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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

¿DE QUÉ NOSTALGIA NOS HABLA, SEÑORA PALACIO?

«En la lengua, pues, servilismo y poder se confunden ineluctablemente. A esta fullería saludable, a esta esquiva y magnífica engañifa que permite escuchar a la lengua fuera del poder, en el esplendor de una revolución permanente del lenguaje, por mi parte yo la llamo: literatura» (Barthes).

 

Resulta que en un país europeo llamado España, en el que el hasta ahora partido hegemónico de la derecha fue fundado por un exministro de Franco, todavía hay exdirigentes de esa misma formación política que se permiten tildar de nostálgicos a aquellos dirigentes políticos que enarbolan un discurso crítico con la manera en la que se viene gestionando la crisis económica. Eso mismo acaba de hacer, dentro del circo del periodismo declarativo, doña Ana Palacio, que fue la ministra de Exteriores de aquel Gobierno de Aznar que secundó a Bush en su política exterior con un papanatismo insuperable.

¿Y esta buena señora no es capaz de caer en la cuenta de que la madre de todas las nostalgias en la política española consiste en añorar lo más rancio, lo más casposo y lo más reaccionario de un nacionalcatolicismo que aún sigue ahí en ciertos discursos que añoran aquello?

Desde luego, la formación que lidera Pablo Iglesias se hace merecedora de críticas. ¿Pero qué hay en este partido de esas añoranzas a las que se refiere, con patinazos históricos, la señora Palacio?

¿Qué le parecería a usted si le dijese que yo añoro contar con un jefe de Estado que tradujo a clásicos franceses y que además es autor de la versión castellana de uno de los libros más divertidos del viaje por España, que fue todo un género literario? ¿Y qué le parecería si a continuación añadiese el dato de que el jefe de Estado del que hablo se llamaba don Manuel Azaña? ¿Y qué le parecería, en fin, si, además de todo eso, ampliase mi admiración a toda aquella España peregrina y errante a resultas del exilio, cuando no al fusilamiento y a las cárceles, al que se vieron sometidas grandes personalidades de las letras y las ciencias por parte de aquella dictadura de la que ustedes no acaban de renegar?

Y, mire, doña Ana, de lo que no es fácil sentir nostalgia es de gobiernos como el que presidió Aznar, creyéndose una suerte de político providencial, confundiendo Yalta con las Azores, y encarnando una forma de hacer política que sólo podría ser concebida desde la deprimente y desoladora prepotencia de un mediocre que se cree un líder mundial.

Llevamos muchos años sufriendo en España una corrupción galopante, así como una mediocridad mezquina y afrentosa que, desde luego, no es achacable en exclusiva a su partido político, pero no me podrá negar que vienen contribuyendo a ello de forma notable.

No me corresponde, desde luego, erigirme en defensor a ultranza de los partidos políticos que canalizan un malestar ciudadano inevitable. Pero me parece escandaloso que se hable de nostalgias totalitarias desde un partido político que no repudió oficialmente la herencia ideológica de una de las dictaduras más largas y cruentas del pasado siglo XX.

Y, por último, señora mía (y perdón por la obviedad), tengo para mí que la historia no es lo suyo.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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