones, saben gestionarlas de manera adecuada. Son personas más maduras, más proactivas y moderadas.  No está contraindicado dejarse llevar de los impulsos y emociones ni tampoco hace falta disponer de un gran control, como si de grandes racionalistas se tratase. Lo ideal es mantener el equilibrio, pero de imponerse, es preferible que se imponga la fuerza de la parte más evolucionada del cerebro, del córtex prefrontal porque se favorece la salud mental, la estabilidad emocional, el equilibrio, el éxito en nuestras relaciones personales y en la gestión de nuestra vida.  Ciertamente es difícil porque casi todo el contexto social, tecnológico y cultural facilita más el ejercicio de la primera fuerza. Por lo menos nos conviene saberlo, sobre todo a los padres.

 

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VIOLENCIA. ¿A DONDE VAMOS?
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Miguel Silveira | 27-04-2015 | 11:31| 0

Leyendo estos dias los medios da la sensación de que la violencia se extiende gratuitamente y  buen ritmo en todas las esferas. Madres que tiran a sus hijos por una ventana, parejas que se agreden con resultado o no de muerte, hijos que maltratan a sus padres, alumnos que acosan a sus compañeros, alumnos que matan a sus profesores, etc. etc. Quisiera yo aportar mi granito de arena reflexionando sobre este doloroso tema. Me pregunto si es habitual en las familias instruir a sus hijos sobre la no violencia y mi respuesta es NO. No es una práctica común ni constatada esa educación en los valores del respeto, de la amabilidad, la compasión, de la paz y de la tolerancia, cono debía ser. Simplemente no se habla o no se aprovecha para enseñar a los pequeños y medianos en el control de la agresividad y de los impulsos violentos que por otra parte son inherentes al ser humano, como muy bien sabemos, desde que Caín mató a su hermano Abel con una quijada de asno. Más bien se educa en dar facilidades y cuando surge la frustración el individuo no se encuentra entrenado en encajarla de la mejor manera. Me pregunto si los medios, además de airear los episodios violentos con todo lujo de detalles y repetitivamente, aprovechan para propagar, sembrar y recordar (actualizar se dice en estos tiempos) todos estos valores para que sirva de freno a esa tendencia, que parece va en alza y mi respuesta es NO, o es muy escasa, porque esos valores no venden ni prenden en nosotros como el morbo de las agresiones violentas. Me pregunto si las instituciones y los agentes sociales influyentes aprovechan momentos para recordar lo importante          que es no abusar de la gente para no provocar en ellos la respuesta violenta y mi respuesta es NO o tan insuficiente que apenas se percibe. Me pregunto si los que tienen influencia moral sobre los ciudadanos hacen todo lo posible para cultivar  la justicia, la paz, la confianza y las buenas prácticas morales y mi respuesta es NO, a la vista de cómo están las cosas. Me pregunto si cada uno de nosotros hacemos lo posible por responsabilizarnos de respetar a los demás y mi respuesta es NO. No es moneda de uso corriente. Así que entre que falta difusión, propagación y defensa aireada de los valores humanos contrarios a la violencia por parte de familias, instituciones educativas, religiosas, políticas y culturales y entre que lo que es noticia son los actos violentos, no parece que sople viento favorable a frenarlos, sino más bien el terreno se encuentra bien abonado para su aparición y su pujanza. Si además en el ambiente se encuentran escenas violentas que hacen que nos resulte familiar esta respuesta, todo se entiende más. Habríamos de responsabilizarnos todos para ir favoreciendo un clima de respeto, justicia, tolerancia, ética y buenas prácticas. De lo contrario, no hay que ser adivino para saber cómo va a evolucionar esta tendencia.

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DISPONER DE AMORTIGUADORES
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Miguel Silveira | 18-04-2015 | 09:04| 0

Cuanto mejores son los amortiguadores de los vehículos mejor comodidad para el viajero y más larga vida para el aparato. Es la mejor forma de que los baches de la carretera no creen incomodidades ni daños importantes. No muy distinto en ese aspecto es nuestro organismo y nuestro yo, que permanentemente se encuentra expuesto a impactos provenientes del exterior. Convivir y tratar con las personas supone  estar a la intemperie y  a que los otros se comporten de forma que no solo no nos satisface sino que nos molesta y crea problemas. Necesitamos estar bien preparados para que esos impactos no alimenten la ira y frustración hasta el punto de alterar nuestro humor, elevar nuestra tensión arterial, mermar  nuestras ganas de trabajar y vivir con afán de disfrute. Cuando menos lo piensas surge la decepción y el enfado nos cala y nos impregna porque el otro no ha cumplido conforme a lo esperado y deseado. En cualquier ámbito de nuestra existencia diaria nos encontramos con esos baches que, si no estamos preparados y atentos, dejan nuestros riñones afectados. Dejar que la ira, la frustración y decepción se apoderen de nosotros entraña un riesgo alto de erosión y de reaccionar bien sea contra nosotros o contra el otro, siendo ambas reacciones, si son intensas, perjudiciales para el ego.

