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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

Jovellanos XXI: De ruinas y otras injusticias poéticas

Más allá del reportaje que publicaba ayer EL COMERCIO sobre la bancarrota en la que se encuentra el proyecto de Jovellanos XXI, lo esencial del caso es preguntarse si cabe el éxito, empresarial o político, en una ciudad que no supo administrar ni sus ruinas ni tampoco sus glorias. Las ruinas de una vieja estación ferroviaria omnipresente no sólo en el pasado de Oviedo, sino también en el de toda Asturias. Una vieja estación ferroviaria en la que entró la piqueta con la insensibilidad propia de decisiones desafortunadas y arbitrarias. La gloria del oviedismo, siempre eterna, con la que no pudieron acabar ni dirigentes desaprensivos, ni empeños hostiles como los que tuvo el actual delegado de Gobierno en su etapa de alcalde de la capital asturiana, ni tampoco los años que lleva sumido en el pozo el equipo azul. Piqueta, digo, para la estación de El Vasco. Óxido sobre el escenario en el que las glorias azules tuvieron lugar. Sobre todo ello planea el estrepitoso fracaso, en lo cívico y en lo económico, de la empresa Jovellanos XXI. (Entre paréntesis: ¡qué injusto es que se haya utilizado el nombre del ilustrado gijonés para estos empeños, empeños no sólo en su acepción de terquedad, sino también de ruinoso negocio!).

Momento hubo, cercano ya el final de los despilfarros de la era arecista, en el que doña Paloma Sainz, por aquel entonces cabeza visible del PSOE en Oviedo, se sacó de no se sabe bien qué chistera el ‘planazo’ de edificar una especie de Ciudad de la Justicia en el antiguo solar de la estación de El Vasco. Recuerdo haber escrito entonces que resultaba muy paradójico levantar una Ciudad de la Justicia sobre una injusticia poética.

Y en cuanto a la llamada operación de ‘los palacios’, dejando de lado cuestiones estéticas, a día de hoy, además de óxido y ruinas, lo que hay es un fracaso económico mayúsculo, que tiene que ver con la megalomanía faraónica y megalómana no sólo de aquel Gabino de Lorenzo que nunca se arredraba a la hora de asumir tremendos gastos, sino también de un grandonismo que hacía creer que Oviedo se lo podía permitir todo, hasta enterrar su gloria futbolística con tal de contar con una construcción de un arquitecto entonces en boga, con tal de ofrecer al mundo emplazamientos con la estética gabiniana, es decir, con la que es propia del vestíbulo de la casa de un nuevo rico. Mientras tanto, otras joyas de Oviedo y Asturias, como los monumentos prerrománicos, estaban abandonadas a su suerte.

De ruinas e injusticias poéticas. La vieja estación ferroviaria, que nunca se tenía que haber demolido, es un recuerdo que jamás se podrá recuperar. El proyecto de la operación de los Palacios, aparte de un fiasco económico, aparte de una megalomanía estética, invita a conjeturas poco alentadoras. Allí se instalaron consejerías. Y, a día de hoy, tras una comisión de investigación sobre el particular que hubo en el Ayuntamiento de Oviedo, las sospechas se creen y las verdades se temen.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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