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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

La demencial carestía de la mugre televisiva

Al tener noticia de lo que se está publicando acerca de los despilfarros mayúsculos de la televisión pública valenciana, lo más llamativo de todo es la descomunal carestía de la basura catódica. Se diría que se estableció una correspondencia milimétrica entre los programas más infectos y los costes más demenciales. La historia de Canal 9 representa un episodio insoslayable que da cuenta de un tiempo infame en el que la política sirvió para la ruina de muchos y la rapiña de unos pocos: una estética de lo peor y una ética sepultada y embarrada en la escombrera más inmunda.

La mayor parte del nauseabundo pastel fue a parar, claro está, a productoras especializadas en telebasura, a programas que batieron todos los récords de bazofia. Y, miren ustedes por dónde, nadie querrá extraer de esto una lección básica, que consiste en ver los resultados que se producen cuando las televisiones públicas, en aras de una supuesta rentabilidad, pretenden competir con lo peor de las cadenas privadas.

Fíjense ustedes: se llegó a la perversidad de la utilización de los dineros públicos para mayor enriquecimiento de negocios privados, sin que por ello se produjese una escandalera tal que frenase semejantes despropósitos. Todo era lícito con sólo pretextar que los susodichos programas contaban con una audiencia masiva. Con ello, se despachaban sin considerar la insostenibilidad manifiesta de tan impresentable argumentario.

De modo y manera que ni siquiera el más cretino podrá negar que lo que es estéticamente infame desangra además las arcas públicas si se trata de una televisión no privada. Pero en esto no se querrá reparar. Habrá quien se despache atacando a los gobiernos autonómicos de turno, obviando descaradamente que, aunque sin llegar a tales extremos, lo de la televisión autonómica valenciana dista mucho de ser un caso aislado.

Fíjense ustedes: la productora televisiva de turno, siempre dócil con la parte contratante, es a la televisión pública lo mismo que vinieron siéndolo las promotoras inmobiliarias de marras a las concejalías de urbanismo de los consistorios despilfarradores y corruptos.

¿Saben? Nadie pudo figurarse en su momento que aquella famosa filtración en la que alguien dijo que estaba en política para forrarse fuese, además de una demostración de la catadura moral del personaje, toda una profecía de lo que iría aconteciendo con el paso de los años.

¡Qué tiempos, Dios mío, qué tiempos! Aquello que dejó dicho Valle-Inclán a través de Max Estrella, de que somos «una deformación grotesca de la civilización europea» creció en los últimos tiempos exponencialmente. Ahora no serían los espejos cóncavos, sino las pantallas catódicas.

Frente a uno de esos programas infames, el héroe valleinclanesco caería fulminado, pero sus enloquecidas maldiciones estremecerían a todos los Parnasos que en el mundo han sido.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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