El Comercio
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CANSADOS, AGOTADOS
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Miguel Silveira | 26-03-2015 | 21:44| 0

Ciertamente tal como se está poniendo la vida todo está a favor de que terminemos agotados mentalmente y cansados fisica y psicológicamente. A los problemas clásicos se suma en estos tiempos la presión a tener que trabajar más y echar más horas para ganar lo mismo o menos. No queda tiempo de descanso suficiente para recuperarse del desgaste. Las vacaciones se han ido reduciendo o no pueden cogerse o si se cogen tiene que ser una semana, cuando antaño eran tres o cuatro de promedio. Por si eso fuera poco las nuevas tecnologías, tan estupendas en líneas generales, nos empujan a estar todo el día conectados, pendientes del móvil, del wasap, de los correos o las redes sociales. El caso es que el sueño se recorta y resulta afectado, pues le robamos tiempo voluntariamente además del que ya nos roba  el exceso de trabajo. El resultado es que cada vez más personas se sienten agotadas, infelices aunque tengan lo necesario y materialmente no les vaya mal la vida. Cada vez más personas sienten que pierden chispa e ilusión, se ven desmotivadas, desganadas sin saber a ciencia cierta a qué se debe. Cada vez más personas sienten un malestar general proveniente de tanta presión, de tanto estrés, tensión, de tanto trajín. Y para hacer frente a toda esta epidemia tienen que recurrir a lo que les parece más útil para animarse o descansar mejor, a saber, los psicofármacos. Estamos viviendo en un sistema donde, desde el Estado, pasando por las multinacionales y muchas empresas se sienten insaciables, sometiendo a sus empleados a una erosión constante, sin piedad. Así nuestra salud mental se ve muy resentida. Y si, como decía al principio, a eso le sumamos los múltiples problemas derivados de la convivencia familiar, de la educación de nuestros hijos, de las enfermedades, de los sustos y sorpresas no buenas, todo ese efecto se ve multiplicado. Nos ha cogido un tiempo y una complicación de gran calibre para la que no estábamos preparados ni prevenidos y mucha gente no tiene la capacidad ni habilidad para hacer frente a este tsunami, arreglándoselas como pueden para salir a flote. No hay que extrañarse de que el veinte por ciento de la población presente cuadros de ansiedad y depresión y tenga que recibir por ello ayuda. No queda más remedio que, dentro de estrechos márgenes para muchas personas, velar por no perder el sueño en altos porcentajes, tratar de desconectar en muchos momentos de nuestros artilugios y si se puede no hacer nada de provecho en algunos momentos, arreglárselas para alimentar nuestras relaciones personales, hacer ejercicio, dedicar un tiempo a la relajación y cosas parecidas. Algo hay que hacer antes de exponerse a quedar agotados

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DAR SENTIDO A LA VIDA
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Miguel Silveira | 19-03-2015 | 17:57| 0

 

Nos gustaría que nuestras carreteras no tuviesen curvas peligrosas, ni baches, ni niebla, ni embotellamientos de tráfico pero la realidad es la que es y a ellas hay que adaptarse si queremos avanzar por ellas para alcanzar nuestro destino. Nos gustaría que la vida fuese fácil o más fácil de lo que muchas veces se presenta pero los altibajos, contratiempos, adversidades y frustraciones forman parte inherente de su paisaje y por tanto lo mejor es no perder de vista que lo inteligente es adaptarse a sus cambios, muchos indeseables, para seguir avanzando sin perder el impulso necesario. Podemos activar el mecanismo de defensa de la negación, pretendiendo no ver lo que es inevitable, pero es mejor tener siempre presente que en el momento que menos lo esperemos surgirán las sorpresas, las constelaciones de elementos adversos, la confluencia de sucesos derivados del azar y de nuestro proceder no siempre debidamente meditado. El caso es saber sobrevivir a esos eventos sin perder la ilusión, el interés y las ganas de afrontar lo que surja. Vivir en esencia es sacar partido de la suma de momentos, que, sumados, dan días, meses y años. Es desarrollar nuestro potencial y no perder el tiempo. Es tener en cuenta que, aunque esta vida “es un valle de lágrimas”, no todo son llantos y que hay temporadas de bonanza, de disfrute y de satisfacción. Cuando todo va bien nada será difícil, pero hay que hacer acopio de fuerzas y de ánimo esperanzado y positivo para cuando se tuerzan las líneas dibujadas con cantidad de rectas. Procurar dar un significado que trascienda el puro momento es esencial para que cobre sentido nuestra vida y todos nuestros actos. Así el juego diario será más entretenido y llevadero. Pero hay que estar alerta y vigilantes, como en las carreteras, para saber frenar, cambiar la dirección o parar si es necesario. Vivir exige no perder la perspectiva de quienes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Y dentro de ese esquema cobrarán más sentido sucesos que, en si mismos, nos parecen absurdos.

