El Comercio
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¡NO TE LO CREAS!
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Miguel Silveira | 21-12-2008 | 01:24| 0

Igual que hasta hace no mucho tiempo solías ver a mujeres sacudiendo la alfombra del dormitorio o el mantel de la mesa en la ventana, echando su suciedad a los demás, es costumbre consolidada echar sobre la gente la basura poniendo en evidencia los defectos que tiene o que se inventan. Es frecuente escuchar ataques a la valía del otro menoscabando sus méritos y logros.

Es habitual señalar lo negativo, sea verdad o mentira, del empleado, profesor, pariente o conocido. Suelen venirnos a la boca palabras descalificadoras y a veces despectivas en relación con las personas a las que envidiamos o les tenemos tirria. Es usual, aunque no debía serlo, hablar mal de la gente delante de los otros y reducir con ello su propia percepción de auto eficacia. Viendo cómo está el patio, es esperable oir echarse en cara entre miembros del clan familiar, vecinal, laboral o de otra índole los fallos que cometen o inventarse argumentos para atacar su valía personal. Señalar lo negativo al hablar de la gente tiene plena vigencia.

No habremos de extrañarnos de esta práctica social, que unas veces se hace para desahogar frustraciones personales y otras con la aviesa intención de amedrentar al otro, de vencerle, de dejarle humillado o como una manera de escalar posiciones dejándole vencido por acoso. Sin embargo no debe permitirse que los demás minen nuestra confianza en nosotros, verdadero bastión o baluarte de nuestra vida misma. Podremos oir, que no escuchar, palabras nacidas de la envidia, pero no permitirnos su creencia, su interiorización para no socavar nuestros talentos y nuestra motivación existencial.

Conviene hacer oídos sordos ante palabras maliciosas y mantener intacta la conciencia de personas valiosas que creen en ellas mismas. No hay que creer, sean verdad o mentira, las frases o palabras que pueden minar el buen auto concepto, indispensable para moverse con indómita fuerza por la vida. No te creas, por lo tanto, los comentarios y palabras descalificadoras que digan sobre ti, sobre todo si lo dicen airados, frustrados, con las venas hinchadas y con la aparente intención de hacer de ti un montón de cenizas.

Es preciso impermeabilizarse ante la suciedad que otros quieren lanzar a nuestra cara, por el deseo, inconsciente o consciente, de esconder sus debilidades señalando las nuestras. No te lo creas, amigo. Ante comentarios y palabras hirientes ponte el impermeable y deja que resbalen.

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SABER DECIR “NO”
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Miguel Silveira | 14-12-2008 | 19:10| 0

Si alguien le hace una petición o le pide un favor, dando por supuesto que usted accederá, prepárese porque si le dice que “NO” el otro seguro que se va a incomodar aunque no se lo diga, le parecerá mal y encontrará razones para su malestar.

Precisamente por eso, porque el abordado supone que el peticionario se va a sentir molesto ante una negativa, es por lo que suele decir “SI” aunque en su fuero interno no le apetezca complacerle. Tememos que determinados miembros de la familia, que los amigos, conocidos o colegas se enfaden con nosotros si frustramos sus peticiones o exigencias y por eso decimos SI cuando quisiéramos decir NO sin perder la compostura.

La posibilidad de perder la aprobación, el aprecio, la estima, la amistad o la compañía de los cercanos empuja a mucha gente a complacerles cuando en su fuero interno no están por la labor porque tienen o bien otras ideas, otros deseos, otros planes, proyectos, tareas o compromisos o simplemente otra mentalidad.

Tres son los estilos existentes de resolver estas demandas. Uno es el “pasivo”, el que cede, se calla y consiente, asiente y acepta con resignación lo que le piden pero por dentro se cuece, se estresa y desazona porque no es capaz de diferir y de oponerse. Otro es el “agresivo”, aquel que dice NO de manera descortés, maleducada, violenta, levantando la voz, cortante y de malas maneras. Se expresa con violencia y deja que su impulso de malestar se exprese conforme le llega a la garganta.

