No deja de ser llamativo que un partido que se concibió para oponerse al nacionalismo catalán haya terminado por convertirse en una seria alternativa al PP en el ámbito estatal. En primer lugar, aunque el recorrido histórico de gran parte de los tertulianos, ‘politólogos’ y demás predicadores de urgencia sea muy corto, convendría tener presente lo que en su momento supuso Cambó en la política española, así como, mucho más tarde, el estrepitoso fracaso de la llamada ‘operación Roca’ en pleno auge del felipismo.
Es decir, sería muy provechoso que se conociesen históricamente los intentos de proyectos para España concebidos desde Cataluña, si bien es cierto que el partido del señor Rivera es atípico en este sentido, toda vez que sus afanes al crearse fueron otros.
Aun así, fíjense ustedes: no vendría nada mal, de un lado, que el partido más potente de la derecha española no tuviese en su ADN la paternidad de exministros de Franco. Y, por otra parte, planteado al orteguiano modo, sería muy novedoso que contásemos con un proyecto político concebido desde Cataluña con posibilidades de asentarse.
¿Una derecha centrada y centralista? Desde luego, no hace falta esforzarse mucho para distanciarse y diferenciarse de un partido que, aun reclamándose de centro derecha, es derechismo en estado puro no sólo por sus antepasados franquistas, sino también por estar impulsando desde 2011 una suerte de contrarreforma que resulta, como mínimo, inquietante.
Así las cosas, resultaría muy satisfactorio dar la bienvenida a una nueva derecha más civilizada y menos reaccionaria. Lo que sucede es que, viendo declaraciones y teniendo noticia del pasado de muchos de los actuales candidatos de la formación política liderada por el señor Rivera, las dudas nos apoderan, y, a decir verdad, mucho.
Desde luego, no se es necesariamente más de derechas por distanciarse del nacionalismo de turno. Desde luego, en este país, está pendiente un serio debate entre la territorialidad y la ciudadanía concebida al modo de la revolución francesa. Desde luego, podría despertar buenas expectativas un partido político inequívocamente democrático que tuviese una concepción de país diferenciada del PP.
¿Pero qué proyecto tiene el partido del señor Rivera para España? ¿Pero qué tienen que ver muchos de los candidatos autonómicos con el líder del partido? ¿Pero qué cabida hay ahora en esa formación política para algunos de los intelectuales que apoyaron su surgimiento?
Y, por otro lado, ¿acaso no es sintomático que Ciudadanos crezca en la medida en que se hunde UPyD? ¿Acaso nadie quiere caer en la cuenta de que la sociedad española busca, tal vez dando palos de ciego, una derecha civilizada, frente a lo mucho que hay en el PP de carpetovetónico y castizo?
Y, centrándonos en nuestro más acá, poco novedosa resulta una candidatura en la que el señor Prendes tiene un lugar destacado. Y poco entusiasmo puede despertar, asimismo, un candidato que colaboró con el señor Riopedre.
De todos modos, no perdamos de vista que se busca, también desde el conservadurismo, una alternativa al partido turnante al modo canovista. Y, aunque no llegase a cuajar el partido del señor Rivera, al PP le toca ir retirándose o refundarse.
El bipartidismo vino siendo una derecha, casi derechona, que se reclama centrista, así como un partido que se reclama socialista y que sólo es de izquierdas en sus siglas.
Además de corruptelas continuas, imposturas. ¿Puede ser de centro un partido político que se niega a condenar el franquismo? ¿Puede ser de izquierdas un partido que en su momento apostó por el enriquecimiento rápido y que, mucho más recientemente, decidió terminar con el legado social que supusieron siempre las cajas de ahorro?
Se busca una derecha centrada. ¿Será el partido del señor Rivera? ¿Será el señor Rivera el Cambó de nuestro tiempo contra el bipartidismo?
Desde luego, hay lugar para las dudas.