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PADRES ANGUSTIADOS
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Miguel Silveira | 12-03-2015 | 18:25| 0

Comprendo el sentimiento que cualquier padre o madre experimenta si su hijo con el paso del tiempo no resulta conforme a lo esperado como progenitores. Es habitual tender a culpabilizarse porque quizás podrían haberse hecho las cosas de otra forma,  lo cual supone que consideramos que lo que el hijo sea es producto en gran parte de la labor educativa de sus padres.

Puntualicemos. La personalidad de cualquiera incluso al final de los siete y ocho años, que es cuando la influencia de los padres es mayor por el tiempo que pasan con sus hijos, no es obra sobre todo de esos padres. No, amigos. Es resultado de la confluencia de distintos factores entre los cuales en efecto se encuentra la educación familiar y el modelo exhibido por los progenitores. Es obra de los genes aportados por ellos, pero ellos no deciden qué genes aportan y cuales no, cuales buenos o cuales malos. No deciden ellos cual ha de ser la carga genética del hijo. Es obra también de las múltiples influencias exteriores, de sus relaciones con los demás y sus iguales y de sus experiencias acumuladas a lo largo del tiempo. El individuo es quien poco a poco va edificando su estilo personal en función de aquellas experiencias o encuentros dia a dia con el contexto en que se encuentra y es obra de la cultura en que se encuentre inmerso. El individuo está lo que se dice en medio de diferentes fuerzas que empujan en distintas direcciones y los padres, aunque se esmeren, y hacen bien en hacerlo, no podrán controlar todas las variables, qué más quisieran ellos. No valen de modo extraordinario los consejos, aunque hay que darlos, para que sus hijos entiendan cómo deben guiarse. Algunos consejos se recuerdan al paso de los años, igual que se recuerda el ejemplo dado por sus progenitores y todos sabemos lo importante que son esos modelos de los cuales se aprende. Pero los padres no tienen el ochenta por ciento de responsabilidad. Si así fuese sería totalmente esperable y lógico que de unos padres modélicos surgieran hijos modélicos y no es así. O que de unos padres desastrosos surgieran hijos calamitosos y no es asi. Es más. Ocurre algunas veces que de padres desastrosos surgen herederos de los que los padres deberían copiar.

En fin, amigos, que está bien hacer lo que podamos, pero siempre sabiendo que el resultado es, si no igual, un poco parecido a una quiniela. Lo mejor es no angustiarse en lo posible y sobre todo no culpabilizarse, si uno ha hecho los deberes lo mejor que ha podido. Aceptar lo que viene parece una fórmula práctica para no deprimirse, aunque a uno le gustaría acertar los

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ELIGE UN OBJETIVO Y…¡A POR ÉL!
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Miguel Silveira | 03-03-2015 | 19:04| 0

 

Si uno se toma las cosas en serio y quiere dar sentido de la dirección a sus actos  lo que tiene que hacer es fijar un objetivo, una meta, lo más específica y concreta posible, posible, tener claros los pasos intermedios y  definir cual es el plazo improrrogable que se da para conseguirlo. Una vez tomada esa decisión se pasa a valorar qué cantidad de esfuerzo se requiere poner para ello y repartirlo en ese tiempo de forma que se calcule lo con una estimación bastante exacta las horas que habría que dedicar cada dia durante todo ese tiempo, así como el uso de otros medios. Lo que no es de recibo ni serio ciertamente es tener una intención vaga en cuanto al objetivo y a los medios que hay que poner y no aplicar un plan concreto, medible y comprobable para llegar a él.

