El titular de este periódico habla de que el gobiernín llariego se plantea aplicar medidas coercitivas contra el abandono de los terrenos agrícolas. ¿Conoce usted, don Javier, la novela ‘Pedro Páramo’, de Juan Rulfo? Se lo pregunto porque su Gobierno no parece ser consciente de que poco falta ya para que nos encontremos con pueblos casi deshabitados donde sólo es posible tropezarse con fantasmas y espectros del pasado. ¿Y quién será el Juan Preciado que visite el campo astur? ¡Ay! ¿No cae usted en la cuenta de que el estado de abandono que presenta nuestro medio rural es una consecuencia de la despoblación del campo? ¿No ha tenido a bien preguntarse acerca de la casuística de esa huida masiva en los últimos años? ¿Se planteó la hipótesis de que en semejante éxodo tuvieron necesariamente mucho que ver las políticas que se vinieron aplicando en las últimas décadas con respecto al campo asturiano?
¿A quién va a castigar, don Javier? ¿Acaso a unos propietarios jubilados que apenas están en condiciones de batallar contra la maleza? ¿Acaso a sus herederos que se vieron obligados a abandonar el pueblo a resultas de la políticas de las últimas décadas en materia agrícola y ganadera? Por favor, un poco de respeto. Por favor, un mínimo de seriedad.
Y, por si todo ello fuese poco, lanza usted semejante mensaje cuando está a punto de concluir su mandato. ¿No hubiera sido mejor, don Javier, haber planteado un proyecto para el campo asturiano a los pocos meses de tomar posesión como presidente? Finaliza la legislatura y, con ello, le entran a usted todas las urgencias. Mal asunto es que nos pretenda tomar el pelo, máxime haciéndolo de esta forma tan descarada.
Le invito a que se dé un paseo por nuestras vegas más fértiles y contemple el abandono. Y se pregunte –‘velis nolis’– cómo es posible que no se saque rendimiento a nuestras tierras. Porque, mire usted, si hablamos de concentraciones parcelarias, de cooperativas, así como de otras muchas opciones, estamos perdiendo miserablemente el tiempo porque no se cuenta con población para formar esas cooperativas ni para trabajar esas tierras. Y ya me dirá usted cómo se puede lograr que la gente regrese al medio rural en las presentes condiciones.
Totalmente de acuerdo en que no caben bucolismos melancólicos palacio-valdesanos. Lo que toca es una transformación de tal calibre que, en el mejor de los casos, no se podrá improvisar en unos pocos meses.
¿A quién va a castigar su Gobierno por el abandono del campo, don Javier? Desde luego, no tengo ninguna duda de que usted nunca estará por la labor de la que es ahora mismo la madre de todas las reconversiones pendientes, es decir, la de la mal llamada clase política. También tengo constancia de que no hará autocrítica de las políticas que, en materia agraria, se vinieron haciendo en las últimas décadas, si bien la realidad es a este respecto incontestable.
Ya vale de brindis al sol. Ya vale de querer aparentar voluntad política de llevar a efecto planes que no se plantearon cuando había tiempo para hacerlo. Ya vale de pretender disimular los fracasos y la ausencia de proyectos con improvisaciones de última hora, que sólo pueden tener dos impactos posibles. Uno, el mediático. Dos, la indignación de una ciudadanía ante tamañas tomaduras de pelo.
Dese una vuelta más por este pueblo en el que escribo, por Lanio, e infórmese de las cosechas que aquí había cuando la despoblación no era una realidad. Y pregúntese cómo recuperar el esplendor de una fertilidad. La fertilidad de un esplendor.