El Comercio
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ESTATE QUIETO, NIÑO
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Miguel Silveira | 07-11-2008 | 19:46| 0

Nos es familiar el espectáculo de niños que estando con sus padres de visita o en la consulta del pediatra, en una tienda o en el restaurante no pueden parar quietos, tocando y revolviendo cuanto encuentran, molestando a la gente o interrumpiendo como si fuesen los amos del espacio. Y lo peor de todo, sus padres lo consienten sin llamarles la atención de forma contundente. Algunos a lo sumo les dicen con suavidad, como rogándoles, que por favor no toquen las cosas, pero como si nada pues saben esos niños que ese tono les permite seguir moviéndose a sus anchas.
Resulta sorprendente que esos padres no caigan en la cuenta de que sus hijos están traspasando el límite que exigen las reglas de respeto y de la convivencia. “Es que no se puede estar quieto”, manifiestan los padres, como si se tratase de una llama inextinguible. No les llames la atención pues te caerá la bronca.
Así que tales niños, al no sentir ni percibir la obligación firme de permanecer sentados y quietos hasta terminar la visita o la comida seguirán incordiando a los presentes. “Es que se aburre”, te dirá alguna madre. ¡Pues que se aburra!, que aprenda que aburrirse y hacer lo que no le interesa forma parte del guión y de un aprendizaje en el respeto a los límites, que a menudo, por cierto, no se fijan.
Los niños tienen que aprender a estarse quietos por distintas razones, la primera, por su bien, para que aprendan que no pueden campar por sus fueros e invadir el territorio ajeno, la segunda porque les conviene ya que la inquietud exagerada lleva consigo pérdida de atención y comportamientos disruptivos donde deben permanecer quietos y sentados, como es en el colegio y la tercera por respeto social, para que se acostumbren que los demás no deben soportar su inquietud motriz y con ella sus molestias e incordio.
Los padres han de tomar conciencia de que deben parar al niño y acostumbrarlo a que se mueva y de suelta a sus nervios sólo donde pueda hacerlo sin problema. Pero como hoy en día el niño es el señor del territorio y reñirle o fijarle los límites parece políticamente no correcto, nos encontramos con estas malas prácticas que, conviene dejarlo claro, al primero que acabarán dañando es al propio pequeño con el paso del tiempo. ¡Cuantos adolescentes quisieran que cuando eran pequeños les hubiesen obligado a estarse quietos cuando convenía hacerlo y no verse luego víctimas de la falta de atención, la ansiedad y las drogas! Por ejemplo.

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DE ESCÁNDALO
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Miguel Silveira | 31-10-2008 | 16:55| 0

Entre el fracaso de las últimas leyes de educación en fomentar satisfactoriamente que los niños comprendan y razonen, más los métodos de aprendizaje de los libros de texto actuales que no logran el éxito del niño en razonar y relacionar conocimientos, más la falta de preparación pedagógica de (algunos) profesores para enseñar a sus alumnos a comprender, más el aumento de casos de deficit de atención e hiperactividad de muchos niños, estamos haciendo en educación un pan como unas tortas.

Un desastre del que se salvan algunos pero otros muchísimos sucumben y pasan por sus estudios sin enterarse bien de lo que estudian ni aprenden a expresarse oralmente y por escrito, ni aprenden métodos de estudio para asimilar los contenidos y poder trasladar esas habilidades a su vida. Es ingente el número de niños fracasados a quienes sus padres proporcionan clases particulares, sin resolver con ello el grave problema de comprensión que tienen, además de agotarles y hacerles odiar el aprender.

Con los métodos actuales muchos niños leen sin comprender de forma suficiente el vocabulario de los textos, no aprenden a expresarse bien porque no practican la redacción suficientemente y además muchos tienen que aprender de memoria aquello que no entienden.

Una de dos o las autoridades se proponen en serio que todos los profesores, al menos de primaria, aprendan a formarles en la comprensión lectora, en la expresión oral y escrita y en la automatización del cálculo o el resultado promete ser demoledor en poco tiempo en cuanto al número de alumnos afectados. Pasar por la escuela sin asegurarse de que un niño entienda bien lo que estudia y sin asegurarse de que es capaz de expresar con sus propias palabras lo estudiado es asegurarse el fracaso no sólo en los estudios sino en no poder aplicar esas habilidades a su vida en el futuro.