Si uno quiere hacer una carrera, por ejemplo, no sirve con saber que tiene cuatro años y que tiene que hacer exámenes periódicos. No es suficiente. Tiene uno que decidir que lo terminará en ese tiempo. Qué materias habrá de preparar en el primer cuatrimestre y segundo de cada curso, a que materias le habrá de dedicar más tiempo y más esfuerzo en función de su dificultad  y de la base que el alumno posee de esos conocimientos. Y si son tres horas diarias,  cumplirlas de verdad,  en lugar de dedicarse solo una semana antes a preparar sus pruebas. Tiene que decidir qué nota quiere sacar en sus trabajos. Tiene   que decidir cómo y donde se propone estudiar, si es mejor en su casa o en una biblioteca. Ha de tener un cuadro donde ha de repartir cada día el tiempo dedicado a cada materia, más o menos y repasar TODOS los días el material ya visto de cualquier materia. Tiene que decidir estar en clase activamente en lugar de permanecer allí como si de cuerpo presente se tratase. Si necesitará ayuda complementaria de algunos profesores. Tiene que decidir si sacará la carrera conformándose con pasar simplemente con las mínimas notas o elevar su listón. No es lo mismo sacar esa carrera raspadito que con gran competencia y gran dominio.

Sin olvidarse de  lo importante que es tener presente la meta cada día y trabajar con constancia a pesar de los bajos y los altos del estado de ánimo. Tiene que alimentar su motivación diariamente y ser consecuente en su aplicación a la disciplina que eso implica.

Todo lo demás son chiflos de gaita o humo que se lo lleva el viento. En fin, tener un objetivo, elegir bien los medios, proponerse un plan y cumplirlo haga frío o calor o movimientos sísmicos.   Lo que no vale es “yo querría…” y por supuesto no dejarse la piel en el intento, aunque esta forma no es la que en nuestra cultura hispana se suele cultivar. Que se lo pregunten a tantos estudiantes universitarios, por ejemplo.

La voluntad se entrena como cualquier músculo y las habilidades cuesta conseguirlas. Por eso, no suelen valer las medias tintas.

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LO QUE NO SON CUENTAS…¡SON CUENTOS!
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Miguel Silveira | 20-02-2015 | 15:51| 0

Para los matemáticos, ingenieros, economistas y profesionales por el estilo  lo importante son los números, es decir, que lo que no son cuentas, son cuentos. Esto parece que no rige en los tratamientos o terapias psicológicas, donde gran parte del imaginario social es que la cosa consiste en hablar y contarle al terapeuta las cuitas del paciente, sus pensamientos y creencias y cómo va pensando y sintiendo según avanzan las sesiones. No cabe duda que eso se practica más de lo necesario y yo me hago cruces de ver cómo hay personas que asisten a sesiones y sesiones donde todo consiste en esos intercambios verbales y si acaso hacer algún apunte, referencia o recuento de tales pensamientos en situaciones varias. Pues no, amigos. Esto de las cuentas o los números también se debería aplicar en las terapias psicológicas. Estas deberían ser una especie de ingeniería también. Si en ella no se da un recuento de conductas externas, sobre todo, junto a algunos pensamientos y reacciones fisiológicas para luego cambiarlas según avanzan las sesiones, suena a cuento chino. Las cuentas tienen que salir. Cuando el paciente llega al psicólogo se tiene que evaluar y contar todo lo que el paciente piensa, siente y sobre todo hace y, dirigido por el terapeuta, deberá de cambiar todo aquello que le está perjudicando para conseguir disminuir de manera específica, medible y constatable su malestar y aumentar su bienestar en los mismos parámetros. Eso es lo que cuenta. Si no se hace un establecimiento de objetivos, de medios a utilizar y no se van obteniendo resultados contados y contables, en base a la intervención que proceda, no se puede hablar de una terapia efectiva, no se puede hablar de un cambio operativo, constatable y medible, no puede conducir a una terapia eficaz, es decir con resultados palpables. Tienen que cuadrar los números, el número de conductas, pensamientos, actitudes, y estado fisiológico que ha cambiado para alivio y regocijo del paciente. Tiene que haber una diferencia entre el estado que presentas cuando llegas y el que obtienes cuando acabas la terapia, a no ser que el paciente no esté por la labor, en cuyo caso la terapia debería interrumpirse. No es tarea fácil, entre otras cosas porque cambiar supone siempre  resistencia, pero es posible y necesaria. Si no, suena a cuento, a construcción subjetiva  y  a humo o a paja, sin grano que lo acompañe. La terapia consiste en que al paciente se le diga en concreto qué le ocurre, por qué y qué deberá hacer para que su sufrimiento disminuya y se vea el resultado en base a la cantidad (número) y calidad del cambio introducido.  Lo que no son cuentas…son ¡cuentos!, amigos.

