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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

Ante las elecciones sindicales en la docencia

En fechas muy recientes, un representante sindical abandonaba un instituto un tanto cariacontecido. Había ido a contar lo mucho que se afanaba y se esforzaba por la calidad de la enseñanza pública, así como por los derechos de los docentes, pero –¡madre mía!– apenas había tenido público a la hora del recreo en la que estaba anunciada su prédica. Lo increíble del caso es que en verdad pudiera esperarse otra cosa.

Desde hace mucho tiempo, los liberados sindicales que desertaron de la tiza visitaban colegios e institutos, o bien para vender lotería cerca de las navidades, o bien para pedir el voto en vísperas de elecciones sindicales. Desde hace mucho tiempo, los liberados sindicales que desertaron de la tiza no se preocupaban de las condiciones de trabajo de sus teóricos representados. Se daban por satisfechos con tal de poder decir que las mejoras económicas las habían negociado ellos, claro está, en beneficio nuestro.

A lo largo del periodo en el que el profesorado se las ve y se las desea en muchos casos para poder dar una clase en condiciones dignas, los desertores de la tiza, liberados del aula, salvo excepciones, obviaron esto que digo y que, en modo alguno, mejoró.

Por otro lado, nunca se cuestionaron la inexistencia de meritocracia en la profesión, los criterios acerca de la formación del profesorado, y así un largo etcétera. Tiempo hace que dieron su parabién a convertir la docencia en una profesión chusquera en la que cuentan casi en exclusiva los años de trabajo. Tampoco les indignó que, con el mismo título, la misma oposición y el mismo trabajo, las diferencias de sueldos, según la autonomía donde se presten los servicios, sean en más de un caso considerables. Y, en ningún momento, se plantearon (tampoco la Administración) la conveniencia de no perder el contacto con la tiza aunque fuesen sólo unas pocas horas para dedicar el resto de sus desvelos a la función sindical. Ante todo, huir de la tiza, oiga.

Pero es el hecho que, tras los recortes y la bajada de sueldo, las únicas acciones que emprendieron no pasaron de ser convocatorias de huelgas testimoniales de 24 horas que en nada modificaron el estado de cosas. Pero es el hecho  que a los liberados sindicales de la tiza se les bajó y congeló el sueldo como al resto, pero para ellos no rezan los recortes, es decir, el aumento de horas de trabajo. Deberían tener mala conciencia por el mero hecho de que parecen estar muy a gusto manteniendo unos privilegios que perdimos quienes acudimos todos los días al aula. Pero eso, claro está, se soslaya.

Ignoro la repercusión mediática que tendrán las elecciones sindicales, pero estoy por asegurar que la abstención y el voto en blanco no serán en modo alguno anecdóticos. Pero acerca de ello no habrá lectura alguna. Que pase el tiempo y que se libren de volver a la tiza.

Mientras tanto, los demás, la tropa, a dar clase.

Así las cosas, declaro públicamente que votaré en blanco.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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