El “asertivo” es el tercer estilo, el mejor, porque sabe expresar su emoción, su deseo, sabe negarse con serenidad, controlando su voz y mirando de frente, relajado pero sin temor a que el otro se contrarie al no lograr el objetivo. Este es capaz de hablar sinceramente, expresando sus razones, sus motivos sin dejarse manipular por el peticionario por mucho que este insista o quiera manipularlo para lograr salirse con la suya. El asertivo suele decir “lo siento, no puedo, no me gusta, no entra en mis planes”, “no lo veo apropiado, oportuno o procedente” y lo dice quedándose tranquilo sin sentirse culpable y sin remordimientos.

¡Qué difícil! ¿verdad?. Difícil, pero estando uno seguro de si mismo es la mejor manera de quedar liberado de opresión y de angustia en vez de carcomido, pero también sin herir ni maltratar al otro. Es muy reconfortante saber salir airoso y si los demás se molestan qué le vamos a hacer. Ser asertivo es una habilidad inestimable.

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RECIÉN SEPARADA
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Miguel Silveira | 06-12-2008 | 23:10| 1


Se acaba de separar después de muchos años de casada con un hombre al que seguía queriendo aún mientras a él se le había acabado el amor hacía tiempo y se las arreglaba para ausentarse de su vera. Ella, que siempre había dependido de él y sus ingresos, siempre dedicada a la casa y la familia, que no había trabajado en una empresa pues pensaba que la mejor empresa era criar a sus dos hijos y atender al marido, ahora vive de una pensión compensatoria en un piso alquilado, sin trabajo y, lo peor, casi sin esperanza. No es que sus escasos fondos le angustien, que le angustian, lo peor es que no tiene fuerzas para salir del socavón y remontar. Había abandonado las relaciones con amigas y ahora se siente desplazada socialmente, sola y desubicada, con los hijos criados, pero perdida, sin acertar muy bien qué camino tomar.

Y pasan, van pasando los dias y la ilusión le falta, las ganas son escasas y su motivación se arrastra por el suelo.

Déjame que te diga, desolada mujer, que si bien empezar otra vez en esas circunstancias es difícil no debes esperar que pasen las semanas sin decidir con toda intensidad la remontada. No te quedes ahí dando pena a la gente. Si lloras, llora sola, pero aprieta los dientes y determina que el tiempo que te queda por delante no va a ser un tormento, una lucha estéril, un fracaso sonado, ni vas a arrastrar tu alma desesperada. Hincha el pecho, respira y coge impulso. Empieza por cambiar de actitud, de conductas y, sin demasiada prisa, con tu casa y tus horarios ordenados piensa en buscar algún trabajo, introduce en tu vida actividades varias de conocer a gente, cultiva tu cerebro aprendiendo esas cosas que te gustan y, sin miedo, traba contacto con la gente, usa Internet con prudencia y cuidado y apúntate aunque sea a un bombardeo, pero sal de ese pozo, bendita sea tu estampa.

Quizás más adelante encuentres quien te atienda y desee estar contigo compartiendo contigo algunas ilusiones, pero en ese intervalo no dejes de quererte y animarte, de ver lo positivo que te espera. O ¿preferías seguir atada, como estabas, sin horizonte y sin mucha gracia el resto de tu vida? Mujer, no eres la única separada que existe. ¿Lo has pensado? Existen, como tú otras muchas mujeres y otros hombres que se hallan deseosos de reemprender su marcha. ¡Vamos! ¿No habrás pensado en deambular, errante y como un alma en pena?

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NO ACTUAR BAJO LA IRA
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Miguel Silveira | 29-11-2008 | 22:58| 0

Multitud de errores se cometen por tomar decisiones importantes cuando uno se encuentra bajo el impulso de la ira, porque el resentimiento y el rencor son el motor que empuja hacia adelante.