¿Y qué es lo que nos pudiera servir de amortiguador? Lo primero esperar que se produzcan, no extrañarse,  porque si no se tiene en cuenta y te surgen conmocionan el corazón además del cerebro. Lo siguiente será tomar una actitud de aceptación y no extrañeza del surgimiento o encontronazo. Lo tercero no dramatizar o dar un significado desproporcionado a lo que ocurre porque entonces la sangre queda contaminada al quedar el pensamiento o la obsesión presente en nuestra conciencia. Tercero, reaccionar, si, pero, una vez que se hace lo que se puede, dejar de darle vueltas al asunto, si con ello lo que logramos es envenenar nuestra emoción y nuestros actos. Y amplias dosis de sentido del humor.En la medida en que podamos lo mejor es adelantarse para esquivar los baches que preveamos de antemano. No esperar de la gente lo que no puede darnos, sobre todo si conocemos su estilo, preparación y su nivel personal, profesional y ético. Y seguir sin perder la gracia a pesar de los pesares. Todo menos permitir que nos amarguen la existencia. Ah, y también recordar que nosotros también fallamos…

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ANTÍDOTO CONTRA LA ANSIEDAD
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Miguel Silveira | 08-04-2015 | 11:01| 0

Puedes tener la tentación de emplear mucho tiempo y energía en pensar en lo que pudiste hacer pero no hiciste, en lo que hiciste mal en el pasado y en sentirte culpable, pero lo que de verdad importa es el presente, es lo que estás haciendo, aquello en lo que empleas tus mayores esfuerzos. Puede ser que tu mente te lleve a preocuparte de lo que en un futuro próximo o lejano te pueda suceder, pero lo realmente importante es lo que te está sucediendo. Puede ser que emplees demasiado tiempo en lamentar lo que no tienes, pero lo que realmente importa es lo que tienes aquí y ahora. Pudiera suceder que pienses con frecuencia en lo que pudiste ser o podrás ser, pero lo que realmente te importa es lo que eres en el tiempo presente, aunque lo que eres no te satisfaga del todo o casi nada. Puede ser que tu mente te lleve a centrarte en otros escenarios, pero el escenario que importa es en el que estás subido o estás viendo. Puede ser que tu mente te lleve a considerar demasiado los errores cometidos cuando lo que realmente cuenta es tratar de  cometer los menos posibles y acertar lo más que puedas en el tiempo presente. Puede ser que estés viviendo demasiado a caballo entre el pasado que no existe y el futuro, que aún no ha llegado. Si es así puede ser que te sientas algo desubicado, descoyuntado,  dislocado, desajustado o descentrado, lo que no deja de ser una importante fuente de ansiedad, malestar y desasosiego. Centrar sobre manera nuestra atención en lo que somos, tenemos, podemos es una actuación práctica e  inteligente y es fuente de salud mental y de equilibrio. No impide, sino muy al contrario, que podamos aspirar a mejorar nuestro estado y que en algunos momentos repasemos el pasado bueno o malo, pero dejar escapar entre las manos el presente, hagamos lo que hagamos, es un error y un desacierto. Vivir con intensidad el aquí y ahora, haciendo que nos guste lo que hacemos y hacerlo bien es de lo más correcto. Es la mejor manera de aprovechar la vida y la mejor medida contra el dislocamiento. Exprimir el presente es una buena forma de combatir la ansiedad, uno de los mayores corrosivos que podemos sentir. Hic et nunc, aquí y ahora.

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CANSADOS, AGOTADOS
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Miguel Silveira | 26-03-2015 | 21:44| 0

