El Comercio
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NUEVOS MÉTODOS, NUEVOS RESULTADOS
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Miguel Silveira | 27-07-2015 | 17:23| 0

Poco más claro se puede decir con tan pocas palabras. Fue Einstein quien dijo aquello de “Si quieres obtener resultados diferentes no hagas siempre lo mismo”. Sin embargo esta frase aparentemente simple y evidente no lo debe ser tanto al común de los humanos porque aún viendo que los resultados que obtenemos no sólo no son buenos sino que nos perjudican, aún así seguimos aplicando el mismo método y poniendo en práctica las mismas conductas. El aserto tiene de positivo que es transversal a todos los asuntos de la vida. Pongamos algún ejemplo ilustrativo. Hay parejas que viven en un conflicto permanente (resultado), que no les agrada, pero no se plantean que quizás el método que siguen en su relación les lleva a ese resultado. Sigue cada uno acusando al otro de los fallos en la convivencia en lugar de plantearse cada uno que es lo él o ella misma está haciendo mal e intentar corregirlo. Siguen discutiendo en lugar de sentarse a dialogar para llegar a acuerdos, si procede. Hay a quien le van mal las cosas en su salud (resultado) pero no cambian ni su estilo de vida, de alimentación o de descanso. Hay quién se va quedando cada vez más aislado (resultado) pero sigue agobiando, criticando, abandonando a los amigos o poniendo obstáculos en sus relaciones en lugar de cambiar de actuación y de método.
No es sencillo a veces descubrir donde fallamos, en qué procedimientos, pero si nos parásemos a veces y a veces consultásemos, saldríamos de la duda y sólo faltaría ponerse a ello. Quizás la clave esté en que, a pesar de no gustarnos nuestros logros nos situamos en la zona de confort a pesar de sus efectos negativos. Cambiar siempre es incómodo, pero esa es otra historia.
De todos modos Einstein tiene razón.

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DIGITALIZADOS, SÍ, PERO…
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Miguel Silveira | 14-07-2015 | 14:10| 0

Es incuestionable que la digitalización ha acarreado, hasta hace poco, increíbles e impensables ventajas y beneficios. El acceso a todo tipo de información no sólo es más sencillo sino más rápido y es instantáneo a veces. Hace la vida mucho más fácil y satisface muchas necesidades de manera inmediata. Es sencillamente maravillosa y eso que esto no ha hecho más que empezar, como quien dice. Pero, como no podía ser de otra manera, tiene algunos inconvenientes que conviene saber para neutralizarlos. Entre los tres principales se encuentra la a modo de necesidad de estar siempre conectados, por si nos perdemos información y contacto con los demás.  Relacionado con lo anterior está el riesgo de hacernos dependientes y adictos a esa conectividad continua y en tercer lugar la dificultad que conlleva de pararse a reflexionar sobre la información recibida y sobre nuestra vida en general. Los tres riesgos deben ser evitados procurando, en cuanto al primero, desconectar diariamente tiempo suficiente para volcarnos en el cuidado y la atención sobre  el mundo tangible y cercano que nos rodea. No es que el mundo digital no sea real, pero la realidad digital no puede invadir y anular la vivencia de la realidad tangible, que nos rodea. En algunos momentos la digitalización puede ser una huída rentable de la realidad palpable, si esta es desfavorable, pero si la huida es permanente, perdemos contacto con esa realidad que existe desde siempre  y eso nos puede enajenar. La adicción, como cualquier otra, debe ser evitada, pues ya sabemos hasta el punto en que puede ser dominante y esclavizadora. Pero donde mayor necesidad  veo de centrarse en la neutralización de sus efectos es en la necesidad de cultivar la reflexión, no solo sobre la información recibida, sino sobre la vida que llevamos. La reflexión, a diferencia de la impulsividad e instantaneidad, permite realizar  críticas razonables para evitar ser muy manipulados. Permite ese distanciamiento para ver la información en perspectiva y permite analizar los pros y contras y las facetas, caras e implicación de toda esa carga de información, así como evitar ser engullidos por la vorágine de noticias e informaciones múltiples que nos bombardean. El sujeto que reflexiona decidirá mejor y con más claridad, se orientará mejor y tendrá más control para aminorar las manipulaciones de que puede ser víctima.