La ira, aunque sea razonable sentirla, tiene la facultad de cegarnos e impedir ver el bosque en su conjunto, ver las cosas con calma, en perspectiva y serenos. La ira es una emoción invasiva y envolvente que tan sólo permite ver el modo de ejercer la venganza, cuando horas más tarde o quizás días, uno puede encontrar absurdo haberse dejado dominar por su fatal impulso. Por eso, decidir bajo su influencia no es nunca aconsejable.

Aunque citar santos no es mi especialidad, sin embargo me apetece citar a S. Ignacio cuando decía que “en tiempos de tribulación no conviene hacer mudanza”, y no es poca tribulación lo que produce un ataque de cólera. La rabia puede acabar tanto en ataques al otro como en auto atacarse de diferentes formas, a veces levemente pero a veces muy gravemente, ya se sabe. Bajo su influencia uno puede decidir separarse y luego arrepentirse, cortar la relación con la familia y luego arrepentirse cuando es tarde. O puede uno salir de casa, montarse en el coche y acabar estrellado, si no arrollando a alguien. Bajo un ataque de ira uno puede decir barbaridades y luego darse cuenta de que se había pasado varios pueblos.

Lo más aconsejable, pues, es desconectar de inmediato en cuanto la tensión se apodera del cuerpo y de la mente, salir y alejarse de la situación, distraerse, si acaso comentarlo con alguien más sereno y decidir aplazar las acciones hasta que la adrenalina haya bajado de nivel y la sangre haya terminado de hervir. Y luego, sólo entonces, valorar la mejor actuación, la que es más conveniente en la seguridad de que la decisión será más acertada.

En todo caso lo mejor es no llegar a enfadarse y perder los estribos, no permitir que la explosión suceda, pues es la mejor forma de garantizar el control de malos sentimientos y daños colaterales. Ya se sabe que es mejor no provocar el incendio que apagarlo, sobre todo cuando ya está extendido y avivado. Lo dicho anteriormente es aplicable para todas las gentes pero especialmente para los paranoicos que suelen ver en los demás unos seres molestos que buscan nuestro mal. Los malpensados necesitan muy poco para cargarse de razones y emprender el ataque violento. De todas formas recuerde: si está muy enfadado…no se arriesgue.

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LOS NUEVOS SOLITARIOS
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Miguel Silveira | 23-11-2008 | 02:33| 0

Según France Irigoyen, Hikikomori es el nombre que reciben los hijos socialmente excluídos en Japón. Son ya cientos de miles en ese país, el 1% de la población japonesa, que por temor a enfrentarse a la realidad se refugian en sus casas, en una realidad virtual de videojuegos, Internet, etc. No practican la sexualidad real sino que fantasean con películas porno o video juegos. Si salen es de noche por calles desiertas para agenciarse alguna bebida o comida de algún distribuidor automático con tal de no entrar en contacto con otros seres humanos.

Parecerá extraño e inusual este fenómeno en Occidente pero ya se va incubando y contagiando aquí también esa tendencia, pues cada vez más jóvenes huyen de la familia, se meten en su cuarto y allí permanecen y comen frente al ordenador, la tele o la videoconsola.

Es un comportamiento marginal al que algunos se someten huyendo de la sociedad. Es fruto de los tiempos y va en aumento paulatino. Son los nuevos solitarios que renuncian al contacto social o lo limitan seriamente. Sin llegar al extremo de los hikikomori caminan en esa dirección para asombro de muchos ciudadanos. Se puede argumentar que son personas solitarias y huidizas que han encontrado alivio y refugio en su adicción a las nuevas tecnologías y sus contenidos pero es que la tendencia moderna a aislarse es un hecho incuestionable y dentro de esa tendencia hay casos cada vez más notables.

Por eso es conveniente conocer que un refugio sistemático y una escapada social de gran calibre son altamente insanos para quien los practica. De acuerdo que es más cómodo evitar los encuentros sociales muchas veces por el esfuerzo que suponen pero ha de frenarse esta tendencia en quien la tenga acentuada, sobre todo si hablamos de los adolescentes, haciendo lo contrario que es relacionarse y hablar con las personas, no sólo virtualmente.