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¿DEMASIADOS DEBERES?
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Miguel Silveira | 12-02-2015 | 21:55| 0

Estos días se ha aireado en los medios el tema de los deberes escolares y hasta qué punto deben tener lugar y en qué medida. Lo cierto es que, a poco que se estudie el problema, la conclusión es que nuestros escolares están saturados de deberes aunque solo sea acudiendo al  índice indirecto de la cantidad de clases particulares que tienen en general de lunes a viernes, sin hablar del tiempo de vacaciones. Y no se diga  que los tienen porque los padres trabajan y no pueden atenderlos, aunque sea cierto en algunos casos. La verdad más bien está en que si no tuviesen tantas tareas escolares  y estuviesen más motivados para el aprendizaje no abundarían las clases particulares. Es cierto, nuestros alumnos están saturados de deberes. Algunos argumentarán que es porque no trabajan bien en clase y con interés. Otros dirán que no les da tiempo a hacer en clase todo el trabajo y otros aportarán otras razones, pero sea de ello lo que fuere, algo hay que hacer porque un alumno que para evolucionar satisfactoriamente necesita un par de horas de clase particular y otra hora más para estudiar, es un índice de que algo está fallando, porque todo suma nueve horas diarias. ¿Qué falla pues? El sistema educativo sin duda por el exceso de materias y de contenido innecesario. Y dentro del sistema está también la escasa preparación por parte del profesorado para saber motivar, estimular y animar a que el niño ponga el máximo interés en las seis horas diarias que acude a  clase. Concluir que algo está mal no es difícil al ver que después de tantos años de asistir a clase, de hacer deberes y asistir a clases particulares el resultado es francamente pobre. Si dedicar tanto tiempo a lo académico llevase aparejado un éxito futuro en la persona no habría pegas, pero ese éxito no suele derivarse,  porque entre otras cosas uno no triunfa en la vida solo por las notas que obtenga en los estudios y por los títulos sacados. Hay otras habilidades preteridas que deben practicar nuestros alumnos. Estos dias ha salido en la prensa el premio de un millón de dólares que se ofrecerá al mejor profesor y ya se ve por los seleccionados a la final que no será precisamente aquel que transmita más conocimientos (en esto insisten los deberes) sino aquel que mejor estimule las ansias de aprender en sus alumnos. Y el alumno que le caen muchos deberes y broncas si no los hace, no está lo que se dice estimulado. Demasiados deberes indica un fracaso del sistema, además de agotar a los alumnos y angustiar a los padres. Si se hiciesen bien las cosas y se redujesen conocimientos superfluos y se insistiese en conseguir que los alumnos aprendiesen bien las habilidades básicas para surfear y moverse en el mundo del aprendizaje otro gallo nos cantaría. Pero seamos claros, si siguiesen las cosas igual en la escuela y no se pusiesen deberes a los alumnos probablemente también muchos padres protestarían porque no sabrían que hacer con sus hijos innumerables tardes.  

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MALTRATADORES
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Miguel Silveira | 01-02-2015 | 18:46| 0

Hay diferentes grados de maltratador pero quien ahora me interesa describir es al que lleva todos los boletos. Antes que nada debo resaltar que es un encantador de serpientes, es totalmente agradable con quienes no ama, pero que le interesan por cualquier razón o circunstancia. Se deshace en sonrisas, en palabras y en un trato agradable sólo mientras le interesa y para lo que le interesa. Con los que quiere sin embargo o en especial con su pareja es una bestia parda, implacable en su trato y en sus juicios, inhumano a veces y se suele cebar con sus debilidades. Humilla cuando puede, utiliza siempre, desprecia a su pareja, delante de la gente no duda en ponerla en evidencia. Sus palabras son dardos envenenados que se clavan, creando gran dolor, resquemor y tristeza. Nunca resalta los aciertos de ella, pero sus errores los magnifica y siempre que puede los repasa para que quede claro que la otra no acierta, aunque humanamente valga más que él por supuesto. No perdona los fallos y la sangre le sube a la cabeza cuando ella le lleva la contraria o le corrige. Tratar de inspirar siempre que puede miedo para tenerla intimidada y hacer su voluntad. Los gustos de ella no cuentan, puesto que no la quiere. Si de su boca sale alguna vez una palabra amable será por interés delante de la gente o porque busca detrás un beneficio o alguna consecuencia favorable a sus gustos. No dudará en mentirle para tenerla casi siempre engañada. Ejercerá un dominio  tendente a lo absoluto para someterla y no dejarle margen de maniobra, tratando de tenerla en un puño. Si quien lo hace es una mujer donde pongo maltratador se pone el femenino.

