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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

Cascos contra cascos

«Por lo que más se nos castiga es por nuestras virtudes» (Nietzsche).

E l problema, señor ÁlvarezCascos, no está en muchas de las críticas que usted hace a sus adversarios políticos, pues los argumentos que da al respecto son, en general, sostenibles. Por tanto, las causas del enorme batacazo que acaba de sufrir su partido hay que buscarlas en otra parte. Cuando FAC obtuvo un innegable éxito en la convocatoria electoral de 2011, gran parte de la ciudadanía asturiana estaba harta e indignada a resultas de muchos de los excesos del arecismo, a resultas también de la complacida y complaciente mediocridad del PP llariego. Aquel malestar supo usted rentabilizarlo muy bien, por mucho que había en ello una paradoja llamativa. A saber: aquel PP mediocre y complaciente había estado en manos de dirigentes políticos que habían sido en su mayor parte hombres de confianza suyos tras la ruptura con Sergio Marqués.

El problema, señor Álvarez-Cascos, es, en gran medida, usted mismo al haber seguido una trayectoria marcada por los sobresaltos. Cierto es que, desde el primer momento, PSOE y PP lo convirtieron a usted en enemigo común hasta el extremo de haber pactado que el señor Goñi presidiese la Junta, hasta el extremo de que Gabino de Lorenzo se manifestó en contra de los presupuestos de su Gobierno, hasta el extremo de que vieron en su formación política el enemigo común a batir. Dicho esto, conviene recordar, como apuntó acertadamente Juan Neira en este periódico, que se precipitó usted mucho a la hora de adelantar las elecciones autonómicas o, si se prefiere decir de otro modo, que usted tiró la toalla demasiado pronto. Y, tras las elecciones de 2012, volvió a comprobarse que el PP, tanto el nacional como el asturiano, prefería que gobernase el PSOE antes que pactar con usted.

Hizo usted desde entonces una oposición incisiva, aportando mucho a la vida parlamentaria, pues era todo un poema ver el demudado semblante de Javier Fernández cada vez que se enfrentaba a usted en los debates. Aun así, usted dejó de ser visto como el político que podría ser la solución de Asturias, limitándose a representar el papel de ejercer una dura oposición. Luego llegaría su anuncio de no ser el candidato de FAC. Tras ello, el desplome electoral del 24-M.

Fíjese, aquella Asturias que asistió indignada a todo lo que supuso el ‘caso Renedo’, o, si se prefiere, el ‘caso Riopedre’, aquella Asturias que no podía tomarse demasiado en serio a Ovidio Sánchez como eterno perdedor, aquella Asturias que se sabía estancada, se esperanzó, en no pequeña parte, con su regreso a la política llariega. Cierto es que su discurso (por cierto, magnífico) en Valencia de Don Juan en 2010 fue todo un aldabonazo que parecía anunciar una irrefrenable voluntad política que se juramentaba para acabar con el marasmo que entonces se sufría en esta tierra. Fíjese, los que siempre hemos estado muy alejados de su ideología nos sentimos gratamente sorprendidos ante un señor de derechas que reconocía que personajes como Pérez de Ayala o José Maldonado formaban parte de la mejor Asturias. Fíjese, se pensaba por parte de muchos que, con independencia de su ideología política, esta tierra iba a contar con un presidente al que no se le podía negar una talla política importante.

Pero, mire usted, no sólo le tocaron las embestidas de sus enemigos, incluidos los que habían sido de su propio partido, sino que jugaron también mucho en su contra los coros de aduladores, así como sus propias actuaciones que no conocían la frenada. Y, fíjese, tampoco dejan de ser paradójicos sus enfrentamientos mediáticos protagonizados en muchos casos por personas y medios que, en su momento, tanto contribuyeron a que en Asturias se considerase que, adscripciones ideológicas aparte, usted había sido un buen ministro para Asturias.

Fíjese, por lo común, rehúyo los planteamientos psicológicos a la hora de analizar la vida pública. Lo que sucede es que, en su caso, ello no es posible, porque siempre estuvo rodeado de admiradores acríticos, así como enfrentado a enemigos que incurrieron en la misma falta de objetividad de los primeros. Todo ello hizo que su presencia en la vida pública generase siempre ruido y furia, excesivos decibelios también en las loas.

Fíjese, no es posible comprender sus éxitos y fracasos en la vida pública asturiana sin estos factores que vengo poniendo sobre el tapete. Usted creó un partido personalísimo, hasta el extremo de que coincidieron las siglas con su nombre y apellidos. Que la referida formación política no acusase su ausencia electoralmente hablando hubiese significado, por decirlo con palabras de Leopoldo Calvo-Sotelo, todo un imposible metafísico.

¡Cuánto batalló usted, señor Cascos, contra sus adversarios políticos y mediáticos y, también, contra usted mismo!

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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