Respecto a los niños los padres habrán de procurar, si sus hijos rechazan acudir a las clases porque prefieren quedar metidos en sus casas, combatir esas conductas forzándoles a que acudan al colegio y que se integren, les guste o no les guste. La soledad y el aislamiento buscados tan precozmente sólo pueden acarrear muy malas consecuencias con el tiempo. Una cosa es que las máquinas estén a su servicio y otra que estén subyugados por ellas. No es que todos los niños que se resisten a ir a clase tengan esta tendencia, pero si se descubre que detrás hay un rechazo social hay que forzarles a integrarse.

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DAR PARA RECIBIR
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Miguel Silveira | 16-11-2008 | 00:10| 0

Menos mal que podemos sacar buenas lecciones de la crisis que nos asola. Esta, producto de la avaricia insaciable de bastantes depredadores financieros, ha demostrado que el egoísmo, como decía Franklin Roosvelt, “es malo e irresponsable desde el punto de vista moral pero ahora sabemos que también es malo desde el punto de vista económico”.

Que es malo moralmente lo sabíamos aunque a algunos les resbala ese conocimiento, pero no siempre se detecta que también en la economía (que es en definitiva lo que mueve este mundo) sea contraproducente. El egoísta, aunque gane, perjudica también económicamente a los que exprime porque tiende a no repartir sino a quedarse con todo cuanto puede. Sin embargo, a la inversa, no es fácil admitir que el altruísmo produce beneficios, incluso económicos, a quienes lo practican, pero es cierto.

Por el “principio de reciprocidad”, inserto en nuestra cultura y en nuestra psicología, si das, si prestas tus servicios, si ayudas sin buscar los beneficios, no sólo te produce grandes satisfacciones psicológicas sino que económicamente aquellos llegan más tarde o más temprano, de ordinario multiplicados y de esto hay muchas pruebas. Es posible esperarlos porque por el principio aludido, cuando das, cuando ayudas, cuando entregas se produce en el otro un estado de obligación interna, de compromiso, una especie de deuda moral que impulsa a satisfacer al otro para saldarla.

Sin embargo me estoy imaginando que hay que gente que difiere y te dirá que ellos se han entregado en alma y vida y en lugar de recibir la respuesta adecuada han sido utilizados, estrujados, usados por personas a quienes se entregaron sin reserva. No les falta razón pero eso se produce por dos causas: porque han dado con gente sumamente egoísta cuya meta es el aprovecharse y porque se han seguido entregando a pesar de caer en la cuenta de que el beneficiado no respondía pasado el tiempo. A poco que observasen habrían dosificado su entrega y su altruismo a esas personas. Por tanto la generosidad es rentable hasta económicamente, salvo algunas excepciones, pero hay que hacerlo dosificadamente, no permanentemente y sin reservas (a no ser que uno así lo pretenda sin buscar la respuesta) para evitar acostumbrar mal a quien recibe y además tener los ojos bien abiertos para no hacerlo con los depredadores sin conciencia. En los demás casos es siempre rentable en todos los sentidos.

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ESTATE QUIETO, NIÑO
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Miguel Silveira | 07-11-2008 | 19:46| 0