Dejar que un niño llegue a secundaria sin dominar estos repertorios básicos es condenarlo a que fracase también en secundaria y luego tener que optar por la promoción casi automática aunque no haya superado los niveles básicos. Para completar el panorama pesimista baste con añadir lo que viene de los niños, a saber el escaso nivel de atención que presentan y podremos hacernos cargo de lo que nos espera. Un escándalo y una licencia que no podemos permitirnos en esta calificada como la sociedad del conocimiento, del valor añadido y de la inteligencia innovadora. Espero que nadie se me pique.

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AUTOINEFICACIA PERCIBIDA
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Miguel Silveira | 26-10-2008 | 08:39| 0

Acabo de conocer a una joven mujer muy preparada en cuestiones de arte, carrera que ha estudiado. En la conversación me mantuve boquiabierto por sus conocimientos y dominio del tema no sólo en cuanto al contenido sino en cuanto al lenguaje utilizado. Se la ve tan preparada que incluso ha hecho de “negra” escribiendo para otros conferencias, y algún capítulo de libros ajenos, además de aportaciones varias en la investigación de esta materia. Sin embargo tiene un defecto: tiene la autoestima tan baja en ese campo que no se ve capaz de darse a conocer escribiendo y ofrecerlo a las publicaciones o a los medios.

Dice que ¡no sabe expresarse! Que no sabe escribir, que a nadie le interesa lo que pueda escribir, que no es capaz de llamar la atención de los lectores ni interesar a nadie en esa maravilla que es el arte, sus monumentos, sus creaciones y sus tesoros culturales.

De nada le sirvió que le dijésemos que captó la atención de sus oyentes de forma apasionada e interesante. De nada. No se puede creer que vale lo que vale y si alguien se lo dice lo toma como un cumplido más que no cree merecer.

Como esa mujer hay miles de personas que, siendo muy valiosas, se creen insignificantes y no dignas de reconocimiento y pasan por la vida escondiendo sus potencialidades y talentos. Sólo les hace falta comenzar a escribir o a realizar aquello que tratan de evitar y para lo que valen, además de persistir en ello con paciencia. Solo por esa vía pueden caer en la cuenta de los diamantes que atesoran y podrán realizarse. De no hacerlo se morirán de pena, admirando a personas más mediocres, quizás, pero con más agallas y sin tantos complejos ni barreras mentales.

La cuestión es dejar de tirar piedras contra el propio tejado y empezar a creerse que pueden lo que pueden, a percibirse autoeficaces. Empezar a atraer al pensamiento positivo, creyendo en ellas mismas y tratando de demostrarlo hasta convencerse de su propia valía.

La baja autoestima es una lacra arraigada que sólo se supera sumando miles de pequeños aciertos y logros día tras día y tomando conciencia de que son ¡de fabricación propia. Si además te dicen “chico/a tú vales mucho” con más razón aún para lanzarse sin temor a la piscina.

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AFORTUNADOS
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Miguel Silveira | 19-10-2008 | 11:49| 0

Afortunados los que se aceptan como son porque se sentirán siempre centrados y en paz consigo mismos.

Afortunados los que saben ver retos y oportunidades cuando tienen problemas porque encontrarán soluciones y seguirán creciendo.

Afortunados los que gozan de sentido del humor porque relativizarán los contratiempos.

Afortunados los que tienen un proyecto de vida porque darán dirección y sentido a su existencia.

Afortunados los que tienen confianza en si mismos porque no estarán sólo a expensas del aprecio ajeno.

Afortunados los que saben disfrutar de la vida en toda su riqueza porque estarán vacunados contra la amargura y la tristeza.

Afortunados los que desean aprender y obtener conocimientos porque se sentirán enriquecidos.

Afortunados los que centran su atención en el “aquí y ahora” porque tendrán más cultivada su concentración y su memoria.

Afortunados los que tienen orden y disciplina en su vida porque serán estarán más fortalecidos.