¿Viva la digitalización, viva internet, vivan las redes sociales, los correos electrónicos, las aplicaciones y lo que venga!, pero sin permitir que nos dominen, invadan, anulen, enajenen, esclavicen o anestesien. Todo a nuestro servicio y no al contrario.

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¿SON TAN IMPORTANTES LAS NOTAS?
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Miguel Silveira | 01-07-2015 | 16:48| 0

Me temo seriamente que algo no estamos haciendo bien ni estamos totalmente acertados. Es fin de curso y en muchas familias habrá caido como una bomba el fracaso académico de alguno de los hijos. Ese fracaso parece que trastoca los planes y expectativas familiares y ante el mismo, el disgusto cae en la familia, como si de una maldición se tratase.

Fracasar académicamente o suspender, para entendernos y la alteración  que ocasiona son una señal evidente de que nuestra escala de valores se encuentra algo alterada. No, amigos, si el éxito académico no equivale al éxito humano y ni siquiera profesional en la mayor parte de los casos, tampoco el fracaso académico debe significar el fracaso personal.

Pero se hace dificil ajustar la escala de valores, aunque es completamente necesario. Si al tiempo que aprenden matemáticas, inglés o la lengua materna, nuestros hijos no aprenden con la misma intensidad a saber valorarse, a saber retardar las recompensas, a encajar las frustraciones, a manejar su tensión emocional y física,  a crear empatía en sus relaciones y tener habilidad para relacionarse con distintas personas lo que se dice bien. Si no les enseñamos a tener las ideas claras de lo que quieren y a empeñarse en conseguir sus objetivos. Si no les enseñamos a ser autónomos y responsables, así como legales, Si no les enseñamos a cuidar de su salud, a respetar las reglas del juego, y a saber expresarse de forma que se les entienda bien. Si no hacemos todo esto estaremos formando seres incompletos y la educación no estará contribuyendo al verdadero desarrollo humano, donde lo importante no son solo las calificaciones escolares.

¡Menos horas de clases y deberes, de particulares y de dedicación a aprender contenidos y algo más de atención a su crecimiento personal para que cuando abandonen sus estudios después de miles y miles de horas y salgan a la vida se vean fuertes para afrontarla exitosamente con sus altos y bajos.!

Si no corregimos esta tendencia habremos hecho un pan como unas hostias. Que no corra la sangre en estos dias de finales de curso. La serenidad, no exenta de disgustos en las reacciones personales,  puede ahorrar bastantes sinsabores, culpabilidad  y golpes de pecho.

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TANTO REMAR PARA ACABAR A LA ORILLA
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Miguel Silveira | 16-06-2015 | 15:41| 0

Se sentía deprimida, sin fuerzas y sin ganas, triste según pasaba el tiempo y sin ánimo para la lucha cotidiana. No entendía bien el por qué de su animo bajo, ella que siempre había sido muy activa y luchadora. Ahora no se reconocía al faltarle las fuerzas y el arranque. Se sentía deprimida y al no aceptar su estado deseaba en sus adentros superar esa etapa.