¿Qué hacer para no acabar en desastre? En cuanto se descubre ese tipo de conducta leerle la cartilla, reñirle y no permitirle que repita el mecanismo y en cuanto no haga caso procurar despachar la relación. Todo lo que sea tardar en darse cuenta, ceder por sistema, exculparle o callar por temor es avanzar directo  a la tragedia. O hay victorias tempranas o, si no, la derrota es segura.

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“TRABAJÓLICOS”
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Miguel Silveira | 20-01-2015 | 12:06| 0

 

Frente a tantos y tantos que tienen la desgracia de realizar trabajos que nada les agradan están esos privilegiados a los que su trabajo les encanta. Les encanta hasta el punto de que absorbe su energía, dedicándoles horas incontables y esfuerzos sistemáticos aunque sea a costa de su sueño, su descanso y su salud. Son los trabajólicos, los alcohólicos a quienes emborracha su trabajo y sin el que no pueden pasar, exprimiendo su esfuerzo hasta extremos de escándalo. Les verás siempre hablando de su tema, entendiendo por tema su trabajo, con el móvil a cuestas, siempre encendido y subordinando todo a la eficacia y el deleite que les supone centrarse en esa afición que les absorbe. Inconscientes de que pasados los años les pasará factura y no queriendo ver ni escuchar voces que intentan disuadirles de tanta dedicación, avanzan conectados todo el tiempo a su preocupación laboral, pensando que son infatigables. Se exceden hasta el punto de dedicarles no tan solo las horas semanales que deben dedicar sino extendiendo el área a toda la semana, incluídas las vacaciones que, o prescinden de ellas, o las acortan pero no las disfrutan como tales porque su mente no está en las vacaciones sino en su único tema recurrente. Como se muestran insaciables abarcan más que pueden. ¿Resultado? O bien su mente llega a enfermar o su cuerpo lo paga de diferentes formas. El estrés, que ellos niegan tener, se apodera de ellos y les resta descanso y diversión. Perder el tiempo es mortal para ellos. Lo que no saben muchos es que puede llegar un momento en que la depresión por puro agotamiento les sorprenda y con ella la baja laboral o la imposibilidad de seguir trabajando e incluso pueden llegar a odiar lo que tanto les hizo disfrutar. Una pena, porque suelen ser personas muy valiosas que a base de abusar de su finita resistencia les lleva enfermar o claudicar por fuerza. Se pasan. Se pasan y se niegan a ver que se están exponiendo a cualquier descalabro por actuar como si fuesen imprescindibles, aunque si les preguntan si lo son, te dirán que en absoluto así se sienten. Son adictos y como todo adicto acaban sucumbiendo a su vicio o dependencia. Son como los alcohólicos que sustituyen el alcohol por el trabajo. Por eso les llamo “Trabajólicos”.

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NO ME QUIERO MORIR
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Miguel Silveira | 10-01-2015 | 22:35| 0