Afortunados los que disfrutan con lo que tienen y no están pendientes de lo que les falta, porque estarán contentos con su vida.

Afortunados los que cuidan su sueño y su descanso porque rendirán más y pensarán más fácilmente.

Afortunados los que tienen quien les quiera porque se sentirán apoyados en momentos de aflicción.

Afortunados los que tienen trabajo porque se sentirán seguros ante los reveses financieros.

Afortunados los que se valen por si mismos porque tendrán el control de su vida dentro de ellos.

Afortunados los que no tienen miedos irracionales porque se sentirán libres y atrevidos.

Afortunados los que tienen ilusión y esperanza porque tendrán motivación para nuevos proyectos.

Afortunados los que tienen tranquila su conciencia porque dormirán relajados.

Afortunados los que ayudan a la gente porque se sentirán más humanamente realizados.

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CUANDO LAS BARBAS…
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Miguel Silveira | 12-10-2008 | 19:03| 0

De todo se puede sacar conclusiones y en este caso también se pueden sacar, respecto a la educación, de la reciente intervención financiera de varios gobiernos occidentales en la economía para salvar la crisis financiera del desastre.

Como es sabido el liberalismo económico deja a los mercados a su libre albedrío porque ellos solos se autorregulan y son soberanos, pero dado el fracaso de este sistema, los gobiernos y bancos han tenido que intervenir contra esos principios para frenar el desastre que se avecinaba. Me alegro de lo ocurrido porque no se puede dejar en manos de ciertas personas asuntos tan serios, ya que siempre hay personas avariciosas y sin escrúpulos que no les importa que los demás se hundan con tal de salvarse y enriquecerse ellos. No soy experto analista financiero pero no me hace falta para sacar la conclusión que aquí pretendo. Y es que tiene que haber siempre una autoridad que controle para que una minoría no perjudique seriamente a otros ciudadanos decentes que se rigen por el libro de las normas sociales de la honradez y la justicia.

Permítaseme que por extrapolación me refiera a la familia y a la escuela. Tiempos vendrán, y no están aún muy lejos, en que las autoridades estatales, familiares, escolares, etc. tengan plena conciencia de que no se puede permitir que los hijos se dejen llevar de sus caprichos y hagan lo que les venga en gana, de que hay que intervenir con autoridad en la familia y escuela para evitar ciertos desastres personales y familiares. Permitir que los hijos y alumnos hagan lo que les apetezca, se dejen llevar de sus impulsos personales más primarios y de la falta de responsabilidad conduce a un fracaso cantado de la educación familiar y escolar y por extensión de otros ámbitos de la ciudadanía. Una cosa es practicar un exceso de autoridad, una injerencia asfixiante que coarte seriamente la libertad del individuo y su autonomía y otra permitir que esos ciudadanos menores se salten los límites y perjudiquen el interés de los otros miembros de la familia, la comunidad educativa y la comunidad social en general.

Los padres y los profesores deben intervenir para frenar comportamientos abusivos de algunos miembros de esas comunidades so pena de llegar, como en la economía, a poner en peligro su propio equilibrio y la convivencia, por exceso de permisividad. Intervencionismo ¡no! Intervención de la autoridad ¡sí!. Es un acto de responsabilidad. Claro que, puestos a hablar, también esto es aplicable a otros niveles y ámbitos sociales de plena actualidad. ¿A que ustedes me entienden?

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COMUNICACIÓN FAMILIAR
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Miguel Silveira | 28-09-2008 | 20:32| 0

Cuanto más miedo tenga un adolescente a las reacciones airadas de sus padres menos les contará de sus andanzas, problemas, miserias y ansiedades. ¿Por qué? Porque el miedo a la bronca y al posible castigo se lo impedirá y optará por el silencio o la mentira aunque habrá momentos en que quisiera desahogar y solicitar ayuda. Por eso muchos prefieren contarlo a los amigos. De haber más confianza les contarían quizás lo que les pasa fuera, algo más de sus relaciones amistosas, algo más, pero poco, de sus relaciones sexuales así como de sus travesuras y trastadas. Les contarían también lo que consumen y si están marginados, amenazados o excluídos.

