Pues resulta que en un mismo día tenemos noticia de la dimisión de Reinares, tras confirmarse la sentencia que recurrió en su día a resultas de haber desvelado unos correos electrónicos que no se referían en muy buenos términos a ciertas políticas del Consistorio ovetense en tiempos de Gabino. Pues resulta, de otro lado, que el señor Vigón ya tiene su sentencia por determinados comportamientos de su empresa en materia impositiva. Pues resulta que, en este año plagado de citas electorales, los episodios que hablan del declive de unos tiempos marcados por despilfarros e impunidades tienen un protagonismo arrasador.
Vieja política: de funeral en funeral. Resultó estomagante oír los lamentos de Gabino de Lorenzo por la forma en que Reinares se ve obligado a abandonar la política. Como si lo que se ventilaba en los correos electrónicos de marras no guardase relación con las políticas gabinianas.
Vieja política: de funeral en funeral. En cuanto al señor Vigón, no puedo olvidar aquellos tiempos de tanta hermandad entre empresarios, sindicatos y el arecismo, con tantos y tantos viajes oficiales, exóticos en no pocas ocasiones. ¡Qué fácil resultó siempre relacionar aquella sacrosanta hermandad con el sindicalismo vertical!
Por muy trepidante que sea el ritmo de los acontecimientos, la vieja política no se despide con sigilo, no puede hacerlo sin silbidos por parte del público asistente. A muchos, se les pasó la ocasión de haberse ido, si no con dignidad, sí, al menos, con discreción.
Y, volviendo a los personajes que aquí nos traen, Reinares, en realidad, llevaba tiempo apartado de la primera línea política desde la primera sentencia condenatoria. Y ahora se va, supongo que con la soledad propia de quien sabe que algunos de sus secuaces se desentendieron en el momento mismo en el que las cosas podían torcerse. Lugarteniente de Gabino, diputado en Madrid en su momento. Su trayectoria es inseparable de la de Gabino, pero, eso sí, se va solo.
Vieja política: de funeral en funeral. Mientras Gabino, desde la Delegación del Gobierno, nos da lecciones de una falta de discurso llamativa, su gente se va retirando. ¿Qué fue de Sopeña? Y, en cuanto a Reinares, ¿a alguien podría sorprenderle que se sintiese dolido con su mentor político?
Vieja política: de funeral en funeral. ¿Cómo no recordar algunas declaraciones del señor Vigón, como aquellas en las que recomendaba que los perceptores del salario social más bajo limpiasen cunetas? ¿Cómo no recordar algunos episodios surrealistas de los tiempos del arecismo como aquellos ‘libros cuneteros’, que hablaban de construir Asturias y que, según ciertas informaciones, se editaron en Leganés? Y digo libros cuneteros porque a pesar del dineral que debieron costar se habló en su momento de que los había por las cunetas, o, al menos, algo de eso atestiguan las hemerotecas.
¡Qué cosas, Dios mío, qué cosas! ¡Qué tiempos, Dios mío, qué tiempos!