Nos es familiar el espectáculo de niños que estando con sus padres de visita o en la consulta del pediatra, en una tienda o en el restaurante no pueden parar quietos, tocando y revolviendo cuanto encuentran, molestando a la gente o interrumpiendo como si fuesen los amos del espacio. Y lo peor de todo, sus padres lo consienten sin llamarles la atención de forma contundente. Algunos a lo sumo les dicen con suavidad, como rogándoles, que por favor no toquen las cosas, pero como si nada pues saben esos niños que ese tono les permite seguir moviéndose a sus anchas.
Resulta sorprendente que esos padres no caigan en la cuenta de que sus hijos están traspasando el límite que exigen las reglas de respeto y de la convivencia. “Es que no se puede estar quieto”, manifiestan los padres, como si se tratase de una llama inextinguible. No les llames la atención pues te caerá la bronca.
Así que tales niños, al no sentir ni percibir la obligación firme de permanecer sentados y quietos hasta terminar la visita o la comida seguirán incordiando a los presentes. “Es que se aburre”, te dirá alguna madre. ¡Pues que se aburra!, que aprenda que aburrirse y hacer lo que no le interesa forma parte del guión y de un aprendizaje en el respeto a los límites, que a menudo, por cierto, no se fijan.
Los niños tienen que aprender a estarse quietos por distintas razones, la primera, por su bien, para que aprendan que no pueden campar por sus fueros e invadir el territorio ajeno, la segunda porque les conviene ya que la inquietud exagerada lleva consigo pérdida de atención y comportamientos disruptivos donde deben permanecer quietos y sentados, como es en el colegio y la tercera por respeto social, para que se acostumbren que los demás no deben soportar su inquietud motriz y con ella sus molestias e incordio.
Los padres han de tomar conciencia de que deben parar al niño y acostumbrarlo a que se mueva y de suelta a sus nervios sólo donde pueda hacerlo sin problema. Pero como hoy en día el niño es el señor del territorio y reñirle o fijarle los límites parece políticamente no correcto, nos encontramos con estas malas prácticas que, conviene dejarlo claro, al primero que acabarán dañando es al propio pequeño con el paso del tiempo. ¡Cuantos adolescentes quisieran que cuando eran pequeños les hubiesen obligado a estarse quietos cuando convenía hacerlo y no verse luego víctimas de la falta de atención, la ansiedad y las drogas! Por ejemplo.

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DE ESCÁNDALO
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Miguel Silveira | 31-10-2008 | 16:55| 0

Entre el fracaso de las últimas leyes de educación en fomentar satisfactoriamente que los niños comprendan y razonen, más los métodos de aprendizaje de los libros de texto actuales que no logran el éxito del niño en razonar y relacionar conocimientos, más la falta de preparación pedagógica de (algunos) profesores para enseñar a sus alumnos a comprender, más el aumento de casos de deficit de atención e hiperactividad de muchos niños, estamos haciendo en educación un pan como unas tortas.

Un desastre del que se salvan algunos pero otros muchísimos sucumben y pasan por sus estudios sin enterarse bien de lo que estudian ni aprenden a expresarse oralmente y por escrito, ni aprenden métodos de estudio para asimilar los contenidos y poder trasladar esas habilidades a su vida. Es ingente el número de niños fracasados a quienes sus padres proporcionan clases particulares, sin resolver con ello el grave problema de comprensión que tienen, además de agotarles y hacerles odiar el aprender.

Con los métodos actuales muchos niños leen sin comprender de forma suficiente el vocabulario de los textos, no aprenden a expresarse bien porque no practican la redacción suficientemente y además muchos tienen que aprender de memoria aquello que no entienden.

Una de dos o las autoridades se proponen en serio que todos los profesores, al menos de primaria, aprendan a formarles en la comprensión lectora, en la expresión oral y escrita y en la automatización del cálculo o el resultado promete ser demoledor en poco tiempo en cuanto al número de alumnos afectados. Pasar por la escuela sin asegurarse de que un niño entienda bien lo que estudia y sin asegurarse de que es capaz de expresar con sus propias palabras lo estudiado es asegurarse el fracaso no sólo en los estudios sino en no poder aplicar esas habilidades a su vida en el futuro.

Dejar que un niño llegue a secundaria sin dominar estos repertorios básicos es condenarlo a que fracase también en secundaria y luego tener que optar por la promoción casi automática aunque no haya superado los niveles básicos. Para completar el panorama pesimista baste con añadir lo que viene de los niños, a saber el escaso nivel de atención que presentan y podremos hacernos cargo de lo que nos espera. Un escándalo y una licencia que no podemos permitirnos en esta calificada como la sociedad del conocimiento, del valor añadido y de la inteligencia innovadora. Espero que nadie se me pique.