Hay que reconocer que esto de la comunicación de hijos a padres ha mejorado mucho respecto a épocas pasadas. Ya hay adolescentes sobre todo de quince y por debajo que cuentan más des sus asuntos personales porque la relación que tienen con sus padres ha sido más fluída. Las madres, sobre todo y algunos padres les han infundido confianza y animado a comunicarles sus problemas. Por tanto estamos mejor que estuvimos. Sin embargo hay que entender que su perfil de adolescentes les dificulta abrir de par en par las puertas de su intimidad y porque expresar los sentimientos es lo que más nos cuesta. Bastaría con desear que se abrieran en temas en que su vida estuviese en cierto riesgo. En todo caso lo mejor que los padres pueden hacer es transmitirles el mensaje de que si les cuentan algo que a estos no les parece bien no perderán el control ni les castigarán porque entonces optarían por la ocultación y la mentira como medio de librarse de la ira familiar.

Y los padres ¿qué cuentan? Hay de todo, aunque la mayoria opta por no hacerles partícipes de sus adversidades, contratiempos y apuros ya sea en el terreno laboral, económico o en el emocional con la sana intención de no angustiarlos, pero se quedan cortos. Los padres no deben tener en los hijos de esa edad unos confidentes porque no es su papel. Pero hacerles algo más partícipes de algunas dificultades familiares entendiendo por tal las apuntadas si que conviene hacerlo, sin profundizar en excesivos detalles, para que se acostumbren a afrontar algunos sufrimientos, a sentirse unidos a la familia en el dolor y no crecer completamente al margen de las penas. ¿Por qué es esto conveniente? Porque su desarrollo personal lo exige para que vayan madurando, para no vivir como en el limbo y no darse de bruces más tarde con la vida de repente sin estar un poquito entrenados. Una comunicación familiar adecuada, en ambas direcciones, es una garantía contra muchos desastres personales de los hijos y con el paso de los años…también de los padres.

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VIVIR DE APARIENCIAS
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Miguel Silveira | 27-09-2008 | 23:57| 0

No es que mentir aparentando lo que uno no es resulte nuevo pero se va instalando la apariencia como modus vivendi, a la vista del rechazo que crea la fealdad, la imperfección y las limitaciones y como respuesta a las carencias y lo entiendo, aunque no lo comparto plenamente,. Grande es la presión por disimular esas carencias. El caso es aparentar lo que no somos y tenemos. Hasta los chinos mienten ante el mundo.

¿Recuerdan esa niña encantadora que en la inauguración de los Juegos Olímpicos cantaba como pico de oro? ¡No era ella la que cantaba! Sólo vocalizaba mientras que la que cantaba era otra niña, pero no la exhibieron porque era algo más fea. Si vas a Internet no te quiero contar lo que se miente y disimula, igual que en otros muchos campos de la vida. Esta presión por mantener la imagen explica muchos comportamientos aberrantes.

No critico la importancia de la imagen pero sí los estragos de tal idolatría. Duele ver esa gente que no puede disimular (aunque quisiera) sus limitaciones para no sentirse objeto de miradas indiscretas y de críticas, algunas muy severas. Sorprende la cantidad de personas esclavizadas por vivir artificiosamente. Tener que aparentar lo que no se es lleva a muchas personas a dejar de comer y enfermar por aparecer esbeltas, a operarse la nariz varias veces hasta quedar estilo Michael Jackson. Conmueve también ver gente endeudada hasta las cejas por diferentes créditos con tal de parecer que tienen lo que la gente espera de ellos, aunque no esperen nada, pues cada uno está a lo suyo. Soy partidario de la cirugía plástica pero no de los abusos que algunos cirujanos y seudocirujanos cometen aprovechándose de la necesidad de algunas gentes y tampoco lo soy de esas personas que se embarcan en gastos excesivos con tal de corregir sus imperfecciones cuando lo que tendrían que operar es su cerebro. Soy partidario de causar buena impresión en cuanto a bienes y forma de vivir pero no a cualquier precio. Y lo que más duele es esa pobre gente que, teniendo defectos imborrables, se amarga por no pertenecer al mundo de los que creen “normales” aunque sean anormales. Psicológicamente lo mejor es aceptarse y quererse como es uno aunque pueda progresar, retocarse y mejorar, salvaguardando siempre la salud mental y el equilibrio. A quien se rechace le esperan muchos momentos de tortura y de calvario y eso si que erosiona, a la vista del rechazo que la moda propicia de la fealdad, la imperfección y otras carencias. A veces hay que fingir pero pero no hasta el punto de disolver nuestra identidad y esencia personales.

