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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

ETERNO GARCÍA LORCA

“Cuando la destrucción, es decir, la muerte, pasa sobre la muerte, redobla su trágico interés. No hay, al menos para mí, espectáculo más conmovedor que el de un cementerio abandonado. Una tumba vacía me dice mucho más que una vacía cuna» (Unamuno).

Ya se habían celebrado los obscenos 25 años de paz, una paz de exilios, cárceles, desapariciones y cementerios. De 1965 data el informe policial, del que tanto se está hablando, sobre el trágico destino de Lorca con la casposa retórica de aquel régimen que moriría matando diez años después. Federico, según el citado informe, además de socialista y masón, era homosexual. Con semejantes etiquetas, se cumplió el guion. El informe de marras, de un lado, no resulta en modo alguno sorprendente, pero, al mismo tiempo, supone todo un acontecimiento mediático. Para empezar, se difunde el mismo día en que Goytisolo pronuncia un discurso marcado por la coherencia. El mismo día, pues, en que se conmemora la muerte de Cervantes. Para seguir, el crimen fue, sí, en Granada, tal como reza el memorable poema de Machado sobre el fusilamiento de García Lorca. Pero fue, ante todo y sobre todo, en España, en la España cainita e inquisitorial, en la España que declaró la guerra al cincel y a la maza, a la rabia y a la idea.

Eterno García Lorca. Por mucho que se quiera sepultar la memoria de lo acontecido, la inmortalidad del talento y de la magia de Federico puede contra todas las amnesias. Por mucho que haya querido asesinar tantas veces la genialidad y el duende, el gran poeta y dramaturgo del 27 siempre seguirá vivo.

Al recorrer con la vista el informe policial, ¿cómo no horrorizarse en indignarse? No, a Federico no lo mataron unos incontrolados. No sólo hubo un general que pidió que se le diese café, no sólo se produjeron implicaciones en las alturas de los sublevados. A Federico lo mató esa España que siempre estuvo en guerra con la inteligencia, que siempre quiso pasar a cuchillo la libertad, que siempre decidió fusilar cualquier asomo de rebeldía.

¿Cómo no estremecerse recordando el poema machadiano a la muerte de Federico? ¿Cómo no pensar en aquel poeta envejecido en sus últimos días en Francia, acompañado por Corpus Barga? ¿Cómo no conmoverse pensando en aquel Machado que abandonaba no sólo la vida, sino también aquella España en llamas, con un dios ibero desatado, donde la muerte se enseñaba contra –conviene insistir en ello– la rabia, la idea, el cincel y la maza?

¿Qué podría haber sentido Federico si, antes de morir, hubiese tenido a mano ese informe que explicaba las causas de su detención y condena? Un carámbano de luna le apuñalaría las entrañas. Una suerte de trágico romance sonámbulo hubiera expresado la más desgarradora de las pesadillas. Una aurora se hubiera ahogado en las aguas podridas del odio. La Roma andaluza se desangraría. Las banderillas de tiniebla lo hubiesen acuchillado.

Y, para mayor baldón, en el informe de marras se dice que Federico se confesó. ¡Madre mía! ¡Qué España más horrenda la de aquellos vencedores, sin paz, sin piedad, sin perdón para sus enemigos! Los mataba, como hizo con Lorca. Los quiso matar como intentaron con Azaña, de haberlo detenido en la Francia ocupada. Pero, eso sí, se complacían al declarar que tan apestados reos confesaron sus graves pecados contra Dios y contra España.

Eterno García Lorca, testigo de un tiempo y un país que pudo abrazar y abrazó la genialidad. De un tiempo y un país en el que una utopía se puso en marcha, la de la II República, criatura a la que no le dieron tiempo siquiera a caminar, pues tan sólo pudo gatear hasta que decidieron exterminarla.

Eterno García Lorca, rojo y masón. Eterno Antonio Machado, con sus últimos versos en un papel arrugado y mortecino. Eterna España de la inteligencia. Eternos poseedores de ese duende llamado inspiración. Eternos legatarios del talento.

Lorca y Machado, Machado y Lorca, Granada y Colliure, Colliure y Granada. La rabia, el cincel y la maza los salvaron para siempre de la amnesia.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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