«No me arrepiento ni enmiendo de haber concedido y esperado demasiado de la inteligencia de los demás y de la rectitud y de la honestidad de todos. Nosotros no podemos concebir la política más que como una emoción del bien público, regida con lucidez. Lo demás es chabacanería» (Azaña).
Alguien dijo que, además de políticas de gestos, hay, a veces, gestos que simbolizan toda una política. Pues bien, quiero creer que lo anunciado por Emilio León, en el sentido de que los diputados autonómicos de este partido renuncian a cobrar sus sueldos hasta el momento mismo en el que puedan ejercer sus tareas tiene que ver con esto último. Lo cierto es que, más allá de retóricas que prometen pero no comprometen hasta el final, la ciudadanía está tan ávida como ayuna de hechos que demuestren que, de una vez por todas, se asume hasta las últimas consecuencias que los políticos no tienen por qué ser una casta privilegiada por encima de sus teóricos representados.
Y espero que esta no sea la única medida a adoptar. Lo siguiente sería poner fin también a la elección digital de ayudantes o asesores en el Parlamento llariego, demostrando que estar en posesión del carnet de un partido no tiene por qué suponer un mérito por encima del resto de la ciudadanía. Sus señorías deberían asesorarse con funcionarios conocedores de los asuntos sobre los que tienen que ocuparse, renunciando a ser los empleadores de sus familiares y amigos. A este propósito, sería muy ilustrativo dedicar unos minutos al listado de los ayudantes que hubo en el Parlamento saliente.
Y, ya que estamos, ¿cómo no referirse también a que se especifique con luz y taquígrafos lo concerniente a los sueldos y a las dietas? Porque necesariamente habrá que elegir. Miren, desde luego que no se discute que un representante político tiene que percibir un sueldo digno. Distinta cosa es que, además de eso, cobre dietas a resultas de Dios sabe qué y cuántos conceptos, porque entonces de lo que estamos hablando es de privilegios inadmisibles.
Gestos que hacen política. Desde el estallido de la crisis a esta parte, mientras los empleados públicos vimos reducidos nuestros salarios, mientras el paro y los desahucios se dispararon, mientras se recortó en todo, los políticos siguieron disfrutando de sus privilegios. Y hora es ya de poner fin a esto.
Por eso, sin ninguna reserva, aplaudo la decisión de Podemos en Asturias, decisión que, repito, espero y deseo que vaya seguida de otras del mismo calibre para demostrar así que uno de los peores vicios de la vieja política ha dejado de tener bula.