La depresión, amigos, no es una enfermedad, una lesión que tiene el sujeto paciente, una fallo en su cerebro, por mucho que le digan, y lo suelen decir, que les falta algo de una sustancia conocida como serotonina. Qué bien queda y qué fácil es decirlo y creerlo. Y ya está. Le aplicamos unos antidepresivos y esos medicamentos le aumentarán la producción de esa sustancia y  ¡bingo! la depresión desaparece en poco tiempo. No, señores, no amigos, la depresión no es una enfermedad o una lesión en los neurotransmisores. Es un estado fisico-psicológico al que se llega después de un proceso más o menos prolongado de desgaste, de agotamiento de las defensas, de tensión vital, de tensión muscular, de ansiedad y de estrés, producido a su vez por distintos factores, a veces agrupados en el tiempo. Suele ser resultado de un tiempo de desgaste donde el sueño y descanso son escasos, estando por debajo de las necesidades del sujeto. Es una desembocadura, un punto de llegada, una orilla a la que se llega después de remar hasta agotarse, un estado que ya estaba previsto, sin saberlo el sujeto. No se puede pedir a los fármacos lo que no pueden dar y a veces incluso lo complican. No se puede pedir que un manzano de peras. Nadie cae en la depresión sin haber padecido antes un estado de desgaste, de erosión de las fuerzas por estar peleando en varios frentes, siendo los frentes no solo los externos de problemas que nos sobrevienen sino de nuestro perfil o forma de ser, pensar y comportarnos. Si es una consecuencia hay que atacar no solo el estado depresivo sino también y al tiempo el estado de tensión o estrés que padecemos. Si no se atacan las causas al mismo tiempo no puede mejorarse. Por eso hay que ayudar a las personas a conocerse y conocer qué les afecta para tomarlo de otro modo, para que los impactos exteriores e internos no produzcan el desgaste tan serio que producen. Hay que tratar la depresión pero también la ansiedad y el estrés que están detrás. No puede superarse una depresión sin aprender a estar algo más relajado, dormir algo mejor, menos sobrecargado y sin dejar de abusar de nuestras fuerzas.

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FAMILIARES POLÍTICOS Y SUS IMPLICACIONES
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Miguel Silveira | 08-06-2015 | 21:28| 0

 

Si tienes la mala suerte de no ser aceptada/o por tus familiares políticos desde el primer momento bien porque no les sigues la corriente, porque no les agrada tu estilo, posición o estado o por cualquier otra razón, te habrá caído una pesada losa encima, sobre todo, si tu pareja no es capaz de poner las cosas claras e impedir que te invadan, impongan o utilicen.

Será siempre difícil conseguir un  equilibrio apropiado  para mantener unas relaciones civilizadas, al tiempo que mantener la independencia de ellos, tan necesaria en esos casos.

En esa situación lo peor que te puede ocurrir es que tu pareja justifique a su familia, se ponga de su parte y no entienda que lo más importante es estar a tu lado para construir vuestra familia o proyecto conjunto. Malo que vea con buenos ojos ese intervencionismo o el desprecio o que no se  atreva a situar los límites donde les corresponde a unos y otros.

Si tu pareja no te entiende, vete considerando y esperando que la relación vuestra termine más pronto que tarde, plagada de tensiones. Y si entiende que no debe haber por parte de su familia un intento de demolición de la pareja y no pone remedio, el final será igualmente desastroso.

Dado que la tendencia al boicot por parte de ellos será permanente, debes estar alerta procurando respetar que tu pareja mantenga unas buenas relaciones con los suyos, a lo que tiene derecho,  pero haciendo que  entienda que si eres rechazado no es posible llevar unas relaciones cordiales a partir de ese instante. Ceder tácticamente por tu parte será lo procedente para no deteriorar las relaciones de pareja, pero nunca ceder por sistema, porque la consecuencia es la amargura y el envenenamiento del carácter, además del estrés a que estaréis sujetos ambos.

En esos casos lo mejor es mantener unas relaciones espaciadas, cada cual en su casa, procurando evitar el mayor número de tensiones posibles, lo que será difícil o quizás imposible en muchos casos.

Los familiares políticos no se escogen. Vienen en el paquete. Por eso hay que ser muy hábiles cuando los que te tocan no te gustan o no les gustas tu. Muy hábiles para no acabar con lo que más te interesa, que es, sobre todo, tu pareja.