Ciertamente tal como se está poniendo la vida todo está a favor de que terminemos agotados mentalmente y cansados fisica y psicológicamente. A los problemas clásicos se suma en estos tiempos la presión a tener que trabajar más y echar más horas para ganar lo mismo o menos. No queda tiempo de descanso suficiente para recuperarse del desgaste. Las vacaciones se han ido reduciendo o no pueden cogerse o si se cogen tiene que ser una semana, cuando antaño eran tres o cuatro de promedio. Por si eso fuera poco las nuevas tecnologías, tan estupendas en líneas generales, nos empujan a estar todo el día conectados, pendientes del móvil, del wasap, de los correos o las redes sociales. El caso es que el sueño se recorta y resulta afectado, pues le robamos tiempo voluntariamente además del que ya nos roba  el exceso de trabajo. El resultado es que cada vez más personas se sienten agotadas, infelices aunque tengan lo necesario y materialmente no les vaya mal la vida. Cada vez más personas sienten que pierden chispa e ilusión, se ven desmotivadas, desganadas sin saber a ciencia cierta a qué se debe. Cada vez más personas sienten un malestar general proveniente de tanta presión, de tanto estrés, tensión, de tanto trajín. Y para hacer frente a toda esta epidemia tienen que recurrir a lo que les parece más útil para animarse o descansar mejor, a saber, los psicofármacos. Estamos viviendo en un sistema donde, desde el Estado, pasando por las multinacionales y muchas empresas se sienten insaciables, sometiendo a sus empleados a una erosión constante, sin piedad. Así nuestra salud mental se ve muy resentida. Y si, como decía al principio, a eso le sumamos los múltiples problemas derivados de la convivencia familiar, de la educación de nuestros hijos, de las enfermedades, de los sustos y sorpresas no buenas, todo ese efecto se ve multiplicado. Nos ha cogido un tiempo y una complicación de gran calibre para la que no estábamos preparados ni prevenidos y mucha gente no tiene la capacidad ni habilidad para hacer frente a este tsunami, arreglándoselas como pueden para salir a flote. No hay que extrañarse de que el veinte por ciento de la población presente cuadros de ansiedad y depresión y tenga que recibir por ello ayuda. No queda más remedio que, dentro de estrechos márgenes para muchas personas, velar por no perder el sueño en altos porcentajes, tratar de desconectar en muchos momentos de nuestros artilugios y si se puede no hacer nada de provecho en algunos momentos, arreglárselas para alimentar nuestras relaciones personales, hacer ejercicio, dedicar un tiempo a la relajación y cosas parecidas. Algo hay que hacer antes de exponerse a quedar agotados

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DAR SENTIDO A LA VIDA
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Miguel Silveira | 19-03-2015 | 17:57| 0

 

Nos gustaría que nuestras carreteras no tuviesen curvas peligrosas, ni baches, ni niebla, ni embotellamientos de tráfico pero la realidad es la que es y a ellas hay que adaptarse si queremos avanzar por ellas para alcanzar nuestro destino. Nos gustaría que la vida fuese fácil o más fácil de lo que muchas veces se presenta pero los altibajos, contratiempos, adversidades y frustraciones forman parte inherente de su paisaje y por tanto lo mejor es no perder de vista que lo inteligente es adaptarse a sus cambios, muchos indeseables, para seguir avanzando sin perder el impulso necesario. Podemos activar el mecanismo de defensa de la negación, pretendiendo no ver lo que es inevitable, pero es mejor tener siempre presente que en el momento que menos lo esperemos surgirán las sorpresas, las constelaciones de elementos adversos, la confluencia de sucesos derivados del azar y de nuestro proceder no siempre debidamente meditado. El caso es saber sobrevivir a esos eventos sin perder la ilusión, el interés y las ganas de afrontar lo que surja. Vivir en esencia es sacar partido de la suma de momentos, que, sumados, dan días, meses y años. Es desarrollar nuestro potencial y no perder el tiempo. Es tener en cuenta que, aunque esta vida “es un valle de lágrimas”, no todo son llantos y que hay temporadas de bonanza, de disfrute y de satisfacción. Cuando todo va bien nada será difícil, pero hay que hacer acopio de fuerzas y de ánimo esperanzado y positivo para cuando se tuerzan las líneas dibujadas con cantidad de rectas. Procurar dar un significado que trascienda el puro momento es esencial para que cobre sentido nuestra vida y todos nuestros actos. Así el juego diario será más entretenido y llevadero. Pero hay que estar alerta y vigilantes, como en las carreteras, para saber frenar, cambiar la dirección o parar si es necesario. Vivir exige no perder la perspectiva de quienes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Y dentro de ese esquema cobrarán más sentido sucesos que, en si mismos, nos parecen absurdos.

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PADRES ANGUSTIADOS
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Miguel Silveira | 12-03-2015 | 18:25| 0

Comprendo el sentimiento que cualquier padre o madre experimenta si su hijo con el paso del tiempo no resulta conforme a lo esperado como progenitores. Es habitual tender a culpabilizarse porque quizás podrían haberse hecho las cosas de otra forma,  lo cual supone que consideramos que lo que el hijo sea es producto en gran parte de la labor educativa de sus padres.

