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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

Hablemos claro, señor Postigo

Mire, cuando vi las imágenes del episodio que protagonizó a la salida del Parlamento asturiano, tras su comparecencia en la comisión que se ocupa del origen de la fortuna de Fernández Villa, sentí, a un tiempo, bochorno, asombro e indignación. No está usted, obviamente, obligado a manifestar si, de un tiempo a esta parte, se comunicó o no con Villa. Es más: a nadie le sorprendería que optase por el silencio ante la pregunta que le formuló Xuan Cándano. Pero su salida de tono, don José Antonio, fue tremebunda. Con ello, lo único que demostró, señor mío, fue su zafiedad. Y no sólo se limitó a contestar, en primer término, una chorrada hiperbólica, sino que se permitió calificar la pregunta de estúpida. Hablar de estupidez desde la estulticia, señor Postigo, es, se lo aseguro, tocar techo. Jamás pensé, señor mío, que la vida pública asturiana llegase a tal extremo de degradación. ¿Se ha parado a pensar por un momento hasta qué extremo representa usted algo que supone una afrenta y un ultraje contra la grandeza del movimiento obrero en Asturias? ¿Quién podría haberse imaginado, incluso en su peor pesadilla, que, en un momento dado, determinados mandamases de un sindicato minero como el SOMA se viesen obligados a comparecer en un Parlamento a dar cuenta de las fortunas que amasaron?

Mire, don José Antonio, por lo común, suele llegar más lejos en sus miserias el imitador que el original a quien emula. No le voy a pedir lo imposible: que se lea usted a Valle-Inclán, y que vea cómo los hijos del personaje teatral que tiene por nombre don Juan Manuel Montenegro superan a su padre en los defectos y no heredan sus supuestas cualidades. Pero sí le diré que usted va de bochorno en bochorno, y el lance que protagonizó el lunes no hace más que poner de relieve la podredumbre de nuestra vida pública.

¿No cae usted en la cuenta, señor Postigo, de que negarse a declarar en la Junta, por mucho que la legalidad lo permita, supone una burla a la representación política ciudadana? ¿No alcanza su cerebro a entender que su bravuconería con el periodista le hizo a usted incurrir en un ridículo espantoso, que nos abochornó a casi todos?

Y, mire, muchos no podemos dejar de preguntarnos cómo es posible que en la vida pública asturiana proliferen personajes como usted. Cada vez son más las personas jóvenes que tienen que abandonar esta tierra ante la falta de posibilidades laborales, pero, eso sí, gentes como usted que insultan a la inteligencia, al idioma y al decoro tienen su lugar en la vida pública, disfrutan de unos privilegios que, desde luego, no responden al esfuerzo ni a meritocracia alguna más allá de haberse dedicado a los codazos a unos y a los halagos a otros.

En un día como el martes, tuvimos noticia no sólo de su esperpéntico lance, sino también de la petición de pena que plantea la fiscalía sobre el señor Riopedre por sus actuaciones como consejero de Educación. Sindicalistas que no clarifican el origen de sus fortunas. Políticos que se reclaman de izquierdas a los que se les incrimina desde el ámbito judicial por haber utilizado su cargo indebidamente. ¿El movimiento obrero y la izquierda eran esto? ¿Cuándo se nos jodió el sindicalismo? ¿Cuándo se nos jodió la izquierda?

¿Hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué extremo se va a seguir emponzoñando la vida pública?

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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