Cuando el PP llariego le dio la espalda a Cascos para que encabezase la candidatura por Asturias, Cristina Coto formó parte del grupo de dirigentes peperos que se desmarcó claramente de las consignas oficiales que dictaba Gabino de Lorenzo y que Ovidio Sánchez acataba sin fisuras. No tardó la actual lideresa de FAC en dejar su escaño en el Parlamento autonómico para sumarse al partido fundado por el ex Presidente asturiano. Y, en todo momento, desde las elecciones autonómicas de 2011, tuvo un protagonismo indudable en la formación casquista.
Cuando el ex vicepresidente de Aznar anunció que no volvería en encabezar la lista del partido en los comicios llariegos, parecía estar cantado que era la dirigente más avalada por las fuerzas vivas de la formación política a la que pertenece. Así las cosas, se convirtió en lideresa del partido fundado hace cuatro años por Cascos.
¿La cara amable del casquismo? Una de las cosas que más marca la trayectoria pública de Cascos es, sin duda, su estridente modo de hacer política. Lo cierto es que la referida trayectoria vino estando jalonada por episodios muy broncos desde la ruptura con Marqués hasta su abandono del partido en el que había militado tantos años. Y, en lo que se refiere a su presencia en el Parlamento asturiano en los últimos cuatro años, ahí están sus intervenciones, incisivas y demoledoras, que tanto vinieron sacando de quicio al actual Presidente de Asturias.
Y, en este sentido, a poco que se haya observado el discurso mantenido por Cristina Coto, queda claro que suscribe las tesis del que vino siendo su líder. La diferencia, en un momento en el que la imagen tiene tanto peso en la vida pública, está en el tono y en la puesta en escena, que no en los contenidos.
¿La cara amable del casquismo? No es fácil la tarea que tiene por delante Cristina Coto, asumiendo el liderazgo de un partido que fue de principio a fin personalista y que se presenta ante la sociedad asturiana en un momento en el que hay más formaciones que abren brecha en el bipartidismo. Añádase a ello que FAC tuvo su oportunidad en 2011, oportunidad malograda de hecho, sin entrar en análisis casuísticos en esta ocasión, pero que, en todo caso, hace irrepetible el resultado que se cosechó en mayo de 2011.
Cristina Coto se enfrenta también a la discusión, llamémosla así, ideológica. En su momento, FAC insistió en su discurso transversal, y de hecho no sólo restó votos al PP. Se diría que en esta campaña no tiene protagonismo esa transversalidad y que la candidata de Foro basa su discurso frente al sucursalismo del resto de partidos, así como en el grado de entendimiento, más o menos oculto, entre el PP y el PSOE. Sin embargo, no niega su adscripción al centro derecha, aunque mejor diría a la derecha.
¿La cara amable del casquismo? Sonriente, amable, tranquila. Le queda un largo trecho por recorrer para que su partido pueda convertirse ante la ciudadanía llariega en una formación conservadora y asturianista donde cuente mucho más el proyecto político que los enfrentamientos personales, donde la brecha creciente del bipartidismo abra otro horizonte político más plural aún.
Ante todo esto y ante las encuestas se está enfrentado Cristina Coto tras haberse consolidado como parlamentaria y tras haber asumido la sucesión, nada fácil, de Álvarez- Cascos.
Difícil travesía para un partido conservador que no quiere (ni puede) ser franquicia ni sucursal.