Doy por sentado que don Javier Fernández, tan grave y profundo según sus aduladores mediáticos, se ha preguntado en más de una ocasión cómo es posible que Asturias no tenga compensaciones a resultas del precio paisajístico y/o medioambiental que esta tierra viene pagando desde hace tanto tiempo por y para la producción de energía eléctrica. Y es que, en un momento como éste, en que se pone en peligro una pequeña parte de nuestro corazón industrial, alguien debería plantearse por qué es tan caro un suministro eléctrico que ayudamos con nuestros recursos a generar.
Un veloz y muy sintético recorrido histórico que abarcaría episodios de saltos de agua, embalses y pantanos hasta la proliferación eólica de los últimos años pone muy claramente ante nosotros el alto precio pagado al efecto. ¿Y cómo es que tal cosa no sirve para que la industria instalada en nuestra tierra no disfrute de unos precios energéticos más o menos razonables, más o menos llevaderos? ¿Tiene respuesta para esto la Asturias oficial?
Miren, a día de hoy, los clamores para que no se cierre Alcoa y para que otras empresas no esgriman argumentos parecidos, deben ser escuchados y atendidos. A veces, sólo cabe plantarse y adoptar posturas inequívocas. ¿Cómo es que hubo y sigue habiendo empresas que vinieron y vienen actuando como dueñas de nuestros ríos, valles y montañas sin que las compensaciones que pueden llegar a hacer disten tanto de los beneficios que reciben? ¿Cómo es que, de facto, el Estado apenas existe en esos trances a la hora de velar por los intereses públicos?
¿Podemos quedarnos de brazos cruzados ante la amenaza del cierre de una fábrica que dejaría a mucha gente en el paro, amenazas que se fundamentan, sobre todo, en el precio de la energía? ¿Podemos aceptar, insistiendo en lo anterior, que haya empresas energéticas que regulen los cauces de los ríos como algo privado suyo y que, al mismo tiempo, eso no tenga compensaciones en una energía más barata que haga más atractiva nuestra tierra para determinadas inversiones?
¿Nada tienen que decir las instituciones democráticas al respecto más allá de vagas y vanas generalidades que sobrepasan lo que es una mera declaración de intenciones que a nada compromete?
Quienes tanto insisten en la conveniencia de que el Estado tenga cada vez menos peso al tiempo que arguyen la infinita bondad de los mercados tienen un grave problema de credibilidad ante una situación como la que sufre el sector industrial en Asturias.
Tenemos un ministro de Industria que se ausenta y se inhibe. Un Gobierno autonómico que no se pone al frente de la defensa de los trabajadores, que no va más allá, repito, de lo declarativo.
Tarifa histórica que se soslaya, tarifa eléctrica que se inflama. Víctimas, el paisaje y el paisanaje, pasados, presentes y futuros. Mientras tanto, clamores contra el cierre, clamores de y para todos nosotros. Mientras tanto, retórica oficial tan huera como inútil.
A ver si de todo esto saca el profundo don Javier Fernández provechosas lecciones que le sirvan para asesorar a su partido en materia industrial, de la que tanto sabe nuestro presidente