Según parece, el PP se muestra feliz y satisfecho por no tener «la condición de acusado» en la trama Gürtel, tras conocerse el escrito del fiscal. Considera el partido del Gobierno que las responsabilidades son de personas concretas que no salpican a la formación política. A lo que se ve, no les salpica en modo alguno que esas personas concretas hayan tenido cargos muy importantes en la formación conservadora, ni tampoco les abochorna. Así pues, en Génova todos están muy contentos.
¿Cómo es posible que ni siquiera se pida perdón por haber confiado en individuos que ahora están entre rejas y que actuaron en nombre del partido? ¿Cómo es posible negar la evidencia de que el PP se financió ilegalmente sin que ninguno de sus máximos dirigentes mandase parar? Habría que tener muchas tragaderas para creer que nadie se enteraba de aquello, pero, de admitir tan poco verosímil hipótesis, la responsabilidad política sería grande y grave.
¿Habrá un después de la trama Gürtel? ¿Se terminarán las financiaciones ilegales de los partidos políticos mediante comisiones y mordidas a resultas de contrataciones favorables a determinadas empresas? Desde luego, esta no es la única escandalera de un partido que se financia con semejantes prácticas. Desde luego, no es la primera vez que los encargados de recaudar esas comisiones se quedan con parte de la generosa y desinteresada dádiva. Lo que sucede es que la trama de la que venimos hablando tocó techo. Tanto es así que la fiscalía no se anda con contemplaciones a la hora de solicitar penas.
El señor Correa, que tan mal parado sale, representa, entre otras cosas, los tiempos de vino y rosas del aznarismo. Es una de las imágenes que más sobresalen de aquel bodorrio en el que Aznar estaba crecido y estupendo, haciendo de un asunto familiar, la boda de una hija, una especie de acontecimiento de Estado con ínfulas imperiales. La Justicia, ya lo sabemos, es lenta, pero, aun así, hay personajes púbicos que no sólo eran omnipresentes en aquellos momentos tan marcados por los excesos, sino que continúan ahora en primera línea de la vida pública.
Portadores y destinatarios de sobres en una boda en El Escorial, en aquel enclave que fue el sueño de un Felipe II que, según Unamuno, no pasó de ser un Quijote de covachuela, en el enclave de unos afanes imperiales que dan cuenta de esplendores irrecuperables. Por el imperio hacia Aznar. Por Aznar hacia el imperio. ¡Ay! Y, al final, sobres, conseguidores, picaresca, corruptelas, saqueos al erario público.
¿Habrá un después de la trama Gürtel? ¿Más allá de las imputaciones y de los dictámenes de la fiscalía, vendrá un después en nuestra vida pública que abomine de tanta corrupción y de tanto advenedizo, de tantas y tantas gentes que no son capaces de asumir con dignidad un triunfo político?