“Se han encontrado con un partido hecho que pasaba delante de ellos y lo han tomado como se toma un autobús. Lo han tomado a fin de no caminar con la fatiga de sus propias piernas. Lo han tomado para descansar de sí mismos” (Ortega y Gasset).
Vaya por delante que Agustín Iglesias Caunedo fue alumno mío de latín y tengo de él un excelente recuerdo tanto en lo académico por lo bien que traducía la lengua de Virgilio, como también en lo personal por tratarse de una persona que siempre se comportó con respeto, afabilidad y educación. Dicho esto, lo que toca en el presente artículo es el análisis de la situación política en la que se encuentra tras haberle sido arrebatada la Alcaldía por un acuerdo entre tres fuerzas políticas que lo superan en número de votos y en ediles. A ello vamos.
No pudo ser fácil sustituir a Gabino de Lorenzo en una época en la que las vacas gordas presupuestarias se habían quedado atrás. No pudo ser fácil asumir lo que su mentor no sobrellevó con los hechos: hacerse cargo de gobernar la ciudad sin disponer de una cómoda mayoría absoluta. No pudo ser fácil estar el frente de la política vetustense en estos últimos años marcados por la crisis e inestabilidad tanto en Asturias como en el seno del propio partido. Luces y sombras, sin duda. En lo primero, cumplir con la obligación de acudir a los Plenos, que no es gran cosa, pero que supuso un cambio con respecto a su antecesor. En lo segundo, cuesta entender la generosidad de ningún político con el transfuguismo. También resultan inaceptables actitudes más o menos tibias ante imputaciones de personas del propio grupo.
Ejerció Caunedo sus funciones de Alcalde en minoría y deja de ser regidor en la misma situación. Esta vez hubo acuerdo para acabar con el gabinismo. A este respecto, es de suponer que contase con seguir al frente del Ayuntamiento carbayón tras los desencuentros y fallidos cambios de cromos que se vinieron produciendo a resultas de la gobernabilidad en Gijón, pero ya se sabe que esta vez sucedió lo inesperado.
Lo esencial a la hora de hablar de Caunedo es su vinculación a Gabino, pues fueron muchos los años en los que ejerció como concejal dentro del grupo del actual Delegado del Gobierno. Y ya se sabe que, matices aparte, todo político es corresponsable de la gestión del equipo del que forma parte. Y hora va siendo ya de que se desempolven viejos tópicos a la hora de poner en su sitio a un gabinismo marcado por la chabacanería, el despilfarro y, en no pequeña parte, el matonismo político.
Agustín Iglesias Caunedo, con independencia de rumores que apuntaban que no eran muy idílicas las relaciones entre el ya anterior Alcalde y el siempre entusiasta personaje de zarzuelas y pasodobles, no podrá ser valorado sin esa vinculación de tantos años que lo marcó políticamente. Y lo cierto es que su etapa al frente del Ayuntamiento pesa y cuenta mucho menos que la etapa política de la que formó parte.
Tendrá oportunidades para hacer valer su pasión por Oviedo desde la oposición, y, eso sí, será novedoso para él no estar entre los que gobiernan. Veremos cómo asumirá su nuevo papel. esta vez sin interinidades.