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ORIENTADOS A LAS PERSONAS
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Miguel Silveira | 01-06-2015 | 15:01| 0

 

Pues sí, dentro de las muchas clasificaciones que se pueden hacer sobre los seres humanos están los predominantemente “orientados a las personas”. Estos se caracterizan por ser especialmente sensibles hacia los comportamientos que los demás tienen con ellos y a los efectos que sus comportamientos tienen sobre los demás. Les afecta muy mucho lo que los demás puedan pensar, decir o hacer con ellos, la valoración, aprecio o desvalorización y falta de aprecio de quienes les rodean y tratan. Son muy sensibles y sentidos. Dan demasiada importancia a todo ello porque son desproporcionadamente dependientes de ellos. Sus actos giran en exceso en torno a los demás. Por eso también les afecta lo que hacen ellos mismos en cuanto a las repercusiones de sus actos con las demás personas. Son, en un palabra, seres para quienes su propio estado emocional importa mucho. Están más bien dominados por la carga de  su estado emocional para bien o para mal. Sus pasos están más bien calculados en función de su efecto en los demás. Viven, en una palabra demasiado en función de la gente. No es que esto sea negativo. Lo negativo más bien es dar a esa dependencia una excesiva predominancia y perder libertad de movimientos y actuaciones en sus vidas. Los demás pueden condicionarnos y nadie está libre del todo de esa influencia, pero condicionar la vida en función de la gente ni es sano ni práctico, pues uno deja de ser  en parte uno mismo al tener la atención escorada hacia el otro. Estos sufren bastante porque nunca se ven libres tanto del influjo de los demás como de lo que ellos influyen a los otros. En fin, que hay que orientarse también a las tareas, como escribiré en breve, para contrarrestar esta tendencia, que puede llegar a ser patológica en tanto en cuanto se exagere.

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VER LA ADVERSIDAD EN PERSPECTIVA
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Miguel Silveira | 21-05-2015 | 10:42| 0

Los contratiempos y adversidades  tienen la potencialidad de atrapar nuestra atención con tal fuerza que desplazan de la misma todo lo demás y se adueñan de nuestro estado emocional dejándonos inquietos, tristes, angustiados, en ocasiones abatidos, airados o cargados de odio. Actúan como un foco en la noche tan próximo a nosotros que apenas si vemos algo más a nuestro alrededor o lo vemos con gran dificultad. Al mismo tiempo que reducen nuestro campo de visión obstaculizan nuestra capacidad para tomar decisiones acertadas, sobre todo si ese atrapamiento es intenso y duradero.

Si no estamos sobre aviso resultará difícil  distanciarse del momento, el evento o la situación. Y sin embargo esa debería ser la reacción más apropiada: ganar algo de altura para ver el suceso en perspectiva, para tener la posibilidad de situar el evento dentro de un contexto más amplio que el del tiempo en que nos vemos enfrentados al problema. Si no nos distanciamos, corremos el riesgo de pensar que el suceso es más dramático de lo que es en si mismo. Conviene preguntarnos ¿qué significado e importancia tiene este suceso en nuestra trayectoria vital, en nuestros objetivos planteados en la vida, dentro de nuestro proyecto, relación, empresa o trabajo?

Podemos preguntarnos hasta qué punto es lógico preocuparnos hasta el extremo que lo hacemos. Y pensar que estamos a caballo entre el presente y el futuro, que no será siempre así ni quizás dure más tiempo del temido.  Ofuscarse y no querer oir o plantearnos otros aspectos del problema nos puede erosionar más de lo esperado. Al elegir un contexto más amplio y situar el acontecimiento en él, al ponerlo en relación con  él, se relativiza su importancia, cobra otra dimensión que en un primer momento no captamos. Como quiera que los sentimientos que provocan en nosotros tienen la particularidad de que tiñen no solo nuestro estado de ánimo sino nuestros comportamientos o acciones distanciarse, colocarlo en perspectiva enfría los sentimientos y nos lleva a tener más control de lo que hacemos.  A veces conviene airearlos con otras personas y puede contribuir a ver desde otro ángulo la realidad que nos aflige.

Conviene estar atentos porque una vez cargados de emoción, por inercia seguiremos sufriendo más tiempo del debido hasta que el transcurrir del tiempo nos sitúe en otra perspectiva. Adelantarse es una buena medida que ahorrará sufrimiento. Digo “ahorrará” porque eliminarlo resultará imposible.

