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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

Paciente e indignada Asturias (Ante la inauguración de la autovía del Cantábrico)

Señor Rajoy: Nací en el bajo Narcea, muy cerca de una de las muchas Mesopotamias astures, muy cerca de Cornellana, capital salmonera, cruce de caminos, donde se encuentran el Narcea y el Nonaya, donde, a día de hoy, pueden verse las ruinas de una joya arquitectónica, el Monasterio de San Salvador, y a muy pocos metros del mencionado monasterio, se encuentran los restos de una obra ferroviaria que nunca llegó a concluirse, entre Cangas del Narcea y San Esteban de Pravia. Frente a ello, están las pilastras de la autovía de la Espina, paralizada por don Pepiño Blanco en 2010, en la que su Gobierno pretende inyectar una pedrea en el año electoral que está a punto de comenzar. Y, en una de las vegas más fértiles de Asturias, en la Rodriga, el viajero puede contemplar que lo que tiene ante sí es un basurero que va en aumento. Así las cosas, este entorno al que pertenezco y del que Jovellanos destacó su potencialidad y belleza es el territorio pintiparado de lo que pudo haber sido y no fue, sobre todo, de incumplimientos y paralizaciones que vienen lastrando su progreso y bienestar. Es la metáfora más visible del abandono que viene sufriendo Asturias desde hace muchas décadas, que van desde el franquismo hasta este presente en el que la Restauración borbónica por ustedes tan querida vive sus horas más bajas, su declive, su agonía.

Verá, don Mariano, no le considero a usted muy dado a ciertas metafísicas. Aun así, puedo asegurarle que uno de los mayores problemas de Asturias es su insularidad existencial, éste es nuestro síndrome, casi me atrevería a decirle que es nuestro hecho diferencial. Y esa insularidad existencial que padecemos desde hace tanto tiempo, que se remonta ya al siglo XIX, no ha hecho más que incrementarse a lo largo de las últimas décadas.

Permítame un pequeño recordatorio. Hay un artículo de Clarín que tiene por título ‘Las costas de Asturias’ y que fue publicado en julio de 1882. En él, Alas se quejaba de las 22 horas que entonces duraba el viaje en ferrocarril entre Oviedo y la capital de las Españas, a lo que había que añadir lo que se tardaba con el coche de la ‘Ferrocarrilana’, en la subida y bajada del puerto de Pajares hasta Busdongo. No pierda de vista esto, señor Rajoy, a la hora de tener en cuenta lo importante que sería para Asturias que no se eternizasen las obras de la llamada variante de Pajares. Y, fíjese, esto ya le indignaba a Clarín. Ya ve, don Mariano, lo legendaria que es la frustrada y frustrante voluntad de una geografía por salir del aislamiento.

Y ahora les toca a usted y a su Gobierno inaugurar la llamada autovía del Cantábrico. ¡Ay, don Mariano! ¡Cuánto tiempo esperando por el fin del tramo entre Unquera y Llanes, tapón tan exasperante como peligroso! ¡Ay, don Mariano! ¡Cuánto tiempo de exasperante espera en lo que se llamó en su momento ‘el semáforo del Cantábrico’ en Soto del Barco! ¡Cuántos despilfarros, don Mariano!

Acerca de la referida autovía del Cantábrico, me permito recordarle que, antes de construirla, se llevó a cabo la obra de una vía rápida

que, al cabo de pocos años, quedaron inservibles algunos viaductos como el de la Concha de Artedo que en su momento costaron un dineral, ello por no hablar de la variante de Avilés, de trágico recuerdo para muchos por la cantidad de vidas que se llevó. Tras ella, hubo que construir otra. O sea, despilfarros y retrasos.

Y, mire, señor Rajoy, antes de que se me echen encima algunos pesebreros, bien sé que muchos de estos disparates fueron llevados a cabo por gobiernos sagastinos (quiero decir del PSOE). Pero ustedes tampoco lo están haciendo nada mal. Sólo aceleran un poco cuando las urnas llaman a la puerta del electorado. Y, en todo caso, el bipartidismo se dedicó hasta ahora a un maniqueísmo burdo. Siempre hubo justificación para lo que hacía el partido gobernante en Madrid por parte de la sucursal de turno aquí. Y así nos fue. Y así nos va.

Unquera-Llanes, señor Rajoy, tapón, lata de sardinas, ratonera. Unquera-Llanes, los kilómetros de la desesperación, de la incompetencia y los incumplimientos. Unquera-Llanes, auténtico punto negro para unas infraestructuras que conducen al territorio más turístico de Asturias.

Autovía del Cantábrico, además de problemas medioambientales, además de torpezas en los trazados que costaron su tiempo y dinero, infernal calvario para una Asturias que necesita romper con su aislamiento e incorporarse a la siempre orteguiana altura de los tiempos.

La realidad, don Mariano, no permite triunfalismo alguno. Lo perdido por lo antes citado: incompetencia e incumplimientos es ya irrecuperable. Cuando se corte la cinta, no se pagará la deuda histórica con Asturias, esa deuda que habla del empeño del bipartidismo, empeño logrado, de convertirnos en una geografía del abandono, en el furgón de cola de todas las Españas.

Con la paciencia agotada, con la indignación a flor de piel, afrontamos un presente de decadencia en el que tanto han venido ustedes colaborando. Tendrán, a la hora de cortar la cinta, halagos provenientes de personajes inanes de nuestra política. Tendrán ustedes la oportunidad de percatarse de una ciudadanía lastrada por un síndrome de insularidad en el que el bipartidismo y sus sucursales tanto y tanto han colaborado.

¡Qué triste balance, don Mariano!

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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