Si nos paramos a pensarlo por un momento, toda nuestra vida gira en torno a un universo de contratos.
El de la energía eléctrica, el que guarda relación con nuestra vivienda, en propiedad o en alquiler, el de trabajo, el del transporte público en el que viajamos o el de la adquisición de combustible en una gasolinera, todos los de telecomunicaciones, los bancarios, el del suministro de agua, de gas, cualquiera de los que hacemos cada vez que compramos en una tienda…
Es imposible eludir el contacto con el mundo jurídico y es imposible evitar sus consecuencias en nuestra vida, entonces, ¿cómo sobrevivir evitando problemas con cualquiera de nuestros contratos? No hay una fórmula mágica y tener algún inconveniente es prácticamente ineludible, sobre todo, si tenemos en cuenta que muchos de los contratos que utilizamos a diario son contratos de adhesión con cláusulas tipo que nos imponen las grandes empresas y que apenas podemos modificar. No obstante, sí que podemos tomar una serie de precauciones.
Leer bien el contenido, pedir explicaciones de los puntos que no entendamos, guardar una copia de lo firmado y, en caso de duda, consultar con un abogado especialista en la materia, consejo especialmente necesario si son contratos en los que sí que es posible negociar o redactar todas o parte de sus cláusulas, van a tener una larga duración o suponen una inversión importante como ocurre, por ejemplo, con un arrendamiento, o con una compra de una vivienda.
Hacer un contrato con un buen contenido, pensar y prever con antelación las futuras dificultades y dejarlas resueltas de antemano evita problemas que una vez que surgen ya pueden acarrear soluciones más complicadas. Por este motivo, contar con un asesoramiento previo adecuado es fundamental y probablemente mucho menos costoso que lidiar con las consecuencias negativas de realizar un contrato con dudas.
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