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MADRES ABSORBENTES, SUEGRAS REPELENTES
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Miguel Silveira | 21-09-2008 | 11:54| 5

Mi respeto por las madres en general pero hay madres tan absorbentes con sus hijos que, incluso ya casados, les siguen influenciando y manejando fácilmente. Lo grave no es sólo que los controlen hasta modificar a veces su capacidad de decisión por puro egoismo, nunca reconocido, sino que cuando estos hijos se casan esas madres meten cizaña para enfrentar a la pareja entre si y hacer de la nuera un enemigo a vencer de todas formas.

Si la nuera se somete a la esclavitud que sufre su marido, no habrá mucho conflicto, pero si por ventura se le ocurre oponerse a los designios de la suegra es mujer sentenciada y se acabará deteriorando la pareja. Conozco muchas madres absorbentes que causan mucho daño con su actitud castrante sobre el hijo. Su intervencionismo es tan exagerado y tan repudiable su control que siembran la discordia de inmediato en la familia. Ante tal situación si una nuera experimenta en sus carnes el dominio implacable de ese tipo de suegra debe armarse de valor y disimular algunas veces para que no estalle la guerra pero si ve que la absorción perdura deberá ofrecer resistencia a su manera.

Algunas deciden avisar al marido de la influencia que sobre él ejerce ese tipo de madres (en pocos casos éste reconoce el dominio y se rebela). Alguna manifiesta a la suegra, con claridad, su estratagema (acabará por odiarla al verse en evidencia). Otras optan por respetar la relación de la madre y el hijo sin meterse por medio (así y todo la nuera acaba siendo “rara”). Otras se someten con tal de que la relación perdure (ruinoso para la salud de la sumisa) y otras denuncian desde el principio esa relación tan enfermiza y o quedan condenadas o muy respetadas.

Tiene difícil solución este problema. Por eso que cada una haga lo que más le convenga pues no hay soluciones universales para nueras y suegras. La mejor solución es que esas madres reconozcan que sus hijos no son sus hijos ya, que acepten que el hijo se ha casado y tiene que vivir con su esposa y decidir los dos sobre su vida, no imponer su voluntad asfixiante y que el hijo no sucumba al imperio de la madre. Pero me temo que esto es una quimera.


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MIEDO AL QUÉ DIRÁN
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Miguel Silveira | 13-09-2008 | 23:44| 2

Hasta qué punto la confianza en uno mismo depende de la buena o mala impresión que tengan de nosotros lo demuestran muchísimos ejemplos que el lector va a recordar, seguro. Cuanto más nos importe lo que los demás piensen de nosotros, cuanto más nos frenemos en realizar acciones legítimas por temor a la impresión ajena, tanto más evidenciamos lo mucho que nuestra imagen depende del concepto que los otros tengan y esa dependencia es insana. ¡Hay que ver la cantidad de vivencias positivas y de oportunidades de las que nos privamos por ese temor!

Cuanto más inseguros estemos y cuanto menos claras tengamos las ideas de lo que queremos, más expuestos estamos a actuar de forma que los demás no piensen mal de nuestra persona.

Los que se quedan cortos en decir lo que piensan, en defender sus posiciones, en pedir favores, aclaraciones de un diagnóstico, unas condiciones de un seguro o una venta, un aumento de sueldo merecido, o un presupuesto, en exponer una queja, o en hacer cualquier acción legítima, todos ellos, tienen deficit de asertividad que es tanto como decir que por vergüenza pierden la libertad de expresarse a si mismos como quieren, mientras ven con envidia cómo otros se expresan y se mueven sin tantos miramientos y ganan más que pierden. Es probable que hayan sido educados excesivamente en el miedo a molestar, en el “ten cuidado con aquello que dices”, en el respeto a la autoridad o en el exceso de formas sociales de cortesía.