Puntualicemos. La personalidad de cualquiera incluso al final de los siete y ocho años, que es cuando la influencia de los padres es mayor por el tiempo que pasan con sus hijos, no es obra sobre todo de esos padres. No, amigos. Es resultado de la confluencia de distintos factores entre los cuales en efecto se encuentra la educación familiar y el modelo exhibido por los progenitores. Es obra de los genes aportados por ellos, pero ellos no deciden qué genes aportan y cuales no, cuales buenos o cuales malos. No deciden ellos cual ha de ser la carga genética del hijo. Es obra también de las múltiples influencias exteriores, de sus relaciones con los demás y sus iguales y de sus experiencias acumuladas a lo largo del tiempo. El individuo es quien poco a poco va edificando su estilo personal en función de aquellas experiencias o encuentros dia a dia con el contexto en que se encuentra y es obra de la cultura en que se encuentre inmerso. El individuo está lo que se dice en medio de diferentes fuerzas que empujan en distintas direcciones y los padres, aunque se esmeren, y hacen bien en hacerlo, no podrán controlar todas las variables, qué más quisieran ellos. No valen de modo extraordinario los consejos, aunque hay que darlos, para que sus hijos entiendan cómo deben guiarse. Algunos consejos se recuerdan al paso de los años, igual que se recuerda el ejemplo dado por sus progenitores y todos sabemos lo importante que son esos modelos de los cuales se aprende. Pero los padres no tienen el ochenta por ciento de responsabilidad. Si así fuese sería totalmente esperable y lógico que de unos padres modélicos surgieran hijos modélicos y no es así. O que de unos padres desastrosos surgieran hijos calamitosos y no es asi. Es más. Ocurre algunas veces que de padres desastrosos surgen herederos de los que los padres deberían copiar.

En fin, amigos, que está bien hacer lo que podamos, pero siempre sabiendo que el resultado es, si no igual, un poco parecido a una quiniela. Lo mejor es no angustiarse en lo posible y sobre todo no culpabilizarse, si uno ha hecho los deberes lo mejor que ha podido. Aceptar lo que viene parece una fórmula práctica para no deprimirse, aunque a uno le gustaría acertar los

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ELIGE UN OBJETIVO Y…¡A POR ÉL!
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Miguel Silveira | 03-03-2015 | 19:04| 0

 

Si uno se toma las cosas en serio y quiere dar sentido de la dirección a sus actos  lo que tiene que hacer es fijar un objetivo, una meta, lo más específica y concreta posible, posible, tener claros los pasos intermedios y  definir cual es el plazo improrrogable que se da para conseguirlo. Una vez tomada esa decisión se pasa a valorar qué cantidad de esfuerzo se requiere poner para ello y repartirlo en ese tiempo de forma que se calcule lo con una estimación bastante exacta las horas que habría que dedicar cada dia durante todo ese tiempo, así como el uso de otros medios. Lo que no es de recibo ni serio ciertamente es tener una intención vaga en cuanto al objetivo y a los medios que hay que poner y no aplicar un plan concreto, medible y comprobable para llegar a él.

Si uno quiere hacer una carrera, por ejemplo, no sirve con saber que tiene cuatro años y que tiene que hacer exámenes periódicos. No es suficiente. Tiene uno que decidir que lo terminará en ese tiempo. Qué materias habrá de preparar en el primer cuatrimestre y segundo de cada curso, a que materias le habrá de dedicar más tiempo y más esfuerzo en función de su dificultad  y de la base que el alumno posee de esos conocimientos. Y si son tres horas diarias,  cumplirlas de verdad,  en lugar de dedicarse solo una semana antes a preparar sus pruebas. Tiene que decidir qué nota quiere sacar en sus trabajos. Tiene   que decidir cómo y donde se propone estudiar, si es mejor en su casa o en una biblioteca. Ha de tener un cuadro donde ha de repartir cada día el tiempo dedicado a cada materia, más o menos y repasar TODOS los días el material ya visto de cualquier materia. Tiene que decidir estar en clase activamente en lugar de permanecer allí como si de cuerpo presente se tratase. Si necesitará ayuda complementaria de algunos profesores. Tiene que decidir si sacará la carrera conformándose con pasar simplemente con las mínimas notas o elevar su listón. No es lo mismo sacar esa carrera raspadito que con gran competencia y gran dominio.

Sin olvidarse de  lo importante que es tener presente la meta cada día y trabajar con constancia a pesar de los bajos y los altos del estado de ánimo. Tiene que alimentar su motivación diariamente y ser consecuente en su aplicación a la disciplina que eso implica.

Todo lo demás son chiflos de gaita o humo que se lo lleva el viento. En fin, tener un objetivo, elegir bien los medios, proponerse un plan y cumplirlo haga frío o calor o movimientos sísmicos.   Lo que no vale es “yo querría…” y por supuesto no dejarse la piel en el intento, aunque esta forma no es la que en nuestra cultura hispana se suele cultivar. Que se lo pregunten a tantos estudiantes universitarios, por ejemplo.

La voluntad se entrena como cualquier músculo y las habilidades cuesta conseguirlas. Por eso, no suelen valer las medias tintas.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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