Cuando leí por vez primera que a aquel portavoz del Gobierno de Aznar, que actualmente transita la telebasura, se le conocía como MAR, aquello me dejó perplejo. Pensé entonces que cuando el nombre y los apellidos son tan genéricos y, cuando el así denominado, no consigue destacar como «cráneo privilegiado» ni como un ser que despliega simpatía sin cesar, se opta por el acrónimo, acaso porque no quepa más originalidad que ésa. Lo mismo podría decir del anterior gobernador del Banco de España, don Miguel Ángel Fernández Ordóñez, conocido mediáticamente como MAFO, hombre de números y cuentas, que tan estrecha sintonía tuvo con Zapatero y sus secuaces. Hombre que tanta relación guarda con la privatización de algo que fue fundado pensando en el interés público, pensando en la protección de los más desfavorecidos. Ese algo eran las entidades financieras conocidas como cajas de ahorros.
Y, desde el estallido de la crisis hasta que terminó su mandato en el Banco de España, MAFO no se cansó de pedir austeridad y, sobre todo, moderación salarial. Y eso que pedía era, claro está, por el bien de todos. ¡Cuánta filantropía la de algunos!
¿Por qué recuerdo a MAFO? En el momento mismo en que se desvela que, con respecto a determinadas operaciones de Bankia, el Banco de España no se pronunció al respecto, ni siquiera advirtiendo los riesgos que asumía, ¿cómo no indignarse al certificarse que determinadas autoridades monetarias sólo se dedicaron a pedir sacrificios a los de siempre, al tiempo que miraban para otro lado ante ciertas operaciones bancarias que, al final, recayeron, para mal, en los destinados a ganar cada vez menos, a trabajar cada vez más y a sufrir como nadie las consecuencias de una serie de decisiones de banqueros felices y confiados en que la crisis no iba con ellos, que era cosa del populacho que para eso estaba y está.
Y los motivos para la indignación se incrementan aún más si se piensa que tales declaraciones y silencios se produjeron cuando en España gobernaba un partido político que, en sus siglas, y sólo en sus siglas, se declaraba y se reclamaba de izquierdas. Y lo sigue haciendo.
¿Por qué recuerdo a MAFO? ¿Se podrá sentir orgulloso este señor de su etapa al frente del Banco de España? ¿Nadie está dispuesto a dejar claro que el haber terminado con la función social de las cajas de ahorro supuso un golpe bajo, no ya a los principios de la izquierda, sino también a la más mínima sensibilidad social?
¿Por qué recuerdo a MAFO? Invito al lector a que haga una búsqueda en internet de muchas de las declaraciones públicas de este ejemplar ciudadano, y se encontrará con continuas apelaciones a la moderación salarial. Pero será muy difícil toparse con censuras y críticas a muchos de los desmanes y atropellos cometidos por muchas entidades financieras, especialmente públicas.
Tiempos falaces y mezquinos, tiempos tenebrosos, tiempos vomitivos.