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AUTOINEFICACIA PERCIBIDA
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Miguel Silveira | 26-10-2008 | 08:39| 0

Acabo de conocer a una joven mujer muy preparada en cuestiones de arte, carrera que ha estudiado. En la conversación me mantuve boquiabierto por sus conocimientos y dominio del tema no sólo en cuanto al contenido sino en cuanto al lenguaje utilizado. Se la ve tan preparada que incluso ha hecho de “negra” escribiendo para otros conferencias, y algún capítulo de libros ajenos, además de aportaciones varias en la investigación de esta materia. Sin embargo tiene un defecto: tiene la autoestima tan baja en ese campo que no se ve capaz de darse a conocer escribiendo y ofrecerlo a las publicaciones o a los medios.

Dice que ¡no sabe expresarse! Que no sabe escribir, que a nadie le interesa lo que pueda escribir, que no es capaz de llamar la atención de los lectores ni interesar a nadie en esa maravilla que es el arte, sus monumentos, sus creaciones y sus tesoros culturales.

De nada le sirvió que le dijésemos que captó la atención de sus oyentes de forma apasionada e interesante. De nada. No se puede creer que vale lo que vale y si alguien se lo dice lo toma como un cumplido más que no cree merecer.

Como esa mujer hay miles de personas que, siendo muy valiosas, se creen insignificantes y no dignas de reconocimiento y pasan por la vida escondiendo sus potencialidades y talentos. Sólo les hace falta comenzar a escribir o a realizar aquello que tratan de evitar y para lo que valen, además de persistir en ello con paciencia. Solo por esa vía pueden caer en la cuenta de los diamantes que atesoran y podrán realizarse. De no hacerlo se morirán de pena, admirando a personas más mediocres, quizás, pero con más agallas y sin tantos complejos ni barreras mentales.

La cuestión es dejar de tirar piedras contra el propio tejado y empezar a creerse que pueden lo que pueden, a percibirse autoeficaces. Empezar a atraer al pensamiento positivo, creyendo en ellas mismas y tratando de demostrarlo hasta convencerse de su propia valía.

La baja autoestima es una lacra arraigada que sólo se supera sumando miles de pequeños aciertos y logros día tras día y tomando conciencia de que son ¡de fabricación propia. Si además te dicen “chico/a tú vales mucho” con más razón aún para lanzarse sin temor a la piscina.

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AFORTUNADOS
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Miguel Silveira | 19-10-2008 | 11:49| 0

Afortunados los que se aceptan como son porque se sentirán siempre centrados y en paz consigo mismos.

Afortunados los que saben ver retos y oportunidades cuando tienen problemas porque encontrarán soluciones y seguirán creciendo.

Afortunados los que gozan de sentido del humor porque relativizarán los contratiempos.

Afortunados los que tienen un proyecto de vida porque darán dirección y sentido a su existencia.

Afortunados los que tienen confianza en si mismos porque no estarán sólo a expensas del aprecio ajeno.

Afortunados los que saben disfrutar de la vida en toda su riqueza porque estarán vacunados contra la amargura y la tristeza.

Afortunados los que desean aprender y obtener conocimientos porque se sentirán enriquecidos.

Afortunados los que centran su atención en el “aquí y ahora” porque tendrán más cultivada su concentración y su memoria.

Afortunados los que tienen orden y disciplina en su vida porque serán estarán más fortalecidos.

Afortunados los que disfrutan con lo que tienen y no están pendientes de lo que les falta, porque estarán contentos con su vida.

Afortunados los que cuidan su sueño y su descanso porque rendirán más y pensarán más fácilmente.

Afortunados los que tienen quien les quiera porque se sentirán apoyados en momentos de aflicción.

Afortunados los que tienen trabajo porque se sentirán seguros ante los reveses financieros.

Afortunados los que se valen por si mismos porque tendrán el control de su vida dentro de ellos.

Afortunados los que no tienen miedos irracionales porque se sentirán libres y atrevidos.

Afortunados los que tienen ilusión y esperanza porque tendrán motivación para nuevos proyectos.

Afortunados los que tienen tranquila su conciencia porque dormirán relajados.

Afortunados los que ayudan a la gente porque se sentirán más humanamente realizados.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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