No puedo reprimir la alegría que sentí la ante víspera de Reyes. Cómo ha cambiado la vida para mejor desde que yo era un renacuajo! Cuánta prosperidad y cuantas satisfacciones desde entonces! Qué diferencia de los Reyes que un dia me echaron un acordeón, de cartón y papel con tan sólo tres teclas, cuando apenas tenía cinco años, con los Reyes que incluso niños pobres de hoy dia tienen la suerte de tener, aunque se los regalen en una ONG. Pero no solo eso. Recibí varios wasaps de amigos muy lejanos que me felicitaban y en el mismo momento a miles de kilómetros yo podía responderles, mientras tomaba un café sentado en un local viendo pasar la gente. Paseé por Gijón, mi ciudad,  llena de escaparates atractivos, de modernas mercancías, de productos textiles que nos hacen ser guapos, de alimentos cuidados y sabrosos, de restaurantes, vinaterías y bares donde puede uno  degustar sabrosos alimentos y bebidas.  Llegué a casa y apretando un botón se encendió una calefacción que inundaba mi casa de calor, frente aquellos braseros que sólo permitían calentarme las piernas sentado a la mesa camilla, mientras el resto de la casa estaba congelada. Hice  la cena en una vitrocerámica, en cuestion de minutos, sin tener que encender  el fuego y esperar largo rato a poder cocinarla. Y calenté el café con leche en un microondas, que ni por asomo podía pensarse en su existencia hace cincuenta años. Me senté a la mesa de trabajo, encendí el portátil y me puse a escribir sin preocuparme de tener que borrar con una goma o tachar un error y tener que empezar una hoja nueva por la misma razón, pudiendo volver atrás en el texto e intercalar una idea que me venía de pronto a la cabeza, sin tener que alterar para nada la página. Le dí a un botón y una impresora me copió al instante el texto redactado. Abrí Internet y publiqué en mi blog el artículo simplemente desde mi mesa sin tener que desplazarme al periódico o tener que meterlo en un sobre y esperar un dia o dos a que llegase a la redacción y que otro empleado tuviese que volver a escribirlo. Vi las noticias del mundo en vivo y en directo en la pantalla del televisor, mientras cenaba y tomaba de postre un melón de otra parte del mundo donde ahora es verano, melón que en no hace mucho tiempo era imposible comerlo en estas fechas en España. Reservé dos entradas para un concierto desde mi mesa sin tener que esperar a la puerta de teatro ni pagar con dinero en efectivo. No sigo, porque sería imposible terminar la retahila. Por todo esto, que es bastante, y otras muchas cosas no me quiero morir, amigos. Qué envidia tengo de aquellos que vivirán dentro de cincuenta o cien años. ¡Cómo será la vida! No puedo imaginarlo. ¡Qué delicia, sobre todo después de haber pasado calamidades y estreches, carencias, reveses y pobreza, como viví! Gracias a ello ahora puedo valorar la enorme diferencia. Tengo que morirme, lo sé, pero permitidme que diga que me gustaría vivir doscientos años, eso sí, como los vivo ahora…..

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TENER SIEMPRE UN PLAN B
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Miguel Silveira | 03-01-2015 | 19:41| 0

No tener un plan B siempre a mano es como llevar todos los huevos en una sola cesta, tropezar y exponerse a romperlos todos ellos y quedar con cara de pamelo o alelado.

Se habla mucho de la conveniencia de tener un plan B para cuando nos llegue la jubilación y cortemos bruscamenbte la vida laboral, para cuando nos levantemos un dia y en lugar de salir para la empresa tengamos todo el dia para nosotros y así año tras año. Pero no solo hay que tener ese plan para cuando nos jubilemos o para cuando sepamos de antemano que vamos a tener cambios en la vida, que también. Hay que tenerlo para cuando uno se casa, sabiendo que la libertad que se tenía se recorta en efecto. Para cuando uno vaya a tener hijos donde la libertad se recorta aún más y la vida te obliga a tareas y sujeciones a las que no estabas para nada acostumbrado. Para cuando te vas a trasladar de lugar de residencia o de trabajo. Por si uno queda solo o por si un accidente o una enfermedad sale a nuestro encuentro. Hay que tenerlo siempre a mano para cuando experimentemos cambios que nos lleguen de pronto y sin saberlo. Los cambios nos obligan a situaciones nuevas y por tanto a comportamientos nuevos, junto a sus estrategias. Los cambios, sobrevenidos o provocados,  sin haberlos tenido en cuenta, nos obligan a tener que reestructurar el estilo de vida o la rutina, la costumbre o la forma en que vivíamos. Y si no tenemos un plan B, ya previsto o hecho sobre la marcha, corremos el riesgo de quedar bloqueados, sin respuesta, desorientados y perdiendo el ritmo de la vida. La vida que llevamos y la vida exterior que nos rodea nos obliga, querámoslo o no, a afrontar situaciones que nos fuerzan a repentizar estrategias y formas de reaccionar y relacionarnos para seguir caminando, sin ir tambaleándonos. Y eso implica saberlo de antemano y tener preparadas ideas o saber que hemos de disponer de otros planes de acción para seguir sin grandes complicaciones. Tener planes B es ser proactivos. No hace falta tener un listado preparado de acciones por si acaso para todos los cambios, pero sí es necesario imaginar de vez en cuando, como si fuese un juego, qué haríamos en el caso de que…Aplicar la creatividad y pasar a la acción cuando los planes que llevamos a cabo se nos rompan es totalmente necesario. Si no, corremos el riesgo de quedar instalados en la queja el victimismo, la mera frustración y el lamento.  Y los cambios en nuestro estado civil, físico, mental, familiar, laboral, relacional, espacial y cultural son el pan nuestro de cada dia. Un plan o planes B son una garantía frente al desaliento y una forma de no perder el tren, que no se para por mucho que queramos empeñarnos.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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