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UNA CLAVE PARA CAMBIAR
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Miguel Silveira | 13-05-2015 | 21:07| 0

Cuando de cambiar algo de nosotros se trata lo primero que es necesario es saber qué hacemos mal y por tanto es necesario modificarlo. Si la ignorancia es nuestro aliado poco se puede hacer salvo ir dando palos de ciego. Se impone por lo tanto saber y aclararse. Pero con saberlo no es tampoco suficiente pues es como saber tocar el piano y no tocar una melodía. Es necesario ponerse a practicar las nuevas conductas deseadas. Pero tampoco es suficiente, para ser claros, pues podemos cansarnos enseguida y que todo quede en una buena intención sin mayor trascendencia. Es necesario finalmente ponerse a mantener el cambio el tiempo necesario hasta que nos conste que el hábito está aceptablemente constituído. Es aquí donde falla el noventa y cinco por ciento de las personas porque para las labores de mantenimiento, como en cualquier empresa, se requiere un esfuerzo continuado, algo que en estos tiempos ha ido perdiendo vigencia y no es una moneda de curso legal, que digamos.

De todas formas hay un aspecto que no falla en ese primer estadio, que es el de saber qué hacer o no hacer. Cuando estamos llevando a cabo comportamientos negativos, dañinos o nocivos para nuestra salud o para nuestras relaciones lo que no falla nunca es recurrir a los contrarios. Porque hacer lo contrario de lo negativo es siempre lo acertado. Si eres un glotón trata de quedar con hambre, si eres acelerado vete algo más despacio, si piensas siempre mal piensa algo bien de vez en cuando, si no perdonas nunca, perdona los defectos ajenos, si dejas para mañana las cosas procura hacerlas hoy, eres agresivo sé cortés, amable o afable y así sucesivamente. De esta forma no fallarás jamás.

Ah y también es una guía disminuir las conductas indeseables así como aumentar las que son escasas en nuestro repertorio.

Solo hace falta finalmente otro requisito. Querer llevar a cabo tales cambios. Si no se desea cambiar todo lo demás sobra, las cosas como son.

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ENTRE DOS FUERZAS OPUESTAS
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Miguel Silveira | 04-05-2015 | 10:21| 0

Dos fuerzas de distinto signo tratan de llevarnos en su dirección  y, dependiendo de la fuerza de una y otra, el resultado será muy diferente. Me refiero a la que tiene su base en el  sistema hipotalámico-hipofisario que nos empuja en el sentido de ceder a las tentaciones, que todos conocemos, es decir a encontrar la satisfacción y la recompensa inmediata, a dejarnos llevar de la apetencia o inapetencia en nuestros comportamientos, a sucumbir a los impulsos de conseguir lo que nos pide el cuerpo. Esta fuerza es más bien primitiva, propia del viejo cerebro de reptil que todos llevamos dentro. La segunda, asentada en el lóbulo prefrontal, es la que se encarga de evaluar los pros y contras al satisfacer nuestros deseos y apetencias, es la que se encarga de valorar las consecuencias de nuestros actos y gestionar debidamente los impulsos. Es una fuerza en la que la previsión de los planes y los efectos que se derivan de aplicarlos y la anticipación de resultados cuenta, después de considerar racionalmente lo que debemos o no hacer en función de nuestros objetivos, principios y valores. Dependiendo del dominio de una y otra las consecuencias a corto, medio y largo plazo pueden ser muy positivas o al contrario. Si la que predomina es la primera, es decir, la de no poder esperar y tener que conseguir la satisfacción inmediatamente, tendremos el resultado de compradores compulsivas, comedores, bebedores y fumadores compulsivos, ludópatas y todo tipo de adictos, en cualquier área de la vida. Estos sufren grandes dificultades para esperar las recompensas y se vuelven caprichosos. Son los que predominantemente sucumben a las conocidas tentaciones. Ese predominio suele ser fuente de desgracia y desastre personal. Si la que predomina es la segunda tendremos personas capaces de controlar sus impulsos, de hacer lo que conviene a sus objetivos elegidos, de no hacer aquello que aparte del objetivo y objetivos elegidos y los que son emocionalmente inteligentes, en el sentido de que, aunque experimenten  emociones, saben gestionarlas de manera adecuada. Son personas más maduras, más proactivas y moderadas.  No está contraindicado dejarse llevar de los impulsos y emociones ni tampoco hace falta disponer de un gran control, como si de grandes racionalistas se tratase. Lo ideal es mantener el equilibrio, pero de imponerse, es preferible que se imponga la fuerza de la parte más evolucionada del cerebro, del córtex prefrontal porque se favorece la salud mental, la estabilidad emocional, el equilibrio, el éxito en nuestras relaciones personales y en la gestión de nuestra vida.  Ciertamente es difícil porque casi todo el contexto social, tecnológico y cultural facilita más el ejercicio de la primera fuerza. Por lo menos nos conviene saberlo, sobre todo a los padres.

