«La Literatura ha caído entre nosotros casi por completo en manos de profesionales de ella, y las profesiones se hacen en mano de los profesionales terriblemente conservadoras. Dios os libre, lectores, de chocar con un literato, con un ebanista de la prosa barnizada» (Unamuno).
A l igual que un rostro se puede inmovilizar por exceso de maquillaje que impide a los gestos expresarse, algo similar le sucede a la lideresa conservadora astur cada vez que habla. Doña Mercedes pone énfasis en cada palabra que pronuncia en público. Y un discurso modulado sólo por énfasis aleja a los oídos, que huyen en busca de llaneza, también musical.
Cada vez que la oigo hablar en público, recuerdo la cita de Unamuno que encabeza este artículo. Y, para mayor baldón, doña Mercedes también se ajusta a lo que el gigante del 98 escribió con respecto a la retórica del reaccionarismo hispano: «La característica del tradicionalismo español es, en efecto, su vaciedad de contenido político y social, vacío que se llena con pura retórica, hasta como tal retórica de ordinario mala».
Siempre comparece dispuesta y predispuesta a defender a sus señoritos madrileños; está permanentemente convencida de que la vida pública asturiana la necesita. Y, al final, ¿qué dice? Y, al final, ¿cómo lo dice? Puro barniz.
Mujer conservadora y de orden, pero nada aburrida, sino alegre y confiada en sus posibilidades para que la sociedad asturiana le conceda su confianza. En su bolso retórico, siempre a juego con el resto del conjunto, están las recetas para solucionarlo todo: el Gobierno de Rajoy nos quiere, y, si le otorgamos nuestra confianza, doña Mercedes nos hará ricos y prósperos rebajando los impuestos, aunque don Mariano, eso sí, por el bien de España, los subió.
Cuando visita ferias y mercados por las villas asturianas, es un regalo al buen humor verla cerca del ganado y de los puestos. Cuando habla en el Parlamento, serena a don Javier, sobre todo si sigue congestionado por las invectivas que le vino lanzado Cascos. Si da una rueda de prensa, los énfasis están garantizados hasta en la morfología más prescindible. Si acompaña a un ministro o algún gerifalte de su partido, rebosa euforia mostrando al pueblo astur lo apreciada que es por los mandamases peperos. La gran duda metafísica que me angustia es saber lo que dictaminarán los historiadores astures del futuro sobre las etapas de Ovidio Sánchez y de Cherines al frente de PP llariego. ¿Quién saldrá mejor parado?