Resulta que ustedes sólo visitan los centros docentes o bien para vender lotería o bien para pedir el voto cuando tocan elecciones sindicales. Resulta que ustedes no pisan las aulas. Resulta que ustedes no sufren la carga horaria añadida tras los recortes en materia educativa. Resulta que ustedes no consultan con el profesorado las propuestas que hacen. Resulta que ustedes forman parte de la casta sindical, no menos privilegiada que la casta política. Resulta que ustedes no tienen a bien reflexionar en voz alta acerca de los motivos que han podido llevar a la abstención tan gigantesca que hubo en las elecciones sindicales docentes en el primer trimestre del presente curso. Resulta que ustedes son divinos e intocables.
Y, por si todo esto fuera poco, plantean ahora cambios en el calendario escolar. Miren, no voy a entrar en su propuesta, porque el busilis del asunto es muy otro. En primer lugar, ¿cómo se atreven a algo así sin haber consultado a sus teóricos representados, es decir, al colectivo docente? Y, entiéndase bien, por supuesto que también hay que consultar a los demás sectores de la llamada comunidad educativa; lo que sucede es que, en tanto supuestos representantes del profesorado, a ustedes le tocaría preguntar a los que no hemos desertado de la tiza. En segundo lugar, ¿qué credibilidad puede tener una propuesta promovida por unas personas que tienen el privilegio de no pisar las aulas al tiempo que cobran como si siguieran ejerciendo la docencia?
¿En qué consisten sus trabajos y sus días? ¿En atender llamadas telefónicas? ¿En divagar sobre la enseñanza sin pisar las aulas, aconsejando a quienes lo hacemos cómo debemos trabajar? ¿Qué autoridad académica tienen ustedes sobre nosotros? ¿Dónde están sus trabajos de investigación, dónde están sus publicaciones en materia educativa? ¿Por qué no barajan la posibilidad de que su liberación sindical, es decir, de la tiza, tenga un periodo máximo? ¿Por qué no se plantean la conveniencia de dar algunas horas de clase a la semana, aunque sean las mínimas, para ejercer su labor sindical desde el conocimiento de la realidad?
Lo dicho: no entro a dilucidar la mayor o menor pertinencia que pueda tener en sí misma la propuesta que acaba de hacer la Junta de Personal Docente. Lo que manifiesto, con indisimulada e indisimulable indignación es lo impresentable que resulta que decidan hacer tal cosa sin consultar al profesorado, al que dicen representar, pero al que se acercan cada vez menos, imagino que ello obedece al pánico que les produce la proximidad de las aulas.
Lo que manifiesto también es mi convencimiento de que la liberación sindical en materia educativa, siempre que suponga no pisar las aulas, ni siquiera una hora al día, resulta un privilegio injustificado y afrentoso frente al colectivo al que pertenecen, reclamándose a un tiempo valedores de nuestros derechos.
Por favor, vuelvan a dar clase, aunque sólo sea unas horas. Por favor, visiten los centros para interesarse por nuestros problemas, no sólo para pedir el voto y para vender lotería.