Como quiera que tal freno resulta nocivo en dosis elevadas es preciso proponerse, sin ofender a nadie por supuesto, actuar como nos pide nuestro ser y consideramos lícito. La próxima vez pregunte lo que ignore, pida explicaciones, quéjese si se siente afectado, libérese del miedo y hable por esa boca o actúe sin más y sin necesidad de dar explicaciones, haga lo que la lógica le dicta para que no se le encojan las tripas y las vísceras todas y se sienta bloqueado y culpable después. No consienta que su vida dependa, sin motivo, tanto del qué dirán. ¡Que digan lo que quieran! “Si dicen, que dizan, no fuéndolo”. Dormirá más tranquilo y se sentirá mucho más libre de ataduras innecesarias y confeccionadas ¡por usted! ¿Habrá cosa más sana que expresarse uno mismo de acuerdo con la lógica y moverse con libertad casi total de movimiento? El miedo al qué dirán o a lo que piensen otros debería tenerle sin cuidado siempre que no dañe a terceros intencionadamente.

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ERA UNA GRAN PERSONA
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Miguel Silveira | 07-09-2008 | 01:37| 0

No fallamos. En casi todos los funerales al dar el pésame a los familiares del difunto o en los corrillos que se organizan delante de la iglesia o en los modernos tanatorios se escuchan con frecuencia frases como: “Era una gran persona”, “era un chico estupendo”, “era una madre ejemplar”. Aprovechamos entonces para resaltar las cualidades del finado con profusión de comentarios y de gestos. Todo ello a posteriori, una vez que el fallecido es eso, una persona que ha finalizado su existencia, pasando a mejor vida. Nos sale de dentro. Es como si apareciese un sentimiento que había estado escondido y de pronto aflorase con espontaneidad y se nos olvidasen por ensalmo las acciones negativas que el muerto había realizado en vida y que sí comentábamos, sin embargo, cuando estaba entre nosotros, abiertamente y poniendo mucho énfasis.

La única pena es que el muerto no se entera ya, no le sirve de nada, no puede sonreir y ni siquiera alegrar su semblante. Su corazón no se conmueve y no puede gozar de tales alabanzas. ¡Y son tantos los que las habrían echado de menos durante su existencia! No es que no sirva a la familia de consuelo, pero no es lo mismo pues a quien le interesaba oirlo está ya en otro mundo. Así pasa que muchos se mueren sin saber si los demás les quieren, les admiran y les van a echar de menos cuando no estén presentes. Estamos sedientos de tales muestras afectivas, entre otras razones para seguir viviendo con cierta ilusión y cierto encanto y para animarnos a seguir realizando buenas obras y sin embargo parece que la gente espera a nuestra marcha para hablar bien de nosotros y les cuesta y nos cuesta trabajo reconocer los méritos y hacérselos saber mientras están en vida. Nos sale por el contrario con más facilidad de nuestros labios el reproche cuando no hacen bien algo o no casa con nuestras expectativas. Esto es una constante entre nosotros.

Por tanto no se puede esperar a que nuestros seres queridos y amigos y colegas se ausenten de este mundo para que sepan que se les tiene aprecio y que les valoramos. Tenemos que decir de vez en cuando qué bien nos cae la gente, qué agradecidos les estamos, qué contentos estamos de tenerlos por amigos, tenemos que expresarles sin remilgos lo que nos gusta de ellos, cuales son sus talentos y virtudes. Tenemos que transmitirles la buena opinión que tenemos de sus comportamientos y expresar nuestros mejores sentimientos. Tendríamos también que pedirles perdón si les hemos ofendido en lugar de esperar a arrepentirnos luego cuando ya están ausentes. No se puede esperar a volver del cementerio porque en cuanto menos lo esperen y esperemos estamos en la otra vida, en cosa de un suspiro, y entonces es muy tarde.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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