Tocó en Valencia. Congreso triunfal. Parabienes y aplausos. Prietas las filas, interrupciones continuas a los oradores. Sánchez, jaleado al grito de presidente. Javier Fernández, hablando del miedo del que, según él, siempre se sirvió la derecha. El líder socialista extremeño asombrado por la capacidad oratoria de nuestro profundo presidente llariego. Para el señor Vara, es sorprendente que un ingeniero se exprese tan bien. Escaso conocimiento tiene el político extremeño de la historia contemporánea española. Resulta que Sagasta fue ingeniero y la retórica no se le daba nada mal.
El PSOE, que no acaba de afianzarse hacia arriba en las encuestas. El PSOE, que vino haciendo de Sagasta desde el 82 a esta parte, ve que la ciudadanía se cansó de comprobar que no es de recibo hacer políticas de derechas con siglas de izquierdas. El PSOE que gobernó España durante 21 años y que nada resolvió en lo tocante al laicismo del Estado. El PSOE, que dice defender la enseñanza pública, pero que está de acuerdo en seguir sosteniendo el negocio de la concertada. El PSOE, que incurrió en terrorismo de Estado, en corruptelas continuas y en caciquismos locales de los que en el occidente de Asturias sabemos un rato largo.
El PSOE de los gobiernos de Zapatero, que aprobó los desahucios exprés y que fue pionero no sólo en los recortes, sino también en una reforma laboral que más tarde sufriría su «perfeccionamiento» por parte del PP. El PSOE, que no tuvo empacho en privatizar muchas empresas públicas rentables y que, en la época de Zapatero, desvirtuó el sentido de las Cajas de Ahorro.
El PSOE, que no da ningún giro a la izquierda con Sánchez, y que no se decide a dejar de ser la otra pata del bipartidismo, tan similar al de la Primera Restauración borbónica.
Pusilánime don Pedro Sánchez a la hora de cambiar el paso y el discurso. Temeroso de Podemos, al que no nombra, viendo en esa formación política el espectro del PSOE del cambio del 82 que cosechó una victoria política tan irrepetible como mal administrada.
De cónclave en cónclave desde que Rubalcaba fue viendo que perdía votos en cada cita electoral. ¿Qué hacer y qué decir para recuperar el voto perdido? ¿Qué hacer y qué decir para que la credibilidad ciudadana acuda de nuevo a sus siglas? ¿Qué proyecto de país tiene este partido para que haya un sistema educativo que no sea el desastre que nos dejaron ni tampoco la contrarreforma de Wert? ¿Qué proyecto de modelo territorial plantea? ¿Qué piensa proponer para que se terminen las desigualdades ante la ley en función de la comunidad autónoma donde se resida en materia impositiva y en materia de sueldos a los empleados públicos? ¿Qué propuestas tiene este partido para acabar con los privilegios y sinecuras de la mal llamada clase política?
¿Es suficiente con desmarcarse del PP? ¿Le basta con no hacer alusión a Podemos? ¿No quieren enterarse de que la sociedad demanda cambios?
Por último, un recordatorio a don Javier Fernández. En una ocasión, ya en 1936, tras el triunfo del Frente Popular, Azaña le dijo al dirigente de la CEDA, Giménez y Fernández: «No se dan cuenta de que la derecha de la República soy yo, y ustedes, unos aprendices».