 

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VIOLENCIA. ¿A DONDE VAMOS?
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Miguel Silveira | 27-04-2015 | 11:31| 0

Leyendo estos dias los medios da la sensación de que la violencia se extiende gratuitamente y  buen ritmo en todas las esferas. Madres que tiran a sus hijos por una ventana, parejas que se agreden con resultado o no de muerte, hijos que maltratan a sus padres, alumnos que acosan a sus compañeros, alumnos que matan a sus profesores, etc. etc. Quisiera yo aportar mi granito de arena reflexionando sobre este doloroso tema. Me pregunto si es habitual en las familias instruir a sus hijos sobre la no violencia y mi respuesta es NO. No es una práctica común ni constatada esa educación en los valores del respeto, de la amabilidad, la compasión, de la paz y de la tolerancia, cono debía ser. Simplemente no se habla o no se aprovecha para enseñar a los pequeños y medianos en el control de la agresividad y de los impulsos violentos que por otra parte son inherentes al ser humano, como muy bien sabemos, desde que Caín mató a su hermano Abel con una quijada de asno. Más bien se educa en dar facilidades y cuando surge la frustración el individuo no se encuentra entrenado en encajarla de la mejor manera. Me pregunto si los medios, además de airear los episodios violentos con todo lujo de detalles y repetitivamente, aprovechan para propagar, sembrar y recordar (actualizar se dice en estos tiempos) todos estos valores para que sirva de freno a esa tendencia, que parece va en alza y mi respuesta es NO, o es muy escasa, porque esos valores no venden ni prenden en nosotros como el morbo de las agresiones violentas. Me pregunto si las instituciones y los agentes sociales influyentes aprovechan momentos para recordar lo importante          que es no abusar de la gente para no provocar en ellos la respuesta violenta y mi respuesta es NO o tan insuficiente que apenas se percibe. Me pregunto si los que tienen influencia moral sobre los ciudadanos hacen todo lo posible para cultivar  la justicia, la paz, la confianza y las buenas prácticas morales y mi respuesta es NO, a la vista de cómo están las cosas. Me pregunto si cada uno de nosotros hacemos lo posible por responsabilizarnos de respetar a los demás y mi respuesta es NO. No es moneda de uso corriente. Así que entre que falta difusión, propagación y defensa aireada de los valores humanos contrarios a la violencia por parte de familias, instituciones educativas, religiosas, políticas y culturales y entre que lo que es noticia son los actos violentos, no parece que sople viento favorable a frenarlos, sino más bien el terreno se encuentra bien abonado para su aparición y su pujanza. Si además en el ambiente se encuentran escenas violentas que hacen que nos resulte familiar esta respuesta, todo se entiende más. Habríamos de responsabilizarnos todos para ir favoreciendo un clima de respeto, justicia, tolerancia, ética y buenas prácticas. De lo contrario, no hay que ser adivino para saber cómo va a evolucionar esta tendencia.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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