La Audiencia Provincial de Toledo condena al muy ejemplar ciudadano Luis Bárcenas a indemnizar a la lideresa manchega del PP una más que respetable cantidad de dinero como consecuencia de que el ex tesorero del partido conservador hizo una declaraciones que, según considera la sentencia judicial, menoscabaron el preciadísimo honor de doña Dolores. ¡Qué cosas!
De todos modos, este asunto tan delicado, más allá de la sentencia judicial, uno lo ve más bien emplazado en el cine y en la literatura, sobre todo, en el primero. Bueno sería que la honorabilidad impoluta marcase la vida pública española, honorabilidad impoluta que nada tendría que ver en este caso con cuestiones calderonianas, tan lejanas en el tiempo, tan cercanas por su barroquismo inherente.
El honor de Cospedal que, en los últimos tiempos, lo intentó defender instalada en un taburete desde el que lanzaba un discurso para adeptos y adictos, discurso marcado por las perogrulladas. El honor de Cospedal que, también lo puso como estandarte hablando de indemnizaciones en diferido, lo que hizo que el idioma castellano saliese malparado de aquel trance sufriendo un grave daño colateral. El honor de Cospedal, que quiere hacer creer a todo el mundo que toda la trama Gürtel en nada salpica el PP, ni en su pasado ni tampoco en este presente liderado por Rajoy.
El honor de Cospedal que, a juicio de la interesada, no sufre merma alguna por los recortes que aplica en la comunidad autónoma donde gobierna, recortes que, como bien se sabe, afectan siempre a los mismos.
El honor de Cospedal, que lo considera a salvo de ciertas rumorologías que hablaron en su momento de supuestos privilegios de los que podía gozar su marido.
¡Ay, doña Dolores! Un país indignado. Un país que manifiesta cada vez más su desafecto hacia la vieja política. Un país que viene sufriendo recortes en lo económico, así como en los derechos ciudadanos. Pero, claro, el infierno siempre son los demás. Según usted, debemos sentirnos felices y satisfechos por el hecho de estar gobernados por Rajoy. Según usted, aquí hay un partido político (el suyo, por supuesto) que se afana y se desvela por el bien de los españoles, mientras que el resto de las formaciones se mueve a resultas de intereses bastardos e ilegítimos. Y todas estas proclamas nos las lanza usted, bien desde una tribuna, bien desde un taburete. Sólo habla a los convencidos, el resto que la oiga si quiere. Da igual, doña Dolores.
El honor de Cospedal. El ex tesorero es ahora para ustedes un proscrito, un apestado, una fábrica de injurias, un creador de libelos, un calumniador, ello a pesar de que hay un juez que trabaja sin cesar por el esclarecimiento de las cosas y sus investigaciones no se centran sólo en don Luis Bárcenas.
Pero no importa, doña Dolores: su honor y el de don Mariano son divinos.